domingo, 26 de enero de 2014

Cuadernos de Maya, Isabel Allende



La tarea exquisita de aprender las múltiples posibilidades de los sentidos, el placer de acariciarse sin un propósito, por el gusto de frotar piel con piel. Un cuerpo de hombre da para entretenerse por años, los puntos álgidos que se estimulan de este modo, otros que piden diferentes atenciones, aquellos que no se tocan y basta con soplarlos; cada vértebra tiene una historia, una puede perderse en el campo ancho de los hombros, con su buena disposición para cargar peso y pesares, y en los duros músculos de los brazos, hechos para sostener el mundo. Y bajo la piel se ocultan deseos nunca formulados, aflicciones recónditas, marcas invisibles al microscopio. Sobre besos debe de haber manuales, besos de pájaro carpintero, de pez, de una variedad infinita. La lengua es un culebrón atrevido e indiscreto, y no me refiero a las cosas que dice. El corazón y el pene son mis favoritos: indómitos, transparentes en sus intenciones, cándidos y vulnerables, no hay que abusar de ellos.


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