viernes, 2 de agosto de 2013

El cuentero (Memoria del Fuego III: El Siglo de Viento), Eduardo Galeano




Una vez ensilló y montó un tigre, creyendo que era burro, y otra vez se ató el pantalón con una serpiente viva —y vio que no era cinturón porque le faltaba la hebilla. Todos le creen cuando explica que ningún avión aterriza si no le echan unos granos de maíz en la pista o cuando cuenta la terrible matazón que hizo el ferrocarril el día que se enloqueció y en lugar de avanzar de frente se echó a correr a lo ancho.
Jamasito miento —miente el Güilo Mentiras.

El Güilo, pescador de camarones en los estuarios de Escuinapa, es lenguaraz del rumbo. Pertenece a la espléndida estirpe latinoamericana de los cuenteros, magos de la charla de mostrador o fogón, siempre por hablado, jamás por escrito.

A los setenta años, le bailotean los ojos. Se ríe de la muerte, que una noche vino a buscarlo:
Toc toc toc —golpeó la muerte. —Adelante —invitó el Güilo, zalamero, desde la cama—. Te estaba esperando. Pero cuando quiso bajarle los calzones, la muerte huyó despavorida.




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