martes, 6 de agosto de 2013

¿Por qué el mismo vuelo dura distinto tiempo según sea de ida o vuelta?



En nuestro país agosto es el mes de "las vacaciones". Algunas empresas, oficinas, comercios, fábricas... cierran por este motivo. Algunos disfrutan de su deseadas y merecidas vacaciones en casa, en el pueblo, en la montaña, en la playa, en otra ciudad, en otro país...
Quienes realizan un vuelo "largo" de una zona a otra de nuestro planeta, pueden percibir que la duración del viaje de ida no es la misma que la del viaje de vuelta...entonces, ¿por qué el mismo vuelo dura distinto tiempo según sea de ida o vuelta?

En los últimos dos días he hecho esta pregunta a media docena de personas. ¿Por qué se tarda más en el vuelo de Madrid a Nueva York que en el vuelo de Nueva York a Madrid? Todo el mundo me ha contestado lo mismo así que supongo que existe una probabilidad bastante alta de que tú también lo hagas.

La razón es evidente y probablemente ya la sepas: debido a la rotación de la Tierra. ¿Es obvio no? Cuando el avión está volando hacia Nueva York el movimiento de rotación de la Tierra, que se mueve hacia el Este, hace que Nueva York se desplace en sentido contrario al del avión que va hacia el Oeste. Este movimiento claramente acorta el camino y por lo tanto se tarda menos.

A la vuelta, como es obvio, el avión y Madrid se mueven en la misma dirección, ambos hacia el Este. Esto hace que el avión vaya "persiguiendo" a Madrid y que, por tanto, el viaje dure más tiempo.

Efectivamente, lógico es. Y obvio también. El único problema es que es falso. 
Esta solución no tiene ni pies ni cabeza. El primer motivo es que la Tierra gira en sentido antihorario (visto desde el Polo Norte) por lo que en todo caso, los vuelos durarían menos yendo de Europa a EEUU, y no al revés! Pero imaginemos por un momento que tuviera lógica, imaginemos que el giro de la Tierra nos pudiera ayudar a acortar nuestros viajes. Si fuera cierto, bastaría con montarse en un helicóptero, elevarse unos metros del suelo y esperar a que la rotación de la Tierra nos acercara nuestro destino. De hecho, si tenemos en cuenta la velocidad de rotación terrestre, tardaríamos mucho menos de lo que tardamos ahora en avión! La realidad es que esto no es así, pero ¿qué falla? El fallo está en que nos estamos olvidando del aire.

La Tierra tiene una circunferencia en el ecuador de unos 40000 kms. Un poco más al norte, el paralelo 40, donde se encuentran Madrid y Nueva York, aproximadamente, tiene una circunferencia, aproximada también, de 35700 kms. Como la Tierra da una vuelta completa sobre sí misma cada 24 horas tenemos que cualquier punto del paralelo 40, incluídos Madrid y Nueva York, se mueve a, más o menos, 1488 km/h. Esto es, sí, tú, ahora mismo, sentadito en tu silla te estás moviendo a 1488 kilómetros por hora aunque no te enteras.

Por otro lado, tomemos un avión comercial cualquiera. Por ejemplo un Boeing 747, un Jumbo, que es de los más rápidos (tiene una velocidad de crucero de unos 900 kms por hora).

Creo que es fácil deducir que si la suposición inical fuera cierta y la razón de que el vuelo de ida a Nueva York sea más corto que el de vuelta fuera la rotación de la Tierra sería mucho más rápido realizar el vuelo de Nueva York a Madrid por el otro lado, o sea, cruzando el Océano Pacífico, Asia y toda Europa. De hecho si lo hiciésemos como se hace ahora Madrid se movería mucho más deprisa que el avión y se alejaría de éste demasiado deprisa. El avión no podría llegar a su destino. Al menos hasta que Madrid adelantase al avión tras dar una vuelta completa, claro.


Lo cierto es que la rotación de la Tierra no tiene absolutamente ningún efecto sobre el tiempo que tarda el avión en cruzar el Atlántico. La razón por la que el vuelo de Nueva York a Madrid es más largo que el de Madrid a Nueva York es el Jet Stream (Corriente de chorro), una corriente de aire a gran altura que corre de oeste a este y que empuja a los aviones que cruzan el Atlántico en ese sentido mientras que los retiene cuando viajan de Europa a América. Se forman por las diferencias de temperatura entre los polos y el ecuador.


"Son como tubos de varios kilómetros de anchura dentro de los cuales la masa de aire se desplaza de oeste a este a velocidades que pueden llegar incluso a superar los 500 kilómetros por hora", explica a RTVE.es Eduardo Carrasco, controlador aéreo en el Centro de Control Aéreo de Canarias.


Los aviones se montan en estos chorros de aire como si surfearan y empujados por el viento realizan los trayectos en menos tiempo y con menos gasto de combustible.
Estos ríos de aire se forman por las diferencias de temperatura entre los polos y el ecuador. Y giran de oeste a este por efecto del movimiento de rotación de la Tierra. Están a una altura de unos 11 kilómetros y dan la vuelta a la tierra en ambos hemisferios. Las cuatro más importantes se sitúan a la altura de los polos y en las zonas subtropicales.
"Cualquier avión que vuele de oeste a este puede usar este fenómeno para acortar la duración del viaje. Por ejemplo, los aviones que viajan de Montreal a Frankfurt, de Miami a París o de Toronto a Roma aprovechan esta corriente", señala. 

Cuando una aerolínea planifica una ruta transoceánica, siempre piensa en las jet streams. Estas corrientes pueden ahorra mucho dinero a la compañía por la gran cantidad de combustible que se ahorran. Llega hasta tal punto, que los aviones llegan a modificar sus rutas, haciéndolas más largas incluso, con tal de aprovechar estas corrientes. Merece la pena alejarse unos kilómetros, con tal de ahorrarse tiempo y combustible.


De la misma manera, los aviones que van en sentido Este-Oeste, intentarán alejarse y evitar dichas corrientes con tal de no volar contra corriente.


Por cierto, estas corrientes no se dan sólo en el Atlántico, sino también en el Pacífico, por lo que a los vuelos entre Asia y América, les ocurre lo mismo.


El fenómeno lo descubrió el meteorólogo japonés Wasaburo Ooishi en los años 20 del siglo XX. Lanzó primitivos globos sonda en el monte Fuji y cuando se elevaban a la altura adecuada comenzaban a recorrer Japón a toda velocidad. Esto le hizo concluir que allí había unas corrientes de aire de gran fuerza.

Un fenómeno usado en la guerra
Los militares no tardaron en fijarse en este descubrimiento y en 1944 lanzaron globos con bombas a Estados Unidos. La idea era que llegaran hasta tierra enemigas surcando el Océano Pacífico hasta la costa de California gracias a las corrientes de chorro.
Y aunque los globos recorrieron 8.000 kilómetros montados en las corrientes, la ofensiva no tuvo éxito. Muchos no explotaron y aunque el gobierno japonés dijo haber lanzado 9.000 globos se interceptaron menos de 300.

Las únicas víctimas: una mujer y cinco niños que murieron en 1945 por la explosión de uno de estos artefactos cuando disfrutaban de una tarde pesca en Oregon. Otros globos han llegado decenas de años después y a lugares inesperados, como el recogido en Alaska en 1992.


Fuente:
http://www.rtve.es/noticias
http://museodelaciencia.blogspot.com.es
http://asorbos.blogspot.com.es



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