viernes, 4 de enero de 2013

El manuscrito encontrado en Accra, Paulo Coelho (un tesoro para todos aquellos en busca de significado...o


Después de llevar tres años sin aparecer públicamente y tras superar una operación de corazón, el escritor brasileño Paulo Coelho ha presentado el miércoles su último libro, El manuscrito encontrado en Accra, en un acto en el que ha hecho una una intensa defensa de internet y de la redes sociales.

Paulo Coelho publica su libro después de recuperarse de una operación de corazón

Foto: EFE (publicada en La Opinión el 24-11-2012)
"Para mí, escribir significa el contacto humano, Nunca he comprendido eso del escritor aislado en su torre de marfil. Internet es una revolución, y las redes sociales, Twiter, facebook, mi blog o los post, han cambiado todo. Ha creado otro Renacimiento", subrayó el autor de El alquimista, ante una sala repleta de periodistas.
Y es que Coelho, que tiene 17 millones de seguidores en las redes sociales y que ha vendido cerca de 150 millones de libros en 168 países y en 73 idiomas, lo primero que ha hecho, antes de iniciar la rueda de prensa, ha sido poner un "tuit" a sus amigos para comunicarles que estaba presentando su libro.
"La tendencia del escritor hoy en día es básicamente escribir en las plataformas para compartir su trabajo. El sueño del escritor es que sea leído; no es hacer un jardín para su libro, sino captar otras sensaciones humanas, compartir y que haya una compresión mutua", argumentó un Coelho parlanchín, si se tiene en cuenta que ya no quiere dar entrevistas ni hacer presentaciones de sus libros.
Pero este escritor de 64 años, con una biografía intensa, rebelde, hippie, transgresor, viajero por el mundo o víctima de torturas durante la dictadura brasileña, entre otras cosas, que encontró la paz en 1986 tras recorrer el Camino de Santiago, cree que en este momento de revolución tecnológica existe, por contra, una crisis de valores.
Y para hablar de ello ha escrito El manuscrito encontrado en Accra, publicado en España por Planeta y lanzado en América Latina el 22 de noviembre, excepto en Colombia que saldrá el día 6 diciembre, al igual que en Estados Unidos, publicado por Random House Mondadori.
En él narra la historia del manuscrito de Accra, escrito en árabe, hebreo y latín, que cuenta el relato sobre los consejos que le dio un sabio griego a la población de Jerusalén en la víspera de la invasión de los cruzados.
Así, en un claro homenaje a la obra El profeta, de Gibrán Jalil Gibrán, como señaló el miércoles el propio autor. El manuscrito encontrado en Accra es una parábola sobre la falta de valores en la sociedad de hoy. Unos valores que son los mismos hoy que hace 1000 o 5000 años, un libro sobre la pregunta eterna: "Quién soy yo".
Un libro sin respuesta, pero con muchas preguntas, "porque yo no tengo respuestas, solo preguntas", añade este hombre que siempre va vestido de negro y que empezó a escribir tarde, aunque desde entonces no ha parado.
Y un libro escrito de forma alegórica que va dirigido a todos aquellos que se dejan sorprender, que tienen curiosidad y que no olvidan a ese niño que todos llevamos dentro.



En el comienzo del libro el autor cuenta cómo tuvo acceso a este misterioso manuscrito, consiguiendo despertar el interés por su lectura, pero sin aportar luz sobre la autenticidad del escrito. Según su versión, el manuscrito fue descubierto en el año 1974 en Egipto por el arqueólogo inglés sir Walter Wilkinson, justo en la misma región donde tres décadas antes habían sido encontrados los Manuscritos de Nag Hammadi, también conocidos como Evangelios Apócrifos.
Según Coelho el pergamino es real y tuvo acceso a él gracias al hijo de Wilkinson, "conocí al hijo de sir Walter Wilkinson en la navidad de 1982 en País de Gales y me acuerdo de que en la época mencionó el pergamino pero nadie le dio importancia al asunto. El 30 de noviembre de 2011 recibí de él una copia del texto al que se había referido. Este libro es la transcripción del manuscrito encontrado en Accra". Queda, pues, en manos del lector el darle credibilidad al escrito, aunque el objetivo del autor es transmitir una serie de valores que son universales y que muestran cómo en nada han cambiado las necesidades e inquietudes del ser humano en el curso de los años. 

14 de julio de 1099. Mientras Jerusalén se prepara para la invasión de los cruzados, un griego conocido como el Copta convoca a una reunión con los jóvenes y los viejos, los hombres y las mujeres de la ciudad. El Copta no buscaba unirse a ninguna religión en particular, pero había guardado en su memoria todo lo que había escuchado para poder transmitirlo a las generaciones futuras.

"En cuanto a mañana, la armonía se volverá discordia. La alegría será remplazada por el dolor", dijo .el Copta. "Ninguno de nosotros puede saber lo que nos reserva el futuro, porque cada día tiene sus buenos y sus malos momentos. Así que olvídense del ejército que espera afuera, y el miedo que acecha dentro. "Hablaremos, por .10 tanto, de nuestras vidas diarias, de las dificultades que debemos enfrentar."

Y le hicieron preguntas acerca de los verdaderos enemigos, la derrota, la soledad. Le hicieron preguntas con respecto a la lucha, el cambio, la belleza, el camino a seguir. Y después le hicieron preguntas sobre el amor, la lealtad, el destino, el sexo y la elegancia, el miedo, la ansiedad, la sabiduría y lo que aguarda en el futuro; y las respuestas del hombre sabio siguen siendo válidas ahora, mil años más tarde. Mientras esperaba el ataque enemigo, la gente  se reunió en la plaza y preguntó. Y el Copta contestó.

No eres derrotado cuando pierdes, sino cuando desistes.


 Estructurado en breves capítulos, el libro nos ofrece pequeñas joyas que ensalzan valores universales que defienden por encima de todo la tolerancia y el respeto, algo loable y necesario en la actualidad. Pero el autor envuelve estos valores en un confuso manto de espiritualidad new age que podría llevarnos a conclusiones erróneas. La tolerancia entre religiones no quiere decir que todas sean iguales. Tiene que existir un respeto a pesar de las diferencias pero no una uniformidad de pensamiento y creencias; lo primero es libertad, lo segundo es dictadura e imposición. No todas las religiones son iguales ni adoran al mismo Dios, como no son iguales todas las ideologías.
Pero dejando a un lado este sincretismo ya clásico en el autor, el libro nos invita a reflexionar sobre nuestra existencia, a valorar lo prioritario y aprender a adaptarnos a las circunstancias, siendo valientes y arriesgándonos al fracaso porque “los derrotados son aquellos que no fracasan. La derrota es para los valientes, los que pueden tener el honor de perder y la alegría de ganar”. 


Fuentes:

http://www.laopinion.com
http://megustan-loslibros.blogspot.com.es

El perverso experimento del profesor Zimbardo


El verano de 1971, Philip Zimbardo, profesor de psicología en la Universidad de Stanford, se dispuso a llevar a cabo un sencillo experimento en el que quería demostrar la frágil y delgada línea que separa el bien del mal. 

 
Cacheando a un hombre


Para ponerlo en marcha, recibió una beca de la Oficina de Investigación Naval (ONR) del gobierno de los Estados Unidos y cuyo dinero debía servir para financiar todos los gastos que se generarían en las dos semanas que estaría funcionando dicho proyecto.
Se conoció como “el experimento de la cárcel de Stanford” y lo que debía ser una prueba de conducta y resistencia humana acabó convirtiéndose en un perverso experimento, lleno de actos sádicos y crueles.
Los acontecimientos sucedieron del siguiente modo…

Funcionario de prisiones

Philip Zimbardo planteó las siguientes cuestiones: ¿Qué sucede cuando se pone a personas buenas en un sitio malo? ¿La humanidad gana al mal, o el mal triunfa? Para poder dar con la solución buscó un buen número de estudiantes que estuviesen dispuestos a participar en este extraño a la vez que emocionante experimento.
Publicó un anunció en la prensa en el que ofrecía una gratificación de 15 dólares diarios a aquellos estudiantes que quisieran formar parte del estudio. Se presentaron setenta aspirantes de varias poblaciones cercanas y que nada tenían que ver con la Universidad de Stanford. Se les realizó una serie de tets y finalmente se seleccionaron a los 24 candidatos elegidos, a los que se dividió en dos grupos de 9, quedando 6 como reservas: unos serían los policías y los otros debían ser los reclusos.
El profesor Zimbardo y su equipo contó con la inestimable colaboración del cuerpo de policía para el primer día del experimento. 

Agentes de policía
El 14 de agosto, agentes reales de la policía se desplazaron a detener a aquellos voluntarios a los que se les había asignado el rol de delincuentes. El operativo estaba perfectamente coordinado para que todo pareciese real.
La policía se presentó en las casas de los delincuentes y estos fueron detenidos, se les leyeron sus derechos y se les trasladó a la comisaría. Una vez allí se les fichó y se les tapó los ojos, subiéndoles a unos coches para llevarlos al sótano del edificio del Departamento de Psicología de la universidad, lugar donde se habían habilitado unas celdas, como si de una verdadera cárcel se tratase, hecho que desconocían los detenidos.
La “cárcel de Stanford” estaba custodiada por un grupo de voluntarios a los que se les había uniformado, provisto de porras y gafas oscuras, con la intención de que no se les viera los ojos.
La mayoría de estos “policías” habían sido escogidos por sus tendencias pacifistas. Muchos de ellos pertenecían a movimientos hippies que por aquellos tiempos tenían como consigna y modo de vida el “haz el amor y no la guerra”.
Se les dio una serie de consignas de cómo debían tratar a los presos y la autoridad que debían ejercer sobre estos. Entre ellas estaba la de desnudarlos, burlarse de ellos, hacerlos sentir vejados… y se lo tomaron tan al pie de la letra que muchos llegaron a practicar una autentica y desproporcionada violencia psicológica.


A los reclusos se les roció con un espray antiparásitos, se les cortó el pelo y se les vistió con sacos, desprovistos de ropa interior. También se les obligó a llevar como gorro una media de mujer y sus tobillos arrastraban una pesada cadena. Con todo esto querían acelerar el proceso de hacerlos sentir humillados y que verdaderamente eran presos.
Las celdas estaban provistas de una serie de micrófonos y cámaras ocultas por las que espiaban todo lo que los encarcelados hacían y decían entre ellos.
Zimbardo, con su experimento se proponía demostrar que cualquier persona a la que se le da una serie de instrucciones y se le expone a una situación límite es capaz de traspasar la línea que separa el bien del mal.
El segundo día se originaron los primeros problemas importantes. Algunos reclusos se quitaron los gorros y arrancaron los números identificativos que llevaban cosidos en el saco que utilizaban como vestido. Se sentían humillados y vejados por el trato desproporcionado que estaban recibiendo por parte de los carceleros.
Estos por su parte, cada vez se tomaban más en serio el papel que les había tocado representar, olvidándose de que se trataba de eso… de una representación.
Un grupo de presos organizaron un motín y fueron reprimidos de forma contundente, aislando a aquellos que encabezaron la rebelión y ofreciéndoles al resto pequeñas “recompensas” si obedecían a las autoridades y no se sumaban a la insumisión.
Los días iban pasando y algunos prisioneros empezaron a mostrar desórdenes emocionales agudos. 

El profesor Zimbardo en plena faena
El experimento no pudo ser acabado. El 20 de agosto, seis días después de ponerse en marcha, tuvo que ser interrumpido después de que Christina Maslach, una doctora de la universidad y no familiarizada con el estudio que se estaba llevando a cabo, accedió a la “cárcel de Stanford” para realizar unas entrevistas tanto a los guardias como a los presos y dio cuenta de las pésimas condiciones en las que se hallaban. Escandalizada pidió que se diese por concluido el experimento.
La cincuentena de personas que habían estado observando todo el estudio desde fuera, a lo largo de aquellos días, se habían vuelto inmunes a todas las imágenes y comportamientos que se desarrollaban en el interior, viendo como “normal” lo que allí había estado sucediendo. La única que puso la voz de alarma fue la doctora Maslach.
En ese momento, el profesor Zimbardo decidió dar por finalizado uno de los estudios que más controversia ha levantado: “el experimento de la cárcel de Stanford”.


 Fuente: 
naukas.com

Dust in the Wind, Kansas




jueves, 3 de enero de 2013

Tantas cosas que contar, La Oreja de Van Gogh


Siento que hoy no puedo más,
te busco y sólo encuentro mar,
necesito verte y hablar.
Sé que estás lejos de aquí
sonriendo sin reir
escribiendo algo para mí.
Una noche fui a buscar
en tus brazos el lugar
que hace años no supe encontrar.
Te he escuchado caminar
te siento pero tú no estas
mírate y mira ahora hacia atrás.
Has venido a despertar
mi alegría y felicidad,
tengo tantas cosas que contar.
Ven, vuélvete a dormir,
vuelve a descubrir todo aquello junto a mí.

Que de dudas te serví,
que de cosas me perdí,
que de veces me has hecho reír.
Cuánto tiempo sin llorar,
sin sentir, sin escuchar,
sin tener algo de que hablar.
Tú sentado frente a mí
miro y sólo veo en ti
todo lo que queda por vivir.
Vi en tus ojos sin querer
tantas ganas de querer
que sólo quiero verlos otra vez.
Has venido a despertar
mi alegría y felicidad,
tengo tantas cosas que contar. 


Ven, vuélvete a dormir,
vuelve a descubrir todo aquello junto a mí.
Has venido a despertar
mi alegría y felicidad,
tengo tantas cosas que contar.
Ven, vuélvete a dormir,
vuelve a descubrir todo aquello junto a mí.


Frase de Federico García Lorca



"El más terrible

de los sentimientos

es el sentimiento

de tener la esperanza

perdida."

David Garret, espectacular Quinta Sinfonía de Beethoven





Un amigo destapó mil Sensaciones con... "Despedida"

Raúl mira los sobres ordenados pulcramente sobre la mesa. Hace un recuento rápido; ocho sobres color sepia, perfectamente alineados sobre la mesa del salón. Cada un de ellos lleva estampado en elaborada letra su contenido. Quiere que cuando Sara los vea, no tenga ninguna duda. En su interior llevan precisas instrucciones.

Dese el centro de la sala mira hacia la ventana. Es el primer día de enero. Llueve. El aire sopla con fuerza contra las ventanas. Gotas tristes resbalan perezosas sobre los cristales. Su mirada se deposita sobre el teléfono. Todo está en orden, es el momento de llamar…

Avanza con lentitud hacia él. Está decidido. Lo ha pensado mucho en los últimos días. Han sido unas Navidades distintas… tristes. En sus cuarenta años de vida, éstas, han sido determinantes para su futuro.

Menea la cabeza hacia los lados en un gesto de negación ante su último pensamiento. ¿Futuro? No. No existe el futuro. Solo existe el presente… y quiere, por una vez, hacer las cosas bien.

Toma el teléfono entre las manos. Su gesto es tan firme que se sorprende a sí mismo. No le tiembla el pulso para nada. Está decidido. Nada va a cambiar su decisión.

Reparte una leve pausa entre cada marcado de numero, mientras selecciona los nueve dígitos. Detiene el gesto por un momento, pensativo, para a continuación apretar los labios con fuerza y pulsa la tecla “llamar”.

Un tono…
Dos tonos…
Tres tonos…
-         ¿Diga?

La voz de Sara suena alegre y ante la ausencia de respuesta repite…
-         Diga… - mira el número que aparece en la pantalla
-         Raúl ¿eres tú?

Se toma un tiempo para responder… Siempre le ha gustado la voz de su esposa y ahora, ante sus oídos, suena a canto  angelical…
-         Si, Sara. Soy yo… Por favor,  escúchame con atención…
-         ¿Qué ocurre? Tu voz suena extraña…
-         Todo está bien. Atiende …

Por unos momentos que parecen interminables, se hace un pesado silencio…

Raúl se pone de pie sobre la silla de madera y allí, desde lo alto, mira el mosaico de sobres.

Se encoge ligeramente de hombros antes de decir…
-         Sobre la mesa del salón he dejado ocho sobres. Están numerados. Cada uno de ellos tiene escrito en su parte delantera su contenido…
-         Raúl, me estás asustando… - el pecho de Sara se agita con fuerza. Coloca una mano en la barbilla y dice - ¿Qué pretendes decirme?
-         Sssssst… No me interrumpas – indicó de forma tajante – El sobre número uno, contiene las escrituras de la casa y las fincas. En el sobre número dos, se encuentran las libretas del banco y mi seguro de vida. En el número tres…

Sara ha dejado de prestar atención a sus palabras e intenta, de forma desconcertada, saber qué le intenta decir Raúl. Se pasa la mano por la cara, intentando con ese gesto despejar la mente y entender mejor la situación…
-         …y en el número ocho está todo el dinero que tengo en la casa – sentencia Raúl.
-         Raúl… ¡por favor! ¿por qué me dices todo esto? ¿Qué ocurre?

De nuevo un silencio espeso inunda los teléfonos. Raúl se siente tranquilo. Sara retuerce los dedos agitada sobre el terminal telefónico…
-         Desde que te fuiste mi vida no tiene sentido. Me encuentro solo, sin ilusiones. Sé, que la vida a mi lado ha sido muy difícil, pero… sin tu presencia y la de los niños no deseo seguir viviendo…

Mientras habla con el auricular sujeto con la mano izquierda, su mano derecha va deslizando la gruesa soga sobre la cabeza hasta llegar al cuello. Ésta, está bien sujeta a la viga principal del techo del salón. Mientras sitúa el nudo justo en la base de la nuca, prosigue diciendo…
-         Estoy subido sobre una de las sillas del salón. Una cuerda rodea mi cuello. Quiero compartir contigo mis últimos momentos de vida
-         ¡Dios Santo! – grita – Raúl… ¡¡NO!! – El grito se esconde entre los sollozos que brotan a borbotones de su garganta – ¡Raúl! ¡¡RAUL!!
-         ¿Qué? – la voz del hombre suena suave, cariñosa, serena – dime Sara…
-         ¡No me hagas esto! Estoy a casi ochenta kilómetros de distancia. Esto es una agonía… ¡¡Por favor!! – dice desesperada entre sollozos. Las lágrimas resbalan juguetonas por la mejilla y mueren aplastadas por la palma de la mano…

-         Sssssst…. Tranquila. Déjame despedirme. Sólo será un minuto más. Debes serenarte. Estoy bien… Los niños… dales un beso a los niños. Diles que les quiero. Miénteles…  explícales que fui un buen padre. No permitas que tengan un mal recuerdo de mí…

-         RAUL ESCUCHA… ¡¡NO LO HAGAS!! – gritó
-         ¡¡PARA POR FAVOR…!! – Intenta pensar rápido de forma desesperada – ¡Espera! Llamaré a la Policía, ellos irán a verte…

La voz de Raúl se tornó seca. Seria. Tajante.
-         ¡No! ¡¡No lo hagas!!
-         Ya estoy marcando desde el teléfono fijo. Por favor… ¡¡bájate de esa silla!!
-         Sara… Sólo deseo despedirme con calma. Si sigues con esa llamada, tiraré la silla y todo habrá acabado…
-         Raúl… No me dejas elección, Yo… yo no puedo ayudarte desde aquí. Llegarán en unos minutos y te ayudarán, de veras... Dame tiempo. Dejaré los niños con mi madre e iré a verte y… hablaremos. Tendremos todo el tiempo del mundo – la voz, una vez más, se quiebra al abandonar su boca.

Según finaliza estas palabras, escucha los tonos de llamada que entona el  teléfono fijo…
-         Sara… No he sido un buen marido, no supe darte lo que merecías, pero te quise muchísimo… - De nuevo la voz se tornó serena. Segura…
-         ¿Policía? ¡Acudan por favor a la casa de mi marido..!
-         Mi amor… ¡¡ADIÓS!!

Al otro lado del teléfono resuena un sonido sordo… y el momento se convierte en un desesperado silencio.

Los castaños ojos de Sara parecen querer salir de sus órbitas. Percibe que está empapada en sudor. Acerca con fuerza el teléfono a la oreja, intentando con ese gesto poder oír mejor lo que ocurre al otro lado…
-         Raúl… ¿Raúl?... ¡¡RAAUUUL!! – grita de forma desgarradora mientras encoge su cuerpo.

Al otro lado suenan de forma atronadora los gritos del silencio…
Silencio…
Silencio que la hace estremecer.
Silencio que la hace sentir que una vida ha llegado a su fin al otro lado del teléfono…
Se siente impotente, vacía…
Con los ojos anegados en lágrimas entiende que Raúl con su llamada ha querido martirizarla y llevarse con él también su propia vida.
Siente que la ha convertido en un muerto viviente.
El teléfono fijo cuelga tristemente del cable sobre la cómoda, sin llegar a tocar el suelo…
En un macabro juego de imágenes, así se imagina Sara que estará el cuerpo de Raúl en la casa que fue su hogar…




JpTorga        


Gran intervención de Emilio Calatayud Pérez, juez de menores




Joshua Foer, el campeón de la memoria, revela sus técnicas




 Periodista de profesión, Joshua Foer empezó a entrenarse para conseguir una súper memoria. Acabó ganando el concurso anual de EEUU y escribiendo un best-seller que se publica ahora en España.

 
Miguel Gila es el protagonista de la siguiente historia. Su casco fluorescente le permite negociar una tregua con el cabecilla enemigo: Michael Jackson. Pero antes de empezar, parte la mesa con un golpe de kárate, se sube a una silla y comienza a cantar una versión de ‘Lucy in the sky with diamonds’ mientras monta en bicicleta.
El relato es estrambótico, y es precisamente esa característica extraña lo que lo convierte en una herramienta indispensable para recordar el orden de una baraja de cartas. Algo que Joshua Foer, el periodista que comenzó escribiendo un reportaje sobre los campeonatos de memoria de Estados Unidos y terminó presentándose a uno, necesitaba para ser un contendiente serio.
El principio de todos los sistemas mnemotécnicos, nos cuenta Foer en exclusiva para España, es convertir las cosas aburridas que queremos grabar en la memoria (datos, números telefónicos, barajas de cartas, rostros…) en algo tan diferente de lo que estamos habituados que no podremos olvidarlo. Más allá de un superficial truco de prestidigitadores mentales, la memoria es nuestra esencia. “Imagina que despiertas mañana”, comenta Foer desde Tanzania, “y descubres que toda la tinta del mundo se ha vuelto invisible y que todos nuestros bytes han desaparecido. Nuestro mundo se derrumbaría en el acto. Literatura, música, derecho, política, ciencias…; nuestra cultura es un edificio construido a partir de recuerdos. En cierto sentido, nosotros somos la suma de nuestras memorias. Puede que no sean exactas, pero son cruciales para representarnos”.
En el año 2006, después de realizar su reportaje, Foer decidió presentarse al Campeonato de Memoria de Estados Unidos. Para eso debía preparar diferentes pruebas: recordar (y asociar) nombres y caras, almacenar cientos de números elegidos al azar, memorizar el orden de dos barajas de cartas, recitar un poema inédito de memoria y registrar el nombre, número de teléfono, dirección, fecha de nacimiento, comida preferida, mascota, coche y varios datos más de cinco personas distintas. Parece una tarea titánica, pero las entrevistas que realizó, primero a los participantes del concurso y luego a expertos neurocientíficos, le convencieron de que los concursantes no tenían capacidades extraordinarias y que nada en sus cerebros (analizados con tomografías) demostraba que fueran diferentes del de él.
Las instrucciones para ser un maestro
La primera vez que se planteó seriamente participar en el certamen, habló con Tony Buzan, el fundador del Campeonato Mundial de la Memoria en 1991. “¿Cuánto tardaría alguien como yo en prepararse?”, le preguntó.
“Si quieres estar entre los tres primeros”, le aseguró Buzan, “no estaría de más que le dedicaras una hora al día seis días a la semana. Con esa cantidad de tiempo te iría muy bien. Y Foer lo hizo.
Su camino a la prueba definitiva de los memoriosos de Estados Unidos se sustentó en tres pilares. El primero es un libro en latín, breve y anónimo, Rhetorica ad Herennium, escrito entre los años 86 y 82 a. C. Se trata del único documento completo sobre las técnicas para mejorar la memoria inventadas por Simónides de Ceos. Una de las ideas que propone este libro, aún utilizadas por los campeones de la memoria, es crear en la mente propia un espacio que sea muy conocido. No es necesario que sea un edificio; pueden ser las estaciones de tren que pasamos para llegar a la oficina o el último lugar al que hemos ido de vacaciones.
Palacios mnemotécnicos
Para recordar los datos de cinco desconocidos, Foer construyó mentalmente cinco palacios de la memoria (este es el nombre “técnico” que reciben estos castillos imaginarios) y en cada uno ubicó la información que le proporcionaban. Vale, dirás tú, es fácil ubicar un perro en un palacio, pero ¿con qué lógica se emplaza una fecha de cumpleaños o un número de teléfono? Y tienes razón. Para solucionarlo, Foer se sirvió de la guía de Ed Cooke, un joven británico de menos de 30 años y Gran Maestro de Memoria (un título que se otorga a quienes hayan logrado memorizar 1.000 números al azar en una hora, el orden de 10 mazos de cartas en idéntico lapso y el de un solo mazo en menos de 2 minutos).
Fue él quien le confió la clave, que en verdad no es ningún secreto. El truco consiste en utilizar el sistema PAO: Persona, Acción y Objeto. Es la técnica que hemos utilizado en el comienzo de este artículo (la historia de Gila contra Michael Jackson) para memorizar naipes. En este método, cada número de dos dígitos, del 00 al 99, está representado por una imagen de una Persona que ejerce una Acción sobre un Objeto. De este modo, todos los ases son personas (Gila, por ejemplo), los 4 pueden representar acciones inverosímiles (subirse a una silla, golpe de kárate...), el 6 canciones (Lucy in the sky with diamonds), y los 7 objetos (una bicicleta, un balón, etc.). Así podemos recordar la combinación de, por ejemplo, as de tréboles, 4 de diamantes y 7 de picas como Michael Jackson (as) tocando el Sol (cuatro) con un balón (siete). La elección es completamente arbitraria y personal. Aunque parezca complicado, las matemáticas le dan la razón: una imagen basta para recordar hasta seis números. Así, para recordar mil números nos bastan 160 imágenes.
El último pilar fue Anders Ericsson, profesor de Psicología en la Universidad de Florida y autor de un artículo titulado Memoriosos excepcionales: se hacen, no nacen. Foer hizo un trato con él: le facilitaría los resultados exactos de su entrenamiento y él los analizaría en busca de formas para mejorar su rendimiento.
Formados los tres pilares, se puso a trabajar. Cooke le sugirió que, para construir sus imágenes del sistema PAO, sirve de ayuda tener la mente sucia. Una idea para nada extraña: la evolución ha programado nuestro cerebro para que encuentre el sexo especialmente interesante y, en conclusión, memorable. Elsa Pataky bañándose en natillas es un buen ejemplo. “En el proceso de hacer el esfuerzo mental de imaginar situaciones subidas de tono”, confiesa Foer, “estaba creando conexiones más duraderas entre las neuronas que codificarían ese recuerdo”.
Pero llegaron las dificultades. Por un lado, su progreso en los tiempos para recordar cartas se había detenido. Ericsson le recomendó trabajar con un metrónomo y memorizar una carta cada vez que hacía clic. “Una vez identificados mis límites”, continúa el periodista, “me pidió que lo ajustara a una velocidad entre un 10 y un 20% superior y continuara probando a ese ritmo hasta que dejara de cometer errores.”
Una imagen nítida y duradera
El segundo problema era que las imágenes que asociaba a las cartas se desvanecían deprisa. La solución de Cooke fue construirlas mejor: reflexionar sobre cada personaje, sus gustos, sus preferencias, su aspecto. Eso las transformaría en entidades más vivas y permanentes.
Para cuando todos los problemas parecían estar resueltos y el entrenamiento estaba dando sus frutos llegó la semana previa al certamen. Y entonces sí, equipado con unos tapones para los oídos debajo de unos cascos dignos de Dumbo y unas gafas más oscuras que el espíritu de Darth Vader, para evitar cualquier estímulo externo, se presentó al concurso. Pese a ello, lo primero que escuchó de un adversario fue: “Tiene que resultar intimidatorio para el atleta de fin de semana medirse con Usain Bolt en una carrera”. No era bien recibido entre los expertos.
Primera prueba: memorizar 99 caras y el nombre y apellido de todas en 15 minutos. Foer logra el tercer puesto con 107 datos correctos (el primero lo supera en 17).
Segunda prueba: números, su punto débil. Desciende a la quinta posición.
Entonces sí llega su momento: las cartas. Un juez le extiende el mazo y da la señal. Foer memoriza sus cartas y detiene el cronómetro sin mirar el tiempo. El orden es correcto. “El juez me enseñó el tiempo en el cronómetro”, rememora Foer: un minuto cuarenta segundos. “No solo era mejor que cualquier tiempo obtenido en las prácticas previas, sino que, además, supe en el acto que pulverizaría el antiguo récord norteamericano de un minuto cincuenta y cinco segundos. Un niño de doce años se adelantó, me alcanzó un bolígrafo y me pidió un autógrafo.”
Más tarde vendría la final: recordar los rostros y aficiones personales de 5 desconocidos. Un enfrentamiento a todo o nada entre los dos primeros puestos. Y Foer venció.
Le pregunto qué hará a partir de ahora, si todo esto quedará en su memoria para siempre. Supongo que sonríe cuando me responde que: “Si recordara todo, me quedaría estancado en detalles triviales. Ya he empezado a olvidar dónde dejo las llaves. Como decía Borges: Pensar es olvidar.”


Fuente: http://www.quo.es

 

miércoles, 2 de enero de 2013

Poema XIV, Pablo Neruda


Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.


Solo quiero estar contigo, Gustavo Herrera

Solo quiero estar así,
En tus brazos viéndote,
Casi ni hablar,
Solo quiero estar contigo,
Sin miedo amándote,
Así tan fuerte…...

Solo quiero ver el sol,
Alumbrando nuestro amor,
Así tan fuerte
Decirte eres lo más lindo,
Entregarte el corazón, toda la vida…..

Solo quiero estar contigo,
Desnudar toda mi vida,
Decirte eres lo más lindo,
Decirte que tú eres algo,
Más que el sol o un simple encuentro
Algo más que un sentimiento
Algo más que esta canción que sale de mi corazón..

Solo quiero despertar,
En un mundo ideal,
Donde los dos
No sintamos mas distancia,
Estar juntos nada más,
Y así decirte…. Eh..!!

Solo quiero estar así 

 Solo quiero estar contigo…
Aquí amándote……