sábado, 14 de septiembre de 2013

A veces me pregunto...Jp Torga

A veces me pregunto...


Apoyo la muleta en el banco me inclino con lentitud marcada por los huesos marchitos. Mientras apoyo una mano en la espalda y tomo asiento con dificultad a tu lado.

Te miro a los ojos. Sí esos ojos de mirada risueña. Mirada que  mantienes viva a lo largo de los años.

Mi mano de piel rugosa y manchada por la edad roza la tuya. Percibo que conserva la suavidad de la piel tersa y cuidada como antaño. A mi desgastada mente viene aquella frase que me dedicaste un día -¿te acuerdas?- Me dijiste casi en un susurro - A veces me pregunto... ¿es posible que acabe alguna vez nuestra historia? No lo concibo. Porque de una u otra forma estaremos unidos... siempre.

Y aquí estamos, juntos como siempre.
Nos hemos amado, nos hemos peleado, nos hemos reconciliado y cada reconciliación ha sido un torrente de amor que supimos compartir con la ilusión de dos adolescentes.

Más tarde llegaba nuestra soledad, nuestra nostalgia, nuestra necesidad de recibir un abrazo eterno del otro Para luego caer inmersos en un mundo lleno de añoranza, de incomprensión, de soledad, de necesidad de un amor que nunca llegaba a quedar reflejado en el espejo de nuestras vidas. El final resultaba una y otra vez repetitivo y fatigoso tú en tu casa, yo en la mía.

Miro tu boca y a pesar de los años sigue siendo una boca perfectamente dibujada. Al encomendarme a la memoria recuerdo que solía musitarte mientras acariciaba tu mejilla
      - Que boca más bonita tienes

Y tú reías.
Reías con esa carcajada chispeante y alegre que llegaba envenenada con pétalos de rosa a mi corazón.
¡Cómo me gustaba tu risa! Ahora te miro y pienso
      - ¡Cómo me gusta tu risa, mi adorado amor!

Hoy
Hoy, estamos sentados en este banco de madera testigo de nuestra realidad.
con tu muleta.
Yo con mi bastón.
Los dos con la ilusión de coincidir unos minutos juntos.

Unos minutos
Si eso es lo que nos hemos dedicado toda la vida, unos minutos. Y en realidad, siempre he deseado tener una vida para regalarte y morar en la tuya.
Poder vivir tus momentos y transformarlos en nuestros momentos.

Nuestra historia, nuestra vida está llena de encuentros y desencuentros, regados con un amor infinito. Salpicados a su vez con unas pizcas de un orgullo innecesario y traicionero. Orgullo que nos hemos lanzado una y otra vez como si de una aguzada daga se tratase.

Después el dolor nos hacía apartarnos. Manteníamos silencio. Un silencio que solo éramos capaces de mantener en la distancia, porque al encontrarse nuestras miradas, al momento me convertía en esclavo ante la alianza de tus ojos y mientras, el agitado mar de nuestros sentimientos volvía a una retornada calma.

Más tarde, una vez relamidas nuestras heridas, nos mirábamos a los ojos y un nuevo día se abría en nuestros corazones para fundirnos en un abrazo. Primero tímido. Después después  intenso y prodigado.

Hoy
Hoy estamos aquí
Juntos en este banco.
Compartiremos recuerdos. Reviviremos aquella mañana sentados sobre una manta, recordaremos como el mar mecía nuestros seducidos corazones Nuestro primer beso nuestros primeros sueños.
Sueños iguales a los que aún hoy cobijamos.

Percibo que te revuelves inquieta sobre la dura madera mientras intentas asir con gesto trémulo la empuñadura de la muleta
-         ¿Te vas?- Pregunto con probada zozobra- Toma, coge tu muleta. Yo, aún  me quedaré un poco más.



Un día más me miras sonriente y yo iré a mi casa con el cortejo de esa sonrisa.
Me acostaré y cerraré los ojos con el anhelo en mi alma para que pase rápido el tiempo.
Sí, ese tiempo que ya no tenemos, que se termina y se lleva la vida al infinito del olvido. Ese tiempo que fervientemente aún necesito para vivirlo a tu lado.
esa vida que teníamos para vivir y jamás tuvimos la osadía de otorgarnos.

Te alejas como estrella fugaz y veo tus pasos avanzar a través de la ternura de mi corazón. Percibo ese caminar lento y quejumbroso y siento siento que aún te quiero más que amé aquella bella mujer que fuiste.

Me intento levantar del asiento mientras mis maltrechos huesos chirrían y reflexiono
-         ¡Malditas caderas! Nunca dejarán de dolerme.

Mientras agarro mi bastón con las dos manos y me levanto de forma quejumbrosa. Arrastro mis pies por las baldosas del parque. Para olvidar el dolor de mis articulaciones, recuerdo el joven que fui. Sonrío con añoranza. Inserto, no sin dificultad, la llave en la ranura de la puerta de mi casa. Y el recuerdo vuelve a mi, sueño con tu mirada alegre, con tu boca de delicado perfil, con tus brazos rodeando mi cuerpo
Deseo cerrar los ojos y que llegue mañana, un mañana, nuestro mañana.
Y así volver a estar un nuevo día juntos
Y escuchar tu voz
Y vivir tu sonrisa, suspirar por una nueva caricia oculta. Aunque en el fondo sé que más pronto que tarde, un día clausuraré para siempre la mirada mi mirada y no volveré a repetir el instante de verte más.

Acostado en mi cama, miro al techo a través de la cortina de mis lágrimas y en un susurro, como si de una plegaria se tratara, apunto haciendo mías tus palabras
      - ¿es posible que acabe alguna vez nuestra historia?- Tras un largo lamento digo en silencio- No lo concibo. Porque de una u otra forma estaremos unidos... siempre.


Jp.Torga_______



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