jueves, 28 de agosto de 2014

Permanencia, Gioconda Belli


Duro decir: 
Te amo, 
mira cuánto tiempo, distancia y pretensión 
he puesto ante el horror de esa palabra, 
esa palabra como serpiente 
que viene sin hacer ruido, ronda 
y se niega una, dos, tres, cuatro, muchas veces, 
ahuyentándola como un mal pensamiento, 
una debilidad, 
un desliz, 
algo que no podemos permitirnos> 

-ese temblor primario 
que nos acerca al principio del mundo, 
al lenguaje elemental del roce o el contacto, 
la oscuridad de la caverna, 
el hombre y la mujer 
lamiéndose el espanto del estruendo- 

Reconocer 
ante el espejo, 
la huella 
la ausencia de cuerpos entrelazados hablándose. 

Sentir que hay 
un amor feliz 
enjaulado a punta de razones, 
condenado a morir de inanición, 
sin darse a nadie más 
obseso de un rostro inevitable. 

Pasar por dias 
de levantar la mano, 
formar el gesto del reencuentro y arrepentirse. 
No poder con el miedo, 
la cobardía, 
el temor al sonido de la voz. 
Huir como ciervo asustado del propio corazón, 
vociferando un nombre en el silencio 
y hacer ruido, 
llenarse de otras voces, 
sólo para seguirnos desgarrando 
y aumentar el espanto 
de haber perdido el cielo para siempre.



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