martes, 30 de octubre de 2012

Si tu me dices ven lo dejo todo, pero dime ven (fragmento), Albert Espinosa

 La pared quedó iluminada y me encontré frente a frente con un mural lleno de fotos polaroid.
Las instantáneas estaban agrupadas de doce en doce... Estaban separadas por años...


Creo que conté que debía de haber casi cuarenta años seguidos en aquella pared...
Las fotos eran primeros planos de hombres y mujeres en diferentes lugares y realizando actividades cotidianas... Tomaban café, fumaban, reían..

Si no hubiese visto años atrás los faros del Sr. Martín, creo que aquello me hubiera extrañado más.
Pero cuando a los diez años has visto la colección más fascinante de imágenes rubricadas con adjetivo, nada puede sorprenderte ya.
—¿Quiénes son? —pregunté.
—Mis perlas. —Sonrió—. Cada año de mi vida he buscado doce perlas. Doce personas que no conociera pero que se me aparecieran y marcaran mi mundo de tal manera que mi yo virara.
—¿Mi yo virara? —repetí.
—El Sr. Martín fue una perla de tu vida. —Me lo ejemplificó y yo se lo agradecí—. Fue una joya que el mundo te dio y, aunque han pasado los años, aún la conservas... Eso confirma qué gran perla fue, pues el tiempo no le ha quitada nada de su brillo ni de su intensidad.
Miré detenidamente aquel mural.
No podría deciros qué predominaba. Las perlas eran de todos los colores, sexos y edades. Me gustaba contemplarlas...
No sé si estuve diez o doce minutos en silencio absoluto admirando aquel collar...Aquel collar de perlas...
Había algo en esos rostros, en esas miradas, que desprendía energía. Sonreí.
—Hay energía en ellos, ¿verdad?
Él también sonrió.
—Mucha. Tres de ellos son más que perlas... Son esas energías especiales de las que te hablé en el barco, esas que has de encontrar... Almas que se funden con la tuya propia.
—¿De verdad? —Estaba entusiasmado con esa definición.
 Él continuó hablando:
—Con el tiempo, algunas perlas pasan a ser diamantes. Cada ochenta o noventa perlas aparece un diamante... Un diamante, para que me entiendas, es una de esas personas que se hace tan básica y tan importante en tu vida que parece creada únicamente para ti...
Le entendía, pero creo que mi cara indicaba lo contrario. Él continuaba dándome ejemplos.
—Esos diamantes son como tus desparramados.
—¿Desparramados...? —Mi interés iba in crecendo.
—Sí, tengo la teoría de que nos desparraman.
—¿A quiénes?
—A cada uno de nosotros y a cuatro personas más... Te desparraman en el mundo para que con el tiempo vayas encontrando a los otros cuatro. Ése es uno de los sentidos de la vida; encontrar desparramados, y por eso hay señales, para que no te confundas.
—¿Y cómo son esas señales? —pregunté.
—Algo que los une, puede ser algo sumamente sencillo...
—¿Qué ocurre cuando conoces a los cuatro diamantes?
Se tomó su tiempo. Demasiado para mi gusto, pues deseaba tanto conocer la respuesta que no podía esperar.
—No lo sé... Pero estoy seguro de que pasa algo.
Noté que me mentía, pero no me atreví a preguntar de nuevo.
En todas las fotos salía retratada una mujer, excepto en dos. La que yo le hice y la que él me realizó.
La mujer le miraba. Él aparecía de escorzo junto a ella.
George observó esas fotografías con un rostro tan repleto de nostalgia que nunca lo he olvidado; ninguna otra expresión de recuerdo extremo se ha asemejado jamás a ésa.
—¿Es una perla? —indagué.
—Un diamante en bruto. —Sonrió—. Se fue hace años. Aún no había tenido valor de ver estas fotos.
Se quedó en silencio.  Se acercó al saco de boxeo que presidía el centro de la estancia y lo acarició.
—¿Sabes qué hay dentro de este saco? —preguntó sin dejar de acariciarlo.
Negué con la cabeza.
—Trozos de mis perlas. Cuando alguna desaparece de mi mundo, cojo parte de su ropa o un objeto importante que la defina y lo introduzco en el saco.
»Hay muchas pertenencias de ella aquí.
»A veces golpeo el saco con rabia, otras lo acaricio y alguna vez bailo con ella y con la otra gente que me ha dejado.
Y se puso a bailar. Recordé al Sr. Martín y su maniquí. Fue precioso ver la intensidad de una anécdota en movimiento en otro cuerpo.
Él bailaba con ese saco repleto de rastros y restos de sus perlas, de la gente que había amado y querido... Y yo sentí envidia; aún no había deseado a nadie.
La música que sonaba era producto del roce del anclaje del saco con el techo y del leve zumbido que emitía la bombilla roja del laboratorio.
Sentía tanta envidia sana por aquel hombre con una vida tan intensa, que no pude más que acercarme a su saco y danzar junto a él.
Ahí estábamos, bailando separados por ese hermoso y extraño saco rojo lleno de vida.
Os juro que sentí algo tan agradable que no he vuelto a notar jamás bailando. Y eso que he intentado danzar con toda persona con la que he tenido alguna afinidad.
Pero el extraño roce de aquel saco rojo y la sensación de que su contenido era pura energía que te traspasaba y llegaba a todos los nervios de tu organismo es insuperable.
Además, las yemas de George y las mías se rozaban levemente. 63 años y 13 unidos a través de un saco. Medio siglo de experiencias nos separaban.
Si en aquel momento hubiera entrado la policía buscándome, le hubieran detenido inmediatamente.
A veces, las imágenes no sirven para explicar un sentimiento y una realidad.
Para nosotros, aquello era como un precioso abrecartas de nácar con incrustaciones de diamante. A ojos de un desconocido podría llegar a ser únicamente un vulgar puñal
decorado con restos de bisutería.
Bailamos largo tiempo. Cuando acabamos de danzar, le miré y le abracé.
—Has de volver a casa. Lo sabes, ¿verdad? —me susurró.
Asentí con la mirada perdida, pero me resistía a cumplir con lo que me pedía; nos faltaba tanto por vivir...
 

Una entrevista al autor en el programa Buenafuente 2011



Y ahora... otra versión, esta vez en formato músical...




Sobre el castigo...

Existen herramientas educativas mucho más eficaces que el castigo para extinguir conductas y comportamientos indeseables.
Los humanos son las criaturas que nacen con menos habilidades, prácticamente tienen que aprenderlo todo. Aprenderán en función de su capacidad innata y, sobre todo, de la relación que exista entre los estímulos, las conductas y sus consecuencias. Un premio o un estímulo positivo refuerza una conducta. Es decir, si un niño recibe un premio del tipo que sea por una conducta o que la consecuencia de esta sea percibida como buena o positiva, esta conducta se aprenderá y tendrá mas probabilidades de que se repita.

¿Por qué un niño se comporta mal o no hace lo que esperamos que haga? 
Reduciendo mucho la contestación, se podría decir que existen dos motivos. El primero y principal es porque no sabe bien lo que tiene que hacer, no lo ha aprendido o no lo tiene claro. Quizá le hemos confundido con mensajes contradictorios o hemos supuesto que los niños tienen un mecanismo mental el cual le indica qué comportamientos son los correctos y cuáles no. El segundo motivo es que no ha asimilado que las conductas que le han enseñado (suponiendo que esto sea así) son positivas para él, bien de forma inmediata o en un futuro. Aclarando un poco: el premio o las consecuencias positivas de un comportamiento sirven para generar nuevas conductas y reforzarlas.
El castigo sirve para extinguir una conducta. Su función es eliminar un comportamiento que consideramos perjudicial para él o para la “sociedad”. Por lo tanto el castigo no crea nuevas conductas ni las refuerza. Es una forma de aprender a desaprender. Pero cuando castigamos a un niño sin que sepa qué es lo que tiene que hacer y cuándo lo tiene que hacer, lo que estamos haciendo es jugar a la ruleta con él. Estamos jugando con el azar para ver si por eliminación de conductas indeseables aparece la que es correcta. Esto se llama aprendizaje por ensayo y error.
O bien puede ocurrir que castiguemos una conducta secundaria. Por ejemplo si castigamos al niño por las malas notas que ha sacado, lo que estamos haciendo es castigar “la entrega de notas”, entonces al niño le entrarán los siete males cuando tenga que mostrarlas a los padres y hará todo lo posible por no hacerlo. Estamos castigando la entrega de notas y no estamos enseñando la conducta deseable que es el estudiar o tener un hábito de estudio para que no ocurra el suspenso.
En definitiva, el castigo es muy poco eficaz para el aprendizaje ya que no enseña nada nuevo; y, como extinción de conductas indeseables, existen herramientas educativas mucho más eficaces que el pegar un bofetón. En casos en los que la conducta del niño fuera de riesgo vital para él o para otros, entonces los padres valorarán qué acción es la adecuada para extinguir este comportamiento indeseable.
El castigo más cruel que puede recibir un niño no es una nalgada o una torta (que lo es), es la retirada del afecto y cariño de los padres. Ningún niño se merece este castigo.

Por Juan Ramón Farrán García
 
Psicólogo experto en Intervención Social con Infancia y Familia
Psicólogo experto en Psicoterapia

Aguas de abril, Bebe y Luis Pastor

No sé de qué compás te deslizaste
ni en qué estación de metro te perdí
No vi llegar al lobo y me avisaste
las tiendas 'se han cerrao pa'mi'

Aguas abril, flores en mayo
beso una estatua de sal
Se fue mi tren, también el barco
solo en mi puerto de mar...

Me visto de terraza sin licencia
me lo hago de vuelo sin motor
De aquí pallá como el inspector Gadget
persigo algún indicio de tu amor

Aguas abril, flores en mayo
camino solo por Madrid
se acerca junio y cumplo años
soy un extraño para ti

Estoy como Neptuno cuando hiela
mi horóscopo me dice 'precaución'
que tú eres cáncer y hoy es luna llena
y aún tengo que hacer otra canción

Aguas abril, flores en mayo
aunque sonría no soy feliz
junio me quema y llueve en julio
quizás me vaya a San Fermín

No sé de qué compás te deslizaste
ni en qué estación de metro te perdí
tampoco oí 'Pastor, que viene el lobo'
las tiendas se han cerrado para mí

Aguas abril, flores en mayo
beso una estatua de sal
se fue mi tren, también el barco
solo en mi puerto de mar..

Experimentando con el sonido

El sonido no se transmite en el vacío


El sonido se produce por la vibración de un medio material y para propagarse necesita también de un medio que pueda vibrar, por ejemplo, el aire. Por ello, en el vacío es imposible que el sonido se transmita. Por ejemplo, si metemos un reloj en un recipiente en el que se hace el vacío no podremos escuchar la alarma.
En este experimento, aunque no vamos a ser capaces de obtener un vacío perfecto, vamos a ver cómo al ir quitando aire de un recipiente cada vez oimos menos el sonido.
¿Qué necesitamos?
  • Recipiente y bomba de vacío (de los que se utilizan para guardar alimentos)
  • Reloj alarma
¿Cómo lo hacemos?
Vamos a programar el reloj para que suene la alarma en 1 minuto. A continuación lo introducimos en el recipiente, colgando de la tapa, sujeto con papel cello, pero sin hacer el vacío. Es importante que el reloj cuelgue (si es de un hilo, mejor) porque si apoya en la base el sonido se transmitiría por la vibración del recipiente.
Esperamos a que suene la alarma y nos fijamos en el volumen de sonido.
Repetimos ahora el experimento, pero esta vez si que hacemos el vacío con la bomba de mano (todo lo que podamos). 
 

Esperamos a que suene la alarma y nos fijamos, de nuevo, en el volumen de sonido. Esta vez notaremos que se oye muy bajo. La intensidad del sonido dependerá del vacío que hayamos podido conseguir.
Es necesario darse cuenta que el aparato que estamos utilizando no es capaz de extraer todo el aire del recipiente y por eso todavía escuchamos un poco el reloj. Sin embargo, si dispusieramos de una buena bomba de vacío dejaríamos de oirlo totalmente.

Fuente: El rincón de la ciencia

Cómo funciona una pizarra mágica




 La pizarra mágica es un juguete, con forma de tablero, que los niños utilizan para dibujar. Está formada por un marco de plástico de colores llamativos y varios espacios para ubicar diferentes accesorios. Dentro del marco, aparece la pizarra en forma de rectángulo de color blanco con un enrejado muy fino.
Para escribir o dibujar se utiliza un "lápiz" de plástico que tiene en la punta un imán; al pintar en la pizarra aparece el dibujo en forma de líneas de color negro. Si queremos borrar el dibujo, basta con pasar una barra que atraviesa toda la pizarra, por detrás, y la tendremos preparada para pintar de nuevo. Entre los accesorios también suelen llevar imanes en forma de estrellas, animales, etc. y al ponerlos sobre la pizarra forman el dibujo directamente.
 La pizarra está fabricada con un recipiente plano dividido en pequeños departamentos, o celdas, formando un enrejado hexagonal que se observa a simple vista.  
  El recipiente contiene un gel de color blanco de aspecto aceitoso en el que se encuentran dispersas partículas muy finas de virutas de hierro o de imán cerámico. Al escribir pasamos el imán que se encuentra en el extremo de lápiz y éste atrae a las virutas justo en la zona por donde hemos escrito, destacando en negro el dibujo realizado. 

 Cuando queramos borrar pasamos un imán blando que se encuentra debajo de la pizarra y la atraviesa de un lado a otro. Este imán, en forma de barra, atrae a las virutas hacia la parte de abajo dejando en blanco la pizarra.


Fuente: El rincón de la ciencia




 

lunes, 29 de octubre de 2012

Por amarte, Enrique Iglesias

Amar es una cosa especial no se viene y va
Amar solo te pasa una vez pero de verdad
Amar es cuando solo piensas en donde estara
Amar es como un milagro muy dificil explicar
Amar es cuando la proteges de la lluvia y el viento
Amar es cuando tu la abrasas y te olvidas del tiempo
Amar es cuando tu la vez y te pones nervioso
Amar es cuando te das cuenta de tus sentimientos


Por amarte robaria una estrella te la regalaria
Por amarte crusaria los mares solo por abrasarte
Por amarte juntaria la juvia con el fuego eeeoooo
Por amarte daria mi vida solo por besarte

Amar es cuando escribe su nombre por todo el cielo
Amar es cuando solo sueñas en llevartela lejos
Amar es cuando tu la vez y se queda en tus ojos
Amar es cuando te das cuenta de que ella lo es todo

A estas horas, aquí, Jaime Sabines

Habría que bailar ese danzón que tocan en el cabaret de abajo,
dejar mi cuarto encerrado
y bajar a bailar entre borrachos.
Uno es un tonto en una cama acostado,
sin mujer, aburrido, pensando,
sólo pensando.
No tengo "hambre de amor", pero no quiero
pasar todas las noches embrocado
mirándome los brazos,
o, apagada la luz, trazando líneas con la luz del cigarro.
Leer, o recordar,
o sentirme tufo de literato,
o esperar algo.
Habría que bajar a una calle desierta
y con las manos en la bolsas, despacio,
caminar con mis pies e irles diciendo:
uno, dos, tres, cuatro...
Este cielo de México es obscuro,
lleno de gatos,
con estrellas miedosas
y con el aire apretado.
(Anoche, sin embargo, había llovido
y era fresco, amoroso, delgado.)
Hoy habría que pasármela llorando
en una acera húmeda, al pie de un árbol,
o esperar un tranvía escandaloso
para gritar con fuerzas, bien alto.
Si yo tuviera un perro podría acariciarlo.
Si yo tuviera un hijo le enseñaría mi retrato
o le diría un cuento
que no dijera nada, pero que fuera largo.
Yo ya no quiero, no, yo ya no quiero
seguir todas las noches vigilando
cuándo voy a dormirme, cuándo.
Yo lo que quiero es que pase algo,
que me muera de veras
o que de veras esté fastidiado,
o cuando menos que se caiga el techo
de mi casa un rato.

Oberòn o el conocimiento auténtico, H Miller

El auténtico sabor del conocimiento va asociado del modo más preciso en mi mente con el solar vacío de la esquina en el nuevo barrio, donde me transplantaron a la edad de diez años.
Allí, cuando llegaban los días otoñales y nos reuníamos en torno a la hoguera a asar pajaritos y patatas en las latitas que llevábamos con nosotros, surgían otra clase de charlas, diferentes de las antiguas en que sus orígenes eran siempre librescos. Alguien acababa de leer un libro de aventuras, o un libro científico, e inmediatamente toda la calle se animaba con la introducción de un tema hasta entonces desconocido.

Ese era nuestro único modo de aprender las cosas: recostados contra la valla, por decirlo así, mientras asabamos pajaritos y patatas. Aquellos retazos de saber penetraban profundamente... tan profundamente, de hecho, que más adelante, confrontados con conocimientos más exactos, muchas veces resultaba difícil desalojar los antiguos. (...) 
Tampoco me parece extraño ahora que en aquellos días la mayoría de nuestras conversaciones versaran sobre lugares remotos, (...) mil y un objetos que nunca mencionaban en la casa ni en la escuela y que eran de vital importancia para nosotros porque estabamos hambrientos de saber y el mundo estaba lleno de maravilla y misterio y, sólo cuando nos reuniamos en el solar vacío tiritando, nos poníamos a hablar en serio y sentíamos necesidad de comunicación,a un tiempo agradable y aterradora.
Hasta que nos obligaron a trabajar, el mundo era muy pequeño y vivíamos en su periferia, en la frontera , por decirlo así, de lo desconocido.
Nada he ganado con la ampliación de mi mundo: al contrario, he perdido. Quiero volverme cada vez más infantil y superar la infancia en la dirección contraria. Quiero desarrollarme en sentido exactamente contrario al normal, pasar a un reino superinfantil del ser, que será absolutamente demencial y caótico, pero no como el mundo que me rodea.

He sido adulto, padre y miembro responsable de la sociedad. Me he ganado el pan de cada día. Me he adaptado a un mundo que nunca fue mío. Quiero abrirme paso a través de este mundo más amplio y encontrarme de nuevo en la frontera de un mundo ignoto que arroje a las sombras este mundo descolorido, unilateral. Quiero pasar de la responsabilidad de padre a la irresponsabilidad de hombre anárquico , al que no se puede someter, sobornar ni calumniar. Quiero adaptar como guía a Oberón, el jinete nocturno que, bajo sus negras alas desplegadas, elimina tanto la belleza como el horror del pasado; quiero huir hacia una aurora perpetua con una rapidez y una inexorabilidad que no permita el pesar, la lamentación ni el arrepentimiento. Quiero sobrepasar al hombre inventivo, que es un azote de la tierra, para encontrarme de nuevo ante un abismo infranqueable que ni siquiera las alas más robustas me permitan atravesar.

Aun cuando deba convertirme en un parque salvaje y natural habitado sólo por soñadores ociosos, no he de detenerme a descansar aquí, en la estúpidez ordenada de la vida adulta y responsable. He de hacerlo en memoria de un niño al que sofocó y asfixió la aquiescencia mutua de los que han cedido.
Regreso a un mundo más pequeño aún .Cualquier otro mundo carece de sentido para mí y es ajeno y hostil.

Al volver a atravesar el mundo luminoso que conocí de niño, no deseo descansar en él, sino abrirme paso a la fuerza hasta un mundo más luminoso del que debo de haber escapado. Cómo será ese mundo, no lo sé, ni estoy seguro siquiera de poder encontrarlo, pero es mi mundo y ninguna otra cosa me intriga.

El tenedor, ese cubierto imprescindible

El tenedor, al contrario que el cuchillo y la cuchara, no ha formado siempre parte de los cubiertos de mesa. De hecho, su historia es relativamente reciente. Aunque apareció en Grecia ya en el siglo IV, su uso no se generalizó hasta la Edad Moderna. Antes del tenedor, la gente comía con sus manos, ayudándose a veces de un cuchillo o una cuchara. Para los aristócratas, las buenas formas en la mesa indicaban que sólo se debían usar tres dedos para tocar la comida, dejando el meñique y el anular sin utilizar.

Se empleaba -y sólo en los grandes banquetes- una especie de punzones de oro o plata para tomar los pedazos muy pequeños de carne , pescado o frutas . En general, la comida se despedazaba y se llevaba a la boca con las manos, si bien los alimentos , antes de ser servidos, eran preparados por un esclavo que previamente los cortaba en pequeñas porciones.
Y aunque en la Biblia y también en la Odisea, Homero describe un utensilio similar a un tenedor, con cinco dientes, el primer uso documentado en Europa de un tenedor con dientes alrededor de la mesa fue del siglo XI, concretamente en Venecia .
A decir verdad, podríamos decir que el tenedor llegó a nosotros desde Constantinopla a principios del siglo XI de la mano de Teodora, hija del emperador de Bizancio Constantino Ducas, que lo llevó a Venecia (pues en Bizancio sí se usaba) al contraer matrimonio con Domenico Selvo, Dux de aquella república.


Fue ella la primera en asombrar a los venecianos con su refinamiento al emplear el -hasta entonces para ellos- desconocido tenedor: uno de dos púas y de oro con el cual -eso sí- sus eunucos le presentaban directamente en la boca los bocados que habían trinchado , y que le hizo ganarse el ser tachada por sus contemporáneos, por esta y otras refinadas maneras orientales, como escandalosa y reprobable. Sin embargo ella , erre que erre, lo utilizaba: hasta para rascarse la espalda.


Total , que el uso del tenedor en esta época se tenía por artilugio demoníaco , y más a partir de que San Pedro Damián amonestara a Teodora desde el púlpito por haber importado una moda no apta para buenos cristianos ; "instrumentum diaboli " lo llamaba él . A aquel rechazo religioso se sumó el social y el político , y para más inri la gente pensaba que era difícil y además "una tortura".
Tendrían que pasar casi 300 años para que la practicidad del chirimbolo acabara impusiéndose a tantas amonestaciones . Pero antes...



Tuvo que ser gracias a un viaje de Carlos V de Francia (1338-1380) que, tras emplearlo en Venecia ,intentara llevarlo a Francia . Pero la fama de cursi de la famosa Teodora no fue nada en comparación con la que se ganó el rey Carlos V intentando convencer a sus conciudadanos de la utilidad del tenedor. Las sospechas de homosexualidad que flotaban sobre él y sus mignons, llevaron a asociar nuevamente el uso del artilugio con un objeto caprichoso propio de personas "raritas".
También Catalina de Médicis hizo una intentona al contraer matrimonio con Enrique II, pero eso de que cada invitado llegara a la cena con sus propios tenedor y cuchara en una caja llamada "cadena"... acabó haciendo que los franceses la tacharan de licenciosa. Así que , tras diversos avatares, no sería hasta el siglo XVI que, Enrique III (1551-1589) (imagen) , volviera a la carga con una nueva probatina añadiendo eso sí : un primer código de buenas maneras para los comensales -que por lo visto eran un hazmerreír pues ,al no apañárselas bien, todo el rato dejaban caer al suelo la comida. Total que entre unas cosas y otras , incluída la fama de homosexuales que tenían tanto el rey como sus inmediatos cortesanos, hicieron que el tenedor pareciera de nuevo un chisme abominable .
.
Hoy, visto desde la distancia, está claro que el rechazo que tuvo el tenedor durante siglos obedecía más a una inhabilidad de los comensales que a otra cosa ... Pero como decía aquel : "Quien la sigue , la consigue" .

A principio del siglo XVII un viajero inglés, Thomas Coryate, escribía en su diario:
.
"Los italianos se sirven siempre de un pequeño instrumento para comer y tocar la carne. La persona que en Italia toca la carne con los dedos ofende las reglas de la buena educación y es mirada con sospecha y criticada. Se come así en toda Italia . Los tenedores son de hierro o acero, y los nobles usan muy a menudo tenedores de plata. Es una cosa extraña que no se pueda convencer a un Italiano de comer con las manos. Y yo he adoptado esta costumbre y la conservo incluso en Inglaterra. Pero mis amigos se burlan de mí, y me llaman "Furcifer" .

(Mr. Coryate . Inglaterra . Octubre de 1609)

Y de hecho, la manera de utilizar el tenedor será un misterio conocido sólo por unos pocos hasta bien entrado el siglo XVIII. Joseph Brasbridge, un fabricante de objetos de plata, escribía : "sé cómo vender estos artículos, pero no cómo usarlos".

Poco a poco los tenedores fueron teniendo paulatinamente dos, tres y cuatro dientes , pero lo más gracioso es que no en todos los países eran igual ; según E. Briffault en su "París a la mesa" 1846:
"El tenedor de dos dientes se emplea en el norte de Europa. En Inglaterra están armados de un tridente de acero con mango de marfil: el tenedor de tres dientes. Y en Francia - colmo de la civilización- estaba por fin el tenedor de cuatro dientes"


Tendría que ser Gennaro Spadaccini y bajo las órdenes de Ferdinando II de las Dos Sicilias (imagen) quien hacia 1800 y pico incorporase la cuarta punta y las redondease, adaptándolo así, ¡como no! para poder comer pasta, de la que el rey era tan forofo, pero que -aborreciendo tener que ser visto ayudándose con las manos- la comía a escondidas renunciando a ella en los banquetes oficiales.


También en España, y desde el siglo XIV , se conocía una especie de utensilio parecido, llamado broca, si bien es verdad que sólo se empleaba para trinchar carnes . Pero el tenedor como tal no empezaría a usarse aquí hasta el siglo XVII , de la mano de Felipe III (imagen) y de su valido el duque de Lerma . Tenía dos púas , eso sí, , era plano y se le llamó horqueta .
Aquí el uso del tenedor no se difundió hasta el siglo XVIII; de hecho, lo que es el tenedor tal como lo conocemos hoy NO se generaliza hasta el siglo XIX , en Barcelona , que fue la primera en crear una industria fabricante de los dichosos chirimbolos.


Fuente: pongameuncafe.blogspot.com.es

Los flamencos y su color rosado

Una de las características que más llama la atención sobre los flamencos, de hecho posiblemente sea la única, es que son de color rosa. Pero ¿alguna vez te preguntaste por qué? En realidad la respuesta es muy simple y clara...

Repasemos algunos detalles y conozcamos algunas curiosidades sobre estas aves neognatas. El nombre científico de los flamencos es el de los fenicopteriformes y existen solamente seis especies de ellos, las cuales pueden encontrarse en zonas calurosas del Caribe, América del Sur, África, parte de Medio Oriente y en algunos lugares de Europa.

Aunque son aves, tienen capacidades de vuelo muy pobre y por el contrario son muy buenos nadando. Son una especie monógama que pone únicamente un huevo al año el cual no reponen en el caso de que se dañe o se destruya.


En su hábitat natural, un flamenco puede llegar a vivir entre 20 y 30 años. Estos nacen de color marrón claro, gris o blanco y les lleva unos 3 años alcanzar su madurez completamente, entonces su plumaje se torna rosa, rojo o anaranjado. Esto tiene que ver con algo muy sencillo, su alimentación.
 
¿Por qué los flamencos tienen ese color?
Los flamencos tienen el plumaje de estos tonos de acuerdo a su alimentación. Su plumaje toma color rosa, rojo o naranja porque se tiñen como resultado de los carotenoides que se encuentran en lo que los flamencos comen.

Por-qué-los-flamencos-son-rosas-1.jpgEllos se alimentan especialmente de camarones, plancton, algas y crustáceos. Esto no quiere decir que porque el flamenco coma algo rosado quedará rosado, lo que ocurre es que la gran mayoría de lo que conforma la dieta de los flamencos está cargado de un compuesto químico conocido como cantaxantina.

Ese químico, un pigmento carotenoide presente en muchos otros elementos de la naturaleza, se descompone en el hígado del flamenco y luego se dispersa hacia las plumas, el pico y las patas del animal, tomando así su color característico.


Si observas a los flamencos de los zoológicos verás que con frecuencia pierden ese color que si tienen en su hábitat natural. Por ello es que desde hace ya algunos años, en diferentes zoológicos del mundo se comenzó a añadir este
químico en el agua y el alimento de los animales, para que no pierdan ese color tan bello y natural.

Un dato sumamente curioso es que el mismo carotenoide del que te estuve hablando, a menudo esta
presente en las salchichas.
Para finalizar les dejo un interesante y divertido video sobre la danza que realizan los flamencos para elegir a sus parejas, la cual es otra de las característica de estas hermosas aves.


domingo, 28 de octubre de 2012

Somos novios, Christina Aguilera & Andrea Bocelli

Somos novios,
pues los dos sentimos mutuo amor profundo
y con eso ya ganamos
lo mas grande de este mundo.
Nos amamos, nos besamos,
como novios nos deseamos
y hasta a veces sin motivo,
sin razon nos enojamos.
Somos novios,
mantenemos un cariño limpio y puro,
como todos, procuramos
el momento mas obscuro
para hablarnos, para darnos el mas dulce de los besos,
recordar de que color son los cerezos,
sin hacer mas comentarios
somos novios, somos novios.

Balada del amor loco, Amor prohibido, Jose Ángel Buesa


Balada del Loco Amor
I

No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
sólo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.
No, Amor no llega tarde. Tu corazón y el mío
saben secretamente que no hay amor tardío.
Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,
la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.
Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,
pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.

II

Amor, el niño loco de la loca sonrisa,
viene con pasos lentos igual que viene a prisa;
pero nadie está a salvo, nadie, si el niño loco
lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.
Así ocurre que un niño travieso se divierte,
y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.
Y más, cuando la flecha se le encona en la herida,
porque lleva el veneno de una ilusión prohibida.
Y el hombre arde en su llama de pasión, y arde, y arde
Y ni siquiera entonces el amor llega tarde.

III

No, yo no diré nunca qué noche de verano
me estremeció la fiebre de tu mano en mi mano.
No diré que esa noche que sólo a ti te digo
se me encendió en la sangre lo que soñé contigo.
No, no diré esas cosas, y, todavía menos,
la delicia culpable de contemplar tus senos.
Y no diré tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.
Nada más. No era el tiempo de la espiga y la flor,
y ni siquiera entonces llegó tarde el amor.






Amor prohibido 
 
Solo tú y yo sabemos lo que ignora la gente
al cambiar un saludo ceremonioso y frío,
porque nadie sospecha que es falso tu desvío,
ni cuánto amor esconde mi gesto indiferente.

Solo tú y yo sabemos porqué mi boca miente,
relatando la historia de un fugaz amorío;
y tú apenas me escuchas y yo no te sonrío...
y aún nos arde en los labios algún beso reciente.

Solo tú y yo sabemos que existe una simiente
germinando en la sombra de este surco vacío,
porque su flor profunda no se ve, ni se siente.

Y así, las dos orillas, tu corazón y el mío,
pues, aunque las separa la corriente de un río,
por debajo del río se unen secretamente.