lunes, 10 de diciembre de 2012

Escuelas en el mundo


Hoy somos culpables de tantos errores y tantas faltas. Pero el peor de nuestros crímenes es abandonar a los niños, despreciando la fuente de la vida. Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar. El niño no puede. Ahora es la hora, Se están formando sus huesos, Se está haciendo su sangre, Y se están desarrollando sus sentidos. No podemos responderle "mañana". Su nombre es "hoy".

                           Gabriela Mistral 






Hace tiempo que tengo ganas de publicar algo sobre educación, más en concreto sobre las escuelas en las diferentes culturas y pasíses del mundo. 
Es un tema tan amplio que considero que no es posible darle el formato que me gusta, mostrar toda la información que me gustaría poder mostrar.
Por ese motivo lo afronto con una introducción (no precisamente breve como cabe esperar de una introducción) donde señalo cómo surgieron las escuelas para seguir a continuación con la noticia de dos exposiciones fotográficas (las dos realizadas por el mismo fotógrafo) relativas a este tema y que ya se han llevado a cabo. 

Espero que sea de vuestro interés.


 La escuela como institución surge como consecuencia de la alfabetización. "El desarrollo de las escuelas como lugares alejados de los procesos productivos primarios de la sociedad está estrechamente conectado con el desarrollo de la escritura" (Bosco, 1995, pág. 31). 

Las primeras escuelas conocidas datan de 2.000 años a. de C., en Sumeria. Su objetivo era enseñar la escritura cuneiforme a una clase social privilegiada, a unos "especialistas": los escribas. Un uso político-económico del lenguaje escrito que también puede hallarse en China o Egipto. En las culturas orales, el aprendizaje era fruto de la experiencia en las actividades de la vida cotidiana. 

La aparición de la escritura impone la descontextualización o disociación entre las actividades de enseñanza/aprendizaje y las actividades de la vida diaria. Aprender a leer y escribir requería el uso de medios extraordinarios: no era ya posible hacerlo mediante la observación y la repetición de los actos de los adultos, muchas veces en forma de juego, que eran la forma natural de socialización. La palabra, escrita y hablada, tomaba el relevo de la experiencia directa con las cosas. Así, estaban a la orden del día las variables que determinaron el advenimiento de las ciudades, las urbes iniciales como Ur, Jericó, entre otras, en las cuales la necesidad de racionalizar el uso de los recursos hizo necesario la creación de códigos o "libros de deberes" en los cuales se perfilaba el comportamiento del habitante del paisaje urbano. Ahora, no sólo era necesario transferir al párvulo el conocimiento generado en el hogar, era tambien necesario prepararlo para el conocimiento que "aplicaría" en interacción con los terceros que compartían el espacio de la "Polis". Así nacieron los grupos de discusión, enseñanza y aprendizaje, "las peñas del saber", en donde la simple conversación no estructurada conducía a la manipulación primaria de los saberes necesarios por esa incipiente "sociedad".

En la civilización occidental contamos con el momento en el cual, la "peña" del saber se constituyó en "academia". Tal evento ocurrió en la antigua Grecia, cuando Platón le dio ese nombre a la reunión en la cual se impartía conocimientos de matemática, filosofía, medicina, derecho y letras. Aunque hoy en día la veamos como una institución rudimentaria, nos preguntaríamos ¿cuántas universidades hoy en día pudieran abordar los diálogos socráticos, y las leyes de Dracón y Solón, como lo hacía la célebre Escuela de Atenas?

El fenómeno de la escolaridad en la sociedad no se circunscribía, en forma alguna, a la geografía histórica de occidente; simultáneamente, la sabiduría de Confucio, Buda y Lao Tsé se abrían paso en China y La India y el sureste asiático, generando el surgimiento de los monasterios, donde los frailes observaban una vida contemplativa en la cual se transferían el conocimiento grabado por los escribas en los textos manuscritos en papiros y pergaminos de antigua data, y en donde de igual forma y utilizando tecnologías artesanales , resguardaban el conocimiento para las futuras generaciones.

Desde luego, al crearse la Polis, la institución del Estado para administrar la competencia pública, la función de la educación también se institucionalizó como la administración de justicia, el ejercicio del comercio y la salubridad en la sociedad. En la medida en que crecía el conocimiento del entorno natural y social (que hemos conceptuado como educación cósmica), también se hizo evidente la necesidad de institucionalizar a la escuela socializándola, vale decir, colocándolo fuera del exclusivo dominio del entorno familiar, donde estaba limitada a los saberes de la familia, para tomar un marco de referencia mucho más amplio al ocuparse de la transmisión de conocimientos e instrucción de los oficios requeridos por la sociedad en general. En la medida en que se hacía necesario la generación de nuevas ideas, conceptos y procedimientos para abordar la realidad cambiante, entonces se hizo necesario investigar las fuentes de información y documentación que se tenían disponibles hasta el momento; de suerte que, se comenzaron a reunir los libros que contenían las claves del entendimiento del mundo natural, físico y humano que se tenía y se "democratizó" la lectura, a través de la creación de bibliotecas. La más famosa de la antigüedad, la Biblioteca de Alejandría, con sus más de 100.000 volúmenes, comenzaron a irradiar su luz de conocimiento a todo el mundo conocido en ese entonces, cuando la cultura griega entró en contacto a través de los macedonios con las milenarias y antiquísimas culturas orientales, en lo que podríamos señalar como el comienzo de la globalización de la gran cultura humana.

Así, Europa Occidental comenzó a ser registrada en el avance de sus saberes por el Medio Oriente y el mundo arábigo, creándose una especie de archivo histórico del pensamiento occidental que tenía como discurso integrador, la obra de Aristóteles, maestro de Alejandro Magno, el actor político y militar cuya acción desencadenó esa difusión de valores y conocimientos nuevos a los asentamientos humanos más antiguos del planeta.

De esa manera, la fina y elegante dialéctica socrática entró en maravilloso contacto con los saberes de la India, de los árabes y de los chinos y demás pueblos populosos de Asia, en una experiencia única, que hizo crecer a esas sociedades disgregados del este de Europa que comenzaron a integrarse bajo una visión de Estado ecuménica, la cual permitía esa especie de esfuerzo colosal que significó el sincretismo de las creencias, de las artes, de las culturas en general. Así, se preparó el terreno para el florecimiento de una corriente institucional que abordara todos los campos del saber alrededor de un concepto ciudadano del hombre y del espacio. Nos referimos, por supuesto, a Roma, donde se crea la visión del Derecho Republicano para constituir el Estado. Allí, entonces, la educación se estructura en una cadena de saberes que engranan y se conectan con el modelo o perfil de sociedad que se busca de acuerdo a un ideal de convivencia práctica y efectiva. La escuela, el liceo y la academia, generan una actividad prolija en discusión de ideas y ejercicio del arte; siendo el foro, en cierto sentido el equivalente al ágora o plaza griega, el espacio ciudadano por excelencia, donde crece y se desarrolla la opinión pública como escenario del acuerdo social. Podríamos señalar, en gran medida, que este es el momento de mayor esplendor de la escuela peripatética, la iniciada en los tiempos presocráticos,aquella que escenificaba el aprendizaje tomado de la abierta observación de la naturaleza a través de paseos al aire libre, donde maestros y discípulos compartían un Estado dinámico de pensamiento compartido caracterizado "por el tránsito" de las ideas hasta llegar a la formulación de postulados de pensamiento y acción que surgían como verdades actualizadas, hoy diríamos certezas, hasta el advenimiento de las leyes que estatuían su correcta interpretación. La educación en este entonces, era portada por los maestros, "los sabios", especie de ciudadanos muy cultos y con propensión marcada a la conversación didáctica, los cuales efectuaban sesiones de discusión e interpretación de los saberes aplicados, teóricos y espirituales que en suma correspondían al "pensum" prediseñado para la formación de los diversos roles ciudadanos a realizar por ellos, dentro del espacio convenido o aceptado para el ejercicio de los distintos roles o "profesiones" requeridas por la sociedad.

(Fuente: http://educacion.relacionarse.com)


80 reflexiones para 80 imágenes


Cuando José Antonio Labordeta tuvo delante la fotografía supo lo que deseaba escribir de su puño y letra: «Me gustaría que ellas saltasen hacia un mundo solidario, feliz sin guerras, ni pobreza. Un mundo que saltara con esa alegría de esas niñas». Y ese es el texo que acompaña a la imagen de unas niñas de Dacca (Bangladesh) que puede verse en la exposición Escoles d'altres mons. Fotografia i literatura, del fotoperiodista Kim Manresa.


En sus frecuentes viajes, Manresa siempre se ha reservado un momento para retratar la realidad de las escuelas del mundo, escuelas sin pizarras ni libros, sin mesas ni paredes, a veces incluso sin niños. De ese material salió una primera exposición, Escoles d'altres mons, que ahora renace ampliada y, sobre todo, con la aportación de intelectuales de más de 30 países, entre los que destacan diez premios Nobel de literatura, como Orhan Pamuk, García Márquez, Dario Fo, Wole Soyinka, Kenzaburo Oé y Wislawa Szymborska.



La muestra, que acoge el Museu Marítim hasta finales de este año, está integrada por 80 fotografías en blanco y negro. Al pie de cada una se puede leer un manuscrito con una reflexión, el pensamiento que esa foto provocó en esos artistas y literatos de la altura de Saramago, que escribió: «El niño que muestra el libro es lo mejor de una fotografía que tiene mucho que decir. Tal vez, por ejemplo, que es hora de que el mundo lea a África». En las fotos no falta la esperanza. La que palpita detrás de una escuela a la sombra de un árbol o en la sonrisa de un niño que camina kilómetros para aprender.

Un único alumno en una escuela etíope, con manuscrito de Andreu Martín. A la derecha, la foto de Bangladesh comentada por Labordeta. KIM MANRESA


(Fuente:  elperiodico.com)


Los herederos del mundo


Kim manresa expone en aiete 50 fotografías para reflexionar sobre el acceso a la educación de los niños


EL fotógrafo Kim Manresa (Barcelona, 1961) ha recorrido medio mundo guiado por su cámara para conocer las historias de sus habitantes. Así, sus ojos han documentado la ablación en Burkina Faso, la prostitución infantil en Brasil, las consecuencias de la guerra en Mitrovica, Ramala, Diyarbakir, etcétera. Su trabajo para el periódico La Vanguardia le ha puesto en la piel de quienes sufren los dramas de esta generación. Gracias a esto, ve un mundo que cada vez va peor, donde la globalización "ha creado paraísos fiscales y desigualdades. Pero no sirve para ayudar a los niños", argumenta Manresa. Y, de esta forma, el fotógrafo se pregunta: "¿Qué herencia les vamos a dejar?". 

Por esta razón, siempre que tiene un rato libre en sus viajes, se acerca a una escuela para conocer a los niños de esos pueblos, a los herederos de la sociedad.
En ese espacio, Manresa se ha encontrado con unos estudiantes "agradecidos por tener un bolígrafo para escribir", y con su cámara ha ido registrando durante siete años (del 2000 al 2007) esas miradas. El resultado son 50 fotografías reunidas en la exposición Escuelas de otros mundos, que se pudo visitar  en el Centro Cultural de Aiete.


En los encuadres del fotógrafo catalán destacan las miradas de los niños, a través de las cuales se trasparenta el contexto en el que viven. Un chico de Maputo (Mozambique) que recorre diez kilómetros para ir a la escuela, sonríe con los labios y la mirada. En el momento de la toma, Manresa le había dicho "te cambio mi cámara por tu libro", pero él no quiso. "El chico entendía que la cámara de fotos no le garantizaba el futuro, y ese cuaderno de ejercicios, sí". De igual forma, en un colegio de Sabadell, en la otra punta del planeta, una niña china se incorpora orgullosa sobre su pupitre cuando el profesor pronuncia su nombre, el primer día de clase. "La familia de esa chica son inmigrantes de una zona rural de China -explica el fotógrafo-, y han tenido la suerte de darle una educación a su hija en Catalunya. Ella sabe que es una privilegiada, un sentimiento que sus compañeros puede que no comprendan".
La chica de Sabadell, acompañada por sus compañeros de clase, contrasta con la fotografía de un niño de Lalibela (Etiopía). Él está solo en el aula con el profesor porque es el único chico que tiene el privilegio de asistir al colegio. La comunidad le ha elegido para que herede los conocimientos y la cultura de la tribu. En cambio, "el resto de niños tienen que sobrevivir y por eso van a trabajar desde pequeños", explica Manresa. "Si fuese una sociedad próspera, como la occidental, todos los jóvenes irían al colegio. En cambio, en nuestro entorno, los padre y los hijos se han olvidado de lo importante que es una escuela, un bolígrafo o un libro". Así, de esta forma, las instantáneas de Manresa también se detienen en las miradas de los alumnos que desde cualquier parte del mundo interpelan a la sociedad.
Por ejemplo, en los ojos de dos chicos de Copán (Honduras) se ve el hambre: su vista está perdida. Esos ojos que se fugan del aula conectan, sobre todo, con los niños, como explica el fotoperiodista: "Ellos son los destinatarios de esta exposición, porque quiero que aprendan a valorar la educación que reciben. Por esta razón he diseñado una muestra fotográfica suave, donde la violencia que existe en el entorno de las escuelas no se percibe, no es explícita. Así los chicos pueden centrarse en el mensaje y no salir asustados de la exposición".

ZONAS DE CONFLICTO
La escuela como herramienta
Entre las 50 fotografías de la muestra también destacan las que recorren zonas del mundo en tensión permanente, como Palestina, los Balcanes y el Kurdistán. En ese ambiente, las escuelas son oasis, una herramienta "para que una generación que ha nacido entre el odio hacia el vecino, como en Ramala, crezca cultivando una semilla que sea la paz", argumenta el fotoperiodista. Así, en Mitrovica (Kosovo), una ciudad dividida entre albaneses y serbios, Manresa capta en una imagen el abrazo entre dos amigos en el colegio, que representan, según sus palabras, "la reconciliación que muchas veces llega a través de los niños que crecen en paz". 

De la misma manera habla de Euskal Herria, de su pasado y de su futuro, porque la exposición Escuelas de otros mundos se muestra en Centro Cultural de Aiete, junto al palacio donde hace seis meses se celebró la Conferencia Internacional de Paz. Manresa opina que "los colegios del País Vasco servirán como herramienta de respeto, de reconciliación, para que los hijos sean capaces de pasar página respecto al enfrentamiento entre los padres. Aun así, a pesar de que el tiempo borrará las heridas, la sociedad vasca no puede perder la memoria", sentencia.

Fuente: noticiasdegipuzkoa.com



Fotos de escuelas y aulas en África, sus colegios.

Fotografías de varias escuelas en África, imágenes que nos recuerdan que todo el negocio construido alrededor del mundo del material escolar, los libros de texto, los uniformes, son cosas que solo se disfrutan en medio mundo, en la otra parte mas pobre los recursos son mínimos por no decir inexistentes, unos ejemplos de un sistema educativo sin medios a la sombra del derroche de occidente.











Fuente: latrola.net

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