jueves, 25 de abril de 2013

Una frase de Pablo Neruda...





Se me va la voz, Alejandro Fernández


Como duele hoy,
hoy te extraño más que nunca y no estas aquí
lentamente hoy
me va causando tanto daño que no se vivir

Y se me va la voz, si no tengo tus ojos
y no siento el calor, si esas noches no son mías
y no estoy junto a ti, la razón para vivir
de rodillas, de rodillas junto a ti

Y se me va la voz, pensando que te has ido mujer
y no siento el calor, el calor de lo prohibido
y entrégamelo todo, que todavía llevo dentro
la razón de este recuerdo

Na na nara nara na na
Na na nara nara na na

En una noche fría buscando tu saliva
una brisa que libera refresca el corazón
enséñame la vida, porque contigo estoy dispuesto
a la razón y al corazón

Y se me va la voz, si no tengo tus ojos
y no siento el calor, si esas noches no son mías
y no estoy junto a ti, la razón para vivir
de rodillas, de rodillas junto a ti

Y se me va la voz, pensando que te has ido mujer
y no siento el calor, el calor de lo prohibido
y entrégamelo todo, que todavía llevo dentro
la razón de este recuerdo

Enséñame a vivir, pensando que te has ido mujer
y no estoy junto a ti, el sabor de lo prohibido
y entrégamelo todo, que todavía llevo dentro
la razón de este recuerdo

Na na nara nara na na
Na na nara nara na na

se me va la voz.


El nombre del viento (fragmento), Patrick Rothfuss



Las palabras son pálidas sombras de nombres olvidados. Los nombres tienen poder, y las palabras también. Las palabras pueden hacer prender el fuego en la mente de los hombres. Las palabras pueden arrancarle lágrimas a los corazones más duros. Existen siete palabras que harán que una persona te ame. Existen diez palabras que minarán la más poderosa voluntad de un hombre. Pero una palabra no es más que la representación de un fuego. Un nombre es el fuego en si.

Cielo miénteme, la Luna desconcertante....




Cuando la Luna llena está cerca del horizonte, la vemos más grande que cuando está más alta, aunque lógicamente su tamaño nunca varía. Esta ilusión ha fascinado a la humanidad desde épocas remotas. Ya en los comienzos del siglo VII antes de Cristo este fenómeno fue descrito por pensadores griegos y chinos. Aristóteles lo mencionó 350 años a. C. Sin embargo, a día de hoy todavía no hay una explicación científica totalmente aceptada para este efecto. La que más consenso tiene es la que lo describe como una ilusión óptica. Al parecer, nuestro cerebro “inventa” el tamaño grande de la Luna del mismo modo que en el dibujo (ilusión de Ponzo) nos parece de mayor tamaño el punto negro más cercano al ángulo, aunque ambos son iguales.

Ilusión de Ponzo.
Las dos líneas rectas convergentes hacen que veamos más grande el punto de la izquierda, pero los dos son iguales.

 Fuente:
 http://www.quo.es






Los Jardines Perdidos de Heligan




En el extremo suroccidental de Inglaterra, entre las recortadas costas del mar Céltico y el Canal de la Mancha, se encuentra el condado de Cornualles, en inglés Cornwall, ubicación de los mágicos, extravagantes y surrealistas Jardines Perdidos de Heligan.


Sobrevivientes de múltiples azares, los Jardines de Heligan se constituyen en el único escenario de Europa, donde es posible redescubrir las primigenias técnicas de agricultura de los cinco continentes, pues sus terrenos guardan vestigios de antiquísimas plantas provenientes de lejanos lugares, que fueron llevadas allí por coleccionistas y que con el tiempo formaron un jardín único, hoy visitado por cerca de 400 mil personas cada año.
 
Y en un país como Inglaterra, tradicional por sus jardines ornamentales, es inusual este espacio que trasciende la belleza: nutrido por flores salvajes, plantas tropicales, mediterráneas, de tierras áridas y templadas, hortalizas, especies italianas, una selva de la flora exótica… Desde él se explican los problemas de conservación y explotación del uso de la tierra y se enseña a retomar los antiguos métodos de cultivo. No se otorgan respuestas, sólo la posibilidad de conciencia.
Una intensa campaña y los mismos hechos han logrado cautivar a los visitantes, brindándoles una historia romántica e instructiva: mostrar cómo se han restaurado los jardines productivos a la manera en que sus ancestros los cultivaron hace 100, 500 o más años: sostenible localmente, con la imposibilidad de  tener algo si cada uno no lo cultivaba, generando un espacio con sentido holístico: la finca, el establo de caballos para abono y transporte, los bosques para el combustible, la producción de verduras, de flores, hierbas y plantas medicinales.

Por ello The Lost Gardens of Heligan es un  museo vivo, situado en Cornwall, sur del país, en la cima del valle que besa la aldea de pescadores de Mevagissey  y que palpita en el corazón de un territorio que se extiende a lo largo de 1.000 acres desde Gorran hasta Mevagissey, poblado en el siglo XVI por fincas, aserraderos, minas, molinos de harina, fábricas de cerveza, huertas productivas y jardines de cocina.
 
 Legado en Cornwall
Ocho siglos atrás, Heligan era parte de un estado que había pertenecido a las familias Arundell  y Hill y que luego terminó en manos de la estirpe aristocrática de los Tremayne. Fue William Tremayne quien en 1603, construyó la casa actual, poco común en Cornwall por estar hecha en ladrillo, aunque hoy sólo permanecen las bases. Noventa años después, William y Mary crearon dos largas extensiones que circundaban un patio trasero. Y fue Henry Hawkins Tremayne, curador en Lostwithiel, quien dibujó un plano entre 1780 y 1790, donde muestra la estructura de los jardines que conocemos hoy y plantó la mayores franjas de protección. Establecida la estructura del vergel las tres generaciones siguientes, notables horticulturistas, se encargaron de ralizar las colecciones de plantas.
Entre 1829 y 1851 John Hearle Tremayne dio un manejo especial al jardín, construyó establos, delineó caminos con árboles ornamentales, confeccionó la exótica “Selva” y, con su hijo, sembró palmas, helechos y matas de bambú que hicieron particular esta área.


Pero en 1916 el Departamento de Guerra les pidió en préstamo la casa para destinarla como hospital de los soldados heridos. Al finalizar la Guerra los Tremayne habían perdido su ímpetu y arrendaron la casa a los Williamson, quienes se encargaron del mantenimiento básico, aunque la “Selva” desapareció. Ya en la Segunda Guerra, queriendo los norteamericanos invadir a Francia, se alojaron allí.
Para entonces la familia Tremayne vivía en su casa de Cornwall y regresaba allí sólo en ocasiones, por lo cual fue perdiendo muchos de sus trabajadores, sobre todo jardineros, que trabajan en la finca. Para 1970, totalmente Para entonces la familia Tremayne vivía en su casa de Cornwall y regresaba allí sólo en ocasiones, por lo cual fue perdiendo muchos de sus trabajadores, sobre todo jardineros, que trabajan en la finca. Para 1970, totalmente desilusionados, arrendaron la casa. Aunque las transformaciones en este siglo fueron mínimas, todo lo vernacular y las construcciones del jardín permanecieron intactas: Heligan continuaba siendo valioso.
En 1990 John Willis, descendiente también de la familia Tremayne, heredó los jardines, pero estaban totalmente abandonados y parecía imposible hacer algo. Ese mismo año, durante una fiesta, se encontró con Tim Smit, arqueólogo de la Universidad Durham del Norte de Inglaterra, que anhelaba hallar una granja vieja y buscar objetos de interés arqueológico, como herramientas de agricultura del pasado, y abrir un museo.

Recuperando el pasado
Willis le manifestó su preocupación y le invitó a conocer lo que quedaba de aquel lugar. Smit, que había visto una película inglesa llamada “El jardín secreto” y pensaba que podía haberse inspirado en él, aceptó. El 16 de febrero de 1990, acompañados también por John Nelson y Robert Poole, recorrieron los jardines. Eran impenetrables debido a la maleza y a la mora invasora y tuvieron que emplear machetes para abrirse camino.
 
La mayoría de las construcciones estaban en ruinas, no sólo por el tiempo sino por los vientos de la época. Nada en el sendero era visible, sólo los atormentados techos insinuándose entre los árboles. Palmas, helechos, rodiendros de los Himalayas y árboles básicamente, eran los únicos sobrevivientes. Hablaron de las posibilidades de  recuperar aquel lugar, de volverle a la vida.
Smit asumió la responsabilidad y  Nelson expresó su respaldo. A ellos se unió, en el invierno de  ese mismo año, Philip McMIllan Browse, director de la Royal Sociedad de Horticultura Gardens en Wisley y trabajador para el Ayuntamiento. La preocupación  de Philip era saber si habían plantas suficientes para recuperar el jardín o si estaba definitivamente arruinado. No era ni socio ni empleado, iba cuando tenía tiempo. Observaba y dirigía la eliminación de maleza por si había algún arbusto de valor, instruía y colocaba rótulos de advertencia.

Revivir los jardines exigió cuatro años. De 1990 a 1993 fue la etapa de “limpieza”: lavar, preparar el  terreno, quitar la maleza. Phillips leía sobre los jardines de esa  época y hacía propuestas, basado en un mapa de 1839 para encontrar el camino. A inicios de 1994 empezó la etapa de recuperación: sembrar y construir. Mientras reconstruían las estructuras del jardín y los invernaderos decidieron basar su trabajo en conceptos de siglos atrás: jardines útiles para la comida, asuntos medicinales y manejo autosuficiente a partir del manejo de bosques, campos, huertas y jardines.
También brindarían empleo a mucha gente, tal como había sucedido en el pasado. “Recuperaron” lo que pudieron encontrar entre 1890 e inicios de este siglo. Los ingenieros trabajaron fuertemente, erigieron las paredes que circundaban los jardines, limpiaron la tierra y reconstruyeron los senderos y tapias… Otros, con paciencia y esfuerzo, pudieron acabar con la salvaje mora… Y después se empezó la siembra de plantas (incluso variedades de verduras utilizadas antes de 1900), utilizando materiales, técnicas y herramientas tradicionales de aquellos siglos: sin máquinas, sin motores de combustión.


 Asumir tales técnicas fue difícil, por ejemplo la de rotación, muy compleja, ya que las plantas tienen sus necesidades específicas, o el aprovechamiento que antiguamente se hacía de los bosques y la extracción de palos para enredar arvejas o garbanzos.  O también la obtención del abono, pues antes habían establos de caballos para lograrlo… Fue difícil porque hoy los bosques están abandonados y tampoco hay establos.
Pero ellos querían “repetir” el pasado: consiguieron materiales similares, aprendieron las técnicas, si no podían comprar semillas de una planta utilizaron cosechas para  guardarlas, recuperaron 18 de las 24 variedades de papa, pues sólo 6 se venden en el mercado, apelaron al conocimiento tradicional, busca la respuesta corta, invalida la experiencia. Y, quizá lo más difícil, redescubrieron cómo mantener la temperatura de la fermentación del bono para ciertas plantas: les demandó más de dos años.
 
Philip McMIllan Browsen recuerda: “Aprendimos dos técnicas tradicionales. Una: practicar los tipos de rotaciones y las funciones orientadas de las plantas, para evitar el incremento de enfermedades por peste y mantener la fertilidad de los suelos. Otra: manejar técnicas sobre cultivo. Todo manualmente, incluso el cultivo del suelo, donde practicamos la doble excavación e incorporamos grandes cantidades de materia orgánica durante la rotación, cultivamos la tierra, hicimos fertilización, riego… Y utilizamos estiércol fermentado para, además de conservar el calor un número de semanas,  producir una cosecha o a calentar un vivero”.

Lo nuevo: lo antiguo
Mas no crearon nada nuevo, todo corresponde a otros tiempos. Con las especies botánicas fue igual: las plantas hoy sembradas se utilizaron durante 300 años en Inglaterra y es posible que originalmente fueran de otros países, como los garbanzos de Norteamérica, aunque la mayoría son plantas de Europa, como la  papa.  Para recuperar, por ejemplo, la variedad de pino Jamaica, se necesitaban por lo menos cien plantas.
Era difícil conseguirla pero se dieron cuenta que existía en sur África y de allá la trajeron.  Lo mismo han hecho para recuperar otras especies: visitar otros países americanos y conseguir las variedades que no se han perdido.
La recuperación de los jardines productivos fue simultánea a la de jardines ornamentales, pero siempre manteniendo la filosofía de Heligan: recuperación y restauración correcta del periodo, hasta lograr la misma semblanza que tenían 100 años antes, y manejarlos como en aquellos días, con las propias manos, sabiendo con exactitud qué plantas cultivar para ser fieles a la época.

 Inicialmente hubo poco dinero, pero el impulso se mantenía porque el equipo tenía el mismo propósito. Después algunas personas u organizaciones como la British Trust for Conservation Volunteers (BTCV) o la Comisión para el Desarrollo del  Campo,  financiaron el sueño de Heligan: la estructura costó casi 3/4 de millón de libras.
Los Jardines Heligan brindan empleo decenas de personas, de las cuales algunas son permanentes, venden productos orgánicos, semillas, plantas y elementos turísticos…
Porque la idea siempre fue crear un medio educativo para concientizar a la gente de los conflictos sobre comercio genético y conservación, problemas alimentarios que deben ser atacados y resueltos y sus implicaciones sociales económicas, políticas,  culturales.



El estilo de los jardines es típico del estilo Gardenesque del siglo XIX, con áreas de diverso carácter y en diferentes estilos de diseño. Durante su visita, podemos encontrarnos colecciones de colosales rododendros y camelias, lagos, estanques, jardines florales y de hortalizas, un área salvaje de helechos de aire subtropical, un jardín italiano y el único “Pozo de la Piña” ("Pineapple pit") que se conserva en Europa, método de cultivo de piñas en climas fríos, desarrollado por jardineros ingleses durante la época victoriana, que consistía en el aumento de la temperatura, como consecuencia de la  descomposición de materia orgánica.
  

En los jardines de Heligan, también, encontraremos varias esculturas de Susan Hill “vestidas” con la vegetación de los jardines.

Jardín Perdido de Helligan jungla mimaria  Jardín Perdido de Helligan Escultura de Susan Hill The Giant's Head _La cabeza del gigante_  mimaria

Esculturas de Susan Hill "The Mud Maid" (La doncella de fango) & "The Giant's Head" (La cabeza del gigante)


Áreas:

La jungla: Se trata de un terreno donde originalmente se experimentó con plantas subtropicales, hace 150 años, así que aquí abunda la vegetación frondosa y húmeda.  Hay cuatro estanques y la colección más grande de helechos, palmeras y árboles de bambú de toda Europa.

Jardín Perdido de Helligan jungla 1 mimaria Jardín Perdido de Helligan Rododendro Jungla mimaria 
Jardín Perdido de Helligan jungla 3  mimaria



El Valle Perdido: Este terreno se utilizó, en origen, para quemar carbón y después de permanecer varios años cerrado se ha abierto de nuevo, con sus lagos y estanques reformados, al público. Actualmente se puede disfrutar de su flora y fauna autóctona, flores silvestres,  árboles viejos y en sus aguas, peces y libélulas.

Jardín Perdido de Helligan Horno de Leña Valle Perdido mimaria Jardín Perdido de Helligan Robles Valle Perdido mimaria
Jardín Perdido de Helligan estanque mimaria



Las Tierras del Placer: Es un jardín para todas las estaciones. Tiene 30 acres y se trata de una serie de jardines, dentro de un único jardín, cada uno de los cuales tiene una característica: está el jardín italiano, el de Nueva Zelanda, la Gruta de Cristal,  el jardín de la residencia de verano, el Fern Ravine, el jardín Sundial y el Flora con camelias y magnolias.

Jardín Perdido de Helligan Fern Ravine mimaria Jardín Perdido de Helligan jardín italiano mimaria
Jardín Perdido de Helligan jardín iFlora Rododendro mimaria


 
Los jardines Productivos: Son los jardines que siglos atrás abastecían a la residencia de los Tremayne con frutas, vegetales, especias, flores y plantas ornamentales.

Jardín Perdido de Helligan jardín productivo mimaria Jardín Perdido de Helligan jardín productivo 2 mimaria



"Los Jardines Perdidos de Heligan" después de someterse a uno de los mayores, y más ambiciosos, programas de restauración en Europa, pone a disposición del público en general, más de 80 hectáreas llenas de arte, fauna y vegetación, todo ello dentro de un entorno mágico, extravagante e incluso, surrealista. Haciendo de Heligan y sus jardines, una visita casi obligada para viajeros, turistas y de todos los amantes de la Naturaleza.


Fuente:
http://www.theprisma.co.uk
http://www.mimaria.es
 
 

miércoles, 24 de abril de 2013

El túnel (fragmento), Ernesto Sábato


Fué una espera interminable. No sé cuanto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Pero de mi propio tiempo fué una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también alucinados. 

 Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.
¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras o avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperándome? ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedía que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreír o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.

Déjame llorar, Ricardo Montaner



Cuánto vacío hay en esta habitación
tanta pasión colgada en la pared
cuánta dulzura diluyéndose en el tiempo
tantos otoños contigo y sin ti
Millones de hojas
cayendo en tu cuerpo
otoños de llanto
goteando en tu piel
iluminada y eterna
enfurecida y tranquila
sobre una alfombra de hierba
ibas volando dormida.
Un imposible silencio
enmudeciendo mi vida
con una lágrima tuya 
y una lágrima mía.
Iluminada y eterna...
Con una estrella fugaz
te confundí la otra noche
y te pedí tres deseos
mientras duraba tu luz
déjame llorar.
Cuántas caricias perdidas en mi diván
cuánto reclamo a dios mismo que ya no estás
hago canciones de amor en tu memoria
y en todas vuelvo como siempre a la misma historia.
Millones de hojas...

Khajuraho: El arte del erotismo






El Grupo Khajuraho de Monumentos en Khajuraho (India), una ciudad en el estado indio de Madhya Pradesh, localizado en el Distrito Chhatarpur, aproximadamente 620 kilómetros (385 mi) el sudeste de Nueva Deli, es uno de los destinos turísticos más populares en India.
Khajuraho es el grupo más grande hindú medieval y templos Jain, famosos por su escultura erótica.
El grupo Khajuraho de monumentos ha sido catalogado como un Sitio de patrimonio mundial de la UNESCO, y como se considera, es una " de las siete maravillas " de India.
Estatuas y esculturas
Los templos Khajuraho no contienen el arte sexual o erótico dentro del templo o cerca de las deidades; sin embargo, algunas de las esculturas externas son arte erótico. También, algunos templos que tienen en sus paredes pequeñas esculturas eróticas sobre el exterior de la pared interior. Hay muchas interpretaciones de las tallas eróticas. Ellos retratan que, para ver la deidad, hay que dejar su deseos sexuales fuera del templo. Ellos también muestran que la divinidad, como las deidades de los templos, es pura , que no es afectado por deseos sexuales y otras características del cuerpo físico. Se ha sugerido que estos sugieren prácticas tantric sexuales. Mientras tanto, la esculturas exteriores y las estatuas de los templos representan a la gente, cuerpos humanos, y los cambios que ocurren en cuerpos humanos, así como verdades de la vida. Aproximadamente el 10 % de las esculturas temas sexuales; que no muestran deidades, ellos muestran actividades sexuales entre la gente.
El resto representa la vida diaria del indio común de esa epoca, cuando las esculturas fueron realizadas, y de varias actividades de otros seres. Por ejemplo, aquellas pinturas muestran a mujeres que ponen el maquillaje, músicos, alfareros, agricultores, y otra gente. Aquellas escenas mundanas son todo a distancia de las deidades de templo. Una idea falsa común es que, ya que las viejas estructuras con tallas en Khajuraho son templos, las tallas representan el sexo entre deidades.






 







Fuente:
 http://carmenlobo.blogcindario.com




¿Cuál es el origen del símbolo = (igual)?


En la antiguedad, para mostrar una igualdad, se expresaba con palabras “es igual a”.

Sobre los siglos XV y XVI, se empezaron a sustituir las igualdades por símbolos. Johann Widman y Francois Viete, empezaron a usar simbolos de igualdad en algunas ecuaciones.

El inglés Robert Recode (1510-1558), propuso en su libro de 1557, “The Whettstone of Witte”, un símbolo con el cuál sustituir la palabra y ahorrar tiempo y esfuerzo.

“Para evitar la tediosa repetición de estas palabras “es igual a”, yo dispongo, tal y como la uso en mis trabajos, un par de paralelas juntas, o dos lineas gemelas de una sola longitud, que son: = porque no hay dos cosas que puedan ser más iguales que estas.”
 
Este símbolo no apareció en las imprentas nuevamente hasta 1618, en un apéndice anónimo, y posteriormente en 1631 cuando fue utilizado por Thomas Harriot y William Oughtred.

Estatutos de Cajori, vol1, página 126
“Un manuscrito, guardado en la biblioteca de la Universidad de Bologna, contiene datos acerca del signo igual (=). Estos datos, me han sido comunicados por el profesor E. Bortolotti, y nos enseñan que el signo (=) de igualdad fue desarrollado en Bologna, independientemente de Robert Recode y quizás antes que él.”

El manuscrito se escribió probablemente entre 1550 y 1568, lo que deja un poco de incógnita referente al origen, aunque falta documentación para rebatirle a Robert Recode la autoría.

El símbolo (=) fue extendiéndose lentamente hasta que se estableció comunmente a partir del siglo XVIII.


Robert Recorde fue miembro de una respetable familia de Dinbych-y-Pysgod, Gales, entró en la universidad de Oxford cerca del 1525, y obtuvo trabajo en elAll Souls Collegeen 1531. Habiéndose dedicado a la medicina, fue a la universidad de Cambridge, donde se tituló el 1545. De vuelta a Oxford, se dedicó a la enseñanza pública de las matemáticas, trabajo que ya había hecho con anterioridad a su paso por Cambridge. Se afirma que más adelante se estableció en Londres, y que ejerció de médico del rey Eduard VI y la Reina Maria, a quien algunos de sus libros están dedicados. También ejerció de interventor de la Royal Mint, o seca real. Después de que un rival político le demandase por difamación, fue arrestado por deudas y murió en la prisión de Southwark.

 Fuente:
http://www.erroreshistoricos.com
http://www.taringa.net


 

¿Por qué los orientales tienen los ojos rasgados?

 


Esta distinción facial propia de los orientales obedece a una necesidad adaptativa para proteger el sistema visual del exceso de luz y de los fuertes destellos - por ejemplo del hielo y de la arena del desierto- que pueden dañar estructuras tan delicadas como la retina. Es por ello que la abertura entre párpado superior y el inferior se hace más estrecha. Popularmente se piensa que el ojo achinado o mongólico, como es conocido, se debe a que el globo ocular posee forma de almendra, algo que es totalmente falso. La fisonomía del ojo mongoloide viene en realidad determinada, además de por la estructura ósea facial, por lo que los antropólogos llaman la brida mongoloide y el repliegue palpebral superior. Este último, que se monta en el párpado superior, está constituido en su parte interna por una bolsita de grasa que hace que el párpado aparezca hinchado y las pestañas más cortas, aunque la longitud de éstas es idéntica a la de las otras razas. La brida mongoloide acentúa aún más la anatomía rasgada del ojo. Se trata de una doblez cutánea que prolonga hacia dentro el repliegue palpebral para cubrir la carúncula lacrimal -pequeña prominencia en el lado interior del ojo-, y desaparece confundiéndose con la piel del rostro.


Fuente:
http://www.curiosidadesdelaciencia.com 


martes, 23 de abril de 2013

Mario Benedetti dijo...









Cuando tus ojos me miran, Franco De Vita


Ya lo sabia lo sospechaba desde el primer día
Pero temía que en tus brazos yo me quedaría
Y sabia que de pronto todo cambiaria
Y otra vida empezaría

Es que ya lo sabía que robarías mis noches y mis dias
Me lo temía que ni queriendo yo te olvidaría
Y sabía que todo empieza y todo se ilumina
Cuando tus ojos me miran

Y cada día que pasa sube la marea y me arrastra
Justo al borde de tu boca donde los sueños trasnocha
Y no me dejes solo que contigo estoy mejor
Quédate un ratito que ya pronto sale el sol
Y recojo los recuerdos y me guardo la ilusión
Despacio sin apuro que traigo el corazón desnudo

Y ya lo sabía que por tus ojos yo me perdería
Y seria lo más hermoso que me pasaría y una vida
Una vida no me bastaría pero quien me lo diría

Es que ya lo sabía que cuidarías al aire que respiras
Me lo temía que ni en sueños me abandonarías
Y sabía que todo empieza y todo se ilumina
Cuando tus ojos me mira

Y cada día que pasa se reduce la distancia
Que separan nuestras bocas y la sangre se alborota
Y no me dejes solo que contigo estoy mejor
Quédate un ratito que ya pronto sale el sol
Y recojo los recuerdos y me guardo la ilusión
Despacio sin apuro que traigo el corazón desnudo

Y no me dejes solo que sin ti no se que hacer
Quédate a un ladito donde yo te pueda ver
Que mis manos no se pierdan cuando vaya amanecer
Que mientras yo más te descubro más
Me acerco al paraíso estoy seguro

Y cada día que pasa se reduce la distancia
Que separan nuestras bocas
Ooooooooooooooooooooo...



23 de abril, Día del Libro



Radio, televisión, periódicos, puestos de librerías en las calles...todos nos recuerdan que hoy se celbra el día del libro.
Para mi es una de esas fechas que me "gusta" celebrar, por la importacia que tiene para mi los libros.

Después de pensarlo durante un buen rato, mi propuesta para hoy es dejaros unso fragmentos de libro. Son fragmentos muy distintos entre sí, unos os llegarán más que otros, porque así son los libros: unos nos tocan la fibra sensible, nos hacen soñar, nos hacen estremecer, nos hacen vibrar, nos hacen sentir...Otros sin embargo, nos resultan indiferentes...

Espero que alguno de estos "pedacitos de libros" os aporten algo nuevo, os hagan sentir...




Retornos del amor en los vividos paisajes, Rafael Alberti



Creemos, amor mío, que aquellos paisajes
se quedaron dormidos o muertos con nosotros
en la edad, en el día en que los habitamos;
que los árboles pierden la memoria
y las noches se van, dando al olvido
lo que las hizo hermosas y tal vez inmortales.
Pero basta el más leve palpitar de una hoja,
una estrella borrada que respira de pronto
para vernos los mismos alegres que llenamos
los lugares que juntos nos tuvieron.
Y así despiertas hoy, mi amor, a mi costado,
entre los groselleros y las fresas ocultas
al amparo del firme corazón de los bosques.
Allí está la caricia mojada de rocío,
las briznas delicadas que refrescan tu lecho,
los silfos encantados de ornar tu cabellera
y las altas ardillas misteriosas que llueven
sobre tu sueño el verde menudo de las ramas.

Sé feliz, hoja, siempre: nunca tengas otoño,
hoja que me has traído
con tu temblor pequeño
el aroma de tanta ciega edad luminosa.
Y tú, mínima estrella perdida que me abres
las íntimas ventanas de mis noches más jóvenes,
nunca cierres tu lumbre
sobre tantas alcobas que al alba nos durmieron
y aquella biblioteca con la luna
y los libros aquellos dulcemente caídos
y los montes afuera desvelados cantándonos.


Canción de la niñez, Peter Handke



Cuando el niño era niño,
andaba con los brazos colgando,
quería que el arroyo fuera un río,
que el río fuera un torrente,
y este charco el mar.
Cuando el niño era niño,
no sabía que era niño,
para él todo estaba animado,
y todas las almas eran una.
Cuando el niño era niño,
no tenía opinión sobre nada,
no tenía ningún hábito,
frecuentemente se sentaba en cuclillas,
y echaba a correr de pronto,
tenía un remolino en el pelo
y no ponía caras cuando lo fotografiaban.
Cuando el niño era niño
era el tiempo de preguntas como:
¿Por qué yo soy yo y no soy tú?
¿Por qué estoy aquí y por qué no allá?
¿Cuándo empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿Acaso la vida bajo el sol es tan solo un sueño?
Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?
Cuando el niño era niño,
no podía tragar las espinacas, las judías,
el arroz con leche y la coliflor.
Ahora lo come todo y no por obligación.
Cuando el niño era niño,
despertó una vez en una cama extraña,
y ahora lo hace una y otra vez.
Muchas personas le parecían bellas,
y ahora, con suerte, solo en ocasiones.
Imaginaba claramente un paraíso
y ahora apenas puede intuirlo.
Nada podía pensar de la nada,
y ahora se estremece ante a ella.
Cuando el niño era niño,
jugaba abstraído,
y ahora se concentra en cosas como antes
sólo cuando esas cosas son su trabajo.
Cuando el niño era niño,
como alimento le bastaba una manzana y pan
y hoy sigue siendo así.
Cuando el niño era niño,
las moras le caían en la mano como sólo caen las moras
y aún sigue siendo así.
Las nueces frescas le eran ásperas en la lengua
y aún sigue siendo así.
En cada montaña ansiaba
la montaña más alta
y en cada ciudad ansiaba
una ciudad aún mayor
y aún sigue siendo así.
En la copa de un árbol cortaba las cerezas emocionado
como aún lo sigue estando
Era tímido ante los extraños
y aún lo sigue siendo
Esperaba la primera nieve
y aún la sigue esperando.
Cuando el niño era niño,
tiraba una vara como lanza contra un árbol,
y ésta aún sigue ahí, vibrando.


La invención de la soledad (fragmento), Paul Auster




"Supongo que es imposible entrar en la soledad de otro. Sólo podemos conocer un poco a otro ser humano, si es que esto es posible, en la medida en que él se quiera dar a conocer. Un hombre dirá: "tengo frío", o temblará, y de cualquiera de las dos formas sabremos que tiene frío. Pero ¿qué pasa con el hombre que ni dice nada ni tiembla? Cuando alguien es inescrutable, cuando es hermético y evasivo, uno no puede hacer otra cosa que observar; pero de ahí a sacar algo en limpio de lo que observa hay un gran trecho.
No quiero dar nada por sentado.
Él nunca hablaba de sí mismo, nunca parecía que hubiera nada de lo cual pudiera hablar. Era como si su vida interior lo eludiera incluso a él.
No podía hablar de ello y por lo tanto se refugiaba en el silencio.
Y si no hay nada más que silencio, ¿no será presuntuoso que hable yo? Sin embargo, si hubiera habido algo más que silencio, ¿acaso habría sentido la necesidad de hablar?
Mis opciones son limitadas. Puedo permanecer en silencio, o hablar de cosas que no pueden probarse. Al menos quiero presentar los hechos, ofrecerlos de la forma más directa posible y dejarlos decir lo que tengan que decir. Pero ni siquiera los hechos dicen siempre la verdad.
Era de una neutralidad tan implacable, su conducta era tan absolutamente predecible, que todo lo que hacía resultaba sorprendente. Uno no podía creer que existiera un hombre así, sin sentimientos, que esperara tan poco de los demás. Pero si no existía ese hombre, entonces había otro, un individuo oculto tras aquel que no estaba allí, y el asunto es encontrarlo. Siempre y cuando esté ahí para que uno lo encuentre."

Libro del Desasosiego (fragmento), Fernando Pessoa




Una sola cosa me maravilla más que la estupidez con que la mayoría de los hombres vive su vida: es la inteligencia que hay en esa estupidez.
La monotonía de las vidas vulgares es, aparentemente, pavorosa. Estoy almorzando en este restaurante vulgar, y miro, más allá del mostrador, la figura del cocinero; y aquí, a mi lado, está de pie el camarero viejo que me sirve, como hace treinta años, creo, sirve en esta casa. ¿Qué vidas son las de estos hombres? Hace cuarenta años que aquella figura de hombre vive casi todo el día en una cocina; tiene unas breves vacaciones; duerme relativamente pocas horas; va de vez en cuando al pueblo, del que vuelve sin duda y sin pena; almacena lentamente dinero lento, que no se propone gastar; se pondría enfermo si tuviera que retirarse de su cocina (definitivamente) para irse a los campos que ha comprado en Galicia; está en Lisboa hace cuarenta años y nunca ha ido, ni siquiera a la Rotonda ni a un teatro, y tiene un solo día de Coliseo:º payasos en los vestigios interiores de su vida. Se casó no sé cómo ni porqué, tiene cuatro hijos y una hija, y su sonrisa, al inclinarse, desde el lado de allá del mostrador hacia donde estoy, expresa una gran, una solemne, una contenta felicidad. Y no simula, ni qué razón tiene para simular. Si la siente es porque verdaderamente la tiene.
¿Y el camarero viejo que me sirve, y que acaba de poner ante mí el que debe ser el millonésimo café de su puesta de café en las mesas? Tiene la misma vida que el cocinero, apenas con la diferencia de cuatro o cinco metros: los que hay de la localización del uno en la cocina a la localización del otro en la parte de fuera de la casa de comidas. Por lo demás, sólo tiene dos hijos, va más veces a Galicia, ha visto Lisboa más que el otro, y conoce Oporto, donde estuvo hace cuatro años, y es igual de feliz.
Examino, con un asombro asustado, el panorama de estas vidas, y descubro, cuando voy a sentir horror, pena, indignación ante ellas, que quien no siente horror, ni pena, ni indignación, son los mismos que tendrían derecho a sentirlos, son los mismos que viven esas vidas. Es el error central de la imaginación literaria: suponer que los otros son nosotros y que deben sentir como nosotros. /Pero afortunadamente para la humanidad, cada hombre es solamente quien es, siéndole dado el genio, únicamente, el algunos otros más./
Todo, a fin de cuentas, se da en relación a aquello en que se da. Un pequeño incidente callejero, que llama a la puerta al cocinero de esta casa, le entretiene más que me entretiene a mí la contemplación de la idea más original, la lectura del mejor libro, el más grato de los sueños inútiles. Y si la vida es esencialmente monotonía, el hecho es que él se ha librado de la monotonía con más facilidad que yo. Y se escapa de la monotonía más fácilmente que yo. La verdad no está con él ni conmigo, porque no está con nadie; pero la felicidad está verdaderamente con él.
Sabio es quien monotoniza la existencia, puesto que entonces cada pequeño incidente tiene un privilegio de maravilla. El cazador de leones no tiene aventuras más allá del tercer león. Para mi cocinero monótono, una escena de bofetadas en la calle tiene siempre algo de apocalipsis modesto. Quien no ha salido nunca de Lisboa viaja al infinito en el tranvía cuando va a Bemfica y, si un día va a Cintra, siente que ha ido a Marte. El viajero que ha recorrido toda la Tierra, de cinco mil millas en adelante no encuentra novedades, porque sólo encuentra cosas nuevas; otra vez la novedad, la vejez de lo eterno nuevo, pero el concepto abstracto de novedad se quedó en el mar con la segunda de ellas.
Un hombre puede, si posee verdadera sabiduría, disfrutar del espectáculo completo del mundo en una silla, sin saber leer, sin hablar con nadie, sólo mediante el uso de los sentidos y el alma no saber estar triste.
Monotonizar la existencia, para que no sea monótona. Tornar anodino lo cotidiano, para que la más pequeña cosa sea una distracción. En medio de mi trabajo de todos los días, oscuro, igual e inútil, me surgen visiones de fuga, huellas soñadas de islas lejanas, fiestas en avenidas de parques de otras eras, otros paisajes, otros sentimientos, otro yo. Pero reconozco, entre dos asientos, que si tuviese todo eso, nada de eso sería mío. Más vale, en realidad, el patrón Vasques que los Reyes del Ensueño, más vale, en realidad, la calle de los Doradores que las grandes avenidas de los parques imposibles. Teniendo al patrón Vasques, puedo disfrutar del sueño de los Reyes del Ensueño; teniendo la oficina de la calle de los Doradores, puedo disfrutar de la visión interior de los paisajes que no existen. Pero si tuviese a los Reyes del Ensueño, ¿que me quedaría por soñar? Si tuviese los paisajes imposibles, ¿que me quedaría de imposible?
La monotonía, la igualdad sin brillo de los días iguales, la ninguna diferencia entre hoy y ayer -que esto me quede siempre, con el alma despierta para disfrutar de la mosca que me distrae, cuando pasa por casualidad ante mis ojos, de la carcajada que se levanta voluble desde la calle indeterminada, la vasta liberación de ser hora de cerrar la oficina, el descanso infinito de un día de fiesta.
Puedo imaginarlo todo, porque no soy nada. Si fuese algo, no podría imaginar. El ayudante de contabilidad puede soñarse emperador romano; el Rey de Inglaterra está privado de ser, en sueños, otro rey distinto del que es. Su realidad no le deja sentir.