jueves, 4 de septiembre de 2014

Besos rellenos de soledad, Jp Torga

Recorro quejumbroso el camino que me lleva inexorablemente hacia ninguna parte, apresado de la férrea mano de la soledad.


Me persiguen luces grises que han dejado de iluminar mis pasos. Me acosan sombras de nostalgia que acuchillan mi corazón, asesinando cualquier atisbo de ilusión en revivir un mañana, que posiblemente no volverá a nacer.

Miro hacia atrás y no soy capaz de vislumbrar nada que no sean mis propias huellas.
Soledad.
El sol intenta iluminar mi sonrisa. La luna… la luna presurosa esconde mis negras lágrimas ciegas de melancolía.

Elevo la mirada en busca de una señal que me haga sentir vivo. Las nubes se separan en un intento de mostrarme un impecable cielo azul. Cielo… que no hace más que perpetuar el recuerdo de aquellos momentos en los que inocentemente me perdía en tu mirada y… navegaba a la deriva sobre tu corazón emponzoñado de mentiras.

El dolor del alma me hace cerrar los ojos con desesperación. Necesito un espejo. Sí… un espejo que refleje este cuerpo fantasmagórico y así reconocer. Saber que soy yo quien viaja dentro de mis ropas.

La orilla del río me abraza antes de invitarme a pasar. El agua balancea mis recuerdos antes de devolverme la imagen de un hombre sin alma.

Cobardemente pienso en avanzar y dejar mi cuerpo dentro de una poza cualquiera. Sonrío recreándome en la imagen. Puedo sentir mi figura flotando en el agua. Me gusta.

Los pies se niegan a obedecer las órdenes de una alocada cabeza, que en sus obsesivos desvaríos, solo ansía que tus manos escriban en braille desesperados poemas sobre mi piel.

Percibo cómo mis zapatos se hunden en el barro. Lo hacen con la misma frialdad viscosa como la que tú has usado para jugar con mi presente, privándome de cualquier ilusión de futuro.

El río me deja ir… Lo hace alentándome cariñosamente con leves golpes de brisa sobre mi espalda. Me siento mejor. Retomo el camino en busca de un refugio que dé sosiego a la zozobra que me estremece. Siento hambre. Los retorcijones no se producen en mí estómago. No… se forman en mi pecho en forma de nudo que no me deja respirar por tu ausencia. Tengo hambre de ti. Necesito volver a morir en tus brazos traicioneros. Soy como una frase, que sabe, morirá irremediablemente en su punto final.

Elevo la vista al frente ansiando verte y… ahí estás. Bella. Cautivadora. Rotunda. Usas tu sonrisa con maestría, que se despliega como una soga con perfil de serpiente sobre mi cuello, para arrastrarme irremediablemente a tus brazos.

Cierro los ojos. No opongo resistencia. La piel se eriza al sentir el roce de tus labios sobre mi boca. Una daga atraviesa mi pecho, mientras, puedo sentir tus brazos rodeando un cuerpo, mi cuerpo, aún aterido por el frío de aquella despiadada soledad.

Me convierto en juguete roto en tus manos, y lo peor… es que me gusta. Me siento extrañamente feliz. Seré tu juguete una vez más y luego… luego sé que me aparcarás en un rincón y sentiré que me muero bajo un manto de soledad. Mientras tú… tú saldrás a jugar con otras ilusiones, con otros sueños, aun sabiendo que con tus coquetos devaneos… destrozarás cualquier atisbo de vida que pueda renacer en mí después de revivir la semilla de tus besos.


JpTorga_______





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