domingo, 14 de abril de 2013

Domingo con...Jesús Carrasco y su libro Intemperie

"Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar. Berreos como jaras calcinadas. Tumbado sobre un costado, su cuerpo en forma de zeta se encajaba en el hoyo sin dejarle apenas espacio para moverse. Los brazos envolviendo las rodillas o sirviendo de almohada, y tan sólo una mínima hornacina para el morral de las provisiones. Había dispuesto una tapadera de varas de poda sobre dos ramas gruesas que hacían las veces de vigas. Tensó el cuello y dejó suspendida la cabeza para poder escuchar con mayor claridad y, entrecerrando los ojos, aguzó el oído en busca de la voz que le había obligado a huir. No la encontró, ni tampoco distinguió ladridos y eso le alivió porque sabía que sólo un perro bien adiestrado podría descubrir su guarida."


"Cruzaban la llanura bajo una luna que todavía no aclaraba el suelo que pisaban. El muchacho, agarrado a los arreos del burro, sentía el balanceo del animal como una letanía tan monótona como el territorio que atravesaban. Negro en las alturas, en el horizonte y en los eriales. Guiado por el viejo y sostenido por el asno, se abandonó a los recuerdos del lugar del que procedía".




Os propongo la lectura de esta entrevista publicada en http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es

Jesús Carrasco: "Me siento como el amigo que no puede beber porque tiene que conducir"


Entrevista de Care Santos

Una sorprendente ópera prima ha agotado esta temporada los elogios de críticos y editores: Intemperie, de Jesús Carrasco, publicada por Seix Barral. Su autor, de poco más de cuarenta años, extremeño —de Badajoz— y afincado en Sevilla, ha escrito una fábula de la desolación en que un niño es el protagonista. A través de un lenguaje certero, tan despoblado de elementos superfluos como el propio paisaje que describe, Carrasco traza la metáfora de un mundo que está mucho más cerca de lo que imaginamos. En esta entrevista, exclusiva para La tormenta en un vaso, el autor no habla de su personal ritmo de escritura, comparte su visión del mundo literario, explica cuál es su relación con ciertos géneros literarios y deja en el aire algunas incertidumbres inesperadas.

—¿Qué se siente cuando le emparentan a uno literariamente con Delibes, Llamazares o McCarthy?
—Al principio, desconcierto. En este momento, no es tanto un sentimiento, como un entendimiento. A medida que voy conociendo el funcionamiento del mundo editorial, voy comprendiendo sus códigos. Ahora sé lo difícil que es dar a conocer "a pelo" a un autor inédito. Para hacerlo, lo más eficaz es colocar el nombre del nuevo junto al de autores consagrados, no tanto para comparar sus calidades, como para acotar el territorio literario en el que habita el desconocido.

—Tardó 20 años antes de decidirse a dar algo a un editor para su publicación. ¿Es lo suyo un elogio de la lentitud o alguna patología que podamos conocer?
—Ambas cosas. Soy lentísimo, escribiendo y viviendo. En cuanto a la patología, podríamos referirnos a ella como autocrítica. No he llamado a la puerta antes porque no tenía nada que ofrecer que me gustara, al menos en el terreno de la literatura para adultos.

—Esa tierra de la despoblación y de la desolación que retrata su novela, ¿busca convertirse en metáfora de alguna tierra real?
—Sí, pero no estrictamente. El territorio de la novela está inspirado en el mundo real. El castillo, el olivar o el pueblo abandonado, existen de verdad, pero solo los reconocerán como reales aquellos lectores que vivan en esa zona. Para el resto de lectores, la mayoría, el territorio conserva toda su carga metafórica. La sequedad y la planicie como representación de la dimensión mezquina y aburrida de la existencia.

—Su novela no está dividida formalmente en varias partes, pero tiene dos muy distintas: en la primera, la acción discurre con lentitud, no parece que pase nada. Es a partir de la mitad, más o menos, que todo cambia y atrapa de verdad al lector. ¿Era consciente, durante la escritura, de que generaría este efecto?
—Mi intención era trazar una línea ascendente, pero lo cierto es que, durante la escritura, al menos en mi caso, estás tan cerca de lo que haces que no ves bien el conjunto. Cuando terminé la novela, la dejé reposar durante unas semanas para poder leerla íntegra con cierta frescura mental. Ahí fue cuando percibí nítidamente las aceleraciones del texto.

—El niño de su relato es casi un personaje épico. ¿Qué tal se lleva usted con la épica?
—Me llevo bien, pero a mi manera. Salvo casos excepcionales, no me siento identificado con el ratamiento que la literatura, o el cine, han hecho de eso que llamamos épica. Seguramente, por diferencias a la hora de decidir aquello que es heroico. Dice Baudelaire que la tarea del héroe consiste en buscar lo nuevo braceando en las profundidades de lo desconocido. Ese podría ser el esquema tradicional. El concepto de lo heroico que me interesa, es una versión modificada del pensamiento de Baudelaire. El héroe que busca lo nuevo pero braceando en la superficie de lo conocido. La persona que, sin salir de su casa, se mira y se transforma. ¿Existe algo más heroico que vencer las propias resistencias?

—El libro ha estado —está aún— en las listas de más vendidos durante semanas, ha sido traducido a un buen número de lenguas. ¿Ha tenido que tomar usted algo especial para hacer la digestión de un éxito tan monumental?
—Sinceramente, no tengo conciencia de estar teniendo un éxito monumental. Me siento como el amigo que no puede beber porque tiene que conducir. Me encuentro en medio de una gran fiesta profesional, pero me cuesta perder la cabeza.

—¿Tiene originales en el cajón?
—No sé si tengo esos originales en un cajón o en una sepultura. Donde sea que estén, hay tres novelas: dos infantiles y una para adultos. También varias colecciones de relatos y algunas cosas más.

—Supongo que sus editores querrán que les libre algo antes de que pasen otros 20 años. ¿Lo hará?
—Eso, no lo puedo asegurar.


De ese mismo blog dejo también esta reseña. Aún no he leído el libro, pero lo haré. Tras leer esta reseña me ha "picado la curiosidad" y tan pronto como puedo, pondré mis manos sobre la obra (una vez que esté en mis manos el resto de los sentidos me acompañarán, como siempre hacen, en la lectura del libro).



 Ignacio Sanz

Uno desconfía por instinto de los libros que llegan al mercado envueltos por el ruido de la publicidad. La manifiesta o la encubierta. Tuve primera noticia de Intemperie a través de la radio. Una larga entrevista en un programa de fin de semana millonario en oyentes para un autor novel y desconocido. Eso empieza a oler a chamusquina. Una semana después, mi amiga y gran lectora, Elena Monreal, me llamó por teléfono para hablarme del libro. Jolín, esto promete. Unos días más tarde me encuentro dos referencias en un suplemento “La sombra del ciprés” de El Norte de Castilla. Entusiastas. Y, pese a todo sigo con el mosqueo.
En las solapas se habla de Delibes y de Cormac McCarthy como posibles antecedentes. Cuando, por fin, comienzo a leer Intemperie no los veo. Precisamente mi último libro leído es Todos los hermosos caballos  de McCarthy. Ya es casualidad. Intemperie a su lado me resulta premioso, carente de esa agilidad que tiene el norteamericano con unos diálogos vivaces y riquísimos. También le veo alejado de Delibes, mucho más ágil, aunque guarde con él ciertas concomitancias en el escenario rural y en el uso de vocablos en retroceso como parte de un mundo arrumbado.
Total, que me deslizo por sus primeras páginas con cierta sensación de pesantez. Como si el libro fuera un mero ejercicio estilístico. Y avanzo desganado, pero avanzo porque me acuerdo de Elena Monreal. Pero hay un punto, ya casi a la mitad, en el que en el libro aparecen nuevos personajes en medio de una llanura árida y desolada en la que, apenas si han intervenido un viejo pastor de cabras y un niño escapado de un pueblo fantasma. Ambos viven en condiciones extremadamente precarias. Pero, a partir de ahí, con la aparición de nuevos personajes, la acción resulta trepidante, pese a la sensación de tiempo detenido que la envuelve. Y la historia da un vuelco. Entonces sí, el libro atrapa. Pero no sólo atrapa. Entonces te percatas de que el autor es un maestro que ha estado jugando con tu propia paciencia para ofrecerte una historia excepcional, magníficamente contada. Y te quitas el sombrero frente al autor primerizo y te preguntas cómo ha podido llevar adelante una empresa narrativa tan alejada de modas, tan de espaldas del mundo, precisamente él, que se dedica a la publicidad.
Y piensas en los milagros de la creación literaria. Y te viene al recuerdo la primera vez que leíste Pedro Páramo. En realidad tuviste una sensación parecida de extrañeza y de estupor.
Intemperie es un libro excelso escrito en estado de gracia. Pero no. Esto suena a frase publicitaria. Prueba con otra. Intemperie es una historia iniciática y profunda, sabiamente contada, un desgarro estético que estremece. Intemperie cuenta una historia alucinante y radical desde la alucinación.
Las secuencias brutales que aparecen me persiguen ahora. Detrás de esos personajes veo Extremadura, veo Castilla, veo Aragón, tierras calcinadas, tundidas por el sol y el abandono secular, donde unos personajes desvalidos, aunque enteros y cabales, se defienden de otros personajes primarios y desalmados.
Y sí, ahora veo ecos de Delibes y resonancias de la brutalidad de MaCarthy.
De manera que, desvanecidos los recelos, rindo pleitesía. ¡Chaparro, chapeau!




Leos, Peter H. Reynolds


Villar Arellano

¿Quién no ha soñado alguna vez con tener ocho manos o un doble para poder afrontar sin dificultad las múltiples obligaciones del día a día? Esta fantasía constituye el tema principal de Leos, un sencillo cuento para niños con evidentes guiños al mundo adulto.
Leo siempre tenía muchas cosas que hacer. Trabajaba mucho pero, por más que redoblara sus esfuerzos, la lista de tareas parecía crecer más y más: Cambiar bombillas, arreglar la bici, ir de compras, ordenar el sótano, lavar los platos, sacar a pasear al perro... aquello era inabarcable, una asfixiante avalancha de obligaciones, imposible de afrontar en solitario.
Por eso, cuando por arte de magia apareció un nuevo Leo en la puerta de su casa, creyó que lo conseguiría. Pero lo que comenzó siendo una ayuda terminó por complicar las cosas: al recién llegado continuamente se le ocurrían nuevas cosas para hacer.... Hasta que llegó un nuevo Leo, y otro, y otro... ¡Hasta diez Leos terminaron trabajando sin parar, cada cual más ocupado!

Peter Reynolds, autor de otros títulos infantiles como El punto y Casi, afronta con humor y aparente ingenuidad un tema profundo y complejo que constituye un rasgo definitorio de nuestra cultura: la prisa, la obsesión por las obligaciones...
—¡No hay tiempo que perder, no hay tiempo para pararse! —exclama uno de los Leos, poniendo así en boca de un ser sin personalidad la frase clave que nos amarga la vida a todos. Por eso, una se siente tan identificada por Leo, el auténtico —éste sí, dotado de entidad personal— y lo aplaude como a un héroe cuando, harto y consumido por tanto esfuerzo, decide dejar plantados a sus clones e irse a echar una siesta.

Soñar no estaba en la lista, no era un trabajo, pero ese tiempo era sólo suyo y era lo que hacía a Leo singular. Y aquí está el principal acierto de este relato: su capacidad para expresar con tanta claridad la necesidad de parar, de relajarse y de perder el tiempo para volver a ser nosotros mismos. Los clones de Leo existen sólo en función de las tareas que realizan, son números que escriben a máquina, barren, llaman por teléfono... ven, en fin, pasar las agujas del reloj a golpe de agenda.
Todo es inútil, un engaño. La necesidad de multiplicarse, lejos de disminuir el trabajo, genera nuevas tareas, condenando a todos a una permanente insatisfacción. Los Leos intentan ser eficaces, ensayan formas de organizarse, se reparten y distribuyen la faena... y siguen creándose nuevas necesidades, en un continuo y creciente círculo vicioso.

Una vez más, el autor demuestra su habilidad para desenvolverse en el terreno psicológico: si la autoestima y la capacidad creativa fueron los temas centrales de sus anteriores libros, el perfeccionismo y la obsesión por el trabajo son los rasgos que aborda en este álbum. Juntos componen una especial trilogía en la que texto e ilustraciones, aparentemente ligeros y espontáneos, plantean una compleja reflexión, una invitación a reconciliarse consigo mismo y a darse una segunda oportunidad.
Estilísticamente, las ilustraciones de Reynolds se sitúan en el ámbito del humor gráfico. Su trazo, esquemático y ágil, esboza unas figuras que se desenvuelven en contextos abiertos, apenas definidos por la parodia de situaciones. El color se compone con manchas de acuarela que destacan sobre el fondo blanco sin grandes alardes cromáticos.

Peter H. Reynolds se aplica el cuento y, fiel a la máxima de “menos es más”, opta por la libertad y la soltura del trazo frente al perfeccionamiento estético, primando la función narrativa. En la puesta en página, alterna diferentes presentaciones: cuando el texto lo requiere, descompone la página en secuencias de imágenes o bien la inunda de movimiento desde una única escena.


Él sólo pretende contar algo y para ello utiliza el doble lenguaje que maneja con habilidad: un texto explícito y unos dibujos que, sencillamente, ilustran la imaginación del lector.
Un detalle curioso para terminar: el autor dedica a su hermano gemelo este libro de dobles... y singulares.
Páginas de aire fresco para leer a dos voces, para que los padres olviden por un rato sus obligaciones y compartan con sus hijos el placer de las pequeñas cosas.


Fuente:
http://latormentaenunvaso.blogspot.com.es


sábado, 13 de abril de 2013

Adagio, Chopin

Hoy para comenzar, os propongo este Adagio de Chopin...



Ya lo sabes, Orozco y Luis Fonsi


Qué bonito es entender
que no consiga imaginarme sin tu amor, ya ves,
qué bonito es.

Qué bonito es entender
que cada paso que tú des también yo lo daré, ya ves,
sin preguntarte.

Los silencios nunca quieren ser
los que guarden tanto que perder,
lo que no se puede ver, ya ves,
que no lo quieren ser.

El destino tiene miedo de saber
dónde irá a parar el tren,
dónde irá a caer.
No lo puede ver, ya ves,
que no lo deja ver.

Y ya lo sabes, corazón,
que no hay más gritos que esta voz,
y va tan fuerte que también
se asusta el aire.
Y por el aire te daré
lo más difícil de tener,
la confianza que tú a mí
me regalaste.

Qué difícil es saber
cómo escapar de cada noche en la que tú no estés.
Qué difícil es.

Qué difícil es tener
lo más sencillo y conservarlo bien, ya ves,
también me lo enseñaste.

El principio siempre quiere ser
el que diga cómo debe ser,
porque tiene tanta fe, ya ves,
el tiempo va al revés.

No hay ni un día en que no quiera ser,
ni un segundo en el que no aprender,
ni un minuto más de ayer, no toca perder.

Y ya lo sabes, corazón,
que no hay más gritos que esta voz,
y va tan fuerte que también
se asusta el aire.
Y por el aire te daré
lo más difícil de tener,
la confianza que tú a mí
me regalaste.

Qué bonito es entender.
Qué bonito es saber de ti.

Amor.


Khalil Gibran dijo... (acompañado de "Claro de Luna")






El dar, Khalil Gibran




Dais muy poco cuando dais
lo que es vuestro corno patrimonio.
Cuando dais algo de vuestro interior
es cuando realmente dais.
Hay quienes dan poco de lo mucho
que tienen y lo dan buscando
el reconocimiento y su deseo oculto
daña sus regalos.
Y hay quienes tienen poco y lo dan todo.

Es bueno dar algo cuando ha sido pedido,
pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo.
Y, para la mano abierta,
La búsqueda de aquel que recibirá
es mayor alegría que el dar mismo.

¿Y hay algo, acaso, que puede guardarse?
Todo lo que tenéis será entregado algún día:
dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra
y no de vuestros herederos.

Decís a menudo: “Daría,
pero sólo a quien lo mereciera”.
Los árboles en vuestro huerto
no hablan de ese modo,
ni los rebaños en vuestra pradera.
Ellos dan para vivir,
ya que guardar es perecer.

Todo aquel que merece recibir
sus días y sus noches
merece de vosotros todo lo demás.
Y aquel que mereció beber el océano de la vida
merece llenar su copa en vuestra pequeña fuente.

Mirad primero si vosotros mismos merecéis dar
y ser el instrumento de dar.
Porque, en verdad, es la vida la que da a la vida,
mientras que vosotros, que os creéis dadores,
no sois más que testigos. 




Distance, Christina Perri

Bonita canción para esta mañana de sábado...



50 sombras de Grey, ¿trailer...?

Mucho se ha hablado y comentado de esta trilogía erótica de la que se dice, todo el mundo habla. Han sido millones los lectores de esta obra en todos los países, ha tenido críticas favorables y desfavorables...



Ahora, el contrato para producir la película que lleve esta novela a la gran palntalla está firmado...






La insólita muerte de Isadora Duncan




Hija de un matrimonio mal avenido y finalmente divorciado, "la ninfa", como se le conocería más tarde a Isadora Duncan, nació el 27 de mayo de 1878, en San Francisco California, Estados Unidos.
La inclinación natural de Isadora, desde niña, fue la danza, siendo tal su entusiasmo por ésta, que a los diez años dejó la escuela para entregarse por entero a su afición.

Contaba con 17 años cuando partió rumbo a Nueva York, con el objetivo de integrarse a la compañía del actor y empresario, Agustín Daly. Duncan intentó en vano convencer al empresario para que éste introdujera una serie de innovaciones que implicaban un nuevo método partiendo de la improvisación para presentar plásticamente los poemas.

Su experiencia en la compañía de Daly, finalmente no la satisfizo y marchó a Inglaterra con su familia, teniendo por objetivo, estudiar, a partir de los jarrones griegos del Museo Británico, los movimientos de la danza antigua.

Creadora de su propio estilo, teniendo como fundamento la danza de la Antigua Grecia, Isadora Duncan comenzó a cosechar triunfos en Londres, tras presentarse en una serie de recitales. El éxito obtenido en Inglaterra le abrió las puertas de los principales teatros europeos, recorriendo Francia, Italia y Grecia.

La nueva estrella de la danza, Isadora Duncan, a quien denominaron "la ninfa", cautivó al público europeo, por la excelencia de su arte en el que conjugaba cuerpo y espíritu y en el que rompía con las severas reglas del ballet clásico.


Para Isadora, el ballet clásico constituía un género ficticio e ilógico, porque ella concebía a la danza como algo armonioso entre los seres y la vida, por lo tanto la danza debía transmitir el amor a la naturaleza y a la vida.

"La ninfa", además de su belleza, poseía un poder de seducción que la mantenía rodeada de amigos, entre los que se contaban intelectuales, pintores y poetas, así como de numerosos admiradores que deseaban conocerla.

La cautivación que ejercía entre los que le rodeaban, determinó que empezaran a ligarla amorosamente con múltiples pretendientes y pronto surgió el mito de que Isadora acarreaba la desgracia a las personas a quienes amaba.

Las desapariciones y extraños sucesos que acompañaron a algunos de sus pretendientes parecían corroborar el supuesto maleficio que proyectaba Duncan y, al parecer, el polaco Iván Miroski fue el primero en sufrir tal sortilegio al ser atacado por unas fiebres malignas, al separarse de "la ninfa".

Mientras Isadora Duncan triunfaba en París, dicho maleficio alcanzó también a sus hijos Deirdre y Patrick, quienes murieron ahogados al caer en las aguas del río Sena el automóvil en el cual viajaban, rumbo a Versalles, acompañados por la institutriz.

Según la misma Isadora, al despedirse de Deirdre, ésta colocó los labios en el cristal de la ventanilla del coche y al posar su boca sobre la de la niña, a través del cristal, tuvo un desagradable presentimiento.

La pérdida de sus hijos fue un durísimo golpe para la bailarina, a grado tal que canceló todos sus compromisos, abandonó temporalmente su carrera y anidó en su mente, en varias ocasiones, la idea del suicidio.

A pesar del dolor que sufría, Duncan, tratando de restañar sus heridas, se dedicó de tiempo completo a la enseñanza en la escuela que había fundado en 1904, pensando en los niños que pudieran necesitarla en el ámbito de la danza.

Otras actividades que llevó a cabo Isadora se relacionaron con campañas de beneficencia, además se propuso dar a conocer sus enseñanzas en otros países, lo que la llevó a Moscú, capital de la U.R.S.S., en 1921. En la U.R.S.S., conoció a Sergei Esenin, poeta y cantor oficial de la Revolución de 1917, con quien contrajo matrimonio.

Dicha unión no resultó tan venturosa; después de recorrer Europa y Estados Unidos, Sergei comenzó a presentar serias depresiones. En busca de la estabilidad emocional del poeta, Isadora y Esenin regresaron a Moscú, sin embargo, su estado anímico no cambió, por el contrario, se agudizó e hicieron presa de él, la misantropía y el alcoholismo, lo que finalmente, decidió a "la ninfa" a divorciarse de él y a abandonar la Unión Soviética en 1924.

De regreso a Europa, en 1925, Isadora Duncan establece su residencia en Niza y poco después, como si el maleficio resurgiera, se entera por los periódicos que su ex esposo se había suicidado.
Refugiada en Niza, Isadora dedicó su tiempo en escribir su libro El arte de la danza y terminar su autobiografía, el primero, con el deseo de proporcionar un compendio de sus enseñanzas.

Con el fin de relajarse un poco, Isadora Duncan, salió a dar un paseo, el 14 de septiembre de 1927, a bordo de su carro Bugatti. Isadora vestía con su habitual lujo. Dando dos vueltas a su cuello, llevaba una largo echarpe de seda que se agitaba libremente al aire de la marcha. No hubo grito alguno, todo sucedió en apenas un instante. La pieza de seda, ondeando alegremente, topó por casualidad con los radios metálicos de la rueda trasera, trabándose con ellos. El efecto fue inmediato, el echarpe se tensó y estranguló violentamente el cuello de Isadora, que se fracturó sin remedio, sin poder librarse del mortal abrazo, murió estrangulada.





Una "interpretación" de Tamara Rojo






Fuente:
http://www.culturizando.com 


 

jueves, 11 de abril de 2013

Las monas viajeras, Gianni Rodari





Un día las monas decidieron hacer un viaje de aprendizaje. Camina que camina, se pararon y una preguntó:
— ¿Qué es lo que se ve?
— La jaula de un león, el estanque de las focas y la casa de la jirafa.
— Qué grande es el mundo y qué instructivo es viajar.
Siguieron el camino y se pararon sólo al mediodía.
— ¿Qué es lo que se ve ahora?
— La casa de la jirafa, el estanque de las focas y la jaula del león.
— Qué extraño es el mundo y qué instructivo es viajar.
Se pusieron en marcha y se pararon sólo a la puesta del sol.
— ¿Qué hay para ver?
— La jaula del león, la casa de la jirafa y el estanque de las focas.
— Qué aburrido es el mundo: se ven siempre las mismas cosas. Y viajar no sirve precisamente para nada.

Claro: viajaban, viajaban, pero no habían salido de la jaula y no hacían más que dar vueltas en redondo como los caballos del tiovivo.


Una frase para hoy...



Silencio, Abi Ann



La ronda de noche, Rembrandt



Pintado en 1642, el lienzo mide 3,79 metros de largo por 4,54 de alto y pesa 170 kilos. Su embalaje, de última generación, incluye un gran marco de madera cubierto por una funda protectora provista, a su vez, de otro marco metálico de 300 kilos. Diseñada por la multinacional Philips, la funda incluye sensores para controlar la temperatura y humedad del lienzo, así como el impacto de posibles golpes. Protegida por una capa de espuma aislante y una tela, la obra viajará los pocos metros que la separan del edificio central del Rijksmuseum montada en una carretilla. La policía acordonará el entorno para evitar aglomeraciones de turistas y vecinos curiosos.

La ronda de noche se titula en realidad La compañía militar del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willem van Ruytenburg. Retrata una de las milicias cívicas de Ámsterdam, en este caso una compañía de arcabuceros, a punto de iniciar su patrulla

Éste, que quizá fuese su verdadero título, fue descubierto gracias a la inscripción hallada en un boceto preparatorio:
Boceto de la pintura en la cual el joven Heer van Purmerlandt (Banning Cocq), como capitán, ordena a su lugarteniente Heer van Vlaerderdingen (Willem van Ruytenburch), que ponga en marcha la compañía cívica.
El cuadro fue llamado en el siglo XIX Patrouille de Nuit por la crítica francesa, y Night Watch por Sir Joshua Reynolds; de ahí el nombre por el que se le conoce popularmente. El origen de este título surge de una equivocación de interpretación, debida a que, en esa época, el cuadro estaba tan deteriorado y oscurecido por la oxidación del barniz y la suciedad acumulada, que sus figuras eran casi indistinguibles, y parecía una escena nocturna. Después de su restauración en 1947, donde se eliminó este barniz oscurecido, se descubrió que el título no se ajustaba a la realidad, ya que la acción no se desarrolla de noche sino de día, en el interior de un portalón en penumbra al que llega un potente rayo de luz que ilumina intensamente a los personajes que intervienen en la composición.

La obra fue un encargo de la Corporación de Arcabuceros de Ámsterdam para decorar la Kloveniersdoelen, sede de la milicia. Debido a esto, Rembrandt usó monumentales dimensiones para el lienzo.
En ella aparece la milicia del capitán Frans Banning Cocq en el momento en el que éste da la orden de marchar al alférez Willem van Ruytenburch. Detrás de ellos aparecen los 18 integrantes de la Compañía, que pagaron una media de cien florines al pintor por aparecer en el cuadro, una suma más que considerable para la época. Los dos oficiales probablemente pagaron más, por el lugar privilegiado que ocupan en el cuadro. En total, Rembrandt cobró 1600 florines por este cuadro. Al ser la compañía de arcabuceros una institución municipal, La ronda de noche sigue siendo propiedad del Ayuntamiento de Ámsterdam, que la cede al Rijksmuseum en préstamo de uso sin contraprestación económica.
Rembrandt pinta a sus personajes en el momento previo a la tarea, cuando el tambor llama a los miembros del grupo a formar, antes de iniciar la ronda propiamente dicha. En eso consiste la genialidad de Rembrandt: no espera que el grupo esté formado, sorprende a los personajes y los retrata en diferentes ademanes, obviamente descolocados. Eso provocó las protestas de algunos de los miembros de la compañía, que no se vieron reflejados en la obra como ellos hubiesen deseado, tras haber pagado al pintor. Se olvidaron (o no sabían) que el artista era un genio y los genios crean el artea su manera, sin convencionalismos.

El encargo, que debía ser concluido para el banquete de inauguración de la sede de la compañía, fue, junto a otros retratos corporativos, parte de la conmemoración de la llegada en 1638 a Ámsterdam de la reina madre María de Médicis, viuda de Enrique IV de Francia, exiliada por orden de su hijo Luis XIII y del intrigante cardenal Richelieu. Esta visita regia a la capital holandesa fue celebrada por sus autoridades con gran pompa y boato.
El pago del trabajo se retrasó debido a que no cubrió las expectativas de los miembros de la milicia, por no estar perfectamente definida la presencia de la mayoría de ellos. A pesar de su calidad, también pasó desapercibida para la crítica en su día. La escena de la compañía forma parte fundamental de la tradición holandesa de retratos colectivos que surgió en la llamada "Edad de Oro del arte holandés". Autores contemporáneos como Frans Hals se dedicaron casi en exclusiva a este tipo de retratos de encargo.
El escudo de la ciudad de Amsterdam está en la luminosa chaqueta del teniente Ruytemburch: tres aspas dispuestas en vertical. Y hay otras claves que están clarísimas, aunque apenas se vean: los nombres de los 18 personajes están colgados en el escudo que aparece sobre la puerta.

Personajes principales

Capitán Frans Banning Cocq (1605 – 1655?): capitán de la compañía y figura central que vertebra los ejes del cuadro. Con la mano indica la orden a su teniente y la alarga al espectador, incluyéndolo en la escena. Pese a evitar un orden jerárquico en la distribución de los miembros de la milicia, Rembrandt le otorga la posición predominante que su cargo le reserva. 
Teniente Willem van Ruytenburch: teniente de la compañía, es el que recibe la orden de preparar la compañía para la formación. Ruytenburch era de baja estatura, y, para que no quedara muy disminuido junto al gigantesco capitán Cocq, Rembrandt lo realza empleando en su uniforme un tono amarillo al que hace vibrar iluminado por un rayo de sol. 
La niña: es un personaje clave en el cuadro, por ser el único femenino y servir de foco de luz. La niña no se encuentra en penumbra y las sombras no la tocan. Parece un espectro que poco tenga que ver con el resto de personajes. Por esta inusual cualidad, muchos críticos ven en la niña un retrato de Saskia van Uylenburgh (1612 - 1642), primera esposa del pintor, que murió prematuramente en el año en que fue pintado el lienzo, posiblemente de tuberculosis. Saskia era habitual modelo de muchos de los retratos del autor. Viste un traje amarillo limón y en la cintura le cuelga un gallo blanco con pinceladas azules. Éste era el emblema de la compañía, que Rembrandt representó de esta singular manera, en sustitución del habitual blasón de este tipo de retratos colectivos.

Rembrandt se apartó de lo convencional, evitando una escena estática y formal, y generando, en cambio, una de acción, más del gusto del Barroco imperante. Muestra a los soldados apurados para embarcarse en una misión (que tipo de misión, o si se trataba de un patrullaje ordinario es todavía motivo de discusión). Este ordenamiento es completamente original y constituye un nuevo modo de concebir el retrato colectivo. Su estilo causó la contrariedad de algunos miembros de la milicia, que por su ubicación en el fondo de la escena son difícilmente distinguibles. A diferencia de cuadros de la misma temática, en que la disposición de las figuras siguen un orden jerárquico preciso, el pintor basó la colocación de los personajes únicamente en razones plásticas. Los rígidos cánones de los retratos corporativos sólo traducían rutina y convencionalismo e imposibilitaban la expresión personal y dramática.
Sin embargo, la composición aparentemente desordenada está en realidad construida de un modo racional según los dos ejes medios del rectángulo que conforma el lienzo:
  • Eje horizontal: Determina el telón de personajes que sirve de apoyo a las dos figuras principales, en primer plano. Los cuatros personajes con trajes de colorido característico dominan el grupo central, dirigiendo la mirada del espectador hacia ellos mismos.
  • Eje vertical: Determina la posición del capitán con su traje negro, que se ve apoyado por la figura aneja del teniente, éste de amarillo claro. Esta dos figuras hacen que la escena quede centrada, girando a su alrededor el resto de componentes.
  • Las diagonales que forman la larga lanza y el asta de la bandera se cruzan en el centro luminoso de la escena, encuadrando los tres grupos de personas con una línea imaginaria, quedando los dos mandos de la compañía en la posición preponderante de la escena.
La sensación de espacio en diferentes niveles: el de la penumbra del portalón, el de la calle radiante de sol y el del observador, se asemeja a otros juegos compositivos típicamente barrocos como se pueden encontrar en Las Meninas de Velázquez o en El jardín del amor de Rubens.


El dibujo, apenas esbozado, queda disminuido por la importancia del color y la luz, siendo poco nítidos los contornos de las figuras. Influido por Caravaggio, Rembrandt usa el tenebrismo y el claroscuro, creando fuertes contrastes entre la penumbra y la luz. La luz proviene de la izquierda, según la dirección de las sombras proyectadas. Esta luz, a pesar de su concepción realista, no actúa uniformemente, sino que ilumina y destaca a ciertos personajes y relega a otros a la sombra. En ocasiones parece que nace del interior de las figuras, como en el caso de la niña que corre. La iluminación es la gran protagonista de este cuadro, porque recrea una atmósfera mágica de penumbras doradas, sombras envolventes y luces cegadores.
El color está aplicado con pinceladas espontáneas. El cromatismo del lienzo se desarrolla en tonos cálidos de las tierras y los ocres, con las excepciones del rojo del echarpe de capitán y del soldado del largo arcabuz a su derecha y del blanco ocre de la chica, detrás, y del uniforme del lugarteniente. Usa tonalidades opuestas para contrastar como el uniforme claro y oscuro de las dos figuras centrales, el negro riguroso del capitán resaltando el blanco de su golilla o incluso el tono dorado de la penumbra en contraste con las caras iluminadas.


El emplazamiento original para el que fue pensado el lienzo fue el Groote Zaal, Gran Salón, del Kloveniersdoelen, sede municipal de la Compañía de Arcabuceros de la capital holandesa. Este edificio fue destruido y reemplazado a mitad del siglo XIX por el actual hotel Doelen. En 1715, La ronda de noche se trasladó al Ayuntamiento de Ámsterdam en la plaza Dam. Sus grandes dimensiones hicieron que fuese mutilado en esta época cuando le fue cortada una franja en el lateral izquierdo y superior, eliminando a tres de los personajes de la escena. Conocemos su aspecto originario debido a diferentes copias anteriores a 1715, entre las que destaca una copia, obra de Gerrit Lundens y conservada en la National Gallery de Londres.
Cuando las tropas napoleónicas ocuparon los Países Bajos y Napoleón entronizó a su hermano Luis como rey de Holanda en 1806, el Ayuntamiento se convirtió en Palacio Real (aún mantiene esta función real) y los magistrados municipales trasladaron el cuadro a la Trippenhuis, es decir, la casa de la familia Trip. Inmediatamente, Napoleón ordenó su vuelta a palacio y se mantuvo allí hasta la caída del Imperio Napoleónico. Tras esto, La ronda de noche volvió a la Trippenhuis ya convertida en el Rijksmuseum, como Galería Nacional de Arte de los Países Bajos. En 1885, se finalizaron las obras del actual edificio del Rijksmuseum y el cuadro se trasladó a su ubicación actual.
Durante la II Guerra Mundial, para salvar el patrimonio artístico durante el conflicto, los fondos más importantes del Rijksmuseum fueron depositados en diferentes búnkers denominados Refugios Nacionales construidos en las dunas de Heemskerk y Zandvoort. En 1942, los cuadros se volvieron a trasladar a refugios en Steenwijk y Maastricht.

 
La ronda de noche estuvo oculta durante cinco años siendo su último emplazamiento un búnker en el subsuelo de la capital del Limburgo. Fue separada de su marco y enrollada en un cilindro. El 25 de junio de 1945, La ronda de noche volvió a Ámsterdam, siendo restaurado en el taller del Rijksmuseum. 
Copia de La ronda de noche anterior a la mutilación del lienzo en 1715, donde se puede observar sus dimensiones originales.
Aparte de la mutilación del siglo XVIII, La ronda de noche ha sido objeto de algunos ataques vandálicos.  En 1715, y sin que nadie se asombrara, el cuadro fue recortado para que encajara en una sala del ayuntamiento de Ámsterdam. La franja de tela suprimida incluía a tres personajes. El 14 de septiembre de 1975, un desequilibrado mental atacó la obra con un cuchillo haciéndole numerosos cortes en zig-zag. El lienzo fue restaurado con éxito, aunque aún pueden apreciarse in situ las huellas de este atentado. En 1985, un visitante del museo roció la pintura con un spray de ácido que llevaba oculto. La rápida intervención de los guardias de seguridad y el agua que le fue pulverizada neutralizaron el ácido que afortunadamente no llegó a tocar el lienzo y sólo dañó el barniz. De nuevo, la obra fue restaurada por completo.
Desde 1817, la obra figura en el Rijksmuseum.


Curiosidades

La ronda de noche ha inspirado a numerosas obras posteriores. Ya en su época fue tremendamente popular y se realizaron algunas copias, gracias a las cuales conocemos su aspecto originario antes de todas sus alteraciones.
La comisión de IV centenario del nacimiento de Rembrandt expuso en la plaza Rembrandt de Ámsterdam junto al busto del pintor, las réplicas de los personajes del cuadro, esculpidas por Alexander Taratynov y Mikhail Dronov. Al finalizar esta conmemoración las estatuas serán trasladadas para permanecer en los jardines del castillo de St. Gerlach, cerca de Maastricht.
También en homenaje, en el año de esta conmemoración, el director de cine británico Peter Greenaway rodó un película dedicada al cuadro titulada Nightwatching, protagonizada por Martin Freeman en el papel de Rembrandt y Emily Holmes como su segunda esposa, Hendrickje. Se presentó en el Festival Internacional de Cine de Venecia el 6 de septiembre de 2007 y su estreno comercial en los Países Bajos fue el 24 de enero de 2008.

La música también ha mirado al lienzo en busca de inspiración como el segundo movimiento de la Sinfonía nº 7 de Gustav Mahler o la ópera De Nachtwacht compuesta por el músico neerlandés Henk Badings de 1942, sin dejar de mencionar las canciones Night Watch de King Crimson o The Shooting Company of Captain Frans B. Cocq del grupo Ayreon.


 
Peter Greenaway plantea algunos interrogantes sobre esta obra: 

1. ¿Resulta de alguna relevancia el hecho de que Banning-Cocq vista un uniforme de negro satánico?

2. ¿Es igualmente significativo que, por contra, Willem van Ruytenburch se vista de luminoso dorado angelical? Así lo pensó un iconoclasta cuando rasgó ambas figuras conducido por el paradigma del mal contra el bien en la cabeza.

3. ¿No resulta peculiar que haya una diferencia de estatura tan notoria entre ambos sujetos? Willem van Ruytenburch apenas alcanza la garganta de Banning-Cocq. Ciertamente, el simple decoro hubiera podido igualar la altura de ambos hombres. Willem parece degradado al ser representado tan bajo.

4. La mano extendida de Banning Cocq no parece encajar demasiado bien en el brazo o la manga. ¿Existe algún motivo para ello?

5. Se percibe una sombra muy significativa de la mano de Banning Cocq sobre el bajo vientre de Willem. ¿Hay en ello una deliberada provocación de naturaleza sexual?

6. La punta de la lanza sostenida por Willem van Ruytenburch tiene toda la apariencia de hacer las veces de genitales ostentosamente, sugiriendo un pene erecto y los testículos. ¿En verdad puede considerarse accidental algo así?

7. Banning-Cocq sostiene un guante por un dedo en su mano derecha con flagrante negligencia y disgusto. El guante sostenido es diestro. Dado que su mano derecha ya está enguantada, y que su mano izquierda se percibe extravagantemente desguantada, el guante sostenido no puede ser suyo. ¿En tal caso, de quién es? ¿Y qué está hacienda aquí? ¿Qué es lo que ocurre? En el lienzo hay tres mosqueteros, todos representados con rembrandtiano penacho de plumas extraído de algún manual militar.

8. El mosquetero que está cargando el mosquete lo está hacienda rematadamente mal, al revés. ¿Una imagen de incompetencia? ¿O acaso Rembrandt sufrió reprimenda por hacer demasiado público a los españoles los secretos militares holandeses?

9. El mosquetero que dispara el mosquete, en el centro de la composición, lleva una armadura completa y el rostro permanece oculto; obviamente se trata de alguien joven y está disparando en medio del tumulto con gran riesgo para todos; no mantiene el cuerpo en equilibrio y en el casco lleva una ramita con hojas de roble: aquí hay demasiados misterios como para sugerir un ejercicio arbitrario. Una figura así implica un día o varios de trabajo. Estamos llamados a tomar buena nota de ello.

10. En el centro de la composición hay un hombre que hace un gesto ambiguo: ¿está evitando el disparo, contribuyendo al mismo, propiciándolo?

11. Y ahora la rareza que todos vemos: la chica engalanada con el brillante vestido. ¿Es realmente una chica? Los hay que opinan que se trata de una enana, acaso con la mente puesta en la pintura española, por ejemplo ¿la corte de enanos de Velázquez o Ribera? Y Rembrandt ordena grabados españoles por medio del taller de impresión de Amberes. España es el enemigo tradicional. ¿Es esa chica todo cuanto queda de la amenaza española para esos comerciantes inútiles que juegan a soldados? Ahora, el enemigo no es más que un juguete, una enana, como las hay en la mismísima Corte española. ¿El enemigo es ahora una enana española? Lleva corona y un pollo colgando de la cintura, una ave malévola con garras, un gallo joven cacareando un quiquiriquí desprovisto de virilidad, una metáfora referida al gran cornudo. También de su cintura pende una bolsa con monedas ¿Hay aquí una acusación de cobardía en forma de pago a la amenaza española en lugar de combatirla frontalmente? Y además la chica blande ostensiblemente una copa. ¿Qué significado tiene todo esto? La pintura holandesa está llena de signos y símbolos, metáforas y emblemas, alegorías y referencias a historias y narraciones; seguramente, en este lienzo hay de todo ello. ¿Cómo deben interpretarse?

12. Esta chica iluminada rutilantemente tiene una compañera con el rostro oculto. ¿Qué están haciendo esas chicas? ¿Huir? ¿Correr hacia algún lugar? ¿Simplemente corren?

13. Hay alguien más que corre: el chico de la pólvora, a la izquierda. ¿Se trata de algún tipo de mensajero, o de delator, de informador? ¿Un testigo ávido de explicar cuanto ha visto?

14. Existe un hombre tuerto en el fondo de todo del grupo, en el centro, mirando por encima de los hombros del resto. ¿Se trata de un autorretrato de Rembrandt? Después de que no pocos hayan estudiado escrupulosamente sus 57 autorretratos, se comenta que Rembrandt tenía un ojo perezoso, el izquierdo, aquejado de astigmatismo, su ojo siniestro, pero el que vemos es su ojo derecho, derecho por izquierdo, pues Rembrandt tenía que pintar su autorretrato valiéndose de un espejo.

Y seguimos.

15. De modo significativo, los únicos que miran directamente a cámara, hacia nosotros, son Jacob de Roy, con sombrero negro, en el centro, hacia la derecha, y Rembrandt; ¿es ello importante? ¿Son esas dos personas las únicas que están ‘en posesión del secreto’?

16. La composición del lienzo tiene un poderoso foco en las dos figuras centrales, Banning-Cocq y Willem van Ruytenburch, además del hombre situado en medio de ambos, Jongkind. Las manos que señalan, los gestos, las líneas de composición… ¿no será que son más que líneas compositivas? ¿no será que están formulando acusaciones? Y si se elimina un poco del lienzo, cortando por la izquierda, esos personajes se sitúan incluso más al centro. Lo cierto es que en 1715 el lienzo fue recortado un poco por la izquierda. El gran cuadro quedó bajo control de Banning-Cocq. Cortaron esa porción simplemente obedeciendo consideraciones prácticas, o hay un motivo más importante?

17. Hay un hombre en el centro, Bloemfeldt, tocado con un sombrero cómico y con mostacho falso. ¿Qué está haciendo un actor aquí?

18. En el lienzo hay exactamente 13 picas; el trece era número de mala suerte a mediados del siglo XVII. ¿Accidental?
 





 
La ronda de noche, recupera este miércoles su puesto en la sala de honor del Rijksmuseum de Ámsterdam. La tela ha pasado nueve años expuesta en el ala Philips de la propia pinacoteca, que abrirá de nuevo sus puertas el próximo 13 de abril. Durante ese tiempo, los arquitectos españoles Antonio Ortiz y Antonio Cruz, ganadores del concurso internacional para la renovación del centro, han trabajado hasta convertirlo en un espacio acorde con los retos museísticos del siglo XXI. El interior del edificio está casi lleno -50 empleados llevan desde septiembre colocando 8.000 piezas artísticas- pero el traslado de La ronda de nochese ha dejado para el final. Al estallar la II Guerra Mundial, en 1940, el cuadro fue escondido para evitar que los nazis lo robaran. En 1942 fue enviado a Maastricht, al sur del país, a 35 metros bajo tierra. En 1945 regresó a Ámsterdam tras la liberación.
Su embalaje, de última generación, incluye un gran marco de madera cubierto por una funda protectora provista, a su vez, de otro marco metálico de 300 kilos. Diseñada por la multinacional Philips, la funda incluye sensores para controlar la temperatura y humedad del lienzo, así como el impacto de posibles golpes. Protegida por una capa de espuma aislante y una tela, la obra viajará los pocos metros que la separan del edificio central del Rijksmuseum montada en una carretilla. La policía acordonará el entorno para evitar aglomeraciones de turistas y vecinos curiosos.






Fuentes:
http://es.wikipedia.org
http://cultura.elpais.com
http://www.abcguionistas.com