martes, 14 de mayo de 2013

El primer diccionario en español



Sebastián de Cobarrubias, capellán de Felipe II y canónigo de la catedral de Cuenca, fue un curioso personaje, humanis ta, políglota y hombre de letras. En 1605 y en los ratos que le dejaban sus ocupaciones se puso a escribir el Tesoro de la lengua castellana o española, considerado primer diccionario de nuestro idioma. Para culminar tan magna obra empleó más de cinco años, a razón de seis entradas diarias que escribía en riguroso orden alfabético. Empezó a redactar el que sería su Tesoro en la primavera de 1605. El trabajo lo realizó en los años siguientes entre las ciudades de Valencia y Cuenca. La avanzada edad del autor -66 años al comenzar el proyecto- hizo que a partir de la letra C redujera la extensión media de los artículos, a causa del temor a morir antes de acabar su obra.

Es el primer diccionario general monolingüe del castellano, es decir, el primero en que el léxico castellano es definido en esta misma lengua. Es también el primer diccionario de este tipo publicado en Europa para una lengua vulgar.

De la lectura de este "tesoro" surgen muchas curiosidades. Por ejemplo, ciertas palabras que consideramos modernas ya existían en el siglo XVII con idéntico significado al actual. Escoba, escopeta, sarampión o macarrones ya estaban incluidas en el diccionario, al lado de otras caídas en desuso, como embotijar, que significa enojarse; broquel, escudo pequeño; burdégano, que es la manera con que se conoce al hijo de caballo y burra; disfavor, desaire o desatención; o levantal, pieza de tela utilizada para protegerse la ropa, delantal.

También permite comprobar cómo las palabras han ido evolucionando: borbollón acabó convirtiéndose en borbotón; arfil, pieza de ajedrez, en alfil, y clin, pelo de caballo, en crin. Pero lo más curioso de este diccionario son algunas definiciones en las que Cobarrubias se despacha a gusto, dando rienda suelta a su ironía. Del término afeite escribe: "es el aderezo que se pone a alguna cosa para que parezca bien, y particularmente el que las mujeres se ponen en la cara para parecer blancas y rojas, aunque sean negras y descoloridas".

A la mariposa la define como "un animalito que se cuenta entre los gusanitos alados, el más imbécil de todos los que puede haber", mientras que del camaleón dice lo siguiente: "a ese animalejo lo vi en Valencia, en el huerto del señor patriarca don Juan de Ribera, de la misma figura que le pintan. Es cosa muy recebida de su particular naturaleza mantenerse del aire y mudarse la color que se le ofrece en su presencia, excepto la roja y la blanca, que éstas no las imita".


Fuente:
http://www.culturizando.com
http://es.wikipedia.org



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