viernes, 19 de octubre de 2012

Leyenda: Abelardo y Eloísa...

Abelardo y Eloísa son dos personajes históricos conocidos más por sus escandalosos amores que por cualquier otra circunstancia de sus vidas. La importancia de Abelardo como filósofo o teólogo ha quedado, excepto para los estudiosos, eclipsada por su condición de amante de Eloísa
RetratoEloísaEloísa también es conocida por la misma circunstancia pues si estuviéramos hablando únicamente de una dama ilustrada de la época o incluso de la esposa de Abelardo su nombre ni siquiera hubiera llegado hasta nosotros, dada la invisibilidad que la historia de las mujeres ha tenido hasta hace relativamente poco tiempo.

A continuación el relato de sus amores… y de sus vidas…
                                                                                    

 Abelardo y Eloísa. Algo más que dos amantes.  

Abelardo y Eloísa han pasado a la Historia, más por sus famosos y escandalosos amores, que por la importancia que las teorías de Abelardo pudieran tener en los campos de la filosofía o la teología; es más éstas han quedado en un segundo plano frente a su relación pasional. Su historia acaecida en el siglo XII, siempre fue conocida, pero con el movimiento romántico cobró gran protagonismo y éste, naturalmente, hacía hincapié sobre todo en la parte más azarosa del romance; sus cartas que ya tenían cierto predicamento, ante este nuevo interés, se popularizaron y fueron profusamente leídas junto con su historia fue estudiada y publicada cobrando gran relevancia; con el paso del tiempo el interés ha ido decayendo y hoy día su recuerdo, excepto para los interesados en el tema, ha quedado reducido a la popularidad de unos indeterminados amoríos; pocos conocen la verdadera historia y trascendencia que la cuestión tuvo para ellos condicionando el resto de sus vidas.

PublicaciónHistoriaAbelardoEloisaXIXprensa
La importancia de la figura de Pedro Abelardo como filósofo y teólogo es una cuestión a debate, para unos fue un innovador y para otros no pasa de la mediocridad, aunque se le reconoce una cierta importancia respecto de algunas cuestiones, el filósofo considerado un peripatético medieval tenía el gran don de la elocuencia destacando sobre todo en la dialéctica; se da también cierta importancia a algunas de sus teorías sin concederle la trascendencia que algunos han querido atribuirle al considerarle el Descartes de su época o el predecesor de Rousseau, Lessing o Kant. Para estos últimos la filosofía medieval tiene otros nombres que no conviene olvidar tan significativos como los de Juan Escoto Erígena y, sobre todo, San Anselmo a los que consideran los verdaderos pilares de las innovaciones del pensamiento medieval.

Otro aspecto en el que se destaca su actividad es en la lírica considerándole uno de los grandes trovadores de la
 época, a lo que ayudó sin duda el episodio de sus amores con Eloísa.

 Al parecer era un gran poeta lírico y un excelente músico, de esta forma sus composiciones se hicieron famosas y populares; son canciones de tema amoroso aunque algunas de ellas fueran escritas mucho antes de su relación con Eloísa. Se cuenta que componía letra y música con el fin de que las pasiones que las animaban se comunicasen por dos sentidos; al  decir de algunos, pronto se convirtieron en el entretenimiento de los literatos, las delicias de las mujeres o el idioma secreto de los amantes.

Pedro Abelardo nació, en el año 1079, en el seno de una familia noble de la Bretaña menor. Al servicio de Iboel IV Duque de Bretaña, su padre, Berenguer, controlaba la zona y sus posesiones desde su castillo feudal en la ciudad de Le Pallet, próxima a Nantes, como todos los señores de la época ejercía el oficio de las armas aunque había recibido cierta educación en su juventud y decidió no privar de ella a sus hijos. Pedro, el primogénito, seducido por las Letras y el estudio cedió sus derechos de progenitura sobre tierras y vasallos a su hermano menor y dedicó su vida al aprendizaje y posterior enseñanza de la Filosofía y de la Teología, única profesión liberal de la época. Pasando así a convertirse en Pedro Abelardo; nombre, éste último, tomado de la palabra Habelardus (abeja francesa), en recuerdo del escritor de la Antigüedad llamado Abeja Ática, y unió al estudio de los de San Agustín y de otros Padres de la Iglesia a algunos de clásicos como Cicerón. Anheloso del saber frecuentó escuelas y después de dominar el Trivium y el Quadrivium, y con veintiún años se dirigió a París donde se encontraban las más famosas escuelas de la época. Asistió a la escuela episcopal allí, en el claustro de Notre Dame, Guillermo de Champeaux impartía sus enseñanzas basadas en las teorías realistas de San Anselmo, distinguiéndose por la sutileza de su discurso y su elocuencia. Pronto él mismo impartía enseñanzas y a partir de 1102 lo hizo en Melum y Corbeil,  adquiriendo gran fama pese a los enfrentamientos que tuvo con algunos de sus maestros. En 1113 le encontramos nuevamente en París enseñando la lógica peripatética, y planteaba doctrinas contrarias a las de su antiguos maestros el realista Guillermo de Champeaux y el nominalista Roscelin en cuestiones capitales de la Escolástica como Los Universales. También disintió de las enseñanzas de Anselmo de Laón. En 1118 conoció a Eloísa cuando sólo contaba 17 años.

AbelardoyEloisaCormonPetitPalais

Poco o nada sabemos de su familia, únicamente un nombre sin apellido ha llegado hasta nosotros, por lo que desconocemos su origen. Las crónicas dicen que nació en París y también que recibió una primera educación en el convento de Argenteuil, lo que permite intuir una cierto nivel económico familiar; allí recibiría, sin duda, una formación adecuada a su sexo y al papel que debía asumir cualquier mujer decente de la época: el de esposa y madre; aunque, al parecer, ella supo aprovechar bien el tiempo y las ocasiones dedicándose con ardor al estudio lo que la permitió adquirir la formación intelectual que le dio tanta fama como su singular belleza; siendo conocida en todo el reino por su talento e instrucción.
Lamartine en sus estudios sobre el tema incluye algunas de las descripciones de ella se hacían: “una joven de elevada estatura, cabeza oval ligeramente deprimida por la tensión del pensamiento hacia las sienes; una frente elevada y llana en donde la inteligencia se movía sin obstáculo, como un rayo cuya luz no quiebra ninguna esquina sobre un mármol; unos ojos grandes cuyo globo debía reflejar el color del cielo, una nariz pequeña y un poco elevada hacia la punta, tal como la modelaba la escultura, siguiendo á la naturaleza de las estatuas de las mujeres inmortalizadas por la celebridades del corazón; una boca en la que respiraban libremente, entre hermosísimos dientes, las sonrisas del talento y la ternura del alma.” Los historiadores de la época y el propio Abelardo dicen que en ella cautivaban sus ojos:  “no tanto por su belleza, sino por su gracia, esa fisonomía del corazón que atrae y obliga a amar porque ella ama. Belleza suprema muy superior a la belleza que solo obliga á admirar”.

En 1118 se encontraba en París bajo la tutela de su tío, el canónigo Fulberto; los expertos mencionan la posibilidad de que incluso pudiera tratarse de su padre, quien conocedor de sus grandes dotes intelectuales y su inclinación al estudio consiguió para ella el mejor de los maestros posibles: Pedro Abelardo.

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La obra escrita por el filósofo en 1135: Historia Calamitum o Epístola prima, es en realidad una especie de autobiografía, ya que en ella él mismo relata la historia de sus desventuras, en un intento de minimizar las desdichas de un amigo que se quejaba de las propias; lo que nos sirve para conocer los hechos de primera mano.  
Recuerda que tras una estancia en su Bretaña natal, hacia 1118, regresó a París buscando retomar las enseñanzas de Guillermo de Champeaux, su primer maestro; y que fue entonces cuando conoció la fama que rodeaba a Eloísa; joven maravillosa conocida en todo el reino por su talento e instrucción que estaba al cuidado de su tío el canónigo Fulberto; quién sentía inmenso amor por ella y que conocedor de sus dotes le había permitido progresar en todas las ramas del saber.
Nos habla de ella como de una niña que no estaba mal físicamente, pero sobre todo de la gracia que a esto añadía su dominio en las ciencias literarias, don imponderable y extremadamente raro en una mujer.

AbelardoEloisasoprendidosFulbertoVignaud1819
Manifiesta claramente sus lascivas intenciones de seducción hacia ella, así como las artimañas de las que se sirvió para llevar a cabo sus planes. Deja claro, también, que en ese momento de su vida se encontraba dominado por la lujuria y la soberbia, y que la gracia divina finalmente le curó de ambas; de la primera al privarle de aquello con lo que la practicaba y de la segunda con la humillación sufrida por la cremación del libro en el que ponía su gloria.

Conocedor de las debilidades de Fulberto, la avaricia y su sobrina, urdió una trama para conseguir llegar hasta ella y enamorarla, se sabía famoso y atractivo para las mujeres por lo que no albergaba temor al rechazo; su primer paso fue acomodarse en su casa como huésped objetando cercanía a su cátedra y ofreciendo por ello una buena suma que excitara la avaricia del canónigo. Su otra debilidad casi  no tuvo que despertarla pues no encontró dificultades en convencer al canónigo de la necesidad de profundizar en la esmerada educación de la joven; y su asombro no tuvo límites cuando Fulberto sin dar muestra de ninguna sospecha le permitió ejercer sobre ella su magisterio; siempre que le fuera posible, una vez terminada su tarea escolar, tanto de día como de noche y con total autoridad para reprenderla si la encontraba negligente.
De esta manera consiguió mantener un trato más familiar con Eloísa que propiciara sus conversaciones y facilitara su intimidad; de esta forma pronto los libros pasaron a un segundo plano y practicaron la ciencia del amor; los besos comenzaron a ser más frecuentes que las sentencias y pronto las manos del filósofo andaban más cerca de los senos de la joven que de los libros; para describir ¿qué pasó? Pedro Abelardo declara que primero convivieron bajo un mismo techo, para llegar después a convivir bajo una sola alma y parece que ningún grado del amor fue ajeno a los amantes y como eran novatos en ellos se esforzaban en practicar esos goces. Realmente no conocemos las verdaderas intenciones de Abelardo pero a juzgar por sus palabras la realidad es que acabó enamorado de ella. Además este hecho le causó ciertos problemas ya que, al parecer, según cuenta su amor por Eloísa le absorbía tanto que le hacía desatender sus ocupaciones, en las clases, le costaba concentrarse y sus alumnos lo notaban; su mente estaba más con su amada que en sus enseñanzas.
Poco después Fulberto, que tuvo más que alguna insinuación al respecto, se enteró de sus relaciones y los amantes tuvieron que separarse estrechándose, sin embargo, aún más sus corazones. Pronto conocieron que sus amores iban a dar su fruto, y Pedro Abelardo raptó a Eloísa llevándola a Bretaña a casa de su hermana donde nació Astrolabio. Las noticias sobre el niño son confusas, algunos indican que murió a edad temprana, aunque otros, como Mr. Héléfé en el Diccionario de Teología Católica indica que se hizo mayor profesando como religioso y llegando a ser abad del convento suizo de Hauterive.
El rapto de Eloísa colmó el vaso y Fulberto enloqueció no teniendo pábulo su dolor ni sus ansías de venganza. El filósofo comprendió que debía hacer algo para paliarlo y como reparación se ofreció a contraer matrimonio con Eloísa, aunque manifestó su deseo de que se mantuviera en secreto ya que pensaba que podía perjudicarle profesionalmente.
Contrariamente con lo que se supone debería pensar cualquier mujer en su sano juicio Eloísa no era partidaria de este matrimonio y al parecer así se lo expresó a su tío y a su amante y futuro esposo dando, con ello, pruebas de una heterodoxia impropia de una mujer; el texto de Abelardo reproduce el discurso en el que Eloísa exponía las razones que le llevaban a mantener esa postura.
Eloísa en su planteamiento deja claras varias cuestiones; su gran juicio que junto con su esmera educación la permiten elaborar un discurso organizado y lógico en el que introduce citas, teorías y referencias de personajes destacados en todas la ramas del saber desde la Antigüedad clásica que permiten apreciar el dominio que Eloísa tenía de sus obras y teorías.
Plantea desde el principio, y el tiempo demostrará que tiene razón en este juicio; que Fulberto, su tío, no va a ver calmada su sed de venganza con el mero hecho de que Abelardo se case con ella; por lo que su matrimonio no va a solucionar su situación. Por otro lado conoce también que su matrimonio perjudicaría profesionalmente a Abelardo y tampoco quiere que esto suceda, no quiere de ninguna manera ser un estorbo en la vida de Abelardo, no quiere privarle de la gloria, ya que ve a su amado como una mente privilegiada capaz de convertirse en el gran pensador de su tiempo; no quería deshonrarle y ser una carga para él. Cita los consejos que sobre el matrimonio da San Pablo en su primera Epístola a los Corintios: “Estás libre de mujer.. no quieras casarte..[…] Quiero que todos vosotros estéis sin preocupaciones”. Así pues San Pablo también consideraba que las mujeres perturbaban la tranquilidad de los hombres y eran una carga para ellos. La opinión contraria al matrimonio no era exclusiva de San Pablo, pues desde la Antigüedad sabios y filósofos habían dado su opinión en este sentido, Teofrasto de Ereso, peripatético sucesor de Aristóteles al frente de esta escuela opinaba que ningún sabio debía contraer matrimonio ya que éste creaba intolerantes molestias y continuas inquietudes; y el propio Cicerón repudió a Terencia y no quiso volver a casarse ya que no podía ocuparse al mismo tiempo de la esposa y de la filosofía. El argumento de Eloísa es que la vida de casado es una vida prosaica y los deberes que exige le impedirían dedicarse a lo que realmente le interesa la filosofía. Se pregunta si podría soportarla y recuerda a Séneca cuando escribe a Lucilo diciéndole: “No sólo cuando sobra el tiempo hay que dedicarse a la filosofía, sino que hay que desperdiciarlo todo para poder acostumbrarse a esto para lo cual ningún tiempo es demasiado grande.”
El mismo San Agustín en su obra La ciudad de Dios, recordaba cómo Pitágoras, fundador de la escuela itálica contestaba al ser preguntado por su profesión: “Filósofo, es decir amante de la sabiduría”. Apela a su condición de clérigo, indicando cómo los monjes habían asumido, en su época, la función de los filósofos; viviendo una vida retirada y admirable dedicada al estudio.
Eloísa añade a todas estas razones algunas que la conciernen directamente, piensa que para ella es peligroso regresar a París, y creía más decoroso para ella ser llamada amiga que esposa; ya que el lazo matrimonial la impediría discernir si Abelardo estaba junto ella más por un deber de esposo que por un amor de amante. Una vida en común, como matrimonio, podría acabar con su amor que, sin embargo, se mantendría vivo si los encuentros eran se hacían a intervalos haciendo sus gozos más henchidos y agradables.
Cuando a pesar de todos sus razonamientos y amén de haber podido pecar de vanidosa pues, con ellos, bien podría ser tenida por la propia Minerva, diosa de la Sabiduría: Eloísa comprende que no ha convencido a Abelardo quién está decidido a casarse sólo sabe decir refiriéndose a su inevitable matrimonio y casi a modo de premonición: “Una sola cosa resta, para que el dolor que siga a nuestra ruina sea mayor que el amor que la precedió”.
Tras el nacimiento de su hijo éste quedó bajo la tutela de su hermana y ellos regresaron a París donde, en presencia del canónico, contrajeron matrimonio. Abelardo consideraba con esto saldada la afrenta e insistió en mantener el matrimonio en secreto y, conforme a ello, tras la ceremonia cada uno, oculta y separadamente, se fue por su lado. Sin embargo para Fulberto, la situación no cambiaba; pues los amores del filósofo con su sobrina al no conocerse su matrimonio seguían siendo motivo de murmuración y el honor familiar continuaba en entredicho; por ello hacía correr la voz de que eran marido y mujer; ante esto Eloísa fiel a los deseos del filósofo lo negaba rotundamente, por lo que Fulberto comenzó a atormentarla con innumerables ultrajes.

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 Por ello Abelardo la llevó a la Abadía de Argenteuil de la que había alumna, haciendo parecer que había tomado los hábitos. Esto empeoró la situación pues creyeron que quería dejarla en el convento y desentenderse de ella.
 Entonces fue cuando Fulberto comenzó a tramar la desgracia de Abelardo y con la ayuda de algunos amigos que sobornar a uno de los sirvientes del filósofo llevaron a cabo su venganza que tal como la expresa el propio Abelardo consistió en: “me castigaron con cruelísima y vergonzosísima venganza que recibió el mundo con estupor, amputándome aquellas partes de mi cuerpo con las que yo había cometido lo que ellos lloraban.”

CastraciónAbelardoIlustración

Abelardo se sume en una profunda confusión pareciéndole, a veces, su dolor inferior a la vergüenza que siente ante el castigo recibido; ¿cómo podrá continuar con su vida y presentarse ante el mundo y ante Eloísa?; siendo además consciente de que la Ley de Dios prohíbe la entrada en la Iglesia de aquellos que hayan sufrido este tipo de amputaciones que son considerados inmundos y pestilentes. Poco después ambos tomaron los hábitos, Eloísa en Argenteuil y Abelardo en Saint Denis. Esto supuso largos años de separación y silencio. Hasta que en 1135, por casualidad, cayó en manos de Eloísa el manuscrito con donde Abelardo relataba sus desventuras; su lectura provocó en ella una gran conmoción y, desde luego, fue el detonante para que se decidiera a romper su silencio y a expresarle en sus cartas todo el amor y la pasión que sigue latiendo en ella; el comienzo de su primera carta así lo atestigua: “[…] que sólo hallé en ella una circunstanciada relación de nuestros trágicos sucesos. Conmoviose excesivamente mi espíritu y parecíame superfluo hablar allí (para consolar a tu amigo de alguna pequeña desgracia) de nuestros graves infortunios.”
El relato de Abelardo no se limitaba a contar sus desventuras en aspectos de su vida personal como pueden calificarse sus amores con ella y a las crueles consecuencias que estos tuvieron para ambos; sino que incluía un detallado informe sobre los enfrentamientos que había tenido y, todavía tenía, con algunos filósofos y teólogos de la Iglesia que habían tenido consecuencias muy negativas en su vida profesional y que, por ello agrandaban si cabe sus calamidades.
¿Qué puede hacer la realidad frente al deseo? Las cartas que intercambian los amantes, tras la lectura de Eloísa del manuscrito de Abelardo, demuestra lo dolorosa que la realidad resulta para ambos y cómo la sobrellevan habitando en la memoria; en este sentido la frase de Eloísa: <Me acuerdo (¿acaso se olvida algo a los amantes?) del instante y del sitio en que por primera vez me declaraste tu ternura, jurando amarme hasta morir. Tus palabras, tus promesas y juramentos, todo está grabado en mi corazón.>


EloísaIlustración
 Eloísa obedeció a Abelardo tomó los hábitos, se apartó del mundo tal cómo él deseaba, si no era de él sólo sería de Dios. En este sentido Abelardo reconoce que tras su mutilación no podía soportar la idea de que ella le olvidara y se consolara con cualquier otro; los celos le obligaron a pedirla no sólo a que se retirara de la vida mundana, sino a que tomara los hábitos y esperó a que ella lo hiciera para después hacer él lo mismo; las dudas de Abelardo sobre su fidelidad aún la mortifican ya que su amor es incondicional y se lo dice claramente: <Me he aborrecido a mí misma por mostrarte mi amor y he venido aquí a perderme por que vivas tranquilo>. Y así Eloísa vive para Abelardo fingiendo que vive para Dios.

Abelardo reconoce que su amor por ella también sigue vivo y llega incluso a decir que agradecería la crueldad de Fulberto si al menos cuando le puso en la imposibilidad de satisfacer su pasión, al menos le hubiera permitido dejar de amarla pero los deseos que no pueden contentarse son más violentos: <soy más culpable abrasándome por ti bajo del saco y de la ceniza consagrada a los altares, que lo era por los crímenes que me han acarreado mis desdichas>; reconociendo así que su pasión por ella es ahora incluso más ardiente que antes.



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El deseo de Eloísa no se cumplirá, Abelardo moría en 1142 y su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de San Marcelo, debió pedir ayuda al Abad de Cluni Pedro el Venerable para que los restos de Abelardo fueran trasladados al Paracleto, tal cómo el filósofo deseaba y una vez allí Eloísa, veneró sus restos y rogó por su alma hasta su muerte veinte años después (1163); y cuenta la leyenda que cuando abrieron la tumba de Abelardo para depositar junto a él el cuerpo de su amada Eloísa, éste abrió los brazos para recibirla quedando abrazados en la muerte como no pudieron estarlo en la vida.
 Aquí, donde acaba la realidad, comienza a tejerse la leyenda: En el momento de ser depositada en la sepultura común, ambos esposos extienden sus brazos para fundirse en un último y eterno abrazo.


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 Nuestro romántico Campoamor veía de esta manera el eterno descanso de los amantes:

El rosal de ella y de él la savia toma,
Y mece, confundiéndolos, la brisa
En una misma flor y un mismo aroma
Las almas de Abelardo y de Eloísa.  

Así permanecieron los esposos durante quinientos años sepultados en las naves del Paracleto, hasta que en 1792, tras la Revolución Francesa, el Monasterio fue vendido como bien eclesiástico siendo trasladada la tumba de Abelardo y Eloísa a Nogent. En 1800 Luciano Bonaparte inspector de las cartas y monumentos antiguos encargó al artista Lenoir para que transportase el féretro al Museo de Monumentos franceses de París, quién, tras la apertura de la tumba realizó un Álbum con dibujos de los amantes recreados por el artista partiendo de los restos conservados con el objeto de realizar dos estatuas para la nueva tumba parisina, que quedó instalada en los jardines del museo. En 1815 bajo gobierno borbónico se intentó trasladar la tumba a la Abadía de San Dionisio; pero la opinión pública protestó ya que el monumento era muy frecuentado por los parisinos y estaba considerado como algo integrado en la ciudad; finalmente fue trasladada al cementerio parisino de Père Lachaise donde actualmente todavía puede visitarse.   

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 El Epitafio del cenotafio de Abelardo y Eloísa en el Paracleto rezaba así:
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Aquí
 bajo la misma losa, descansan
 el fundador de este Monasterio:
Pedro Abelardo
y la primera Abadesa, Eloísa,
unidos otro tiempo por el estudio, el talento,
el amor, un himeneo desgraciado,
y la penitencia.
En la actualidad, esperamos, que una felicidad
eterna los tiene juntos.
Pedro Abelardo murió el 21 de abril de 1142
Eloísa, el 17 de mayo de 1163


Fuentes: 
Virginia Segui
 http://www.portalplanetasedna.com.ar

Te daré la tierra, Chufo Llorens

La Barcelona del siglo XI abriga en sus murallas dos historias marcadas por el drama, el amor y la ambición.
La historia de un joven campesino que logra cambiar su destino con la esperanza de prosperar y hacerse merecedor del amor de una joven de alcurnia, se entremezcla con la del conde de Barcelona, cuyos amores adúlteros sumen a la ciudad en un peligroso conflicto político. Una novela que une, con maestría, ficción e historia para recrear una Barcelona en la que los pactos, el linaje, las intrigas palaciegas, la ambición comercial y la convivencia entre religiones se tiñen con las emociones más intensas.
Esto fue lo que me llamo la atención del libro en un mar inmenso de libros todos acomodados en sus estantes y que un día, no hace mucho por lo hermoso de su tapa y lo que decía en ella me llamo la atención.
“Te daré la tierra” es una novela que tiene como escenario la Barcelona del siglo XI y que el hilo conductor es Martí Barbany, inspirado en un personaje real, Ricard Guillem, prohombre de la ciudad condal.
La historia de “Te daré la tierra” arranca en 1052, cuando el joven Martí Barbany llega a Barcelona huyendo de una vida de pobreza y queda deslumbrado por una aglomeración mucho más grande que lo que había visto hasta entonces y que se muestra ante él como un lugar lleno de oportunidades. Inicia un camino lleno de obstáculos pero que, gracias a un inesperado legado y a su habilidad en los negocios, le lleva a la riqueza y a convertirse en un personaje prominente, pero también envidiado. Sin embargo, la fortuna no va a estar siempre de su lado, y el amor y la tragedia también serán protagonistas de su vida.

Además, la historia de Martí se entrelaza con la del conde de Barcelona, Ramón Berenguer I, cuyos amores adúlteros con Almodis de la Marca, condesa de Tolosa, le enfrentaron con los condados vecinos y con el mismo Papa, haciendo peligrar la paz de la ciudad condal.
Según declaraciones de Llorens, esta novela surgió de una larga charla en una casa de la Cerdanya, con el medievalista Enrique Ruiz Doménech. Fue él quien le habló de Ricard Guillem, un personaje que el historiador abordó en su obra El somni de Barcelona. “Nunca se había llevado a cabo un proceso inventivo, novelesco, del siglo XI”, destacó Lloréns, quien alabó la genuina y singular interpretación que Chufo Lloréns ha realizado del período. Por su parte, el escritor ha rebautizado a su protagonista como Martí Barbany para no cometer la pedantería de adoptar el nombre real de una persona que sí existió y tener mayor libertad en el proceso de invención literaria.
Lloréns relata el nacimiento de Barcelona como ciudad moderna y del ciudadano como nueva clase social. Según explicó el escritor, era un hito importantísimo adquirir tal categoría, sometida a todo tipo de requisitos por parte del establishment local. La Barcelona del siglo XI, con tan sólo 2.500 habitantes, vivía por entonces su eclosión urbanística y comercial.
El autor sostiene que la Barcelona del siglo XI se distingue de otros territorios porque, mientras en otros lugares “la jerarquía era rey, nobleza y clero, en Cataluña era Conde, nobleza, clero y ciudadanos, cuyos derechos y fuerza era la máxima aspiración de cualquier barcelonés”. Ser ciudadano significaba en aquella época “sentirse componente de un grupo y estar defendido frente a los abusos de la nobleza”, ha puntualizado Llorens, pero “era tremendamente difícil”, ya que para ello, el aspirante debía gozar “del informe favorable de los vecinos, casarse con una barcelonesa si era posible, además de tener una casa y una trayectoria impoluta, libre de pleitos”.
Martí Barbany, es además, según Lloréns el primer capitalista de Cataluña porque, entre otras cosas, en sus documentos se descubre que siempre compró y nunca vendió. En palabras del autor, la Barcelona del siglo XI es una ciudad “naciente, que está autopariéndose, donde hay unas presiones sociales y una ambición de poder tremendas y como en cada situación estar muy cerca del sol -por el Conde- te calienta, y estar muy lejos te enfría”.
Por otro lado, tremendas también son las dos mujeres protagonistas de la novela: la abuela de Ramón Berenguer I (Ermesenda condesa de Barcelona) y su esposa Almodis de la Marca, ha agregado Lloréns, quien también ha destacado la presencia del Call judío, un colectivo que es visto ya como un claro chivo expiatorio. Para Lloréns tanto la época del siglo XI como la del Modernismo catalán (siglo XVII-XIX) son las que marcan diferencialmente a Cataluña. Así también, como en muchas novelas históricas el amor no falta y en Te daré la Tierra el amor es una pasión desatada que lleva a Ramón Berenguer, a robarle la mujer a un conde o a ser excomulgado por el Papa.
Chufo Llorens recalcó que en su obra se recrea una ciudad fascinante con un tráfico enorme, cuya descripción se combina con apasionadas historias de amor e intriga. Aseguró que con toda la documentación recopilada podría haber realizado un libro de 2.000 páginas por lo que aprovechará este material para escribir su próximo título, en el que ya está trabajando. No obstante, aclaró que no será una continuación, ya que se mostró contrario a obligar al lector a segundas partes. “Cada uno de mis libros es una historia que comienza y tiene un final”, aseguró.

Condensado de: http://www.leergratis.com/fantasia/te-dare-la-tierra-una-novela-historica-ambientada-en-barcelona.html

jueves, 18 de octubre de 2012

Evergreen, Barbra Streisand



El amor suave como un sillón
Amor fresco como el aire de la mańana
Un amor que es compartido por dos
lo he encontrado en ti
Como una rosa bajo la nieve de abril
Siempre tuve la certeza de que el amor florecería
Amor sin edad y siempre vivo
Rara vez visto por dos
Tú y yo haremos de cada noche la primera
Cada día un comienzo
Los espíritus se elevan y su baile no ensayado
Nos calientan y nos excitan porque tenemos el amor más brillante
dos luces que brillan como una
La gloria de la mańana y el sol de medianoche
Hace tiempo que hemos aprendido a navegar encima de ellos
El tiempo no va a cambiar el significado de un amor
Sin edad y siempre, siempre vivo...








He aquí que tú estás sola... Jaime Sabines

He aquí que tú estás sola  y que estoy solo.
Haces tus cosas diariamente y piensas
y  yo pienso y recuerdo y estoy solo.
A la misma hora nos recordamos algo
y nos sufrimos. Como una droga mía y tuya
somos, y una locura celular nos recorre
y una sangre rebelde y sin cansancio.
Se me va a hacer llagas este cuerpo solo,
se me caerá la carne trozo a trozo.
Esto es lejía y muerte.
El corrosivo estar, el malestar
muriendo es nuestra muerte.
Ya no sé dónde estás. Yo ya he olvidado
quién eres, dónde estás, cómo te llamas.
Yo soy sólo una parte, sólo un brazo,
una mitad apenas, sólo un brazo.
Te recuerdo en mi boca y en mis manos.
Con mi lengua y mis ojos y mis manos
te sé, sabes a amor, a dulce amor, a carne,
a siembra , a flor, hueles a amor, a ti,
hueles a sal, sabes a sal, amor y a mí.
En mis labios te sé, te reconozco,
y giras y eres y miras incansable
y toda tú me suenas
dentro del corazón como mi sangre.
Te digo que estoy solo y que me faltas.
Nos faltamos, amor, y nos morimos
y nada haremos ya sino morirnos.
Esto lo sé, amor, esto sabemos.
Hoy y mañana, así, y cuando estemos
en nuestros brazos simples y cansados,
me faltarás, amor, nos faltaremos.

"La juventud de un ser no se mide por los años que tiene, sino por la curiosidad que almacena"

La termodinámica de un botijo


Con ustedes, el botijo


Con ustedes, el botijo

Desde la prehistoria el hombre ha utilizado el barro para fabricar vasijas de todo tipo, cántaros, vasos, ollas, botijos, etc, destinados, entre otras cosas, a guardar el agua y los alimentos. El ejemplo del que vamos a tratar aquí es el botijo. 

 Según lo define el diccionario un botijo es “una vasija de barro poroso utilizada para refrescar agua”. 

 El botijo, ese instrumento para almacenar y refrescar agua tan español (pero también de muchos otros países mediterráneos) posee una historia que se remonta a las antiguas culturas mesopotámicas, donde se encontraron los primeros restos de recipientes con formas similares a los actuales. Sin embargo, se cree que ya en el Neolítico los antiguos prehistóricos utilizaron envases naturales, como huevos de avestruz o de otras aves, a guisa de botijos.

 La procedencia etimológica de su nombre es romana, concretamente del término del latín tardío buttis (odre). De este mismo derivan también “bota” (la de beber), “botija” y, finalmente, “botella”.

Su funcionamiento es sencillo: el agua se filtra por los poros de la arcilla y en contacto con el ambiente exterior se evapora, produciendo un enfriamiento. La clave del enfriamiento está en la evaporación del agua.


Refrigeración por evaporación
El proceso es muy simple cuando el agua se evapora necesita energía para que se produzca el cambio de estado de líquido a gas. Esa energía puede tomarla del ambiente, pero también del propio sistema (el agua). Así cuando se evapora una parte de agua extrae energía del sistema y el agua remanente, por tanto, disminuye la temperatura.
La teoría cinética nos permite interpretar también el fenómeno de refrigeración por evaporación desde el punto de vista microscópico o molecular. Así, nos encontramos que las partículas de un sólido, líquido o gas se están moviendo o agitando continuamente. La temperatura es una medida de la energía cinética media de las partículas, mayor velocidad de éstas implica mayor temperatura y viceversa. En un líquido las partículas  se mueven deslizándose unas sobre otras, las más veloces se acercan a la superficie libre del líquido y si tienen energía suficiente pueden escapar de él, produciéndose la evaporación. Este cambio de estado (líquido ---> vapor) provoca un enfriamiento del sistema, ya que precisamente desaparecen las partículas más energéticas.
Este efecto podemos notarlo en diferentes situaciones: en verano cuando se riegan las calles para refrescar el ambiente, cuando nos ponemos una compresa de alcohol para disminuir la fiebre, cuando sudamos y al evaporarse el sudor refrigeramos nuestro cuerpo, etc.
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¿Qué ocurre en un botijo?
Como decíamos al principio, en un botijo el proceso de evaporación se ve favorecido por el hecho de que el barro es poroso y parte del agua se filtra a través de él.
El grado de enfriamiento depende de varios factores, fundamentalmente del agua que contenga el botijo y de las condiciones ambientales. Si la temperatura ambiente es elevada, el proceso de evaporación será más rápido, no así el proceso de enfriamiento. Si el ambiente es muy húmedo la evaporación se ve dificultada y el botijo no enfriará. En condiciones favorables se puede conseguir una disminución de temperatura de unos 10ºC.
También las cantimploras enfrían
Las cantimploras metálicas forradas con una tela de fieltro tienen el mismo fundamento: se moja la tela para que al evaporarse el agua que queda en ella se refresque el agua del interior.
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Más aplicaciones del efecto botijo
Aunque el sistema de refrigeración por evaporación es muy antiguo y parece que ha perdido su utilidad frente a los modernos frigoríficos, en países en vías de desarrollo, de clima árido y que no disponen de electricidad tiene su importancia. De hecho la Fundación Rolex concedió uno de sus premios del año 2000 a Mohammed Bah Abba por construir una doble vasija de barro para conservar alimentos perecederos.
 El sistema consta de dos vasijas, de distinto diámetro, incluida una en la otra. El espacio que media entre ambas, se rellena con arena, que debe mantenerse constantemente empapada para asegurar la humidificación de sus paredes. Las frutas, hortalizas y demás alimentos se colocan en la vasija interior. vasija.jpg (4616 bytes)
La explicación física del proceso de refrigeración  es sencilla: el agua contenida en la arena que separa ambas vasijas se evapora hacia la parte exterior de la vasija mayor, ventilada por la circulación del aire seco exterior. El proceso de evaporación comporta una reducción de varios grados de la temperatura de la arena, lo que enfría la vasija interior, retarda la reproducción de los agentes de la descomposición y conserva los alimentos. Gracias a este sencillo método, la conservación de berenjenas, por ejemplo, pasó de 3 a 27 días y la de tomates y pimientos, a tres o más semanas. (Información recogida en el artículo “Invento prehistórico en pleno siglo XXI” de Investigación y Ciencia, Marzo de 2001.)

Máquinas frigoríficas
El proceso es igual que el que ocurre en una máquina frigorífica, es decir, extraer el calor de un foco frío para cederlo a otro más caliente. Como este proceso resulta imposible realizarlo espontáneamente, la máquina necesita de un aporte exterior de energía, en el caso que nos ocupa es la energía del sol la que aporta a las partículas ese empuje que necesitan para separarse, que el agua se evapore, y extraer calor de la parte fría.
Podríamos decir que el humilde botijo y vasijas similares son una especie de “frigoríficos sin cable”, baratos, no contaminantes y puede que con un gran futuro.
Puedes experimentar todo esto en: Experimentos con un botijo y una cantimplora

Pero lo más curioso del tema es que, en el año 1990, un profesor de Química en la Escuela Técnica Industrial de la Universidad Politécnica de Madrid, el señor Gabriel Pinto, se empeñó en parametrizar en una ecuación matemática todas las variables y factores que influyen en el mecanismo refrigerador del botijo. Pinto desarrolló un modelo matemático que iba ajustando mediante datos experimentales. Había considerado multitud de factores, empero, existía algo que seguía sin cuadrar: las ecuaciones le conferían al botijo una capacidad ilimitada de enfriar.
Fue entonces cuando otro profesor de Química, José Ignacio Zubizarreta, aportó el detalle que faltaba, algo que Pinto había pasado por alto: el calor de radiación que aporta el aire que se encuentra en el interior del recipiente. La fórmula estaba terminada. En 1995, ambos profesores publicaron en la revista americana Chemical Engineering Education (en su número 29) el artículo titulado An ancient method for cooling water explained by means of mass and heat transfer. El resultado fue un par de ecuaciones diferenciales que relacionaban todos los parámetros; las que se pueden observar en la imagen siguiente.
Las ecuaciones del botijo; ahí es nada
Las ecuaciones del botijo; ahí es nada
Donde:
Leyenda de variables
Suponiendo un botijo con geometría esférica perfecta, el siguiente esquema puede ayudar a comprender las ecuaciones.
Gráfico botijero
Gráfico botijero
De ahora en adelante, siempre habremos de mirar a los botijos con otros ojos. 

Y ahora, nada mejor que una clase magistral sobre este singular "artefacto", por supuesto, en clave de humor...

















Fuente:http://www.demogracia.com


Breve historia del Museo del Botijo.

Comenzó como se inician estas cosas. "Mi suegra tenía un botijo muy bonito, de corcho y metal -recuerda Pablo Castelo-, que llegó a mis manos como regalo. Lo coloqué en un lugar preferente, pero cuando lo miraba me daba pena verlo tan sólo. Así que me decidí a tener algunos más. Poco a poco, casi sin darme cuenta, logré reunir un centenar y a partir de ahí me convencí de una cosa: coleccionar botijos es caro pero apasionante".
Lo anterior ocurria en el año 70. Con la fiebre de coleccionar botijos de todos los rincones del mundo, Pablo Castelo, sus hijos y por supuesto todos sus amigos, se impusieron la obligación de conseguir para Villena un museo que fuera ejemplar, del que pudieran presumir como un segundo tesoro. 

Museo del Botijo. Exposición (000)

En el Museo del Botijo hay dos plantas dedicadas a recoger los mil doscientos ejemplares que se exhiben en la actualidad. Están clasificados por países y los nacionales, por zonas y comarcas. Pablo Castelo ha recorrido Rusia, Argentina, Colombia, México, Chile, Paraguay, Perú, Marruecos, Francia, Grecia, Portugal, Italia y Estambul (Turquía) buscando ejemplares raros. Su búsqueda está plagada de cientos de anécdotas: "Un día llamó a mi puerta un religioso de un colegio de Carmelitas de Santiago de Chile. Traía en la mano un botijo y un mensaje. 'Me lo ha entregado un vecino de Villena para que se lo traiga', fueron sus palabras". Uno de los botijos más diminutos de la colección llegó desde México . "El comandante piloto de Aeroméxico visitó mi museo . Al terminar la visita nos fuimos al Villenense a tomarnos una botella de tequila. Con la segunda botella, el piloto me prometió que haría un próximo viaje y me traería un ejemplar. Pasaron muchos meses hasta que volví a tener noticias suyas. Otro piloto de Aeroméxico llegó un día a mi casa y me entregó un paquetito. Me dijo: lleve cuidado, dentro hay un botijo que me ha entregado en México mi compañero para que se lo traiga. Y aquí está".

Museo del Botijo. Exposición (001)

Hay, cientos de anécdotas. Desde el cónsul de Nador, que envió un precioso y raro ejemplar, hasta el propietario de la firma Lois, que rellenó un cheque, sin poner cantidad, y dijo que pusiera precio por su Museo. "No lo venderé nunca porque el Museo no tiene precio. Hay botijos que me han costaddo hasta 20.000 pesetas. Pero los viajes, las caminatas, las gestiones para encontrar los ejemplares más raros no pueden ser valorados". 

Museo del Botijo. Exposición (002)

El Museo del Botijo de Pablo Castelo siempre está abierto al público pese a ser privado. Colegios, asociaciones, congresistas, personalidades de la vida política y militar... "Es una aportación que hago al pueblo. Mis colecciones no son mías, son de todos. Siempre están a disposición de quienes quieran verlos".

Video documental del no-do (1974)

 





Curiosidades sobre el botijo:   

Patente curiosa: botijo con caja de música incorporada


Botijo con caja de música incorporada, que esencialmente se caracteriza porque el cuerpo del botijo, utilizable y constituido como tal, presenta inferiormente una pestaña anular, que se proyecta hacia dentro sin solución de continuidad, desde la propia base del mismo, que viene a constituir una proyección de tipo troncocónico, conformando todo ello un alojamiento prácticamente cilíndrico de poca altura, en el que está situada la caja de música, que cuenta con un apéndice proyectado hacia abajo, que se expande al elevar el botijo, y pone en marcha la caja de música, hasta tanto no se apoye de nuevo sobre su superficie de reposo, lo que implica el retraimiento del citado apéndice.




Poesía:
 



A UN BOTIJO
 
Sobre el alféizar en su dulce espera
el botijo contiene la alegría
desde un frío de dentro, y desafía
el calor sofocante del afuera.
 
La humildad de su barro, carcelera
de un agua cantadora en que confía
el pobre campesino en su agonía,
es un lujo de fuente, que libera
 
su garganta reseca en el trabajo.
Y al llegar a su casa y con su pena,
a la sombra, posado en la alacena
 
lo descubre feliz, suelta el alijo
y bebe a chorro igual que un agasajo
el alma refrescante del botijo

Pedro Miguel Lamet







Extración de la cafeína del café: café descafeinado...

La cafeína es un alcaloide cuyo consumo tiene efectos estimulantes sobre el sistema nervioso autónomo y sobre el corazón, pero su abuso produce arritmia cardíaca, insomnio y dolor de cabeza. Por ello, algunas personas consumen café descafeinado, debido a problemas de salud o por que quieren disminuir su dependencia a la cafeína.

Como el café desarrolla casi todo su sabor durante el proceso de tueste, los granos de  café se descafeínan antes del tostado, cuando el grano aun está verde, porque es allí donde el proceso perjudica menos los sabores. El café descafeinado no está totalmente exento de cafeína y éste puede contener un residuo de cafeína de un 0,1%, y un extracto de café de 0,3%, existiendo para ello diferentes métodos, que se han perfeccionado hasta el punto de afectar mínimamente al sabor y al aroma.
Tratamiento con agua
Los granos de café humedecidos se empapan en agua mezclada con extracto de café verde al que se le ha reducido previamente la cafeína, aunque también se realiza el lavado solamente con agua. Un fenómeno de ósmosis atrae la cafeína de la alta concentración de los granos a la baja concentración del disolvente. Los granos ya descafeinados se secan con aire caliente. En cuanto al agua con la cafeína disuelta, se bombea ésta a través de un filtro de carbón activo que absorbe la cafeína, pero deja otros compuestos adicionales que añaden sabor al café, así ya está lista para utilizarse con nuevos granos. Es el agua mezclada con extracto de café verde que se nombraba al inicio.
Proceso de cloruro de metileno
Este método emplea cloruro de metileno como disolvente químico. Los granos verdes se humedecen en agua para que la superficie del grano se vuelva porosa, y se dejan en remojo en cloruro de metileno hasta que la cafeína se haya disuelto. El disolvente se elimina mediante un evaporador y después se lavan los granos. Después de ello se secan con aire caliente. El cloruro de metileno se reutiliza para posteriores procesos de descafeinado.
Tratamiento con dióxido de carbono
Se hace circular dióxido de carbono entre los granos, dentro de tambores que funcionan a una presión de 250 a 300 atmósferas. A estas presiones, el CO2 adquiere propiedades únicas que le confieren una densidad similar a la de un fluido y la capacidad de difusión de un gas, lo que le permite penetrar en los granos y disolver la cafeína. El CO2 rico en cafeína se canaliza a través de un filtro de carbón vegetal que la absorbe, permitiendo que éste vuelva al circuito y a los tambores. Los granos ya descafeinados se secan con aire caliente.


Nota sabionda: La cafeína es un alcaloide del grupo de las xantinas a la que también pertenecen la teofilina del té, la teobromina del chocolate, la guaranina de la guaraná, la mateína del mate y también la kola y el yopo.
Nota sabionda: Los granos de café contienen entre un 0,8% y un 2,5% de cafeína, dependiendo de su origen y variedad. Y el café descafeinado entre un 0,1% y 0,3%.