miércoles, 28 de mayo de 2014

Arácnidos, Jp Torga



ARÁCNIDOS


Observo las uñas de mis manos. Percibo su suciedad. Ni el gesto, ni la suciedad consiguen distraer mi mente. Me siento inquieto, la angustia es mi compañera.

Mi mirada viaja hacia la desconchada pared. Ésta me recibe con indiferencia, miro detenidamente al frente intentando buscar soluciones.


Una anómala sensación se ha instalado en el pecho. Es un cosquilleo… No, más bien es el recorrido de una garra hurgando en mis entrañas. Garra que aprieta mis pulmones dificultando la respiración… -¿conoces esa sensación, verdad? Sí, seguro que la has sufrido- Abro la boca buscando aire. Semejo la ansiedad de un pez fuera del agua. Sentado ante los recuerdos de mi vida, me revuelvo incómodo sobre un camastro que se presta misericorde a ser usado como lugar de descanso.



Mi errática mirada se desplaza hasta los pies. Unos feos deportivos se recortan ante mí, creo que son los míos.
- ¿Y ahora… qué puedo hacer? - Esa pregunta martillea mi mente.

Introduzco la uña del dedo índice entre los dientes, lacero con sosiego y consigo arrancar una tira que escupo al suelo. Luego otra y otra y…otra más - ¿nunca has disfrutado del placer de comerte las uñas? Debes probarlo-

Una vez mordisqueados, uno a uno, mis sucios dedos… mi mente vuelve a centrarse en los problemas… mis problemas. Pensándolo bien… creo que en ningún momento los problemas me han abandonado.
- ¿A quién puedo contárselo? ¿En quién puedo confiar? – Paso una mano por la cabeza. Echo de menos el pelo de antaño. Ahora solo consigo pasar mis dedos por una piel sudorosa y grasienta.

Suspiro. El gesto no vale para nada.
Vuelvo a suspirar más fuerte. Ahora parece que la presión sobre el pecho se apacigua ligeramente.

Deseo levantarme y caminar. El cuerpo no obedece las órdenes de mi cabeza. Permanece sentado desafiando mi autoridad.

Una profunda sensación de vértigo inunda mi ser… -¿Seguro que también sabes en qué consiste, verdad? ¡Es tan desagradable!- Dura apenas unos segundos. Para mí esos segundos se convierten en toda una eternidad. El mareo finaliza con un hormigueo abrasador que recorre intensamente mis pies. Cuando recobro la normalidad percibo que una poderosa daga rasga mi estómago. El hambre grita desesperadamente desde mi vientre. En los últimos dos días apenas he comido… “hambre que espera comida no es hambre”, dice el refrán. No… yo no espero comida.

Giro la cabeza buscando algún mísero resto de pan sobre la mesa. No queda.
Busco un cigarrillo en los bolsillos. Tampoco quedan.
El paquete vacío está en mis manos. Lo aprieto para formar una bola…. La pelota inicia un vuelo que finaliza estampándose contra la pared, bota dos veces de forma amortiguada antes de quedarse allí quieta, desafiándome. Tengo la sensación de que la bola de papel me mira. Estiro el pie para darle una patada. No llego a alcanzarla sin levantarme. Tampoco estoy dispuesto a hacerlo.

Mi mente especula con la posibilidad de encogerme de hombros. Creo que no llego a realizar el gesto. Tampoco me importa.

Dejo mi cuerpo caer sobre la cama. Miro al techo. Quisiera encontrar allí una respuesta a mis muchas preguntas. Lo que encuentro es un techo sucio y con telas de araña que cuelgan como estalactitas. Me da igual.

Una sensación de sopor se apodera de mí. Mejor dormir, así no pienso.

Cierro los ojos. Un denso silencio domina en el lugar. Mi mente envía imágenes que se reproducen dentro de mi cabeza como si de un televisor se tratase. Mi vida pasa ante mí, en apenas sesenta segundos. El silencio sigue reinando, menos en mi cabeza, allí el ruido es atronador.

Abro los ojos. Las estalactitas siguen ahí. El techo también.
Giro el cuerpo. La cama chirría. Lo hace con un quejido que me resulta familiar. La pared se presenta ante mí, parece que ahora quiere hablarme. En realidad soy yo quien desea decirle algo. Da lo mismo, sé que no va a responderme… ¿a ti te ha hablado alguna vez la pared?


Una gota recorre mi piel. Puede que sea una gota de sudor, o tal vez una lágrima. Da igual, a nadie le importa… a mí tampoco. La quito de mi cara de un manotazo.

Una mosca rompe el silencio. No me digno a mirarla. Es aún más insignificante que yo. Zumba durante unos segundos o tal vez han sido minutos. Me es indiferente.
Ha cesado el sonido. Lo hace de forma brusca. Abro los ojos. Percibo cómo se agita y gira atrapada por una enorme tela de araña situada en un vértice del cuartucho.
Puedo entender su angustia. Es similar a la mía. Ambos atrapados en vida. Parece que ella va a tener más suerte que yo. Una enorme araña negra avanza hacia ella.
Maldigo mi suerte, incluso una asquerosa mosca resuelve sus problemas con más facilidad que yo mismo. La araña la abraza y gira varias veces a su alrededor. No sé muy bien por qué, pero sonrío…

Toc, toc, toc… fuertes nudillos aporrean la puerta. Cierro los ojos. Alivio en el pecho. Una sonrisa triunfal cruza mi cara de norte a sur y de este a oeste. Ha llegado. Está aquí. Ya no siento hambre. Extrañamente una sensación de sosiego recorre mi cuerpo. Los estridentes sonidos que angustiaban mi mente han cesado… Ahora solo escucho los gritos del silencio… Sí, puedes alegrarte por mí. No sufras por lo que voy a soportar cuando abra la puerta.

Toc, toc, toc… La puerta resuena atronadora, al menos a mi me lo parece… Cierro y comprimo los párpados. Escucho su respiración.
Está aquí. 
Mi particular araña ha llegado.
¡Por fin!



JpTorga_______

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