martes, 8 de enero de 2013

Seda china: leyenda e historia..

 Hay una tradición oriental que habla de una princesa china, por nombre Xi-Ling-Shi (SI-LING-CHI), que tomaba plácidamente el té en su jardín, sentada a la sombra de una morera, cuando dentro de su taza cayó un raro capullo desprendido de una rama del árbol; al remojarse el capullo se le despegaron las hebras de que estaba formado y la princesa tiró y tiró de aquella fibra finísima descubriendo por casualidad el hilo de seda. Tuvo entonces la idea de tejerlo. Tras observar la vida del gusano de seda a instancias de su marido, el Emperador Amarillo Huang Di, empezó a enseñar a su corte el modo de criarlos, la sericicultura.
Era ésta la ciudad de Shantung, en el norte de China. La provincia de este nombre se tiene como cuna mundial de la seda textil, y aun hoy es una gran productora de seda. La princesa Xi-Ling-Shi es recordada como patrona religiosa y cultural de la seda china. El emperador HUANG-TI toma por esposa a esta princesa, quien desde entonces se llama LEI-TSU. Tal hecho está datado en el año 2698 a. C.
El secreto de la seda lo mantuvieron bien guardado los chinos durante los siguientes 2000 años. La ley imperial decretó que todo aquel que lo revelara sería torturado hasta morir. 

 Otra historia interesante es la del viaje de Sulayman al este. Este mercader árabe, durante su visita a un funcionario de la dinastía Tang, encontró que éste tenía un lunar negro en el pecho. Sin poder creer lo que veían sus ojos, se quedó mirando al lunar durante bastante rato, hasta que le comentó que debía pasarle algo extraño a sus ojos, ya que podía ver el lunar incluso bajo dos prendas de ropa. Al oírle, el funcionario estalló en carcajadas y le enseñó las ropas de seda. Tras examinarlas el comerciante se percató de lo finas que eran, y se volvió loco por este fantástico tejido.

Según la tradición china, la historia de la seda empieza en el siglo XXVII a. C. Prosigue durante tres milenios de exclusividad durante los que China exporta este tejido precioso sin revelar jamás el secreto de su fabricación. El arte de fabricar seda se transmitió después a otras civilizaciones gracias a mercaderes, ladrones y espías de todo tipo, como monjes o diplomáticos. Una vez llega a Europa occidental a finales de la Edad Media, la producción de seda alcanza la fase de la industrialización a partir del siglo XIX. Luego sufrirá una importante decadencia, relacionada con el rápido desarrollo de la fabricación de este tejido en ciertos países de Asia y con las epidemias que afectaron a los gusanos de seda en Francia. Se ha vuelto a convertir finalmente en una producción esencialmente asiática.
 De acuerdo con las pruebas aportadas por algunos hallazgos arqueológicos, la seda empezó a utilizarse mucho antes de la época de Lei Zu, hace aproximadamente unos 4.600 años. En 1958, durante una excavación en la ciudad de Yuhang, en la provincia de Zhejiang, fueron encontrados restos de varios objetos de seda de 4.700 años de antigüedad, incluyendo una tejedora, jirones de tela y ropas. A pesar de que estos objetos habían quedado carbonizados, la identificación precisa de la latitud y la longitud de la seda es una prueba fehaciente de lo avanzado de la artesanía de la seda en ese momento.

La seda ha permanecido durante tanto tiempo como un misterio que las numerosas civilizaciones que la descubrieron, en especial gracias a las rutas de la seda que recorren Eurasia, inventaron numerosas leyendas al respecto. Por ejemplo, las leyendas persas dan cuenta de la aparición de la primera pareja de gusanos de seda, surgidos del cuerpo de Job.

En 1958, durante una excavación en la ciudad de Yuhang, en la provincia de Zhejiang, fueron encontrados restos de varios objetos de seda de 4.700 años de antigüedad, incluyendo una tejedora, jirones de tela y ropas. A pesar de que estos objetos habían quedado carbonizados, la identificación precisa de la latitud y la longitud de la seda es una prueba fehaciente de lo avanzado de la artesanía de la seda en ese momento.

En la dinastía Han (206 AC- 220 DC), el arte del hilado de la seda había sido desarrollado a tan alto nivel que cada hilo estaba compuesto de 14 o 15 hebras de seda, como puede verse en los brocados excavados en las tumbas de Mawangdui, de la dinastía Han del Oeste (206 AC- 24 DC), en la provincia de Hunan.

Con la mejora en el arte del hilado, los productos de seda acabados eran más poderosos a la hora de expresar alguna forma de imaginario poético. En cualquier caso, dentro de una rica tradición de patrimonio cultural, el estilo único de la textura de la seda se ha ido convirtiendo gradualmente en un símbolo del espíritu ascético oriental. En otras palabras, es debido a la seda que las ropas chinas muestran cierta belleza y elegancia etéreas, y es también debido a sus soportes de seda que las figuras en las pinturas chinas poseen la verosimilitud de una imagen real.

La seda viaja al extranjero

Al hablar de la expansión de la seda en el mundo, se hace imprescindible citar la famosa Ruta de la Seda. Durante un larguísimo periodo histórico, es la Ruta de la Seda la que conecta China con los países de Asia Central y Occidental, trayendo consigo un riquísimo intercambio cultural y la difusión del arte del hilado de la seda.
Pintura que muestra el viaje hacia el Oeste de Zhang Qian
Desde el siglo quinto antes de Cristo, China exportó seda a los países occidentales. Debido a su elaboración exquisita y a sus hermosos diseños, la seda china fue calificada como “creación del cielo”. En aquel momento, los griegos y los romanos llamaron a China “Serica” y a los chinos “Seris”, términos que derivaban de la palabra usada para denominar a la seda, “Serge”.

El consumo y la fascinación ejercida por la seda en occidente pueden verse ejemplificados en la siguiente anécdota de un libro de historia: una vez que el emperador romano Julio César asistió al teatro vestido con ropas de seda, éstas lucían tan fantásticas que distrajeron la atención del público de la representación.

En el siglo cuarto antes de Cristo, la seda china fue también introducida en la India, y aproximadamente dos siglos más tarde aparece en los códigos legales indios un interesante artículo según el cual aquel que fuera encontrado culpable de robar seda estaba condenado a no comer y a beber tan sólo leche durante tres días como castigo, lo que sin duda prueba el enorme valor y la escasez de tejidos de seda en aquel momento.

En los años 138 y 119 antes de Cristo, un emperador de la dinastía Han envió a su embajador Zhang Qian en dos viajes a los países de Asia Occidental. El enviado llevó no sólo productos de seda a esos países a través de la Ruta de la Seda con el fin de promocionar el comercio, que siguió desarrollándose hasta la dinastía Tang, sino que también los utilizó para el intercambio de productos de otras culturas.

 La Ruta de la Seda también se extendió hacia el este hasta Japón. En el año 107 después de Cristo, el emperador japonés envió 160 artesanos a China para que se instruyeran en los artes del cultivo, hilado, y brocado. Más tarde, esos artesanos volvieron a Japón con gran cantidad de productos de finísima seda y una gran habilidad para su fabricación. En los siglos posteriores, los emperadores japoneses enviaron cientos de artesanos a China de forma constante, contribuyendo en gran medida al desarrollo de la fabricación de seda en Japón. El Mikado del siglo VII llevaba un traje de seda bordado con las figuras del sol, la luna, estrellas, montañas y dragones, que era muy similar a las ropas usadas por los emperadores chinos.
La seda china también causó furor en los siglos XVII y XIX en Francia. Durante el reinado de Napoleón (1799-1814), debido a la locura que sufría el gobernante por el lujo y la moda, se ordenó a las personalidades de la corte que llevaran ropas de seda en su vida cotidiana, lo que incluso provocó una gran escasez de productos de seda durante algún tiempo en Croix Rousse, la principal área productora de seda local.

Si hablamos de la Ruta de la Seda, debemos referirnos también a la Ruta de la Seda marítima, que conectaba China con los países del Sudeste asiático y con África. Empezó a desarrollarse incluso antes de la dinastía Han, y tuvo un auge especial durante las dinastías Yuan (1271-1368) y Ming (1368-1644).

En aquella época, los emperadores romanos enviaban marfil, caparazones de tortuga y cuernos de rinoceronte para ser intercambiados por seda en la ruta marítima que unía los territorios occidentales con China. Esto, por supuesto, contribuyó a mejorar la posición e influencia de China tanto a nivel comercial como cultural. En otras palabras, la seda ha escrito la historia del desarrollo de las conexiones de China con otros países del mundo.

La artesanía de la seda


Durante el Periodo de las Primaveras y los Otoños (770-476 AC), empezó ya a madurar el arte del bordado. En las dinastías Qin y Han (221 AC- 220 DC), la habilidad para el bordado había llegado a un nivel mucho más alto, mientras que durante la dinastía Song (960-1279) alcanzó su expresión máxima, tanto en calidad como en la cantidad producida. Especialmente después de la invención del bordado ornamental, bordar se convirtió en parte de la vida de las mujeres chinas, y se empezó a considerar como un signo de virtud femenina.

La industria de la seda fue grande y enérgica durante las dinastías Ming y Qing (1368-1911). Aparecieron algunas grandes familias especializadas en bordados que se convirtieron en el principal sostén de la economía de la época, y la seda no era únicamente el símbolo del arte y la cultura sino que se convirtió también en parte del desarrollo económico.
Hoy en día, a pesar de los métodos artesanales han sido ya reemplazados por la mecanización, el bordado es un arte muy enraizado en la cultura china. Hay muchos tipos de bordados famosos de las diferentes minorías étnicas chinas, como la Uigur, la Yi, Dai, Buyi, Miao, Dong, Bai, Zhuang o Zang. Todas ellas han añadido a los bordados sobre seda diseños especiales que demuestran la variedad, originalidad y características étnicas de los productos de seda.




Los productos de seda han sido utilizados ampliamente en trajes y muebles combinándose con pintura y caligrafía, lo que muestra una de las características propias de la cultura china más interesantes.

Algunas parejas jóvenes escogen colchas de seda cuando se casan, y no solo porque los diseños festivos y de buen augurio traigan buenos deseos, sino también porque la seda, conocida como la “Reina de las Fibras”, está compuesta por fibras naturales que proveen de los aminoácidos que el cuerpo humano necesita, y siendo además el más suave, brillante y cálido de los tejidos, que ayuda a conciliar el sueño y previene las enfermedades de la piel, por lo que es muy popular entre la gente.


Sobre el origen del gusano de seda, otra leyenda de la China nos cuenta que una muchacha había prometido que se casaría con quién le trajera de vuelta a su padre, que estaba en la guerra, al escuchar esta promesa el caballo de la familia salió en busca del padre y a partir de entonces el animal miraba a la chica con intenciones de que ésta cumpliera su ofrecimiento, ante tanto “atrevimiento” se dio muerte al caballo y se lo despellejó. Un día, la muchacha, al ver la piel del caballo puesta al sol, empezó a pisotearla diciendo: “¡Y aún querías casarte conmigo!”. Entonces de repente la piel envolvió a la chica y desaparecieron juntos. Tiempo después aparecieron sobre un árbol, donde formaban una pareja de gusanos de seda. Siempre siguiendo las leyendas, la seda salió de China en dirección a la India en los cabellos de una princesa prometida a un príncipe de Khotan. Esta princesa, negándose a quedarse con su amada tela, desafió la prohibición imperial de exportar gusanos de seda.
A pesar de que la seda fue exportada muy pronto a países extranjeros, la sericicultura fue siempre un secreto cuidadosamente guardado por los chinos. Los otros pueblos tuvieron que inventar diversos orígenes para este maravilloso tejido. Así, los Romanos, grandes admiradores del tejido, estaban convencidos de que los chinos obtenían el hilo de las hojas de los árboles. El conocimiento que en el Imperio romano tenían de la seda china, resaltaba sobre todo lo imaginario, el secretismo y lo exótico. En un principio, los romanos se imaginaban que la seda era el producto de una especie de árbol de lana y que estos “seres (de Sericum) bebedores de agua”, vivían hasta los 200 o los 300 años. Eso es por ejemplo lo que afirmaba Plinio el Viejo en su Historia natural o Virgilio en las Geórgicas.




La cría del gusano de seda para la obtención de las seda recibe el nombre de sericicultura. Las hojas de morera son el alimento para su corta vida y les aporta el almidón que transforman en una hebra, que puede alcanzar los 1 500 metros de longitud en cada capullo. Sin embargo, 500 metros de hebra apenas alcanzan a pesar 130 miligramos de seda; por lo que cada metro, convertido en miligramo, resulta ser sumamente caro en valor monetario y en esfuerzo.




 







Los gusanos de seda se crían en la primavera, cuando los huevecillos de la temporada anterior, que han sido guardados en un lugar fresco, se incuban tan pronto como brotan las hojas de las moreras. Durante unas semanas de intensa actividad. Los gusanos comen hojas continuamente llegando a aumentar su peso 10.000 veces.
 Los primeros emperadores ordenaron la propagación de esta actividad y, a menudo, dictaban decretos y órdenes para proteger y recordar a la corte sus obligaciones y atenciones con la sericicultura. Durante muchos años, los chinos lograron conservar el secreto de la producción de la seda por medio de medidas sumamente drásticas, aplicaban hasta la pena de muerte a quien se atreviera a sacar de su territorio huevecillos, gusanos o mariposas de la especie.
Cuando el emperador romano Justiniano (483‐ 565 d.C.) tuvo la idea de enviar a monjes para predicar el cristianismo por oriente, en el año 550 d.C. conocieron los procedimientos para la crianza del gusano y la producción de la seda. Los monjes introdujeron semillas de morera y huevecillos del gusano de seda en el hueco de sus bastones de bambú, logrando así burlar la vigilancia sobre esta especie y sacarla hacia su territorio. De Grecia la sericicultura se extendió a los países de Asia y África del Norte; más tarde llegó a Europa, donde Italia, Francia y España, obtuvieron excelentes resultados, y a quienes se les reconoce, hasta la fecha la finura de sus sedas.
El ciclo evolutivo del gusano de seda dura alrededor de 60 días y comprende varias etapas: nacimiento, desarrollo de la larva, metamorfosis, salida del capullo (mariposa), acoplamiento, puesta de huevos y muerte. El nacimiento del gusano puede ser retardado por el hombre a través de técnicas de estivado, hibernación e incubación.
Durante la fase del desarrollo de la larva se produce hasta cinco veces la muda completa del tejido que constituye el revestimiento externo del cuerpo. Este proceso es muy importante y delicado ya que permite la evolución del cuerpo creando condiciones que permiten a la larva aumentar en su dimensión, de otra forma le imposibilitaría crecer por causa de la escasa elasticidad del tejido debido a una sustancia llamada quitina. El momento de la muda se reconocer fácilmente mediante un movimiento en el que levanta la parte delantera y oscila la cabeza.


La seda en España  
En España se cree que se introdujo por el sureste peninsular, pero no fue hasta la llegada de los árabes, en el siglo VIII, cuando se desarrolló su producción, especialmente a partir de la fundación de Murcia.
Desde sus orígenes, las sedas españolas alcanzaron un gran prestigio internacional, destacando entre ellas la murciana, con sus ricas telas Wasy, mezcla de seda y oro.
Existe una laguna documental para los siglos XI, XII y XIII, aunque se tiene constancia de que continuó una importante producción por las referencias a la excelente calidad de los tejidos murcianos.
En la época cristiana, la seda perdió paulatinamente su importancia y en su lugar se desarrolló la ganadería. Sin embargo, en el siglo XIV se plantaron las primeras semillas de moreras blancas, y se produjo un nuevo e importante florecimiento, con un lugar destacado para la huerta de Murcia.

Auge en Murcia: siglo XVII

Dos judíos murcianos expulsados por los Reyes Católicos (Antonio de Grimaldo y Carlos Peralta) fueron los que, al volver de su 'exilio' italiano, importaron las técnicas con las que la industria sedera alcanzó un auge insospechado en la huerta murciana, provocando una avalancha de agricultores que comenzaron a cultivar morera en sus tierras.
Los capullos eran cuidados en el interior de las casas por mujeres y niños  a un coste mínimo. Así, se aumentó considerablemente la producción y se extendió el uso del tejido entre las poblaciones más humildes.
Numerosos huertanos intentaban evadir los impuestos por cosechar seda vendiéndola de forma clandestina, por lo que en 1610 se terminó de construir un edificio denominado Contraste de la Seda, situado en la plaza de Santa Catalina de Murcia. Su objetivo era pesar y controlar la producción cosechada anualmente, aunque no se consiguieron frenar estas actividades clandestinas.
A comienzos del siglo XVI se generalizó la costumbre de dar limosnas a la Iglesia en forma de capullos de seda, gracias a los cuales se emprendieron grandes obras humanitarias y arquitectónicas, como el Seminario de San Fulgencio o el Puente Viejo de Murcia durante el siglo XVIII..
Durante el S.XVII se desarrolló principalmente en Murcia una importante actividad artesanal en torno a la seda: torcedores, tejedores, cordoneros, toqueros, pasamaneros y tintoreros habitaban en el casco urbano y principalmente en los barrios de San Antolín, San Andrés y San Miguel.
El centro de negocio de la seda estaba instalado en el núcleo urbano, principalmente en la plaza Santa Catalina, donde se reunían periódicamente mercaderes, corredores y productores de seda para cerrar los tratos comerciales.

Fábricas sederas
En 1770, dos italianos establecen en Murcia  una moderna fábrica de hilar y torcer seda al estilo de Piamonte, pretendiendo revolucionar esta industria. Situada entre la Casa de la Misericordia y la Fábrica de la Pólvora, en los primeros años no tuvo éxito, pero su suerte cambió al ser vendida. Con su moderna maquinaria y la numerosa mano de obra empleada, esta enorme fábrica producía grandes cantidades de seda y era una de las más importantes de España.
En el año 1800 comenzó a funcionar otra fábrica, perteneciente a la empresa francesa Valence y Sobrinos, con las mismas características que la anterior, y que también movía sus grandes ruedas con el agua de las acequias cercanas, ya que carecían de electricidad.
Los siglos XIX y XX suponen una importante crisis para la sericultura y su industria en toda España, motivada por las epidemias y la fuerte competencia extranjera, especialmente la italiana.
En 1892 se crea la Estación Sericícola cerca de la Alberca de las Torres (Murcia), con el objetivo de estudiar y conservar el cultivo de la seda, y ampliando sus relaciones internacionales, lo que erigió a Murcia en la principal capital y el centro de la sericultura española.
Otras importantes fábricas han sido ya abandonadas o demolidas, como la fábrica Mayor (antiguo convento de los Diegos) o la 'pequeña' de la firma francesa Payen.

S.M. el Rey Alfonso XIII y S.A. el Príncipe de Asturias, desembojando capullos en el Real sitio de El Pardo

Situación actual
Actualmente, la seda se cultiva mayoritariamente en Oriente, Japón y China fundamentalmente. Mientras en Europa quedan vestigios en España, Francia, e Italia. La industria de seda tiene un valor comercial anual de 200 - 500 millones de euros.
La Región de Murcia sigue siendo, junto con Canarias, la única comunidad de España en la que con fines artesanales o didácticos podemos todavía encontrar pequeños productores de la denominada 'seda natural'.


Tradicionalmente la sericicultura ha sido considerada una actividad doméstica, debido a que sus cuidados no necesitan de una gran fuerza física, pudiéndolos realizar niños, mujeres y ancianos.

Las tierras más propicias para la crianza de la seda son las de regiones cálidas, con una altitud máxima de 100 metros y con temperaturas medias de entre 16 y 25ºC. En las regiones frías también se puede obtener cultivos pero de menor calidad.

El momento idóneo para su producción es la primavera, y dependiendo del tipo de gusano que se emplee, se podrán obtener una o dos cosechas anuales sin utilizar medios artificiales.


Proceso de producción de la seda

El proceso de extracción de la seda es fundamentalmente manual, y el de hilado y transformado textil puede realizarse industrial o artesanalmente.

El proceso artesanal para obtener una pieza de tejido de seda consta de aproximadamente doce pasos, de los que aquí se enumeran los más importantes:

·Cultivo del gusano de seda. En un espacio sombrío y aireado, y en una superficie aislada del suelo se colocan los capullos, habitualmente en una cama de hojas de morera situada sobre cañas o cartón perforado. Durante los 45-50 días, desde que rompe el huevo hasta que se extrae el capullo, los gusanos necesitan ser atendidos permanentemente, alimentándolos dos veces al día, limpiando su lecho con frecuencia y manteniendo una temperatura entre 19ºC y 25ºC.

·Extracción. A partir del décimo día del capullaje se desmonta el entramado de hojas y se separa cada capullo, quitándole la borra y las impurezas. Como la crisálida sigue viva se 'ahoga' con vapor o aire caliente (tradicionalmente una sábana al sol), y si es necesario se procede al secado y a la selección de los capullos para su venta o hilado. En este punto finaliza el trabajo de los agricultores.

·Hilado o 'sacado'. Con esta actividad se inician las labores de la industria textil o del artesano sedero. Para deshilar el capullo, que puede tener entre 800 y 1.500 metros de hilo, se cuece en una caldera de cobre con agua a una temperatura de 80 a 100 grados centígrados, para que quede limpio del gres y aflojen el hilo de seda, momento en que el artesano los deshila con una escobilla para pasarlos a un torno manual que va formando madejas. Al devanado simultáneo de varios capullos se le llama seda cruda o en greña

·Emparejar. Las madejas se colocan en la devanadera grande, y de ahí a la zarja (torno más pequeño) con 2 o 4 ruedas según el número de hebras que se quieran obtener, hasta los cañones. En este momento se introduce un huso en el cañón que se gira para formar con las 2 o 4 hebras un único hilo de mayor consistencia.

Para evitar las asperezas de la seda y que coja más torcedura se humedecen las hebras. Finalmente se obtienen madejas.

·Guisado. Las madejas se cuecen y blanquean con agua y jabón para quitarles las asperezas debida a la sericina, removiéndolas para que se blanqueen por igual. Se aclaran con agua y se secan al sol.

·Teñido. En este momento se puede proceder a teñir la seda con tintes naturales o dejarla en su color original (blanco, amarillo, verde o rosa pálido).

·Trenzado. Todavía en madejas, la seda vuelve a los cañones para hacer la urdimbre.

·Tejido. La trenza obtenida pasa al telar donde empieza la tejeduría.


 














Fuente:
http://www.actiludis.com
http://spanish.china.org.cn
http://es.wikipedia.org
http://www.edym.com
http://www.regmurcia.com


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