martes, 2 de julio de 2013

Misión Olvido (fragmento), María Dueñas




“Cuando yo salí de vuestra vida, vosotros, Annie, Jimmy y Laura, aún erais muy pequeños, así que lo más seguro es que apenas guardéis recuerdos tan añejos. – Dirigió entonces la atención hacia la zona de los niños – . ¿Sabéis, Natalie y Nina, que vuestra madre, cuando tenía vuestra edad, hizo un pastel en la cocina de mi casa y casi salimos todos ardiendo?… Y a ti, Jimmy, te encantaba que te subiera a mis hombros, decías que así casi podías tocas las nubes. Y tú, Laura, eras tan pequeña que aún te caías al andar.  Y una vez, con ayuda de Paul, vuestro padre- dijo volviendo a poner una mano sobre el hombro de su amigo-, os construí una caseta de madera y cartón en el jardín. Apenas duró tres días en pie, se vino abajo una noche de tormenta y nunca logramos levantarla otra vez.
 
“Ha pasado  muchísimo tiempo desde entonces, pero, aunque no os haya visto a lo largo de todos estos años, a través de vuestra madre he seguido vuestras vidas: vuestras carreras,  vuestros amores y progresos, el nacimiento de vuestros hijos… Rebecca y yo no nos vemos tanto como nos gustaría, pero nuestras conversaciones telefónicas nocturnas pueden durar horas, así  que estoy al tanto de todo. …

“Por eso, Annie, Jimmy y Laura, conozco todo lo que habéis vivido, lo que habéis sufrido y las grandes personas que habéis llegado a ser. Y sé que los tres sois conscientes de que todo eso nunca habría sido posible sin el estímulo de esta mujer extraordinaria que ha preparado la cena que ahora vamos todos a compartir. Por esa razón quiero pediros que, por ella, aunque sea solo por ella, aceptéis que las cosas sean hoy como son.  Que estemos aquí esta noche, alrededor de esta mesa, todos los que estamos.

“Cumplir años cuando eres mayor, muchachos, no es tan divertido como al ser niños. Nadie te hace regalosinteresantes, solo libros, discos, pañuelos y bobadas asi. Pero alcanzar una cierta edad tiene su lado positivo. Pierdes algunas cosas por el camino, pero ganas otras también.  Aprendes a ver el mundo de otra manera, por ejemplo, y desarrollas sentimientos extraños. Sentimientos como la compasión. Y la compasión no es más que querer ver a los demás libres de sufrimiento, independientemente del sufrimiento previo que ellos pudieran habernos causado a nosotros.  Sin rendir cuentas ni volver la vista atrás.  Hoy no sabemos si Paul sufre, no podemos sondear su mente.  Tal vez tenerle aquí hoy no vaya a hacerle ni más ni menos feliz, aunque dicen que las personas como él nunca pierden del todo su memoria afectiva ni el sentido del gusto y que, a su manera, disfrutan con una simple palabra afectuosa, con una cucharada de helado o una caricia.

“Dicen que la compasión es un síntoma de madurez emociona;  no es una obligación moral ni un sentimiento que nazca de la reflexión. Simplemente es algo que, cuando llega, llega.  Haber querido tener hoy entre nosotros a Paul no es una traición ni una muestra de flaqueza por parte de Rebecca. Es tan solo, creo,  un ejemplo de su enorme generosidad. Para mí Paul fue un gran amigo, el mejor durante un tiempo. Hizo por mí cosas que ojalá nadie hubiera tenido que hacer nunca....Fue un gran amigo, pero eso es solo una parte de él.
Sé perfectamente que no fue una buena inspiración como padre ni como compañero, y eso es difícil de perdonar y de olvidar. Por eso, su presencia hoy no va a ayudaros a superar el pasado ni va a compensar el vacío de sus años de ausencia.  Pero Rebecca lo ha querido así y yo os pido que respetemos su decisión.  Paul no fue un buen padre, pero sé, porque así me lo dijo él mismo, que en el desorden de su vida y a su peculiar manera, os quiso a todos mucho, muchísimo.  Hasta el último momento en que en su mente hubo un rastro de luz. 



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