martes, 16 de abril de 2013

¿Dónde está la cabeza de Goya?



No es difícil imaginar la sorpresa que se llevaría Joaquín Pereyra, cónsul español en Burdeos, cuando, tras presenciar la exhumación del cadáver de Francisco de Goya, se dio cuenta de que al ilustre pintor le faltaba la cabeza.

Pereyra había encontrado la tumba de Goya en una de sus visitas al cementerio de Burdeos donde descansaba su difunta esposa. El pintor había sido enterrado junto a los restos de su consuegro Martín Miguel de Goicoechea en un mausoleo y Pereyra, tras el descubrimiento, decidió tramitar el regreso de los cadáveres a España. Tras la exhumación, el cónsul informaba consternado que la cabeza del pintor no se encontraba en el féretro. "Y precisamente todo induce a creer que los huesos encerrados en esta última caja son los de Goya, por ser los huesos de las tibias mucho mayores que los contenidos en la caja de zinc, y además haberse encontrado restos de un tejido de seda de color marrón, que debe ser los del gorro con que se presume fue enterrado Goya", relataba.
 

A pesar de todo, los restos de Goya fueron trasladados a España, pero la desaparición de la cabeza del artista aún sigue siendo un misterio. Y desde entonces, comenzaron a circular todo tipo de explicaciones, leyendas y bulos. Que si el pintor donó su cráneo a la ciencia, que si quiso ser enterrado junto a su amada, la duquesa de Alba… Nada se sabe aún. Se dijo que se lo había quedado un frenólogo para estudiar las características del cerebro de un genio. Pero se han dado numerosas hipótesis. Este es un extracto de un reportaje que publicaba sobre el asunto HERALDO en 1981, con una foto del cuadro pintado por Dionisio Fierros:
Esporádicamente, con cierta regularidad, aparecen comentarios en los medios informativos, tanto españoles como franceses, sobre el misterio de la desaparición de la cabeza de Goya. Por lo general, se trata de refritos o de variaciones sobre el mismo tema, intentando reforzar teorías que rayan en lo absurdo y que carecen del necesario fundamento de la investigación científica seria.
El pasado verano, el diario ‘Sud-Ouest’, del Midi francés, publicaba un artículo de Roger Galy abundando en este razonamiento, fundamentado en los trabajos que realizó, hace unos años, un diputado de la Gironde, M. Guillet, fallecido en 1977. A su vez, todo el montaje de la teoría se basa,  prácticamente, en el testimonio recogido por Gustave Labat de boca de la señora de Brugada, a la sazón nonagenaria, que había presenciado sesenta años antes el entierro del pintor. Según sus declaraciones, recordaba perfectamente que Goya había sido depositado en el féretro envuelto en una capa española y tocado con una gorra visera de cuero, de la que no se halló vestigio alguno en el momento de la exhumación.
Siguiendo la misma línea especulativa, se da por seguro que fue un joven estudiante de medicina español quien violó la tumba y se hizo con la cabeza, para realizar un estudio frenológico, entonces muy en boga merced a las experiencias del médico alemán Gall. Este joven, de quien no se facilita ni el nombre, habría enviado el cráneo al pintor español Dionisio Fierros, que lo reproduciría en el lienzo que figura en el Museo Provincial de Zaragoza (‘Cráneo de Goya’), para remitirlo posteriormente a unos amigos de Navarra, en manos de cuya familia -acomodada y honorable- se encontraría todavía. La exposición de esta hipótesis finaliza asegurando que las autoridades españolas están al corriente de los hechos, pero que no han querido removerlos, ya que se trata de una violación de sepultura realizada en tierra extranjera.
En el mismo reportaje se recoge otra hipótesis, en la que se sugiere que, en lugar de violación de la tumba del pintor, cabe pensar que nunca se le enterró la cabeza:
Si se hubiera producido violación de una sepultura habrían quedado huellas. Los malhechores tenían que enfrentarse a una gran fosa coronada por un monumento (era una concesión de tres por cuatro metros aproximadamente) en la que no podían penetrar más que agujereando a lo largo de la parte del muro que se hunde en el suelo. Y solamente así podrían alcanzar la piedra que, desprecintada, les permitiría entrar en la tumba. Teniendo en cuenta el nivel de frecuentación de los lugares, era absolutamente imposible que llevado a cabo el ‘trabajo’, nadie se hubiera apercibido del insólito aspecto de la tierra de las juntas recientemente removida y amontonada.
Hoy lo ignoramos, pero en aquella época se hacía la autopsia casi sistemáticamente a las personalidades cuyos cráneos obtenía la Facultad. Se adivina tanto más fácilmente lo que pudo haber pasado con Goya, ya que su amiga Leocadia Zorrilla de Weiss tenía ideas muy liberales y la Iglesia rehusaba todavía muy a menudo administrar los últimos sacramentos a los artistas. Y los registros testimonian que, de hecho, Goya no los recibió.
Sorprendente, ¿verdad? Bueno, pues también hay quien ha defendido que el cráneo fue utilizado como linterna: 
Pero el cráneo de Goya aún debía suscitar otras discusiones. Un miembro de la Academia de Bellas Artes de San Luis, de Zaragoza, cuenta que halló, en los años 1920, en casa de un anticuario de esta misma ciudad, una pintura que representaba un cráneo, firmada por Dionisio Fierros y fechada en 1849. En el dorso de la tela, junto a una firma: ‘Marqués de San Adrián’, se podía ver, escrita por otra mano, la mención: ‘Cráneo de Goya pintado por Fierros’. Se sabe, por lo demás, que el ‘modelo que sirvió para este cuadro fue conservado por el artista, que lo utilizó como linterna. Su hijo Nicolás lo heredó en 1911. Estudiante de anatomía, se entretuvo en desarticularlo, distribuyendo maxilares, esfenoide y temporales entre sus condiscípulos, y conservó solamente el parietal que su sobrino, Dionisio Gamallo Fierros, poseía aún en 1961, si creemos al historiador de arte Octavio Aparicio. El autor de este relato precisa claramente que estos hechos se evocan únicamente a causa de su pintoresquismo y no constituyen, en manera alguna, un punto de partida para cualquier investigación.
Lo único sobre lo que se puede hablar fundadamente es que el cráneo conservado y pintado por Dionisio Fierros estaba intacto. Ahora bien, es imposible proceder a la extracción del cerebro sin abrir la envoltura ósea.
Y, por último, el reportaje publicado por HERALDO en 1981 aún apuntaba en otra dirección, variante de la primera:
En la revista ‘Aragón’ de abril de 1928, bajo el título ‘El último capricho de Goya’, don José Francés escribe: “Cuando se enterró al pintor en San Antonio de la Florida, se introdujo, en un cofre de plomo, un acta del 29 de noviembre de 1919 declarando que faltaba al esqueleto la cabeza, porque, a la muerte del pintor, según es fama, su cabeza había sido confiada a un médico para su estudio científico, sin que fuese restituida a la sepultura, y por esa razón no se la halló cuando se procedió a la exhumación en la ciudad francesa”.
El misterio sigue vivo. Pero la versión más divertida no aparece en el reportaje. Según dicha versión, un hijo del pintor Dionisio Fierros quiso realizar un experimento sobre la fuerza expansiva de los gases y llenó la calavera de garbanzos en remojo que, en pocas horas, acabaron fragmentándola y arruinándola por completo. Para que vean hasta qué punto las hipótesis son contradictorias: hace tan solo un par de años se dijo que la cabeza estaba localizada, perfectamente conservada en una urna, y que se estaban realizando estudios de ADN para certificar su autenticidad. Pero ya no se ha vuelto a hablar del asunto.
Otras investigaciones revelan la existencia de un cuadro del pintor Dionisio de Fierros en cuya parte trasera se leía la inscripción "El cráneo de Goya pintado por Fierros en 1849". Al parecer, un nieto de Fierros afirmaba que su abuelo tenía en el estudio una calavera que bien podría ser la del artista. El cráneo podría haber acabado en Salamanca, ciudad donde uno de los hijos de Fierro se licenció Medicina. Según esta versión, el estudiante, sin conocer que los restos óseos eran los de Goya, se los dio a comer a un mastín que le perseguía por las calles de la ciudad.
 
Mientras que los demás restos mortales del pintor descansan hoy en la ermita de San Antonio de Florida, en Madrid, el destino final de la cabeza de Goya sigue siendo un misterio.


Fuente:
http://blogs.heraldo.es
http://www.muyinteresante.es


 
 

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