martes, 28 de mayo de 2013

Sad, Maroon 5




Anestesia y sueño: así se apaga y se reinicia la conciencia

Sabías que...


Miles de personas se someten cada día en el mundo a los efectos de la anestesia. A través de distintas sustancias, los médicos consiguen apagar la conciencia de sus pacientes durante el tiempo suficiente para someterles a una operación. Cuando despiertan, de la misma forma en que uno regresa del sueño, la conciencia del sujeto vuelve a activarse como si nada hubiera pasado. ¿Qué ha ocurrido exactamente en ese intervalo?



Algunos de los efectos a nivel molecular de las sustancias anestésicas se conocen, pero la forma en que funciona la anestesia globalmente sigue siendo una incógnita. En el departamento de Ciencias Cognitivas y del Cerebro del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Emery Brown y su equipo acaban de monitorizar por primera vez la actividad cerebral de varios pacientes mientras se les suministraba uno de los anestésicos más comunes, el conocido propofol. "Nuestro estudio", explica Brown a lainformacion.com, "describe por primera vez cómo se comportan las neuronas del cerebro humano en el momento en que los pacientes pierden la conciencia bajo anestesia general". El trabajo, aseguran, tiene aplicaciones clínicas y puede servir para comprender mejor cómo se construye eso que llamamos conciencia.

Señales de un cerebro anestesiado
Para realizar el estudio, los investigadores del MIT monitorizaron a pacientes con epilepsia que portan una serie de electrodos en el cerebro durante el periodo preoperatorio. Estos electrodos, entre 50 y 100, permiten registrar con enorme precisión la actividad de grandes grupos de neuronas y también de neuronas individuales mientras a los pacientes se les suministraba propofol.  Los gráficos mostraron que los sujetos perdieron la conciencia en una media de 40 segundos y que se produjo un cambio abrupto en el patrón de actividad cerebral. En concreto, las  mediciones del electroencefalograma (EEG) pasaron a mostrar ondas de baja frecuencia de alrededor de un ciclo por segundo, mientras que las neuronas individuales se activaban y desactivaban rítmicamente durante unos milisegundos creando esta oscilación que se observa en el EEG.
"Las neuronas quedan bloqueadas en este ciclo", explica Brown, "y solo pueden activarse en un rango limitado, lo que hace imposible la comunicación entre regiones del cerebro". "De alguna manera", añade Xurxo Mariño desde el Grupo de Neurociencia de la Universidad de La Coruña, que colabora con el MIT, "cuando una persona pierde la conciencia - se queda dormida o se le somete a anestesia - sus neuronas se ponen todas a hacer la ola, a bailar conjuntamente con una oscilación rítmica de una frecuencia baja. Pero ese ritmo repetitivo no genera información, puesto que para que haya información tiene que haber cambios en el mensaje". "Es decir, si todas hacen la ola, no hay mente".
"Para estar consciente", asegura Brown, "el cerebro necesita ser capaz de hacer muchas cosas. Una de ellas es transmitir información entre diversas áreas. Si esta transmisión está bloqueada, porque los circuitos están cerrados u oscilando, entonces no se puede mantener la conciencia". Las implicaciones clínicas también son significativas, según Brown, puesto que observando estas oscilaciones en el EEG durante una operación se puede evitar tanto que una persona despierte durante la anestesia como que se produzca una sobredosis. 

Anestesia, coma y sueño
Aunque los tres estados de pérdida de conciencia más conocidos presentan similitudes, se trata en realidad de estados bien distintos. "Los pacientes a menudo me preguntan si la anestesia general es simplemente un estado de sueño profundo", comenta Brown. "Y la respuesta es que no". La anestesia se parece más a un estado de coma inducido por las drogas, en tanto que el paciente está inconsciente, inmóvil e insensible al dolor, mientras que a alguien, por muy dormido que esté, no se le podría someter al dolor de una operación sin que despertara. La diferencia con el coma es que la duración del estado depende de los daños y no de la sustancia que se proporciona al cerebro.
Lo que sí tiene en común la anestesia con el sueño es su condición de reversible, pero mientras en la primera el retorno de la conciencia depende de la dosis, los procesos por los que se vuelve del sueño no se comprenden del todo, según Brown. El equipo de Xurxo Mariño investiga precisamente este fenómeno. "Brown estudia qué sucede cuando pasas de estar despierto al sueño", explica, "y nosotros estudiamos los mecanismos mediante los cuales partiendo de estado de baja frecuencia se pasa al despertar".
Lo que han visto los científicos es que en el momento de despertar, el cerebro experimenta una "ducha" de neurotransmisores que reactivan las neuronas y las sacan de ese ritmo cíclico y sin información. "Antes de darte la ducha de agua", explica Mariño, "tu cerebro recibe una ducha de acetilcolina, glutamato y óxido nítrico, entre otras sustancias.  En ese momento se produce la transición entre la nada y la conciencia.  Cuando las neuronas reciben este baño, se activan y se ponen a trabajar cada una con su computación concreta".
En el Grupo de Neurociencia de la Universidad de La Coruña son pioneros en el estudio del papel de una de estas sustancias, el óxido nítrico. Al tratarse de un gas presenta la ventaja de activar millones de neuronas de su entorno en apenas unos milisegundos. "Es un subidón que activa la red en un instante y la sustancia se elimina rapidísimamente”, dice. “Lo que nosotros hemos hecho por primera vez es medir con mucha precisión el óxido nítrico que se libera en esa transición". Aunque se está investigando cómo podrían usarse este tipo de sustancias para intentar sacar a algunas personas del estado vegetativo o de mínima conciencia, todavía no se han obtenido resultados.
Conciencia on/off
El profesor de Anestesiología de la escuela universitaria de medicina de Washington, Michael Avidan, cree que los resultados de Brown "son emocionantes porque presentan pruebas neurobiológicas de una de las teorías sobre cómo el cerebro da lugar a la conciencia". Esta teoría, conocida como la de integración de la información, sugiere que la conciencia es el resultado de la suma de las actividades de las distintas regiones. Si falla esta integración, como muestran las pruebas, la conciencia desaparece.
"El estudio detallado de cómo los anestésicos u otros mecanismos (como el sueño o el daño cerebral) proporciona información clave para entender cómo se construye y se mantiene la conciencia", asegura Brown. "Estamos viendo la diferencia entre un encéfalo que tiene mente consciente y otro que no", indica Mariño, "tiene que haber alguna pista".
Lo que dibujan los estudios realizados hasta ahora es una relación entre la ausencia de conciencia y la sincronización de la actividad general del cerebro. El pensamiento, por el contrario, ofrece una señal irregular, parecida al ruido. Por otro lado, lo importante es la manera en que esos núcleos de neuronas se conectan con el resto, pues aunque las neuronas emitan su señal, si no pasa a otro lugar no hay comunicación. "Es como una manifestación en la que todo el mundo lleva su teléfono móvil y le funciona", asegura Mariño, "pero si no funciona la operadora no hay manera de llamar". Comprobando lo que pasa con la conciencia cuando se enciende y se apaga, concluye Brown, podemos conocer mejor cómo funciona el sistema. Siguiendo con la analogía de móviles, "al quitar la batería sabemos que deja de funcionar, pero no sabemos cómo es el sistema. Para eso necesitamos saber cómo trabajan todos los componentes a la vez y hacen que funcione el teléfono".


Fuente:
http://noticias.lainformacion.com


La cámara de los recuerdos perdidos



La vida es una sucesión de imágenes. Fotograma a fotograma, los ojos de Eugenia registran cada uno de los detalles a su alrededor, los rostros que pasan a su lado, los carteles de cine, el tráfico de la calle. Pero la mayoría se pierden en el pozo del olvido. Eugenia sufrió un daño cerebral hace dos años que le dificulta generar nuevos recuerdos. Ahora lleva una cámara al cuello que le ayuda a fijarlos en su memoria, una pequeña Vicon Revue que toma una fotografía cada pocos segundos y que será fiel testigo del experimento que estamos a punto de comenzar.

 Seis pacientes con problemas para generar nuevos recuerdos participan en un experimento para mejorar su memoria. Una cámara que toma imágenes las 24 horas del día les ayuda a recordar hasta un 20% más de acontecimientos. Es una muestra de cómo las nuevas tecnologías pueden ayudar a mejorar la vida de muchos pacientes con daño cerebral. 

Son las 10 de la mañana, y estamos en la plaza de Callao, en Madrid, donde Eugenia ha quedado con otros cinco pacientes como ella. El doctor Álvaro Bilbao, neuropsicólogo del Centro Estatal de Atención al Daño Cerebral, les ha citado aquí para la tercera y última parte del experimento que dirige desde hace unos meses. La idea es la siguiente: comprobar si llevar una cámara y repasar lo que han hecho durante el día les ayuda a largo plazo a mejorar su capacidad de recordar. "Son seis de los pacientes con amnesia más severa", nos dice. "Si conseguimos que mejoren su memoria podemos demostrar que la cámara tiene efectividad".

Una excursión para recordar
La jornada comienza con un paseo por la Gran Vía, y Alonso se queda un poco rezagado respecto al grupo. Trabajaba como cocinero en un hotel de Madrid, nos cuenta, pero una infección herpética le provocó un daño en el hipocampo. Esta región del cerebro es la que ayuda a fijar los recuerdos; cuando se daña, la vida pasa delante de los ojos sin que el paciente pueda retener apenas nada. "Cuando me dejan", confiesa, "sigo cocinando en casa. Es una cosa que no quiero que se me olvide". La cámara de Alonso también registra todo lo que sucede desde primera hora. Es como llevar un diario, asegura, que fija cada suceso de su vida.
La excursión de hoy es parecida a la de las otras dos ocasiones, nos dirigimos a la Biblioteca Nacional donde visitaremos las instalaciones durante casi dos horas, después comeremos en un restaurante y terminaremos el día en una bolera. Mañana, el doctor Bilbao les hará una serie de preguntas sobre la jornada y comparará los resultados respecto a las dos primeras jornadas. Aunque algunos llevan la cámara, esta vez no podrán consultar las imágenes en la noche anterior al test, pues se trata de comprobar si el uso continuado ha mejorado su capacidad de recordar sin necesidad de ayuda. Los pacientes están divididos en dos grupos y solo uno de ellos ha utilizado la cámara en su día a día durante seis meses. En la primera fase del experimento, la cámara les ayudó a recordar un 15% más de hechos que cuando no la llevaban.
El proceso por el que la cámara ayuda a fijar los recuerdos de los pacientes es el mismo que en cada uno de nosotros y se llama codificación ampliatoria. "Cada vez que queremos codificar la información", explica Bilbao, "nuestro cerebro realiza un registro. El mero hecho de anotarlo o volver a ello nos ayuda a recordarlo". Es por eso que utiliza las nuevas tecnologías, como las agendas, Facebook, o la cámara que estamos probando ahora, para ayudar a sus pacientes. “Hay una creencia errónea de que las nuevas tecnologías hacen al cerebro más vago”, insiste, “cuando sucede todo lo contrario: cuando estamos apuntando algo las estamos codificando de una forma más efectiva y pueden ayudar mucho a mejorar la memoria”.

Entre el sueño y la realidad
En la Biblioteca Nacional todos atienden interesados a las explicaciones. Manolo toma notas y nos guiña un ojo, como si estuviera haciendo trampas. Es el más animado de los seis pacientes, aunque sobrestima sus facultades, según el doctor Bilbao, y explota al máximo cualquier detalle. "Tuve una encefalitis y no me acordaba de nada", explica Manolo, "no sabía ni quién era mi madre, ni quiénes era mis hermanos. Pero si pones un poco de empeño te irás acordando. Te costará, pero te irás acordando…".
Antonio viene desde Jaén, donde a pesar de su grave estado sigue despachando legumbre en un pequeño negocio familiar. "Tareas sencillas como poner 500 gramos de garbanzos", nos explica el doctor Bilbao, "sí que puede realizarlas, porque no requieren memoria". A pesar de todo, la situación de estos pacientes es una fuente constante de sorpresas. Durante la comida, Antonio se cruza con su médico en el baño y no le reconoce. "Disculpe, señor, es que tengo un daño cerebral y no tengo memoria. Siento mucho la molestia".  El propio neuropsicólogo está sorprendido, pues a él está habituado a verlo y sí le reconoce. Al cambiar de contexto, la mente de estos pacientes puede perder la referencia. Una hora después, en la bolera, Antonio va al baño y al regresar no sabe dónde está ni qué estaba haciendo, y se dirige a un camarero en busca de ayuda. "Perdone, tengo un daño cerebral... ¿usted sabe con quién he venido?".
Isabel viene con su marido, Teo, desde Salamanca. Tuvo un ictus en 2005 y durante un tiempo no podía salir de casa sola porque se saltaba los semáforos y cruzaba la calle completamente despistada. Ahora se vale por sí misma para muchas cosas, gracias a los consejos de su médico. "Tengo una libretilla en la que voy apuntando las cosas", confiesa divertida, "son chuleticas, ¡como en el cole…!". Cuando le preguntamos por la cámara nos cuenta que le ha ido muy bien, aunque ya no la necesita. Un minuto después, el doctor Bilbao nos lleva a un aparte y nos explica que Isabel es una de las pacientes que nunca ha llevado la cámara, pero su mente está fabulando. "A Isabel le puedes preguntar qué tal ayer el abordaje pirata, y te dará detalles", explica Bilbao. "No recordar cómo es el día a día es muy angustioso, y para superar esa angustia el cerebro tiende a rellenar los huecos".
Luis es el paciente que más tiempo lleva con el doctor Bilbao y el primero de este tipo que aprendió a utilizar una agenda electrónica para sobrevivir en su día a día. "Luis es un caso muy curioso y muy especial para mí", explica Bilbao. "Tuvo una intoxicación por monóxido de carbono, lo que le dañó de una manera muy selectiva el hipocampo y eso le provoca muchas dificultades para recordar cosas que ha hecho hace cinco minutos". "Con la agenda, me levanto por la mañana, miro si tengo algo que hacer ese día...", dice Luis. "Y es lo que me da la certeza de que he estado en el sitio y lo que he comido y demás".
Han pasado veinte minutos desde que salimos de la Biblioteca Nacional y nos detenemos un instante cerca de la calle Génova, en la plaza de la Villa de París. ¿Dónde hemos estado?, preguntamos a Luis. "Hemos estado en un museo, pero no sé cuál", dice. "Puede ser El Prado. Realmente no me acuerdo".  "Lo último que hemos visto no lo sé", contesta Isabel. "Hemos visto cuadros, premios Nobel...". Lo mismo cuando preguntamos a Alonso y Eugenia. "Hemos estado comiendo juntos, ¿no?", asegura Alonso, "Y antes, no lo sé, no te puedo decir si lo he soñado". "Esta mañana hemos estado… espérate…", suspira Eugenia. Y tarda un rato largo en volver a hablar. "Ahora mismo no sé decirte".

Los resultados
A la mañana siguiente llega la hora de la verdad. El doctor Bilbao convoca a los pacientes en su despacho y un ayudante les somete a un breve test individual con preguntas sobre el día anterior. ¿Dónde nos encontramos? ¿A qué hora? ¿Qué edificios emblemáticos vimos? ¿En qué consistió la actividad de la tarde? Las respuestas muestran la diferencia de resultados entre quienes han usado la cámara en los seis meses anteriores y los que no.  Luis no la ha utilizado y su puntuación es de un 2,5. Eugenia, que sí ha convivido con la cámara, ha sacado un 5,25 y recuerda más detalles.
Las respuestas del test siguen siendo una mezcla de hechos pasados y suposiciones inventadas. Eugenia recuerda dónde quedamos, las calles por donde paseamos y una breve visita al palacio de Cibeles. Se acuerda incluso de que estuvimos en Chamartín a última hora, pero cree que fue para jugar al billar en lugar de a los bolos. "Eugenia es uno de los ejemplos de que la cámara ayuda a mejorar", explica el doctor Bilbao. Gracias al experimento ha comenzado a hacer cosas que antes no hacía y se vale mejor por sí misma. La conclusión global del estudio arroja un 20% de mejora con este sistema, lo que puede parecer poco, pero en estos pacientes es todo un avance. Y, lo más importante,  deja la puerta abierta a seguir mejorando sus vidas.

Fuente:
http://noticias.lainformacion.com

domingo, 26 de mayo de 2013

Albert Espinosa escribió...


Creo En Ti, Reik

Ya no importa cada noche que espere
Cada calle o laberinto que crucé
Porque el cielo ha conspirado en mi favor
Y en un segundo de rendirme te encontré

Piel con piel
El corazón se me desarma
Me haces bien
Enciendes luces en mi alma

Creo en ti
Y en este amor
Que me ha vuelto indestructible
Que detuvo mi caída libre
Creo en ti
Y mi dolor se quedo kilómetros atrás
Y mis fantasmas hoy por fin están en paz

El pasado es un mal sueño que acabo
Un incendio que en tus brazos se apago
Cuando estaba a medio paso de caer
Mis silencios se encontraron con tu voz

Te seguí y rescribiste mi futuro
Es aquí mi único lugar seguro

Creo en ti
Y en este amor
Que me ha vuelto indestructible
Que detuvo mi caída libre
Creo en ti
Y mi dolor se quedo km atrás
Y mis fantasmas hoy por fin están en paz




El erizo y el esposo de la liebre, un cuento de los hermanos Grimm

Pincha en el libro para abrirlo



Esta historia, mis queridos lectores, pareciera ser falsa, pero en realidad es verdadera, porque mi abuelo, de quien la obtuve, acostumbraba cuando la relataba, decir complacidamente:
-"Tiene que ser cierta, hijo, o si no nadie te la podría contar."-

La historia es como sigue:


Un domingo en la mañana, cerca de la época de la cosecha, justo cuando el trigo estaba en floración, el sol brillaba esplendorosamente en el cielo, el viento del este soplaba tibio sobre los campos de arbustos, las alondras cantaban en el aire, las abejas zumbaban entre el trigo, la gente iba en sus trajes de dominguear a la iglesia, y todas las creaturas estaban felices, y el erizo estaba también feliz.

El erizo, sin embargo, estaba parado en la puerta con sus brazos cruzados, disfrutando de la brisa de la mañana, y lentamente entonaba una canción para sí mismo, que no era ni mejor ni peor que las canciones que habitualmente cantan los erizos en una mañana bendecida de domingo. Mientras él estaba cantando a media voz para sí mismo, de pronto se le ocurrió que, mientras su esposa estaba bañando y secando a los niños, bien podría él dar una vuelta por el campo, y ver cómo iban sus nabos. Los nabos, de hecho, estaban al lado de su casa, y él y su familia acostumbraban comerlos, razón por la cual él los cuidaba con esmero. Tan pronto lo pensó, lo hizo. El erizo tiró la puerta de la casa tras de sí, y tomo el sendero hacia el campo. No se había alejado mucho de su casa, y estaba justo dando la vuelta en el arbusto de endrina, que está a un lado del campo, para subir al terreno de los nabos, cuando observó al esposo de la liebre que había salido a la misma clase de negocios, esto es, a visitar sus repollos.

Cuando el erizo vio al esposo de la liebre, lo saludó amigablemente con un buenos días. Pero el esposo de la liebre, que en su propio concepto era un distinguido caballero, espantosamente arrogante no devolvió el saludo al erizo, pero sí le dijo, asumiendo al mismo tiempo un modo muy despectivo:

-" ¿Cómo se te ocurre estar corriendo aquí en el campo tan temprano en la mañana?"-

-"Estoy tomando un paseo."- dijo el erizo.

-"¡Un paseo!"- dijo el esposo de la liebre con una sonrisa burlona, -"Me parece que deberías usar tus piernas para un motivo mejor."-

Esa respuesta puso al erizo furioso, porque el podría soportar cualquier otra cosa, pero no un ataque a sus piernas, ya que por naturaleza ellas son torcidas. Así que el erizo le dijo al esposo de la liebre:

-"Tú pareces imaginar que puedes hacer más con tus piernas que yo con las mías."-

-"Exactamente eso es lo que pienso."- dijo el esposo de la liebre.

-"Eso hay que ponerlo a prueba."- dijo el erizo. -"Yo apuesto que si hacemos una carrera, yo te gano."-

-"¡Eso es ridículo!"- replicó el esposo de la liebre. -"¡Tú con esas patitas tan cortas!, pero por mi parte estoy dispuesto, si tú tienes tanto interés en eso. ¿Y qué apostamos?"-

-"Una moneda de oro y una botella de brandy"- dijo el erizo.

-"¡Hecho!"- contestó el esposo de la liebre.-"¡Choque esa mano, y podemos empezar de inmediato!"-

-"¡Oh, oh!"- dijo el erizo, -"¡no hay tanta prisa! Yo todavía no he desayunado. Iré primero a casa, tomaré un pequeño desayuno y en media hora estaré de regreso en este mismo lugar."-

Acordado eso, el erizo se retiró, y el esposo de la liebre quedó satisfecho con el trato. En el camino, el erizo pensó para sí:

-"El esposo de la liebre se basa en sus piernas largas, pero yo buscaré la forma de aprovecharme lo mejor posible de él. Él es muy grande, pero es un tipo muy ingenuo, y va a pagar por lo que ha dicho."-

Así, cuando el erizo llegó a su casa, dijo a su esposa:

-"Esposa, vístete rápido igual que yo, debes ir al campo conmigo."-

-"¿Qué sucede?"- dijo ella.

-"He hecho una apuesta con el esposo de la liebre, por una moneda de oro y una botella de brandy. Voy a tener una carrera con él, y tú debes de estar presente."- contestó el erizo.

-"¡Santo Dios, esposo mío!"- gritó ahora la esposa, -"¡no estás bien de la cabeza, has perdido completamente el buen juicio! ¿Qué te ha hecho querer tener una carrera con el esposo de la liebre?"-

-"¡Cálmate!"- dijo el erizo, -"Es mi asunto. No empieces a discutir cosas que son negocios de hombres. Vístete como yo y ven conmigo."-

¿Que podría la esposa del erizo hacer? Ella se vio obligada a obedecerle, le gustara o no.

Cuando iban juntos de camino, el erizo dijo a su esposa:

-"Ahora pon atención a lo que voy a decir. Mira, yo voy a hacer del largo campo la ruta de nuestra carrera. El esposo de la liebre correrá en un surco y yo en otro, y empezaremos a correr desde la parte alta. Ahora, todo lo que tú tienes que hacer es pararte aquí abajo en el surco, y cuando el esposo de la liebre llegue al final del surco, al lado contrario tuyo, debes gritarle:

-"Ya estoy aquí abajo."-

Y llegaron al campo, y el erizo le mostró el sitio a su esposa, y él subió a la parte alta. Cuando llegó alli, el esposo de la liebre estaba ya esperando.

-"¿Empezamos?"- dijo el esposo de la liebre.

-"Seguro"- dijo el erizo. -"De una vez."-

Y diciéndolo, se colocaron en sus posiciones. El erizo contó:

-"¡Uno, dos, tres, fuera!"-

Y se dejaron ir cuesta abajo cómo bólidos. Sin embargo, el erizo sólo corrió unos diez pasos y paró, y se quedó quieto en ese lugar. Cuando el esposo de la liebre llegó a toda carrera a la parte baja del campo, la esposa del erizo le gritó:

-"¡Ya yo estoy aquí!"-

El esposo de la liebre quedó pasmado y no entendía un ápice, sin pensar que no otro más que el erizo era quien lo llamaba, ya que la esposa del erizo lucía exactamente igual que el erizo. El esposo de la liebre, sin embargo, pensó:

-"Eso no estuvo bien hecho."- y gritó:

-"¡Debemos correr de nuevo, hagámoslo de nuevo!"-

Y una vez más salió soplado como el viento en una tormenta, y parecía volar. Pero la esposa del erizo se quedó muy quietecita en el lugar donde estaba. Así que cuando el esposo de la liebre llegó a la cumbre del campo, el erizo le gritó:

-"¡Ya yo estoy aquí!"-

El esposo de la liebre, ya bien molesto consigo mismo, gritó:

-"¡Debemos correr de nuevo, hagámoslo de nuevo!"-

-"Muy bien."- contestó el erizo, -"por mi parte correré cuantas veces quieras."-

Así que el esposo de la liebre corrió setenta y tres veces más, y el erizo siempre salía adelante contra él, y cada vez que llegaba arriba o abajo, el erizo o su esposa, le gritaban:

-"¡Ya yo estoy aquí!"-

En la jornada setenta y cuatro, sin embargo, el esposo de la liebre no pudo llegar al final. A medio camino del recorrido cayó desmayado al suelo, todo sudoroso y con agitada respiración. Y así el erizo tomó la moneda de oro y la botella de brandy que se había ganado. Llamó a su esposa y ambos regresaron a su casa juntos con gran deleite. Y cuentan que luego tuvo que ir la señora liebre a recoger a su marido y llevarlo en hombros a su casa para que se recuperara. Y nunca más volvió a burlarse del erizo.

Así fue cómo sucedió cuando el erizo hizo correr al esposo de la liebre tantas veces hasta que quedó exhausto y desmayado en el surco. Y desde ese entonces ninguna liebre o su esposo tienen deseos de correr en competencia con algún erizo.

La moraleja de esta historia, es, primero que nada, que nadie debe permitir que se burlen de él o ella, aunque se trate de un humilde erizo. Y segundo, cuando una pareja se casa, ambos deben ser similares en sus actitudes, y apoyarse y parecerse uno al otro.


Cuando hacemos el amor, David Bisbal



La vida hoy me puede sonreír
y apenas tengo un sitio donde ir…
hoy tengo un mundo a mis pies

También quisiera hacerte comprender
que en un instante lo puedo perder
dependo de tiii…

Y aun que tengo todo lo que anhele
me faltaba algo
un no se qué
si no estás conmigo me muero en soledad
y todo me da iguaaal…

Lo que quiero decir
es que nada soy sin tí
que nunca fuí tan feeliiiz
en mi mundo de locura
me reflejo en tu hermosura.
cuando hacemos el amooooor, tu y yoooo…

A veces miro a mi alrededor
soporto la saliva del rencor
odio, envidia y dolor
un beso calma todo mi interior
me da la paz, la fuera, la decisión para seguir aquíi….

Y aun que tengo todo lo que anhele
me faltaba algo
un no se qué
si no estás conmigo me muero en soledad
y todo me da iguaaal…

Lo que quiero decir
es que nada soy sin tí
que nunca fuí tan feeliiiz
en mi mundo de locura
me reflejo en tu hermosura.
cuando hacemos el amooooor, tu y yoooo…

Y aun que tengo todo lo que anhele
me faltaba algo..
un no se qué
si no estás conmigo me muero en soledad
y todo me da iguaaal…

Lo que quiero decir
es que nada soy sin tí
que nunca fuí tan feeliiiz
en mi mundo de locura
me reflejo en tu hermosura.
cuando hacemos el amooooor, tu y yoooo…





Domingo con... La Luna: luna asomando sobre el mirador de Monte Victoria, en Wellington (Nueva Zelanda), poesía, música...

La luna asoma



Cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.
Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.
Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.
Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo.

Federico García Lorca




Romance de la luna



La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna, 
que ya siento sus caballos.
Niño déjame, no pises,
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,
ay como canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con el niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
el aire la está velando.


Federico García Lorca



 

 

Papá, por favor, consígueme la Luna

 

Este libro podría estar dedicado a aquellas personas, que hacen todo lo imposible para que los sueños de otros se hagan un día realidad.


Un libro sobre los sueños, y la generosidad de los que no dudan en hacer que aquello que hemos deseado alguna vez se materialice.
Conseguir que alguien sea feliz en unas horas es posible. Desear lo inalcanzable……conseguirlo puede ser posible. La felicidad, el hacer que los otros sean felices, está al alcance de tu mano.

Este precioso libro ilustrado por Eric Carl y editado por la editorial Kókinos, nos demuestra como el papá de Mónica, la protagonista de este cuento, hace lo imposible para hacer que el deseo de Mónica pueda hacerse realidad.



Y…….¿Quien es más feliz, Mónica o su Papá?








Luna, David Bisbal


Hoy la luna está triste y está sola;
Oculta en la noche.
Susurra entre dientes su pena,
Nunca conoció el sol que da la vida;
Tan solo la sombra,
Oscura y temida por ella.
Yo la veía tan poderosa,
Luna hermosa y hechicera;
Con su suave luz ella asombra,
A todos los que aman y sueñan.
Cada mañana la luz del alba
Va dominando mis pensamientos,
Y la luna no sabe nada;
Y la luna no sabe nada.
Cada mañana la luz del alba
Que cada día nos da esperanza,
Va anunciando un nuevo comienzo,
Y así poder seguir viviendo.
Cada noche me asomo a verla, y ella
Me ofrece su manto,
De plata encendida y estrellas.
Nunca conoció el sol que da la vida;
Tan solo la sombra,
Oscura y temida por ella.
Yo la veía tan poderosa,
Luna hermosa y hechicera;
Con su suave luz ella asombra,
A todos los que aman y sueñan.
Cada mañana la luz del alba
Va dominando mis pensamientos,
Y la luna no sabe nada;
Y la luna no sabe nada.
Cada mañana la luz del alba
Que cada día nos da esperanza,
Va anunciando un nuevo comienzo,
Y así poder seguir viviendo.
Cada mañana la luz del alba
Que cada día nos da esperanza;
Va anunciando un nuevo comienzo,
Y así poder seguir viviendo.

 
Fuente:
http://sonandocuentos.blogspot.com.es 

www.dejamequetecuente.net