martes, 26 de febrero de 2013

¿Conoces esta fotografía? Rue Mouffetard

 Otra forma de mirar: La belleza es la percepción de algo en su contexto adecuado.



Esta famosa imagen de 1954, del niño que camina sonriente con sus botellas de leche, ha recorrido el mundo y pertenece al padre –para muchos- del fotoperiodismo. Se trata del célebre fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson.
Cartier-Bresson predicó siempre con la idea de atrapar el instante decisivo, versión traducida de sus "images à la sauvette", que vienen a significar con más precisión "imágenes a hurtadillas". Se trataba, pues, de poner la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo momento en el que se desarrolla el clímax de una acción. 

A lo largo de su carrera, tuvo la oportunidad de retratar a personajes de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse, Marie Curie, Édith Piaf, Fidel Castro y Ernesto "Che" Guevara. 

También cubrió importantes eventos, como la muerte de Gandhi, la Guerra Civil Española, donde filmó el documental sobre el bando republicano "Victorie de la vie", la SGM, en la que estuvo en la Unidad de Cine y Fotografía del ejército galo o la entrada triunfal de Mao Zedong a Pekín. 

Cartier-Bresson fue el primer periodista occidental que pudo visitar la Unión Soviética tras la muerte de Stalin. 

Su obra fue expuesta, en el museo del Louvre, en París, en 1955. 

Fue cofundador de la agencia Magnum. 

En el año 1982 recibió el Premio internacional de la fundación Hasselblad. 

Junto a su esposa, la también fotógrafa Martine Frank, creó en el año 2000 una fundación encargada de reunir sus mejores obras, situada en el barrio parisino de Montparnasse. 

En 2003, Heinz Bütler dirigió la película suiza Henri Cartier-Bresson - Biographie eines Blicks, documental biográfico interpretado por el propio Cartier-Bresson además de Isabelle Huppert, entre otros. 

Para algunos, Cartier-Bresson es una figura mítica en la fotografía del siglo XX. Uno de sus mejores biógrafos (Pierre Assouline) lo apelaría como «el ojo del siglo».

 


Os dejo aquí un artículo  del mismo Henri Cartier Bresson: La composición, en El Instante Decisivo (1952), citado por Joan Fontcuberta en Estética fotográfica (Editorial Gustavo Gili)
 
Si la fotografía debe comunicar su sujeto en toda su intensidad, la relación con la forma debe ser establecida de modo riguroso. La fotografía implica el reconocimiento de un ritmo en el mundo de los objetos reales. Lo que el ojo hace es encontrar y enfocar un sujeto determinado dentro de la masa de la realidad. Lo que la cámara hace es simplemente registrar sobre la película la decisión tomada por el ojo. Como con la pintura, al ver y percibir una fotografía lo hacemos considerándola en toda su integridad y de un solo golpe de vista. En una fotografía la composición es el resultado de una coalición simultánea, de la coordinación orgánica de los elementos vistos por el ojo. Uno no agrega la composición como si esta fuera una reflexión posterior sobreimpuesta al material básico del sujeto, puesto que es imposible separar el contenido de la forma.

Henri Cartier-Bresson: Siphnos, 1961
Henri Cartier-Bresson: Siphnos, 1961


En la fotografía hay un nuevo tipo de plasticidad producto de las líneas que, instantáneamente, van siendo trazadas por los movimientos del sujeto. Trabajamos en unicidad con el movimiento como algo premonitorio de cómo la vida misma se desarrolla y mueve. Pero dentro del movimiento hay un momento en el cual los elementos que se mueven logran un equilibrio. La fotografía debe capturar este momento y conservar estático su equilibrio.
El ojo del fotógrafo esta en perpetua evaluación. Un fotógrafo puede lograr una coincidencia de líneas con tan solo mover su cabeza una fracción de milímetro. Puede modificar perspectivas mediante una ligera flexión de sus rodillas. Desplazando la cámara a mayor o menor distancia del sujeto logra un detalle, y este puede subordinado al resto o puede subyugar al fotógrafo, pero compone una fotografía en casi el mismo tiempo que le toma disparar el obturador, o sea, a la velocidad de un acto reflejo.
Henri Cartier-Bresson: Rue Mouffetard, 1954
Henri Cartier-Bresson: Rue Mouffetard, 1954
Sucede, ciertas veces, que uno se atasca, se demora, espera a que suceda algo. Uno tiene la sensación de que se tiene la estructura completa de una fotografía, excepto tan solo por una cosa que parece estar faltándole. ¿Pero cual? Quizá alguien de repente llega a caminar dentro de nuestro campo visual. Uno sigue su trayectoria a través del visor. Y espera y espera hasta que finalmente aprieta el disparador y se va con la sensación (sin saber por que) de que se consiguió algo realmente bueno. Mas adelante, para concretar esto podemos hacer una copia de las fotografía, trazar sobre ella las figuras geométricas observadas, y veremos que si el obturador fue disparado en el momento preciso, habremos fijado un diseño geométrico sin el cual la fotografía no hubiese tenido vida ni forma.

Henri Cartier-Bresson: Sevilla, 1933
Henri Cartier-Bresson: Sevilla, 1933

La composición debe ser una de nuestras preocupaciones constantes, pero en el momento de fotografiar solo podemos hacerla brotar intuitivamente, pues hemos salido a la captura del instante fugaz y toda las interrelaciones involucradas están en movimiento. Aplicando la Regla de Oro: el único par de circunferencias de que dispone el fotógrafo es el par de ojos que tiene. Cualquier análisis de tipo geométrico, cualquier reducción de la fotografía a un esquema, solo puede ser hecho (debido a su naturaleza misma) después que la fotografía haya sido tomad, revelada y copiada, y luego podrá ser utilizado solamente para un examen post mortem de la fotografía. Espero que nunca veamos llegar el día en que las tiendas de fotografía vendan artefactos en serie en forma de pequeñas rejillas geométricas para colocar en nuestros visores; y que la Regla de Oro nunca sea impresa en nuestro vidrio esmerilado.

Henri Cartier-Bresson: Henri Matisse, 1944
Henri Cartier-Bresson: Henri Matisse, 1944
Si uno empieza cortando o decapitando una buena fotografía, esto significa matar la acción reciproca de la proporciones. Además, muy raramente sucede que una fotografía que fue débilmente compuesta pueda ser salvada recontrayendo su composición en una ampliadora del laboratorio; ahí la visión ya no puede darse integra. Se habla mucho de los ángulos de la cámara, pero los únicos ángulos valiosos son los de la geometría de la composición, no aquellos fabricados por el fotógrafo que dispara desde la tripa o ejecuta otras antiguallas por el estilo para procurarse efectos insólitos.

Fuente:
antonioperezrio.wordpress.com
culturizando.com

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