martes, 13 de agosto de 2013

El calzado a través de la historia...





Cuenta la leyenda que hace unos quince mil años, un hombre de la prehistoria quiso proteger sus pies del molesto suelo helado que le impedía caminar con soltura. El astuto troglodita tuvo la idea de cubrirlos con piel procedente de un animal que él mismo había sacrificado. Con el paso del tiempo fue utilizando materiales de mayor calidad, como el cuero y fibras vegetales provistas de una mayor firmeza que sujetaba al pie con tiras de esparto.

A partir de este primer “zapato”, que se asemejaba más a una sandalia, podemos hablar del nacimiento del concepto de calzado. Éste fue evolucionando conforme el ser humano desarrollaba su inteligencia, adquiriendo otras finalidades que distaban de la de protección y resguardo del pie y que respondían a cuestiones de índole social y estética.

Hoy el calzado es la parte de la indumentaria utilizada para proteger los pies. A lo largo del tiempo adquirió muchas formas, como zapatos, zapatillas, sandalias, alpargatas, botas o deportivas. 

Existen evidencias que nos enseñan que la historia del zapato comienza a partir del año 10.000 a.C., o sea, al final del periodo paleolítico (pinturas de esta época en cuevas de España y sur de Francia, hacen referencia al calzado) . Entre los utensilios de piedra de los hombres de las cuevas, existen diversas de estas que servían para raspar las pieles, lo que indica que el arte de curtir el cuero es muy antiguo. En los hipogeos (cámaras subterráneas utilizadas para entierros múltiples) egipcios, que tiene la edad entre 6 y 7 mil años, fueron descubiertas pinturas que representaban los diversos estados de la preparación del cuero y de los calzados. En los países fríos, el mocasín es el protector de los pies y en los países más calientes, la sandalia aún es la más utilizada. Las sandalias de los egipcios eran hechas de paja, papiro o entonces de fibra de palmera. Más tarde, al conocer los secretos del trenzado, los modelos fueron perfeccionándose y se utilizaba cuero para las cintas. Los zapatos de ambos pies eran exactamente iguales, no existía diferencia entre el pie izquierdo y el derecho.


Era común caminar descalzo y llevar las sandalias colgadas utilizándolas sólo cuando fuera necesario. 
Se sabe que apenas los nobles de la época poseían las sandalias. Incluso un faraón como Tutancamon, usaba calzados como sandalias y zapatos de cuero más sencillo (a pesar de los adornos de oro).




En Mesopotamia eran comunes los zapatos de cuero crudo, amarrados a los pies por tiras del mismo material. Los coturnos eran símbolos de alta posición social.
Los Griegos llegaron a lanzar moda como la de modelos diferentes para el pie izquierdo y derecho.
En Roma el calzado indicaba la clase social y, los cónsules por ejemplo usaban zapatos blancos, los senadores zapatos marrones prendidos por cuatro cintas negras de cuero atadas con dos nudos, y el calzado tradicional de las legiones eran los botines que descubrían los dedos.


Sandalia de cuero judía de 72 d.C. 




Aunque los esclavos fueran descalzos y las personas acomodadas pudieran llevar sandalias, igualmente existía una distinción entre aquellos que tenían calzado: en el caso del faraón, la punta de su calzado era alargada y en punta. En Grecia, los zapatos eran usados únicamente en el exterior y por las clases altas. Si bien existían varias clases de zapatos, desde sandalias trenzadas hasta botas abiertas hasta la rodilla, todos estaban reservados para gente con cierto estatus. Los esclavos iban descalzos y las competencias deportivas tan famosas, se hacían sin ningún tipo de calzado.

A medida que Grecia iba perfeccionándose en la confección y el diseño de los zapatos, Roma se concentraba en darle comodidad y durabilidad a los zapatos de sus soldados. Un poco más toscos pero de iguales líneas, los zapatos griegos también eran un instrumento para mostrar el nivel social de quien los calzaba y se utilizaba también un sistema de complejidad de diseño y uso de colores desde lo más alto a lo más bajo. El color rojo, por ejemplo estaba reservado únicamente para el emperador.

Avanzamos en el tiempo y también en el diseño del calzado. Llegamos a la época de los castillos, de los señores medievales, de los campos eternos en donde una villa estaba separada de la otra por cientos y cientos de kilómetros. Es también una época oscura en la historia en donde la relativa alegría y elegancia de los diseños de griegos y romanos se pierde para dar lugar a un calzado más simple y no tan atractivo.

En esta época surgió una especie de bota de género que era cosida al revés y luego se daba vuelta como una media para ocultar las puntadas. Estilo más que popular entre los habitantes de las aldeas por ser prácticas para recorrer las largas distancias.

Esos zapatos con suela de esparto que puedes estar llevando en este momento, no son nada nuevo. De hecho, este material fue muy popular durante la Edad Media y fueron los catalanes quienes idearon este tipo de calzado utilizando fibras naturales para la suela y género para la parte superior del zapato, ya un diseño más elaborado que el de la bota cosida al revés.

Fue entre el siglo XIV y el XV que los modelos de zapatos comenzaron a presentar un diseño un poco más elaborado. Fue el momento de la aparición de los suecos, predecesor de los suecos de goma que son tan populares entre hombres y mujeres hoy en día. Además de los suecos, y después de los zapatos de punta roma, los “Cracovia” (por la ciudad en donde se cree fueron creados) surgieron como última moda europea. Estos zapatos recuerdan a los que calzaría un duende, con una punta larga y delgadísima que sobrepasa por varios centímetros la punta de los dedos de los pies. Este tipo de bota babucha también era utilizada por las mujeres aunque, claro está, en géneros mucho más delicados como el brocado o sedas labradas.

A mediados del siglo XV, este estilo comenzó a dejar paso a otro tipo de zapatos: en lugar de largo, el estilo era cada vez más ancho, a la altura de los dedos, imitando una garra de oso. Los géneros eran cada vez más trabajados y delicados y diseñados de tal forma que las mallas coloridas de los hombres (aunque eran utilizados tanto por hombres como por mujeres) pudieran verse a través del zapato. Piensa en una primera versión del estilo Mary Jane si te cuesta trabajo imaginártelos.

Al utilizarse géneros tan finos y delicados en la fabricación del zapato y no ser impermeables, surgía la incógnita de cómo evitar estropearlos con el barro, la nieve y la tierra de las calles. La solución fue la creación de plataformas de madera que no sólo protegían el calzado (ya que se usaban con el zapato puesto), sino que proporcionaban más altura. Fue así que surgieron los zuecos.

Zapatos de mujer del reinado de Luis XIII (1601 - 1643)
 y Enrique III (1551 - 1589)
Fue en el año 1500 cuando todo cambió radicalmente. El comercio se profundizó, las ansias de conocer nuevos mundos estaban en su máximo esplendor y con ello la importación de diseños, materiales y métodos de fabricación. La exageración no se veía tanto en la construcción del zapato, sino más bien en la decoración del mismo, además de estar presente en la vestimenta, como los amplios faldones y los cuellos amplísimos que vestían tanto hombres como mujeres.

En cuanto a los zapatos para hombres, las líneas se suavizaron un poco y dieron paso al uso de los escarpines (eschapins). Estos zapatos presentaban diseños creados con cortes verticales en el material y delicadas rosetas hechas con cinta de colores.

También durante el siglo XVI hizo su debut el más amado de todos, el tacón. Surgió en la boda de su precursora, Catalina de Medici (Mary I de Inglaterra). A partir del evento, tanto hombres como mujeres elevaron su estatura unos centímetros con los zapatos de tacón alto como una forma de representar su estatus dentro de la sociedad. La pantofle italiana y la zapatilla de tacón de Venecia pronto se hicieron sumamente populares.

Siguiendo la tendencia de elevar la estatura, surge en Venecia el antecesor de las locas plataformas que luego se verán en los años setenta, el chopine. Al igual que el sueco, elchopine se usaba como un sobre zapato y sus peligrosísimas plataformas (que en algunos casos se elevaban más de 50 centímetros del suelo) servían tanto para proteger los delicados zapatos como para establecer, nuevamente, el rango social al que pertenecía la persona que lo usaba.

Durante el siglo XVII, los rígidos esquemas que imponían las reglas de vestuario dieron paso a una moda más delicada. La introducción de nuevos géneros más suaves y volátiles pareció dar tregua a hombres y mujeres que buscaban acceder a cosas más “bonitas”, en especial los caballeros. Lo mismo sucedió en el caso de los zapatos. Las botas masculinas se pusieron cada vez más de moda, en especial en Inglaterra y más específicamente para la caza, aunque había modelos para cada ocasión. Más adelante los caballeros optaron por un calzado más delicado y elevado (con un pequeño tacón) que se veía mejor con la moda de la época (pantalones cortos petticoat y mallas).

A mediados del siglo llegó la revolución de las mujeres, quienes exigieron estilos diferentes a los de los hombres. Fue entonces que los zapatos tomaron protagonismo y, además de elevar el tacón cada vez más, se agregaron los más lujosos géneros (satén, seda, terciopelo y bordados de oro) en su fabricación.

Colección de botas y zapatos de boda, 1873 - 1935
El siglo XVIII trajo todo su esplendor: el Rococó, María Antonieta, Luis XVI, las grandes pelucas blancas y la frivolidad por sobre todas las cosas. Los hombres preferían lucir sus piernas cubiertas de mallas y pantalones a la rodilla combinados con zapatos negros y brillantes, con punta y un taco medio y grandes hebillas en plata u oro para completar ellook. En cuanto a las damas, tomaron el control de la moda y magnificaron cada aspecto de sus atuendos. Continuaban en uso los géneros más exquisitos y los tacones continuaron elevándose. Entraron en escena los accesorios intercambiables para los zapatos.

Pero la moda Rococó cesó después de la Revolución Francesa, cuando los carísimos géneros fueron reemplazados por el práctico cuero y los centímetros de los tacones bajaron considerablemente.

La revolución y las guerras se extendieron durante todo el siglo XIX y sus consecuencias se reflejaron en la moda. Se buscaba un estilo más práctico, menos llamativo, aunque sin faltar a la elegancia. Atrás quedaron los corsés, las plumas, los grandes sombreros, las pelucas y, aunque no lo creas, atrás también quedaron los tacones. Las damas de la época optaron por modelos más cómodos y la zapatilla salió a escena. Fabricada en géneros suaves, la zapatilla en colores pastel trajo consigo un poco más de romanticismo a la moda.

Ya a mediados del siglo, los estilos se endurecieron una vez más, hasta el punto en que las damas tendrían solo tres modelos de calzado de entre los cuales escoger: las botas de estructura rígida, baja y con lazos de cuero (sería el calzado escogido para el día y en especial por la clase trabajadora), los suecos y las zapatillas de baile.

Afortunadamente, la moda para caballeros se tornó más masculina y los zapatos en punta y con tacón fueron dejados completamente de lado. El negro era el único color y siempre a nivel del suelo. Las botas de montar eran el estilo preferido entre los caballeros por su plasticidad y comodidad aunque los zapatos acordonados eran escogidos con mucha asiduidad.

Calzado característico 1849 - 1918
Con la llegada del siglo XX, llegaron los modelos de zapatos que todos conocemos, ya que, de una u otra manera y con algunos cambios, los estilos siguen siendo los mismos que las chicas y los chicos de la época escogían para su día a día.

La moda a comienzos del siglo XX podría calificarse como romántica, aunque para lograr ese estilo las mujeres debían sufrir muchas incomodidades, como el corsé S o los altos cuellos de encaje. El calzado era bastante básico: botas de cuero con un tacón bajo y con puntera definida (generalmente adornadas por una gran cantidad de botones que abrochaban el cuero de la bota) y zapatillas de baile en seda o satén con apliques que ayudaban a combinarlas con el atuendo.

El estilo de los caballeros no varió mucho salvo que se amplió la gama de colores, agregando al negro de regla, el café y el gris. Las polainas comenzaron a vestirse en la década de 1910 y daban un toque de elegancia y modernidad al zapato monocromático. También fue la década en la que se creó el primer zapato deportivo con suela de goma.

En la década de los veinte, el optimismo por la finalización de la guerra se reflejó rápidamente en el estilo de vida y, por supuesto, en la moda. La alegría se trasladó al calzado que se tornó un poco más “atrevido” para acompañar el espíritu de la época. Los zapatos se volvieron más finos y ligeros, la puntera se hizo más definida y se agregaron detalles muy femeninos como las pulseras simples o en T que tan de moda están hoy en día. Para los caballeros, salen a la luz los zapatos de estilo Oxford. Elegantes, finos y acordonados, se veían en todas partes y eran vestidos por todos. Para ocasiones casuales, los zapatos combinados en dos tonos eran obligatorios.

Toda la alegría y el optimismo de los años veinte se volvieron amargura en los treinta. La Gran Depresión en América del Norte golpeó muy fuerte y pronto todo lo relacionado a la moda quedó atrás. Aunque las películas mostraban a una exuberantemente vestida Marlene Dietrich, la realidad era otra muy distinta y las señoras debían ver de lejos los modelos que una vez estuvieron al alcance de sus manos.

Pero a pesar de la Gran Depresión, sorprendentemente, en el mercado se ofrecía una gran variedad de estilos de zapatos, más que en cualquier otra época. Se exhibían zapatos bajos, zapatos de tacón alto, atados, acordonados, Mary Janes, etc. ¡Hasta se trajo de vuelta la sandalia que no se veía desde Roma!
En cuanto a los hombres, continuaron su amor por los Oxford y demás zapatos acordonados, imitando el mejor estilo al famoso Fred Astaire.

La década de los cuarenta trajo consigo otra guerra mundial pero, quizás con la esperanza de contrarrestar los efectos de la lucha en la población, también trajo el nacimiento de las Big Bands, de las películas épicas y de la moda femenina y exquisita, moda que hoy en día continúa tomando estilos de esa época.

La creatividad era necesaria y gracias a ella las faldas por debajo de la rodilla hicieron su aparición, las blusas y los cuellos Peter Pan también tomaron la escena y, por supuesto, los zapatos no se quedaron atrás.

Con el cuero reservado para los guerreros, los fabricantes de zapatos introdujeron todo tipo de nuevos materiales, desde piel de reptil hasta madera y corcho (nuevamente, estilos que continúan vistiéndose hasta el día de hoy). En cuanto a los hombres, continuaban fieles a los Oxford y mocasines.

Los años cincuenta trajeron consigo el rock and roll y las divas, a Marilyn Monroe y a Elvis Presley. La guerra había terminado y la vida parecía un comercial de malteadas. La femineidad volvió a la moda y las chicas usaban guantes y faldas. Los años cincuenta, de la mano de Charles Jourdan, trajeron también consigo al stiletto, zapatos con tacón delgado y alto y punta fina y larga. Especiales para ayudar a destacar la figura femenina, tal y como lo dictaba la moda. Las chicas más jóvenes sin embargo, utilizaban flats, mocasines u Oxford acordonados con calcetines blancos, dándoles un lookinocente.

Para los hombres el look también era bastante convencional. Los jóvenes se limitaban al uso de zapatos deportivos. Los más adultos continuaban adorando sus zapatos acordonados clásicos o con dos tonos. En esta época fueron introducidos al mercado los conocidos creepers, zapatos acordonados con una gruesa suela de goma que se vestían con calcetines cortos de colores vivos.

La canción de Ana Belén y Victor Manuel lo dice claramente: “se inicia la revuelta, son los años sesenta”; y es completamente cierto. Los Beatles, Vietnam, la minifalda y las pestañas postizas. Pronto la luz de la época hizo eco en los zapatos y surgió la amada bota go-go. Ideal para vestir con la minifalda, esta bota tenía como característica distintiva la caña alta, que a veces podía llegar a sobrepasar la altura de la rodilla.

Los hombres también se desinhibieron y agregaron a su vestuario las botas al tobillo (Chealsea) con tacón cuadrado. El negro dejó de ser el color de rigor y los colores se sumaron a la moda masculina. 
Los conservadores continuaron fieles a los zapatos Oxford y los mocasines más relajados y las sandalias para hombres hicieron su aparición de la mano de los hippies, ya llegando a finales de la década.

Piensa en locura y seguro que la década de los setenta vendrá a tu mente en forma instantánea. En esa época todo valía y fue un tiempo revolucionario para la industria de la moda. En los setenta la plataforma volvió con todas sus fuerzas; el brillo, el color y los tacones no estaban reservados únicamente para las chicas. Los chicos estaban ávidos de diversión e incluían plataformas en sus zapatos cada vez que podían.

Mucha gente tiene un recuerdo poco agradable de la moda de los ochenta, pero, ¿por qué es eso? Es la época del neón, del Breakfast Club, de los peinados voluminosos, de “soul glo”, de Secretaria Ejecutiva y de las hombreras. ¿Qué es lo malo acerca de los ochenta? La moda de esa década, si bien puede ser cuestionable, sin lugar a dudas fue divertida. Fue el inicio del Power Suit con la entrada de la mujer al mundo corporativo y de seguro se necesitaban zapatos que acompañaran el estilo. La mujer corporativa en los ochenta usaba los zapatos de talón descubierto y punta fina. El tacón era moderado en cuanto a la altura para poder soportar las largas jornadas de trabajo. También los zapatos de tacón alto venían en todos los colores del arcoíris. 

La moda de los noventa fue una mezcla de estilos de años anteriores: zapatos con tacón corrido o con tacones gruesos y punta cuadrada. También se llevaban los zapatos deportivos que se utilizaban no sólo para deportes, y las botas de caña alta y tacón alto también acompañaban la moda. No fue precisamente la época más delicada en cuanto a diseños femeninos. Prevalecía la comodidad antes que la apariencia.

Y así llegamos a la actualidad, a los futurísticos años 2000 en los que la conjunción de estilos es tan diversa como personas en la tierra. Recuperando estilos de épocas anteriores y agregándole detalles que marcan la época y el estilo de vida de hombres y mujeres el día de hoy, los zapatos forman parte activa en el día a día.




La padronización de la numeración era de origen inglesa. El rey Eduardo (1272 –1307) fue quien uniformizó las medidas. La primera referencia conocida de la manufactura del calzado en Inglaterra es de 1642, cuando Thomas Penddlton proyectó 4000 pares de zapatos y 600 pares de botas para el ejército. Los movimientos militares de esta época iniciaron una demanda sustancial de botas y calzados. A mediados del siglo XIX comienzan a aparecer las máquinas para auxiliar en la confección de los calzados, pero solamente la máquina de costura pasó a ser más accesible. A partir de la cuarta década del siglo XX, grandes cambios comienzan a sucederse en las industrias del calzado; como el cambio de cueros por gomas y también materiales sintéticos, principalmente en los calzados infantiles y femeninos. Probablemente los funcionarios de Penddleton hicieron los zapatos del inicio al final, pero en la industria moderna el proceso es interrumpido en varias y distintas etapas como: 



Modelado: creación, elaboración y acompañamiento de los modelos en el proceso de fabricación; 
Depósito: recibimiento, almacenamiento, clasificación y control del cuero y otros materiales; 
Corte: operación de corte de las diferentes piezas que componen la cabellada (parte superior del calzado). En el corte son utilizadas cuchillas especiales y/o balancines de corte que presionan los moldes metálicos en la superficie del cuero y otros materiales; 
chanfración: preparación del cuero para recibir la costura; 
Costura: unión de las partes que componen la cabellada. En muchas empresas este sector se encuentra subdividido en preparación, chanfración y costura; 
Prefabricado: fabricación de solados, tacones y plantillas. En muchas empresas no existe este sector, pues hay fábricas que se especializan en la producción de estos materiales; 
Distribución: es el control del volumen de la producción y la que hace la revisión de la calidad de los materiales y enseguida los distribuye para los sectores de montaje y acabamiento; 
Montaje: es el conjunto de operaciones que une la cabellada al solado; 
Acabamiento: operaciones finales relacionadas a la presentación del calzado como: el escobado, la pintura y la limpieza; 
Montaje y acabamiento: en algunas empresas estos dos sectores son organizados en línea de montaje, o sea, los puestos de trabajo son colocados en línea; y el producto en elaboración se va incorporando a las operaciones parciales de cada trabajador, hasta que al final de la línea, el producto resulta acabado; 
Expedición: embalaje, empaquetamiento y envío al mercado de destino.













Algunos modelos "fuera de lo corriente"




















Fuente:
http://www.taringa.net
http://accesorios.about.com
http://www.sapatosite.com.br
http://www.alu.ua.es



Zapatos rotos


Tengo mis zapatos rotos
y es de tanto caminar,
llevo mi guitarra al hombro,
voy camino a la ciudad.

Me decían mis amigos
que nací para triunfar,
lejos ya quedó mi pueblo,
voy camino a la ciudad.

Zapatos rotos, zapatos rotos,
con esa facha ¿a dónde vas?.
Voy con rumbo
a un nuevo mundo,
un perro amigo me sigue atrás.
Tirale un hueso, tirale un hueso,
pobre sabueso, que flaco está.
Lo tengo rengo,
un poco enfermo,
pero me sigue sin protestar.

Tengo mis zapatos rotos,
pero tengo que llegar,
lejos ya quedó mi pueblo
voy camino a la ciudad.

Ya me acerco a mi destino,
queda poco por andar,
si la suerte me acompaña
mucha plata he de ganar.
Zapatos rotos...





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