miércoles, 6 de febrero de 2013

Esta ausencia, David Bisbal

Despertar en el frio abismo de tu ausencia
Es rogar por las horas perdidas en mi habitacion
Recordar cada lagrima que fue tan nuestra
Me desangra el alma, me desangra el alma

Es andar el sendero que escribimos juntos
Es tocar un silencio profundo en el corazon
Escapar por las brechas de un amor profundo
Es mentir de nuevo por negar tu ausencia

Esta ausencia tan grande
tan dura, tan honda
Que quiebra en pedazos
Mi razon.

Esta ausencia desnuda
De dudas y sombras
Me clava tu amor

Esta ausencia que duele
En el fondo del alma
Que quema por dentro
Mi sueño y mi calma

Esta ausencia de hielo
De piel, de silencio
Que corta las horas sin piedad

Esta ausencia infinita
De noches y dias
No tiene final

Fue tan facil decir
Que el adios sanaria
Las espinas clavadas
En tu alma y la mia

Esta ausencia me grita
Que se acaba la vida
Porque no volveras, volveras.

Ya lo ves, tu partida no condujo a nada
Porque nada hace el tiempo a la sombra de mi soledad
Ya lo ves, derrotado y sin hallar la calma
Que daria por verte y olvidarlo todo...




El Conejo de la Luna (cuento popular de la India)


¿Te has fijado alguna vez que cuando la luna está llena hay una forma de color azul plateado en su superficie? Si la miras atentamente, verás que tiene unas largas orejas y el cuerpo de un conejo. Pero, ¿cómo es posible que un conejo haya llegado a la luna?

Hace mucho tiempo en un país llamado India, había un precioso bosque. El más bonito que nunca había existido. Había árboles de todos los tamaños y formas, cargados de frutas. Las flores eran de todos los colores que se puedan imaginar y desprendían dulces olores. Los animales vivían felizmente en aquel bosque desde hacia miles de años.

Entre todos los animales, cuatro se hicieron muy amigos: el mono, la nutria, el elefantito y el conejo. Todos ellos querían mucho al conejo, que era, además, el animal más querido por todos los animales del bosque. Y os preguntaréis porque le querían tanto. Porque era un ser muy especial: sabio, generoso, valiente y sincero. Pero lo más importante de todo es que tenía un corazón de oro.

A los animales del bosque les gustaba escuchar las historias que explicaba el conejo. Se sentaban a su alrededor y se quedaban boquiabiertos escuchando cómo el conejo les contaba cosas acerca del poder de las plantas y las flores para curar y del poder del amor para transformar. También les hablaba de las lejanas estrellas, de los planetas y de la energía y la magia. Todos los animales acudían a escucharlo, incluso los más fieros como el tigre y el cocodrilo.

La amabilidad del conejo brillaba desde su interior como la luz de la luna. Todos los que se acercaban a él se sentían inspirados. Así, sus tres amigos, el mono, la nutria y el elefantito empezaron a cambiar sus defectos.

El mono, a quién siempre le había gustado hacer bromas y molestar a todos, se volvió más considerado y ayudaba a todos los animales. La nutria, que siempre había sido muy tragona y egoísta con la comida, ya que se guardaba todo el pescado para ella, empezó a repartirlo y a ayudar a los demás. El elefante, que siempre había sido muy reservado y nunca decía a los otros animales donde estaban los manantiales, empezó a compartir lo que sabía y a ayudar a los demás. Y el conejo se volvió todavía más amable y el brillo de esa bondad y amabilidad de su corazón fue incluso más intenso que antes.

Y un día el conejo tuvo una idea y llamó a sus cuatro amigos:

- Como nosotros tenemos mucha comida y agua, y mucho amor y amistad, podríamos ofrecer nuestros alimentos y nuestros sentimientos al resto del mundo, a los pobres y a los niños hambrientos.

Y mientras el conejo bondadoso decía esto, pasó por allí el espíritu celestial y escuchó lo que estaba diciendo. Se quedó tan sorprendido de la bondad del conejo, que decidió seguir muy atento a todo lo que ocurriera a partir de aquel momento.

El conejo continuó:

- Mirad la luna, amigos. Esta noche está resplandeciente y con su luz transforma la oscuridad en brillo. Nosotros podríamos hacer lo mismo con nuestro amor. Podríamos transformar la tristeza y los problemas en alegría.

Y acordaron llevar la felicidad a todos los que entraran al día siguiente en el bosque.

Aquella noche, los cuatro animales planearon lo que cada uno iba a hacer para mejorar el mundo. La nutria prometió ir a pescar y regalar todos los peces. El mono prometió regalar todos los mangos que encontrara. El elefante prometió encontrar un nuevo manantial y regalar toda el agua que pudiera coger.

Todos durmieron felices esa noche. Todos menos el conejo, que aún no había encontrado nada que pudiera ofrecer. Su único alimento era la hierba, que no gustaba a casi nada. No tenía nada que ofrecer. Pensó y pensó, mirando la luna llena y cuando ya estaba a punto de dormirse sin haber encontrado nada, tuvo una idea. Recordó que a los humanos les gustaba comer conejo. Entonces prometió que se regalaría a sí mismo. Y se durmió tranquilo y feliz.

El ser celestial, que había estado escuchando todo oyó la promesa del conejo. Era increíble que un simple conejo fuera tan bueno y desinteresado. Entonces decidió ponerlo a prueba. Quería comprobar si el conejo había hecho en serio esa promesa.
Al día siguiente, el ser celestial bajó a la tierra disfrazado de mendigo y llamó a los animales del bosque:

- Ayudadme por favor, me he perdido y tengo hambre y sed

Todos los animales acudieron corriendo hacia el mendigo

- Nosotros te ayudaremos – le dijeron. Te daremos comida y agua y te ayudaremos a encontrar el camino de vuelta a casa.

El mono saltó a un árbol y bajó con unos cuantos mangos y se los ofreció al mendigo. La nutria se metió en el río, pescó varios peces y también se los ofreció al mendigo. El elefante corrió hacia un manantial que había descubierto, sorbió con su trompa toda el agua que pudo y se la ofreció al mendigo. Entonces el conejo se acercó y dijo muy seguro:

- Haz un fuego y yo saltaré dentro de él para que puedas comer mi carne

El gran espíritu estaba sorprendido de la valentía del pequeño conejo. Chasqueó los dedos y dijo algo e inmediatamente surgió un fuego. Entonces, el conejo, sin pensárselo dos veces, saltó sobre el fuego, pero no se quemó, porque en aquel momento el ser celestial lo cogió en la palma de su mano. Entonces le dijo:

- Tu amor y tu valentía superan todo lo que he visto en esta tierra. Todo el mundo debería conocer tu acto desinteresado. Te voy a colocar en la luna para que todos cuando te vean, te recuerden y aprendan de ti. Aparecerás en cada luna llena y tu amor brillará en la luz de la luna.

Y con estas palabras, elevó al conejo hacia el cielo y lo colocó en la luna. Todavía hoy se puede ver su silueta en las noches de luna llena. Así que, la próxima vez que haya luna llena, salid a mirar el cielo y veréis un conejo en la luna y recordad que, igual que le ocurrió al conejo, si regaláis algo precioso podéis recibir a cambio algo muy especial.

Faros en la tierra

 (Reposición)

El faro de Alejandría

Estamos en el año 280 a. de C., y desde que Alejandro liberó a este estado del dominio persa, los lazos entre griegos y egipcios se han estrechado: tanto, que su rey Ptolomeo II, es de origen griego.
Esta fusión de egipcios y griegos tiene especial relevancia en la capital, Alejandría. Fundada por Alejandro Magno en el 332 a. de C., esta próspera ciudad se ha convertido en el más importante foco de la cultura helena.




Pero esta vez la maravilla no va a 
ser un templo, ni ninguna otra clase de edificio, sino una torre. Para guiar a los numerosos barcos que acuden constantemente a Alejandría, el rey ha decidido construir una torre que identifique el lugar de la ciudad desde muy lejos. Para ello han escogido la pequeña isla de Faros, frente al puerto.
El arquitecto Sostrato de Cnido dirige las obras, que conforme avanzan, adquieren un aspecto más impresionante. Cuando se finaliza, la torre mide más de 120 metros. En su cima está equipada con espejos metálicos para señalar su posición reflejando la luz del sol; y por las noches, a falta de luz, se enciende una hoguera.




Esta maravilla va a durar bastante: unos mil seiscientos años, hasta que en el siglo XIV los terremotos la derriben. De nuevo, como el Mausoleo, el nombre de esta maravilla - que en realidad es "la Torre de Faros"- designará a todas las construcciones posteriores realizadas con el fin de mostrar el camino a los barcos.

El Faro de Bell Rock, una maravilla en medio del mar

 
Los casi 200 años que lleva resistiendo la fuerza del Mar del Norte, convierten al faro de Bell Rock en el más antiguo de los construidos mar adentro que aún sigue en pie. Situado a unos 18km de la costa este de Escocia, es considerado una obra maestra de la ingeniería del siglo XIX. Una torre de 35 metros de altura, de piedra blanca, que parece salir de la nada en medio del Mar del Norte. Su construcción fue larga y difícil, ya que el oleaje y las tormentas sólo permitían trabajar unos pocos meses al año y las mareas reducían las jornadas de trabajo a sólo un par de horas, la horas de marea baja en las que la roca no permanecía sumergida bajo las aguas.

La roca sobre la que se construyó el faro, había constituido desde hacía siglos un peligro para la navegación. Según cuenta la tradición que da nombre a la roca, durante el siglo XIV, el Abad de la cercana Abadía de Arbroath mandó colocar una campana (bell en inglés) en ella, con el fin de prevenir a los barcos del peligro al que se aproximaban. Pese al esfuerzo que supuso colocar allí la campana, la campana duró poco en ese lugar, pues parece que un pirata holandés la robó antes de que pasara un año.

A principios del siglo XIX, se estima que la roca era responsable de unos 6 naufragios cada invierno. En marea alta, la roca permanecía a unos 3.5 metros bajo las aguas. Con el mar en calma y con una altura moderada de la marea, la roca no era fácil detectar por lo que más de un barco había acabado chocando contra ella. Conscientes del peligro que suponía la roca Joseph Brodie, capitán de la Royal Navy, y Joseph Couper de Leith propusieron la construcción de un faro de hierro fundido que se levantaría sobre la roca gracias a cuatro pilares. Su propuesta fue rechazada, pero ellos mismos costearon la construcción de varios faros de madera, lo intentaron hasta tres veces, pero cada vez ocurría lo mismo: el viento y olas los acababan destruyendo.

En esa misma época, el ingeniero escocés Robert Stevenson, que trabajaba para el Northern Ligthouse Board, visitó la roca por primera vez y se convenció de la necesidad de construir un faro en el lugar. Stevenson primero evaluó la idea de levantar un faro de hierro sobre nueve pilares, similar al de Brodie y Couper, pero finalmente se decantó por uno de piedra.

Stevenson se inspiró en el faro de Eddystone, también situado mar adentro en la costa de Cornwall. Ese faro, construido 50 años antes por John Smeaton, era considerado una obra maestra, no en vano, era la única construcción de su tipo que había sido capaz de resistir por un tiempo considerable las embestidas del mar.

Sin embargo, el encargo de Stevenson era más complicado que el de Smeaton debido a la condiciones de la roca. La roca de Eddystone no estaba casi nunca cubierta por las aguas, ni siquiera durante la marea alta, mientras que la Bell Rock, estaba sumergida dos veces al día, a veces hasta casi 5 metros, lo que sólo permitía trabajar en ella una media de 2 horas cada marea baja.

Finalmente, los costes y las dificultades de construir un faro en una roca acabaron aparcando el proyecto de Stevenson, que no se rescató hasta que el barco de guerra HMS York naufragó a causa de la "peligrosa" roca en 1804 perdiendo la vida toda su tripulación, 491 personas. Esta tragedia convenció a los miembros del NLB que no podían demorar más la obra y decidieron encargarle el proyecto a John Rennie, el ingeniero más brillante de la época, pese a que jamás había construido un faro, Stevenson sería el ingeniero a pie de obra.

Rennie y Stevenson estaban de acuerdo en que el faro de Eddystone era el modelo a seguir, si bien Stevenson era más partidario de añadir cambios para adaptar el diseño a Bell Rock. Una de sus modificaciones más importantes era el ángulo respecto a la roca que tendría que tener la base del faro. Se barajaron varias opciones y finalmente el faro que se construyó acabó teniendo una base mucho más amplia que los diseños preliminares. La teoría detrás de este cambio era que la fuerza de las olas sería más fácil de desviar si las paredes del faro iban ganando inclinación poco a poco que si lo hacían de manera más brusca. De esta manera la base sería de 12.8m de diámetro y la última planta de sólo 4.11.

Con el proyecto aprobado, la construcción del faro comenzó en 1807. Stevenson contrató a 60 hombres, incluido un herrero para afilar a pie de obra los picos que se usaban para cavar los cimientos y así no perder tiempo. Stevenson descartó el uso de pólvora por miedo a dañar la roca. La construcción no era fácil y como hemos dicho, sólo podía llevarse a cabo los meses de verano en los cuales el mar estaba más calmado.

La primera tarea de cada turno consistía en retirar el agua con el que la anterior marea había llenado el agujero, lo cual ya suponía en sí mismo la pérdida de media hora de trabajo. Esto aún hacía más cortas las jornadas de trabajo. Durante esta primera temporada de construcción, los trabajadores pasaban gran parte del día ociosos en un barco que estaba amarrado a una milla de la roca.

Otras de las dificultades que tuvo que hacer frente Stevenson este primer año, es que los trabajadores rechazaron trabajar en domingo, lo cuál redujo aún más el número de días hábiles. Sin embargo, pese a todo estos problemas, durante el primer año se consiguió excavar completamente la base circular del faro en la roca.

Además mientras se excavaban los cimientos, se empezó a construir una caseta de tres plantas sobre unos puntales, de manera que los trabajadores tuvieran un lugar donde quedarse en la roca y no tener que ir y venir desde el barco base después de cada turno de trabajo. Durante este año, también, se convirtió un viejo barco capturado a los prusianos en "faro flotante" para prevenir los accidentes hasta que el faro de piedra estuviera listo.

Durante la primavera del 1808, se colocaron los raíles que permitían transportar las piedras desde el punto en que las dejaban los barcos hasta la base del faro. Algunas piedras de los primeros tramos llegaban a pesar casi una tonelada. También continuó la construcción de la torre, de manera que al final de esta temporada se habían conseguido colocar los tres primeros tramos de piedra y el faro ya casi medía 2 metros. De las 256 horas trabajadas durante esta temporada, sólo 80 habían podido ser empleadas en la construcción propiamente dicha. Este año tuvo lugar el primer accidente mortal al caer un trabajador inconsciente al mar y morir ahogado.

Al año siguiente, 1809, las obras continuaron, llegando a completar el décimo tramo, lo cual permitía ver con claridad el faro incluso durante la marea alta. Durante esta temporada también se pudo completar la caseta, con lo cual los operarios (23 en total) pudieron mudarse a ella. El 22 de Agosto concluyeron las obras por la temporada en curso, para entonces el faro ya se elevaba casi 10 metros sobre la roca y más de 3 metros durante la marea alta.

Con la colocación del tramo 26 se había completado la parte sólida del edificio, hasta entonces los tramos estaban compuestos por piedra arenisca en el interior y un cubrimiento de granito en el exterior, pero a partir de entonces sólo se usaría piedra arenisca y el edificio ya no sería sólido sino que en su hueco se empezaría a construir la escalera de caracol interior y la puerta para entrar. En los dos primeros años de construcción se habían transportado 1.400 toneladas de piedra a la roca, y el diámetro de la torre había ido disminuyendo de los 12.8m iniciales a sólo 6.

En 1810 la tragedia esta vez se cebaría con Stevenson, que vio morir a sus dos hijos gemelos y a su hija Jane, por tos ferina. Sin embargo, por lo que a la construcción del faro respecta fue el año más productivo en él que las obras avanzarían a mejor ritmo, las condiciones eran más favorables, por una lado el grosor de los muros se reducía, se había pasado de los 2 metros al inicio de la escalera a sólo 1 cuando esta acabó. La construcción también era más simple lo que permitía colocar hasta 2 tramos de piedra al día. Durante esta temporada, además, los hombres podían trabajar 9 horas al día. Aunque la altura a la que se realizaban los trabajos se empezaba a convertir en un inconveniente, primero, por la peligrosidad de las caídas, y segundo, por la dificultad de elevar las piedras hasta tan arriba.

En un solo año se pudo construir toda la parte hueca, de abajo a arriba: la escalera de caracol, el almacén de provisiones, el almacén de aceite para la lámpara, la cocina comedor, el dormitorio, la biblioteca y finalmente a sala de la luz y el balcón, en total siete niveles. Y con la parte hueca se colocó la última de sus algo más de 2.500 piedras.

El diseño y la construcción del faro fueron descritos como uno de los grandes logros de la ingeniera de su época. Sin embargo, todo el mérito de la obra no puede recaer sólo sobre Stevenson o Rennie, como ellos ya reconocieron en su día, fue John Smeaton y su faro de Eddystone los que merecen parte del mérito por las técnicas de construcción empleadas.

Si el faro se hubiera construido en tierra firme, la obra, obviamente, hubiera sido mucho más fácil de llevar a cabo. Además las condiciones que hubiera tenido que soportar el faro una vez construido hubieran sido mucho menos duras. Teniendo en cuenta estas exigencias Stevenson consideró que el mortero y la gravedad serían insuficientes para mantener sujetas unas piedras a otras, por lo que decidió que se tallaran las piedras con precisión, de manera que encajaran unas con otras de manera similar a un puzzle. Además cada una de estas piedras tenía dos orificios circulares de unos 5cm de diámetro que las atravesaban. A lo largo de ellos se introducían una especie de clavijas de madera que las atravesaban permitiendo asegurar un tramo de piedras sobre el anterior, estas clavijas (llamadas trenails) se fijaban con fuerza mediante cuñas.

Por si fuera poco, con el fin de evitar que un tramo de piedras se moviera horizontalmente respecto al de abajo, se colocaban piedras areniscas de forma cúbica, varias por nivel, que penetraban unos 15cm en el tramo inferior y otros 15 en el superior. A partir del tramo 39 de piedras, donde empezaban las habitaciones del faro y donde el impacto de las olas ya era mucho menor, en vez de utilizar esta técnica, para asegurar un tramo al de abajo se optó porque la parte superior de las piedras no fueran plana, sino que tuviera partes salientes que encajaran en los surcos de la piedra superior.

Finalmente, el esfuerzo de tantas personas no fue en balde y tras casi 4 años de trabajo, el 1 de Febrero de 1811, la luz se encendió por primera vez sobre la Roca de la Campana, desde entonces ningún barco ha vuelto a naufragar por culpa de ella. En estos años, el centenario faro ha sufrido muchos cambios y mejoras, como la construcción de un helipuerto en 1975, incluso ha sufrido incendios, pero sin duda uno de los acontecimientos más tristes fue cuando el 26 de octubre de 1988 dejó de estar habitado, al colocarse un mecanismo de automatización. Hoy, casi 200 años después todavía se mantiene estoico en medio de las aguas a pesar de los embates de las olas y el viento
El faro se puede visitar partiendo de algún puerto cercano, aunque hay que tener en cuenta que el viaje es largo y las condiciones no siempre son favorables para hacerlo.



Entrevista

Menchu Gutiérrez, novelista, traductora y poeta

"Vivir en un faro es como vivir en las entrañas de un animal"

Foto: Marc Arias
Templos de luz
No es fácil hablar con esta mujer acostumbrada al silencio, 20 años viviendo en un faro del norte de España imprimen carácter; sobre todo si ya vienes de otro faro todavía más aislado y tormentoso. Su marido es pintor y ambos decidieron convertirse en fareros, aislarse para crear. Fruto de esos años de introspección es su relato 'El faro por dentro' (Siruela), donde desde el último día de su estancia reflexiona sobre lo sentido: "Muchas veces he tenido la secreta sensación de que el faro era un ser vivo, un animal inmovilizado por un hechizo (...) Otras veces, la torre se convertía en un templo consagrado a una realidad extraña, en la que la materia a la que se rendía culto era la luz"



Durante 20 años he vivido en el vientre de un faro en la costa norte española...

No debe de ser fácil...
No es el espacio idílico y romántico que nos llega a través de la literatura.

¿Cómo es?
Nunca llegas a habitarlo del todo. Es fundamentalmente un espacio en el que se concentra mucha energía.

¿Por qué cree eso?
A un faro es imposible no mirarlo de día o de noche, y a la vez él mismo irradia luz, así que parece que vivas en un lugar que es encrucijada de fuerzas. Es un espacio que no es inocente, y sobre todo creo que es arquetípico.

¿Arquetipo de qué?
Para los marinos es como una iglesia, un faro te orienta y te guía, y con su morse luminoso parece que marque el tiempo.

¿Ha cambiado su luz pero no su misterio?
Primero fue el fuego de leña; luego se prendieron hogueras de carbón, y los navegantes confundían su luz con la de las estrellas. Vino después la mecha con aceite. Y ahora, aunque lo que brille sea una bombilla, sientes la antigua presencia del fuego original. Y también es símbolo de turbulencias.

¿Por qué?
Es imposible no asociarlo a tempestad, lo que hace también de él, un lugar complicado en el que vivir.

¿Recuerda tempestades?
Muchas, pero al final te quedas con una tormenta que las representa a todas.

¿A qué se parece un faro?
A un ser vivo. Cada vez que subía la escalera de caracol que lleva a la torre tenía esa extraña y secreta sensación de que caminaba por el interior de un animal, cada peldaño se correspondía con una vértebra. Y en lo alto de la torre, la luz, que es como un gran ojo.

¿Un animal amigo?
Un animal extraño. Vivir dentro de un faro produce extrañeza.

¿Veinte años de extrañeza?
Sí, siempre hay una nota extraña, en el interior de la casa se percibe el lucernario, en la noche ves como los haces barren el paisaje y tu ventana. A veces te sientes huésped, el faro te expulsa, y otras que formas parte de él.

¿Pesa allí más la soledad?
Sí, el silencio, el aislamiento, aunque tengas teléfono y ADSL, y de repente el ruido inmenso del temporal. El faro favorece la introspección, la imaginación, y exacerba la sensibilidad. Se viven cosas muy bellas, hay días que la tormenta es un regalo, pero en los días que no estás sereno quieres huir.

¿Ha pasado miedo?
Miedo físico no, pero sí miedo interior. El silencio extremo y el ruido extremo de la tempestad llevan a vivencias extremas, ponen un poco en riesgo tu integridad.

A más de un farero se lo ha tragado el mar.
Hay una historia real de un ingeniero británico del siglo XIX que me impactó. Construyó un faro de roca, una linterna en medio del océano. Un temporal se llevó al faro y al farero. El ingeniero, muy disgustado, volvió a levantar otro faro, todavía más robusto.

¿Se lo llevó el mar de nuevo?
Sí. Cuando lo construyó por tercera vez decidió irse él a vivir al faro con su mujer y sus hijas. El mar volvió a arrasar con todo.

¿Qué anda usted buscando?
Yo quiero experimentar la escritura, y para la introspección los sentidos son muy importantes. Toda la información que recibimos es a través de ellos, y si hay algo que une a mis libros es la relación con ellos.

Ha escrito usted sobre el deseo.
Sobre una mujer que realiza el acto sexual con la nieve, con la niebla, con la lluvia y con la luz del sol. Son otros planos de la realidad, ahí donde se mueve la literatura, entre la muerte, el sueño, la vigilia y esa cosa extraña que es la imaginación.

¿Cómo hacer el amor con la niebla?
Requiere un abandono en distintos niveles de la realidad, necesitas que desaparezca el yo que te constriñe.

También ha escrito sobre san Juan de la Cruz, ¿qué le ha enseñado?
Es la lectura que más me ha comunicado esa desaparición del yo. La mística es un viaje sin palabras.

¿Un viaje hacia dónde?
Hacia la raíz de las raíces.

... Y sobre el universo de la boca.
Sí: dientes, lengua, paladar, saliva y lo que se hace con la boca: la palabra, el beso, el sabor..., eran los protagonistas.

¿Le cambió adentrarse en ese mundo?
A la boca nos lo llevamos todo, “se lo bebía con los ojos”, “ese niño es tan hermoso que me lo comería”. Parece que sólo haciendo digestión de las cosas las incorporamos verdaderamente.

¿Qué ha aprendido de la vida?
La tolerancia. Creo que seguimos siendo muy misteriosos los unos para los otros, tenemos muchos pliegues, y la sinceridad es muy complicada para todos, incluso cuando creemos ser sinceros no lo somos.

Autora de libros inquietantes, ¿qué le inquieta?
¡Hay tantas realidades invisibles! Conocemos sólo el cinco por ciento del universo, el resto es totalmente desconocido, y algo parecido ocurre aquí y ahora, en la vida cotidiana, hay tantas cosas que no comprendemos y que ni siquiera vemos.


Literatura


El faro de Alejandría de Gillian Bradshaw:

Obligada por su origen noble a contraer matrimonio con el cruel gobernador Festino, la joven Caris de Éfeso huye en dirección a Alejandría disfrazada de eunuco. Su sueño es estudiar el arte de Hipócratesy dedicarse a la medicina, un sueño imposible para una mujer en el año 371 d.C. No obstante las dificultades, Caris logra convertirse en médico y, gracias a sus conocimientos, acercarse a las más altas esferas del poder en pleno ocaso del Imperio Romano. Basando esta trama en una detallada descripción de la medicina hipocrática y, por encima de todo, en una cuidada y rica ambientación en la mítica Alejandría, Gillian Bradshaw ha escrito una novela de ágil lectura y gran interés histórico.  

lunes, 4 de febrero de 2013

Déjame llorar, Ricardo Montaner


Cuánto vacío hay en esta habitación
tanta pasión colgada en la pared
cuánta dulzura diluyéndose en el tiempo
tantos otoños contigo y sin ti
Millones de hojas
cayendo en tu cuerpo
otoños de llanto
goteando en tu piel
iluminada y eterna
enfurecida y tranquila
sobre una alfombra de hierba
ibas volando dormida.
Un imposible silencio
enmudeciendo mi vida
con una lágrima tuya
y una lágrima mía.
Iluminada y eterna...
Con una estrella fugaz
te confundí la otra noche
y te pedí tres deseos
mientras duraba tu luz
déjame llorar.
Cuántas caricias perdidas en mi diván
cuánto reclamo a dios mismo que ya no estás
hago canciones de amor en tu memoria
y en todas vuelvo como siempre a la misma historia.
Millones de hojas...


Casiopea, Silvio Rodriguez y Mario Benedetti


Estados de ánimo

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.


Mario Benedetti

Sobre literatura infantil y juvenil, entrevista a Fran Nuño...




"¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos?

¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?"


José Saramago


"Trasteando" en la red sobre literatura infantil, tema que me resulta muy interesante tanto a nivel personal como profesional, me encontré con esta entrevista.
Espero que sea de vuestro interés...

 
FRAN NUÑO

Fran Nuño nació en Bilbao en 1973 y vive en Sevilla desde los diez meses de edad. Es escritor, dinamizador cultural y librero-editor. Ha recibido varias menciones en importantes concursos, tanto por su obra literaria como por su labor a favor de la lectura. Es autor de más de veinte libros publicados en distintas editoriales, casi todos de literatura infantil-juvenil, entre ellos Cuentos con traje de domingo, Memorias de un marcapáginas, Caja de botones, Pies, zapatos y… zapatillas, Nuevos colores, Magos muy majos, Teatro en la cocina, La hora de los relojes, El Gran Mago del Mundo. Es también autor de Manual de técnicas de animación a la lectura y de los poemarios dirigidos a público adulto Deambulaciones y Fotografías contigo al fondo. Ha participado, como autor o editor, en varias antologías poéticas y sus obras de teatro infantil, recogidas varias de ellas en su libro ¡Cuánto teatro!, se representan habitualmente en colegios y teatros. Ha sido traducido al gallego, catalán e inglés.



      Además de ser escritor, tienes una librería, ¿qué nació primero, el librero o le escritor?

Profesionalmente hablando nació antes el librero, pero respecto a mi afición por los libros nació antes el escritor, ya que empecé a escribir historias con 9 o 10 años…

      Además de tus facetas profesionales, sabemos que eres un gran defensor de la lectura ¿qué actividades realizas habitualmente relacionadas con el fomento de las lectura entre los más pequeños?



Pues realizo sesiones de narración oral, talleres para explicar cómo se hace un libro, encuentros con lectores de mis libros, recitales de poesía… Además tengo publicado un Manual de técnicas de animación a la lectura (publicado en 2010 por Berenice. Grupo Almuzara), dirigido a educadores principalmente, y ahora estoy terminando uno dirigido a padres, que si todo va bien saldrá en primavera.

      ¿Recuerdas cuál fue el primer libro que leíste en tu niñez y te dejó marcado para siempre?

Te podría nombrar muchos, pero uno del que guardo muy grato recuerdo es Las aventuras de Arthur Gordon Pym, de Allan Poe. Fue una lectura obligatoria en el colegio y disfruté de lo lindo… Creo recordar que fui el primero de la clase en terminarlo, pues no podía parar de leer…

      Escribes para niños y para adultos ¿para quién es más difícil hacerlo?

Puede parecer a priori que escribir para adultos es más difícil, pero para mí es más complicado escribir para niños (o procurando que les guste a los niños). Cuando escribo para adultos no tengo que preocuparme por las palabras que utilizo y cómo las utilizo, digamos que tengo todo el idioma a mi disposición. En cambio, para la literatura infantil tengo que tener más cuidado con todo ello. Lo que sí es verdad es que disfruto mucho más con la literatura infantil-juvenil, por eso me dedico a ella principalmente.

      Son ya varios los títulos de Literatura Infantil y Juvenil que tienes publicados ¿qué te llevó a escribir para niños?



Sí, la verdad es que ya me voy acercando a la veintena de títulos publicados en este género. Siempre digo que quien me animó a ello fue el libro Cuentos por teléfono, del gran Gianni Rodari. Fue un libro que descubrí tarde, con más de veinte años, pero me hizo ver otra forma de contar y a partir de ahí empecé a investigar en este mundo y a escribir buscando historias que también les pudiera gustar a los más jóvenes.

   ¿Cómo nace y crece un libro en la mente de Fran Nuño hasta que ve la luz?

Pues primero nace, como un chispazo, una idea... y nunca sabes dónde te va a pillar. Una vez que tengo la idea, intento averiguar para qué género puede ir bien: álbum ilustrado, poesía, cuentos, novela, teatro… Y cuando tengo elegido el género me pongo a trabajar en ello hasta que doy por terminado el proyecto. Después viene el proceso de buscar la editorial a la que mejor le puede encajar en su línea el futuro libro. Hay veces que este proceso dura más y otras veces es más inmediato, todo depende del proyecto en sí.

También puede ocurrir que tenga una idea, pero no es el momento ideal para ella o no veo claro para qué me puede servir, por lo que tomo nota, la guardo y queda a la espera de que en algún momento recurra a ella para algún nuevo proyecto.

Cuando alguna editorial me encarga un libro o intento buscar una idea para algún tema del que me apetezca escribir, entonces el proceso es distinto. Empiezo a barajar posibilidades hasta que doy con la que me parece más apropiada o me gusta más.

     ¿De cuál de los títulos LIJ que has escrito te sientes más orgulloso?

Es una pregunta que me hacen mucho los niños en los encuentros que tengo con ellos y siempre me es muy difícil contestar. En realidad, siempre les respondo que mis libros son como “hijos” y que a todos los quiero por igual. No obstante, contigo me voy a mojar un poco… Podría decir La hora de los relojes (publicado en 2011 por Faktoría K de Libros. Grupo Kalandraka) y El Gran Mago del Mundo (publicado en 2012 por Cuento de Luz). El primero porque consiguió una mención especial del jurado en el Premio Ciudad de Orihuela en 2009 y me permitió publicar con la editorial Kalandraka, que desde hacía tiempo me apetecía mucho hacerlo. Y el segundo porque fue traducido al inglés y fue mi entrada al mercado anglosajón, aparte de recibir un premio al mejor ilustrador, Enrique Quevedo, en Estados Unidos.


      Con el ilustrador Enrique Quevedo has publicado ya dos títulos con una gran aceptación, incluso internacional ¿tenéis algún proyecto futuro de nuevo juntos?

Enrique Quevedo y yo nos conocimos gracias a la editorial Kalandraka, pues fue elegido como ilustrador para La hora de los relojes, y entre los dos nació una gran amistad y una admiración mutua por nuestro trabajo. Eso ha hecho que formemos y consolidemos sin pretenderlo en un principio un tándem artístico-literario para abordar distintos proyectos. Ahora en primavera saldrá nuestro tercer libro juntos, Luces de Feria (Ed. Cuento de Luz), que también se traducirá al inglés, y para el próximo otoño ya estamos preparando un nuevo álbum, además de tener en la “nevera” otro proyecto aún por concretar editorial. Igualmente, tenemos en mente abordar la novela gráfica dirigida a público adulto, pero aún es un proyecto a largo plazo.

Digamos que aunque cada uno tenga sus proyectos en solitario o con otros autores e ilustradores, Enrique y yo tenemos un plan de colaboración conjunta para cada cierto tiempo presentar al público un nuevo libro firmado por ambos.

      ¿Qué piensas del panorama de la Literatura Infantil y Juvenil en la actualidad?

Tengo una visión muy positiva en general. Creo que hoy los jóvenes lectores pueden encontrar una gran oferta de títulos, temas, autores, ilustradores… y con editoriales que en la mayoría de los casos cuidan mucho sus publicaciones. Es verdad que también nos podemos encontrar libros que no tienen tanto nivel, pero entre tanta variedad es normal que esto ocurra… Pero para eso están los educadores, dinamizadores, libreros, bibliotecarios… para ayudar a descubrir a los lectores todas las joyas que nos podemos encontrar en la literatura infantil-juvenil actual…

  Por último ¿qué consejos darías a un escritor que desea iniciarse en el mundo de la LIJ?

Le aconsejaría que tenga paciencia y que lea e investigue mucho, que conozca bien el mundo de la literatura infantil-juvenil. Después que corrija bastante, que hasta que no esté verdaderamente satisfecho con su trabajo no lo muestre a un editor. Y una vez que crea que tiene listo el proyecto no se desilusione con el primer rechazo editorial que reciba… El camino no es normalmente fácil y hay que trabajar mucho hasta obtener los resultados que te permitan dedicarte profesionalmente a la literatura infantil-juvenil.Como dice Woody Allen: El 90% del éxito se basa simplemente en insistir. 
JOSE CARLOS


Fuente: 
http://sonandocuentos.blogspot.com.es/