sábado, 4 de enero de 2014

Maestro de miradas; Te miro y tiemblo, Jarabe de Palo

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Tú....maestro de miradas. Yo... incansable coleccionista de todas ellas.

Aún hoy podría enumerarlas, organizarlas por categorías, y hasta recrear lo que cada una me hizo sentir en su momento...
Me gustaban esas destinadas a hacerme reír, o las que usabas cuando no sabias como decir algo desagradable. Recuerdo aquellas con las que me mostrabas la tristeza que llevabas dentro y también esas que me decían "te quiero".
De todas, las que mas echo de menos son las miradas "tiemblapatas"... ¿Las recuerdas?. Eran aquellas que tenían el misterioso poder de hacer que mis piernas temblaran y desaparecieran, con la consiguiente sensación de que si me levantaba me caería de bruces. Me hacían levitar.
! Maravillosa Sensación!
También solían conseguir que los objetos se me cayeran de las manos, o que mi lengua se enredara entre mis dientes y solo acertara a balbucear algunos incoherentes monosílabos.
Pero se fueron tus miradas "tiemblapatas" y con ellas mi "levitar" por el mundo.
Ahora solo camino…. Pero aún tiemblo... si imagino que te miro o me miras, aun tiemblo.





Colgados del cielo, Pasión Vega


Aunque no lo sabe nadie, la luna está enamorada
de un rubiales que la mira desde la otra cara.
La luna ha perdido el sueño
y vive con la esperanza
que se pare el universo y un rayo la parta.

Remueve las olas y pregunta por él,
una luna, otra luna hasta el amanecer.
Y por amor va a buscarlo hasta el fondo del mar,
¿Dónde estás vida mía? que ya no puedo más.

Una noche infinita es todo lo que quiero,
y contigo despertar colgados del cielo.
¡Ay sol de mis tormentos! ven cuanto antes,
que me estoy quedando en cuarto menguante.

Aunque no lo sabe nadie, en medio del firmamento
el sol de tanto quererla se está derritiendo.
Cuentan las malas estrellas que,
justo al caer la tarde,
por un instante sus ojos parecen que arden.

Remueve las nubes apagando su sed,
un día y otro día hasta el amanecer.
Y por amor va a buscarla hasta el fondo del mar,
¿Dónde estás vida mía? que ya no puedo más.

Sol un día infinito es todo lo que quiero
y contigo despertar colgados del cielo.
Luna ven cuanto antes, curame este tormento
que me estoy quedando..
que me estoy quedando sin fuego en el cuerpo.

Aunque no lo sabe nadie,
aunque nadie sabe nada..
ocurrió que un mediodía se hizo madrugada.



El vuelo de las constelaciones (Joan Miró)

Constelación: Despertando al amanecer

La derrota de Francia era inevitable. Las tropas alemanas habían rodeado Calais y Dunquerque, y avanzaban hacia París. La línea Maginot, que los mariscales de Francia, ridículamente, creyeron que impediría el avance del enemigo, había sido burlada con impunidad por la Luftwaffe. Normandía estaba siendo bombardeada con rampante crueldad. En Varengeville-sur-Mer, en medio del estruendo de las explosiones, los Miró hicieron apresuradamente sus maletas y tomaron uno de los últimos trenes rumbo a París. Pilar, la esposa, llevaba de la mano a la pequeña Dolores, de ocho años. Joan Miró llevaba bajo el brazo su más importante posesión, un portafolio con una serie de temperas, todavía inacabada, que años después, y sin que él lo propusiera, comenzarían a ser conocidas como las “Constelaciones”. Miró había tenido tiempo de guardar en el portafolio las hojas en las que iba a pintar las restantes partes de la serie, aunque al irse de Varengeville no supiera cuándo conseguiría un momento de calma, en medio de aquella catástrofe, para seguir pintando mujeres y estrellas. 



Los Miró habían llegado a Varengeville solo unos pocos meses antes, en el verano de 1939, poco después de que Alemania invadiera Polonia y hundiera a Europa en una nueva guerra. Se habían instalado en Les Clos de Sansonnets, una pequeña casa campestre, muy cerca de la que Georges Braque había construido algunos años antes. Miró y Braque eran viejos amigos, se habían conocido en una época más feliz, en los primeros meses después del Armisticio de 1918, cuando el catalán pudo al fin ir a París y frecuentar a los artistas de los grupos más radicales, los Fauves, los cubistas, los surrealistas, Picasso. En Varengeville, Miró y Braque se visitaban, conversaban sobre arte y política, paseaban por la costa engrifada de Normandía que Monet había pintado amorosamente sesenta años antes. El invierno de 1939-1940 fue lúgubre, desconcertante, Francia y Alemania estaban formalmente en guerra, pero Hitler, ocupado en Polonia y Noruega, había pospuesto las operaciones en el frente occidental. En los cafés de París, algunos ingenuos aún sostenían que la guerra podía ser evitada y que el Führer se contentaría con sus nuevos territorios orientales. Los periódicos se burlaban de aquella drôle de guerre, una guerra tan aburrida que ninguno de los dos ejércitos se atrevía a dar un paso en dirección de sus enemigos. Miró no se hacía ilusiones, calculaba, correctamente, que los alemanes atacarían en el oeste tan pronto tuvieran el este asegurado. Si ese era en verdad el plan de Hitler, Miró tenía varios meses de gracia, antes de que llegaran los alemanes y arrasaran Normandía, Francia, la cultura europea. 

Amanecer


En enero de 1940, casi sin planearlo, Miró comenzó a trabajar en la serie de las “Constelaciones”, en un álbum de hojas de papel de excepcional calidad que había comprado, quizás, con el propósito de usarlo únicamente en alguna empresa extraordinaria. Hasta entonces, había estado pintando, sobre tela, algunas enigmáticas escenas inspiradas en el paisaje normando, grotescos pájaros nocturnos volando en silencio sobre los restos del mundo. Un día, “después del trabajo, mojé mis pinceles en gasolina y los pasé por la hojas de papel blanco del álbum, sin ninguna idea preconcebida. Las hojas manchadas me pusieron de buen humor, y provocaron el nacimiento de formas, figuras humanas, animales, estrellas, el cielo, y la luna y el sol. Pinté todo esto al carbón con gran vigor. Una vez que logré obtener un equilibrio plástico y ordenar todos estos elementos, comencé a pintar con tempera, con la minuciosidad de un artesano y un primitivo; esto tomó una gran cantidad de tiempo”. En una carta a Pierre Matisse, el hijo del gran Fauve, Miró revela su entusiasmo por la nueva empresa: “Estoy ahora trabajando en una serie de pinturas en tempera y óleo (…) que se ha convertido en algo muy importante. Creo que es una de las cosas más importantes que he hecho, y aunque el formato es pequeño, dan la impresión de ser grandes frescos. Ni siquiera puedo mandarte los que he terminado, porque debo tenerlos todos frente a mí todo el tiempo, para mantener el estado mental que necesito para concluir la serie”. A pesar de las noticias, crecientemente alarmantes, que confirmaban la inminencia de la invasión hitleriana, Miró consiguió dedicar toda su atención a las “Constelaciones”, se hundió por completo en su propia, encrespada imaginación. El primer cuadro de la serie fue titulado, a despecho de las circunstancias históricas, “Amanecer”: en él, unas extrañas criaturas parecen sorprendidas, quizás aterradas, por la llegada del día, por el inexplicable mecanismo solar, por la descolocación de las piezas de la noche y los fragorosos cambios en la paleta cósmica. Cuando los alemanes irrumpieron en Normandía, en la primavera, Miró había completado otras nueve “Constelaciones”, la última de las cuales fue titulada, significativamente, “La Escalera de Escape”: como en otros cuadros anteriores y posteriores, una misteriosa escalera parece llevar a ningún sitio preciso, precipita al observador en un círculo nocturno iluminado por voraces estrellas negras, y habitado por seres que parecen felizmente asombrados por el perfecto funcionamiento del universo. 

La Escalera de Escape

Los Miró no tuvieron tiempo de abrir sus maletas al llegar a París, la Wehrmacht venía pisándoles los talones. La familia abandonó la ciudad ocho días antes de que los alemanes entraran en ella, el fatídico 14 de junio de 1940. Los Miró, y las “Constelaciones”, llegaron a Perpignan, donde el artista tomó la agónica decisión de regresar a España. Miró había partido de Barcelona rumbo a París en el otoño de 1936, para asistir a una exposición, y, con la guerra civil cada vez más enconada, no había podido regresar. Aunque no era, ni había sido nunca, un hombre de notable disposición política, su oposición a Franco y su simpatía por la República Española estaban ampliamente documentadas. En el pabellón de la República en la Exposition Internationale des Arts et Techniques de la Vie Moderne de París, en 1937, se había exhibido, no lejos del “Guernica” de Picasso, un monumental panel de Miró, titulado “El Segador”, el perfil gargantuesco de un campesino catalán que parecía crecer del suelo, rompiendo la tierra con un alarido agónico, levantando su mirada y su furia contra la cúpula del cielo, rota por mil simultáneas explosiones. “El Segador”, sin dudas una de las cumbres del arte de Miró, fue trágicamente perdido, o destruido, cuando el pabellón español fue desmantelado, al final de la Exhibición de París. En aquella ocasión, Miró había también producido un grabado para recaudar fondos para la República, un pochoircon la leyenda “Aidez l’Espagne”, y la imagen de un campesino catalán levantando un puño hercúleo contra los invisibles falangistas. En 1937, un año amarguísimo, pero artísticamente prolífico, Miró pintó otra obra maestra, “Naturaleza muerta con un zapato viejo”, que ha sido con frecuencia, y sin necesidad o tacto alguno, descrita como su “Guernica”, una obra equivalente a la de Picasso, si no por su formato, o popularidad, sí por su tono, por la similar perplejidad de ambos autores por la súbita, violenta destrucción del mundo, por la tragedia española. Pero el “Guernica” es más claro en su simbología y su denuncia, más rotundo en su ambición y su proclama, mientras que la “Naturaleza…” de Miró es más discreta e intrincada, la desolación del artista por la devastación de España está, quizás, ilustrada con símbolos más ambiguos, de más abierta connotación, un tenedor, tan grueso como el brazo de un hombre, hincando una manzana, un mendrugo de pan, una botella de vino envuelta en una tira de papel rasgado, el zapato viejo cuyo dueño quizás ya está muerto. Todo, en negro, verde, amarillo, rosado, los colores del amanecer en la guerra. La victoria de Franco, la caída de Barcelona, habían hecho el regreso de Miró a España impensable, hasta la llegada de las tropas de Hitler a París. Los Miró examinaron sus opciones, y vieron que no tenían muchas. El 6 de junio, Miró le escribió a Matisse desde Perpignan: “Nuestro viaje hasta ahora ha estado lleno de ansiedad y de eventos imprevistos, pero aquí estamos a salvo, que es lo más importante en estos momentos. Después de reflexionar, he decidido volver a casa. Creo que esto es lo mejor que puedo hacer ahora, para proteger a Pilar y a la pequeña, y para tranquilizar a nuestras inquietas familias. Sé que esto implica un gran sacrificio de mi parte, pero no puedo abandonar a mi familia en medio de una tempestad”. Joan Prats, amigo de Miró, recomendó que la familia no se instalara en Barcelona, donde la represión franquista era feroz, sino en Palma de Mallorca, junto a la familia de Pilar. Allí, Miró continuó sus “Constelaciones”, en las que, asombrosamente, no había dejado de trabajar en cada estación de su escape de Francia, en Dieppe, Rouen, París y Perpignan. 

Naturaleza muerta con zapato viejo


Nadie lo molestó en Palma, pero Miró estaba profundamente deprimido. Años más tarde, le confesaría a Roland Penrose, un artista y coleccionista inglés, qué amargos habían sido aquellos primeros meses tras su regreso a España: “Creía que la victoria del Nazismo era inevitable, y que todo lo que amábamos, y que constituía nuestra razón para vivir, había sido echado irremediablemente al abismo”. Su pesimismo era compartido, entre otros, por su amigo André Breton, el gran poeta surrealista, que en el futuro escribiría una serie de poemas en prosa para acompañar las “Constelaciones”. “La condición del arte (como gran aventura y descubrimiento) nunca ha sido tan precaria en Europa como en el verano de 1940, cuando sus días parecían estar contados”, escribió Breton. Miró siguió huyendo, buscó refugio en territorios más hospitalarios. “Sentía una gran necesidad de escapar. Me encerré dentro de mí mismo, con todo propósito. La noche, la música, las estrellas, comenzaron a ejercer una mayor influencia en mis pinturas. La música siempre me había gustado, y ahora empezó a ejercer el papel que la poesía había jugado en mi vida alrededor de los años veinte, especialmente Bach y Mozart”. Leía con fervor las obras de los místicos españoles, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz. Por las tardes, después del almuerzo, se sentaba en una esquina de la Catedral de Palma, una pequeña gema gótica, y admiraba la luz que cruzaba los vitrales. A esa hora, en el mortecino mediodía español, la Catedral estaba casi vacía, y Miró, escuchando el órgano, imaginaba que en el espacio sobre él se entrecruzaban líneas infinitas, volaban pájaros de muerte, un sol explotaba, una mujer se ahogaba en una lágrima. Nuevas “Constelaciones” fueron apareciendo, cada una con un título más extravagante que la de su predecesora, “Mujer junto a un lago cuya superficie se ha vuelto iridiscente por el paso de un cisne”, “Mujer rodeada por el vuelo de un pájaro”, “El crepúsculo rosado acaricia los genitales de mujeres y pájaros”, “El pájaro hermoso revela lo desconocido a una pareja de amantes”. Las últimas tres “Constelaciones”, sin embargo, no fueron pintadas en Palma, sino en Mont-roig, junto a la Serra de Colldejou, en la amada casa familiar de Mas d’en Miró. La última pieza de las veintitrés “Constelaciones”, titulada “El paso del pájaro divino” fue concluida el 12 de septiembre de 1941. Miró había realizado una estupenda hazaña, completar una serie de tan ejemplar unidad estilística, tan esmerada técnica y tan rico contenido lírico primero escapando de las tropas de Hitler, y luego tratando de pasar, hasta donde era posible, desapercibido por los facinerosos de Franco. “Lo que nos cautiva en presencia de las ‘Constelaciones’”, escribiría André Breton, “es el descongelamiento del espacio que presentan a nuestra vista, el eco infinitamente reverberante que ese descongelamiento provoca en nosotros. El sentimiento de belleza y plenitud que experimentamos frente a ellas tiene que ver con el hecho de que nunca antes en las artes plásticas la vibración de los sentidos ha encontrado una forma tan efectiva de aflojar la suma de su prolongación”. En 1944, con media Europa todavía ocupada, Miró se las ingenió para enviar a Nueva York la serie casi completa, veintidós piezas, y solo dejó fuera una, que regaló a Pilar. En Nueva York, “Constelaciones” fue aclamada como la más preciosa realización del arte europeo recibida en América desde la caída de Francia. El joven Jackson Pollock la vio, quedó radicalmente impresionado.

Mujer rodeada por el vuelo de un pájaro

En contraposición con otros artistas de su época, cuyas obras hacen explícitos comentarios políticos, las de Miró, con su personalísima gramática, son difíciles de traducir a simplismos, a declaraciones suficientemente legibles. Pero descalificar el arte de Miró como escapista, como una simple aventura irresponsable de la fantasía, la deliciosa travesura de un prolífico creador de formas sobrenaturales, extrahumanas. “La forma nunca es para mí algo abstracto”, explicó Miró una vez, “siempre es el sustituto de algo (…) Para mí, la forma nunca es un fin en sí misma”. Del significado de las “Constelaciones”, dijo: “Creí que no había esperanza para nosotros, y tuve la idea de expresar este sentimiento y esta angustia con signos del tipo que uno dibuja en la arena de manera que las olas los borren instantáneamente, o formas y arabescos proyectados en el aire como humo de cigarros ascendiendo y acariciando las estrellas, huyendo del hedor y la corrupción de un mundo construido por Hitler y sus secuaces”. La exposición de Tate, riquísima, no está limitada a las “Constelaciones”, que ocupan solo una de las trece salas que el museo londinense ha llenado con piezas traídas de muchas galerías remotas, y de colecciones particulares. Está incluida la “Naturaleza muerta con zapato viejo”, y también una serie de peintures sauvages, realizada en los dos turbulentos años antes del motín de Franco y el inicio de la guerra, en la que es muy visible la desazón de Miró por el grave estado de España. Se muestra al público londinense “La Granja”, completada en 1922, una muy celebrada representación de la casa familiar de los Miró en Mont-roig, y sus paisajes y retratos catalanes, ejecutados, con vibrante orgullo nacional, en la época en que su estilo todavía asimilaba diversas, muy complejas influencias. En las salas finales, el público puede apreciar obras tardías, como el vasto tríptico “La Esperanza de un Hombre Condenado”, que Miró ejecutó en respuesta a la ejecución del anarquista barcelonés Salvador Puig Antich, en marzo de 1974, uno de los últimos crímenes franquistas. Los ambiciosos curadores de la exhibición de Tate, entre los que se cuenta Teresa Montaner, de la Fundación Miró de Barcelona, llenaron salas enteras con obras deliciosas, muy conocidas, como “Perro ladrando a la luna”, de 1926, y “Una estrella acaricia el seno de una negra”, realizada en 1938, dos cuadros en los que aparece la notoria escalera de escape, que lleva, en ambos, al vacío, al infinito sideral. La pieza más memorable de esta colección, sin embargo, es la llamada Serie de Barcelona, un grupo de cincuenta litografías creadas por Miró justo después de terminar las “Constelaciones”: una galería de monstruosos personajes, ogros, tiranos, asesinos, víctimas desfiguradas por el horror y el miedo, quizás un catálogo humano de la Europa de Hitler y Franco.



Despertando al amanecer

Joan Miró tuvo una larga vida, murió a los noventa años, en 1983, sobrevivió a Franco y llegó ver el éxito de la transición española. En 1979, en la Universidad de Barcelona, pronunció un discurso que confirma la tesis de la exhibición de Tate Modern. “Entiendo que un artista es alguien que, mientras otros callan, usa su propia voz para decir algo y que se asegura que lo que dice no es inútil, sino algo útil a la humanidad”. Lo que dicen, ahora, a nosotros, la mayoría de las obras de Miró, no es tan claro, probablemente, como lo es para los historiadores del arte, o como lo fue para los espectadores de décadas pasadas. Estrictamente, diría un profano, son solo rayas y manchas. Pero al cabo, lo que las “Constelaciones”, y otras obras sublimes no han dejado de provocarnos, es una imprecisa, inexplicable felicidad, un cierto éxtasis, una sensación de tranquila completitud, quizás semejante a la que el propio Miró sintió pintándolas, que ni los panzers de la Wehrmacht, si irrumpieran en el museo en el instante en que miramos, por ejemplo, la deslumbrante “Mujer rodeada por el vuelo de un pájaro”, podrían romper.


Fuente:
http://juanopg.blogspot.com.es


Llama eterna, Enrique González Martínez; Mas de Mil Años, Aleks Syntek







¿Qué brilla en tu mirar que el alma enciende
en la célica luz de un sol perdido?
¿Por qué en tu voz de tórtola mi oído
todo lo capta y todo lo comprende?

¿Qué místico mensaje se desprende
de tu silencio al corazón herido?
¿Qué efluvio de un instante ya vivido
en tu ritmo de gracia me sorprende?

Ausentes fuimos, pero nunca extraños.
Yo te debí de amar hace mil años
y agobiarte de idénticas preguntas.

Ayer perdida y recobrada ahora,
tras nueva ausencia y en lejana aurora
han de besarse nuestras almas juntas.





viernes, 3 de enero de 2014

El frío modifica la trayectoria de los peces, Pierre Szalowski


El Libro de la risa y el olvido (fragmento), Milan Kundera



La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia.

Fusion, Jorge Drexler



¿Dónde termina tu cuerpo y empieza el mío?
A veces me  cuesta decir.
Siento tu calor, siento tu frío,
me siento vacío si no estoy dentro de tí.

¿Cuánto de esto es amor? ¿Cuánto es deseo?
¿Se pueden, o no, separar?                             
Si desde el corazón a los dedos
no hay nada en mi cuerpo que no hagas vibrar.

¿Qué tendrá de real
esta locura?
¿Quien nos asegura
que esto es normal?
Y no me importa contarte
que ya perdí la mesura
que ya colgué mi armadura en tu portal.

Donde termina tu cuerpo y empieza el cielo
no cabe ni un rayo de luz.
¿Que fue que nos unió en un mismo vuelo?
¿Los mismos anhelos?
¿Tal vez la misma cruz?

¿Quien tiene razón?
¿quien está errado?
¿Quien no habrá dudado
de su corazón?
Yo sólo quiero que sepas:
no estoy aquí de visita,
y es para ti que está escrita esta canción.

jueves, 2 de enero de 2014

A cambio de mi alma (de "La sombra del alcaudón"), Aurora García Rivas





Pido, a cambio de mi alma,
tu mirada luminosa,
encender contigo el fuego de una noche,
asar castañas,
beber el vino que me ofrezcas
y recoger sobre la alfombra
tu naufragio de azaleas.


Y si hay alguna sombra al otro lado
de la puerta, cerrar con siete llaves
y quedarnos con la voz del viento
en la ventana
                      y el corazón de la noche
apretado entre las manos.



miércoles, 1 de enero de 2014

Como si fuera la primera vez, Paulo Coelho; Happy, Leona Lewis






Quiero creer que voy a mirar este nuevo año como si fuese la primera vez que desfilan 365 días ante mis ojos. Ver a las personas que me rodean con sorpresa y asombro, alegre por descubrir que están a mi lado compartiendo una cosa llamada amor, de lo que se habla mucho y se entiende poco.



Subiré al primer autobús que pase, sin preguntar a dónde va, y me bajaré en cuanto vea algo que me llame la atención. Pasaré por delante de un mendigo que me pedirá una limosna. Tal vez le dé, o tal vez piense que se lo gastará en bebida, y siga adelante, oyendo sus insultos, y entendiendo que esa es su forma de comunicarse conmigo. Pasaré por delante de alguien que está intentando destrozar una cabina telefónica. Tal vez intente impedírselo, o tal vez entienda que hace eso porque no tiene con quién hablar al otro lado de la línea, y de esa forma intenta espantar su soledad.

En cada uno de estos 365 días miraré todo y a todos como si fuese la primera vez, sobre todo las cosas pequeñas, a las que ya estoy tan acostumbrado que he olvidado la magia que las envuelve. Las teclas de mi ordenador, por ejemplo, que se mueven con una energía que no comprendo. La página que aparece en la pantalla, y que hace mucho que no se manifiesta de manera física, aunque yo crea que estoy escribiendo en una hoja blanca, donde es fácil corregir con sólo pulsar una tecla. Al lado de la pantalla del ordenador se acumulan algunos papeles que no tengo paciencia de poner en orden, pero si descubriera que esconden novedades, todas estas cartas, impresos, recortes, recibos, ganarían vida propia, y tendrían historias curiosas que contarme, sobre el pasado y el futuro. Tantas cosas en el mundo, tantos caminos recorridos, tantas entradas y salidas en mi vida.

Voy a ponerme una camisa que acostumbro a llevar, y por primera vez voy a fijarme en su etiqueta, en la forma en que fue fabricada, y voy a intentar imaginar las manos que la diseñaron, así como las máquinas que transformaron ese diseño en algo material, visible.

Incluso las cosas a las que estoy habituado, como el arco y las flechas, la taza de café de la mañana, las botas que después de mucho uso se transformaron en una extensión de mis pies, se revestirán del misterio del descubrimiento. Que todo lo que toque mi mano, vean mis ojos, pruebe mi boca, sea ahora diferente, aunque haya sido igual durante muchos años. Así, dejarán de ser naturaleza muerta, y pasarán a transmitirme el secreto para estar conmigo tanto tiempo, y manifestarán el milagro del reencuentro con emociones que la rutina ya había desgastado.

Quiero mirar por primera vez al sol, si mañana hace sol; a las nubes, si mañana está nublado. Por encima de mi cabeza existe un cielo al que la humanidad entera, a lo largo de miles de años de observación, dio una serie de explicaciones razonables. Después olvidaré todas las cosas que aprendí respecto a las estrellas, y estas se transformarán de nuevo en ángeles, o en niños, o en cualquier cosa que me apetezca creer en el momento.

El tiempo y la vida han ido transformando todo en algo perfectamente comprensible, y yo necesito del misterio, del trueno que es la voz de un dios encolerizado, y no una simple descarga eléctrica que provoca vibraciones en la atmósfera. Quiero de nuevo llenar de fantasía mi vida, porque un dios encolerizado es mucho más curioso, interesante y aterrador que un fenómeno físico.

Y por último, quiero verme a mí mismo, cada uno de estos 365 días, como si fuese la primera vez que estuviese en contacto con mi cuerpo y mi alma. Quiero ver a esta persona que camina, que siente, que habla como cualquier otra, quiero admirar sus gestos más simples, como conversar con el cartero, abrir la correspondencia, contemplar a su mujer durmiendo a su lado, preguntándose con qué estará soñando.

Y así, seguiré siendo lo que soy y lo que me gusta ser, una constante sorpresa para mí mismo. Este yo que no fui criado por mi padre ni por mi madre, ni por mi escuela, sino por todo aquello que viví hasta hoy, olvidé de repente, y estoy descubriendo de nuevo.


Paulo Coelho



Happy, Leona Lewis



Yo sólo quiero ser feliz
Ohh, sí, feliz, ohh, feliz
Yo sólo quiero ser, ohh
Yo sólo quiero ser feliz
Ohh, feliz












Burbujas en una copa de champán




Sin lugar a dudas, este es el momento más propicio de todo el año para tomar champán. Quizás, y solo digo quizás, alguna vez se te ha ocurrido pensar ¿cuántas burbujas hay en una copa de champán?

No me preguntes cómo lo han podido determinar, pero en una copa estándar de champán, de esas altas y alargadas, se estima que puede haber hasta dos millones de burbujas, a cada una de las cuales, durante su ascenso hacia la “fama”, se adhieren numerosos compuestos presentes en el seno del líquido y responsables de su buqué.

Además dicen que la calidad del champán guarda relación con el tamaño y el recorrido ascendente de las burbujas ¡Qué cosas!

Algo de Física y Química champanera

Unas burbujas cuyo origen, como en el resto de bebidas gaseosas (cava, vino, cerveza, etcétera), está en la producción natural del gas dióxido de carbono, CO2.

Una consecuencia de la fermentación efectuada por las levaduras sobre los azúcares del zumo de la uva, que son convertidos en alcohol etanol, CH3CH2OH, y dióxido de carbono.


Hay que tener en cuenta también que cada una de esas burbujas está formada a su vez por millones de moléculas de CO2.

Se han unido entre sí venciendo a las fuerzas, de carácter atractivo y naturaleza eléctrica dipolar, conocidas como de Van der Waals, y que son las que mantienen unidas o cohesionadas a las moléculas del champán líquido.

De modo que el gas está disuelto en la bebida y debido a su menor densidad asciende por la copa.

Y durante su recorrido, ascendente y acelerado, a través del líquido sobresaturado ocurren dos fenómenos de efectos contrapuestos, pero que no se llegan a anular.

Por un lado se le van incorporando otras burbujas de gas que se encuentra a su paso, y que le hacen aumentar de tamaño.

Lo que implica que el empuje hidrostático que experimente sea mayor, como bien sabemos por el Principio de Arquímedes, y que su velocidad aumente con ello.

Pero, por otra parte, en la superficie de la burbuja se van adsorbiendo sustancias surfactantes, cuya concentración superficial hace que aumente la rigidez de la burbuja.

Un fenómeno que limita, no sólo su capacidad de expandirse y aumentar de tamaño, sino que frena su velocidad hacia la superficie. Como ya dije, un efecto opuesto al anterior. En el caso del champán que nos ocupa, esta concentración es del orden de pocas partes por millón (ppm), por lo que su efecto es muy pequeño, lo que justifica el rápido y veloz ascenso de las burbujas champaneras.

Una vez que alcanza la superficie, la burbuja estalla, lo que provoca la eyección de un, a simple vista, inapreciable chorro de champán. Este acabará por fragmentarse en una colección de diminutas gotas cargadas de los compuestos organolépticos. A su vez, junto a las gotitas liberadas por las otras, cientos de burbujas que han colapsado al mismo tiempo forman una especie de niebla sibilante que se va renovando a cada momento, conforme nuevas burbujas llegan a la superficie. 

En esta niebla radica el secreto del éxito del champán. Justo un momento antes de beber, la nube de gotitas te salpica los labios y la punta de la nariz, lo que propicia la refrescante sensación que precede al sorbo y, además, estimula los receptores de nariz y boca. Por último, durante el trago, eso provoca el característico, ligero y picante cosquilleo sobre la lengua, al mismo tiempo que actúa sobre los receptores del gusto bucal.




miércoles, 25 de diciembre de 2013

Estrella de Navidad, Gabriela Mistral




La niña que va corriendo
atrapó y lleva una estrella.
Va que vuela y va doblando
matas y bestias que encuentra.


Ya se le queman las manos
se cansa, trastabillea,
tropieza, cae de bruces,
y con ella se endereza…


No se le queman las manos,
ni se le rompe la estrella
aunque ardan desde la cara
brazos, pecho, cabellera.


Llamea hasta la cintura
le gritan y no la suelta,
manotea sancochada,
pero no suelta la estrella.


Como que la va sembrando
que la zumba y la volea.
Como que se le deshace
y se queda sin estrella.


No fue que cayó, no fue.
Era que quedó sin ella
y es que ya corre sin cuerpo,
trocada y vuelta centella.


Como que el camino enciende
y que nos arden las trenzas
y todos la recibimos
porque arde toda la Tierra.









December Song (I Dreamed Of Christmas), George Michael


Villancico David Garrett. Cuento de navidad, Disney

Porque hoy es Navidad...












El Árbol de Navidad, su origen y significado (cristiano)





ORIGEN HISTÓRICO

Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra. Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago y muchas otras plantas de hoja perenne (como el acebo, el rusco, el laurel y las ramas de pino o de abeto) pues pensaban que tenían poderes mágicos o medicinales para las enfermedades.En la cultura de los celtas, el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro-Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza.

Se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, cerca de la fecha de la Navidad cristiana. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos).Cuando se evangelizó el centro y norte de Europa, los primeros cristianos de esos pueblos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando su significado pagano.



SAN BONIFACIO, OBISPO DEL SIGLO VIII

Una interesante tradición -en parte historia, en parte leyenda-, popular en Alemania, afirma que el árbol de Navidad se remonta al siglo VIII.San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), para predicar la fe cristiana.Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II (715-731).

A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín.Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifacio tomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado. Hasta aquí lo que está documentado históricamente.
El resto pertenece a la leyenda que cuenta cómo, en el primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad.El Obispo, continúa la leyenda, se fijó en un pequeño abeto que milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas rotas del roble caído. Lo vio como símbolo perenne del amor perenne de Dios, y lo adornó con manzanas (que simbolizaban las tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo que viene a iluminar el mundo).Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a casa un abeto. Este árbol representa la paz, y por permanecer verde simboliza también la inmortalidad; con su cima apuntando hacia arriba, se indica, además, el cielo, la morada de Dios.

OBRAS TEATRALES RELIGIOSAS MEDIEVALES
También ofrecen pistas importante sobre el origen del árbol de Navidad, tal como lo conocemos, las obras de teatro medievales que representaban los misterios y pasajes de la Biblia.En concreto el árbol del Bien y del Mal en el Paraíso Terrenal. Su propósito era enseñar la religión a los feligreses, que en su mayoría eran analfabetos.
Para difundir y mantener viva la fe y dar a conocer las Sagradas Escrituras, la predicación era esencial, pero no suficiente.Se pensó que las obras teatrales completaran esa predicación y pronto se hicieron populares en toda Europa.
En la Nochebuena, el 24 de diciembre, se representaba -con grandísimo éxito popular- el episodio del pecado original de Adán y Eva. El árbol del Paraíso terrenal era el centro del escenario.
El árbol debería haber sido un manzano, pero no habría sido adecuado en invierno. Se ponía un abeto en el escenario con algunas manzanas en sus ramas, y obleas preparadas con galletas trituradas en moldes especiales, así como dulces y regalos para los niños. Incluso cuando se abandonaron estas obras teatrales religiosas, el árbol del Paraíso siguió estando asociado a la Navidad.

ASPECTOS SIMBÓLICOS DEL ÁRBOL

Los árboles han tenido a lo largo de la historia un significado muy especial: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético.
La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales.

En varias culturas el árbol representa el medio y la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hacia el cielo; por ello en ciertas religiones, sobre todo orientales, el árbol es signo de encuentro con lo sagrado, punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad.
Otros significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol concernían a la fecundidad, al crecimiento, a la sabiduría y a la longevidad.



SENTIDO CRISTIANO
El árbol de Navidad recuerda, como hemos visto, al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda a Jesucristo que ha venido a ser el Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa el árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de hoja perenne.
En palabras de Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).
La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad. A las oraciones que se realizan durante el Adviento se les atribuye por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

• El azul, para las oraciones de reconciliación.• El plateado, para las de agradecimiento.• El dorado, para las de alabanza.• El rojo, para las de petición.• Estos colores, junto con el verde del árbol mismo, tal vez sean los más tradicionales para los adornos navideños.
El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes…
Por eso tiene un sentido cristiano la tradición de poner bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños:
“Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se haceelocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9),representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).

LOS ADORNOS NAVIDEÑOS
Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:
• Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.• Bolas: en un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres. • Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir. • Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.

Como nos dice Benedicto XVI “al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! … Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. (Benedicto XVI, 21 de diciembre de 2005).





Fuente:
https://es-es.facebook.com





martes, 24 de diciembre de 2013

Nochebuena, Amado Nervo





Pastores y pastoras, 
abierto está el edén. 
¿No oís voces sonoras? 
Jesús nació en Belén. 

La luz del cielo baja, 
el Cristo nació ya, 
y en un nido de paja 
cual pajarillo está. 

El niño está friolento. 
¡Oh noble buey, 
arropa con tu aliento 
al Niño Rey! 

Los cantos y los vuelos 
invaden la extensión, 
y están de fiesta cielos 
y tierra... y corazón. 

Resuenan voces puras 
que cantan en tropel: 
Hosanna en las alturas 
al Justo de Israel! 

¡Pastores, en bandada 
venid, venid, 
a ver la anunciada





Amarse con los ojos abiertos, Jorge Bucay



Lo primero que hay que aprender del tango es el abrazo

En el tango los cuerpos tienen que armar un circuito de tensiones encontradas. El brazo tiene que estar firme, pero sin empujar. Las piernas en contacto, pero sin asfixiarse ni impedirse el movimiento. Tengan en cuenta que en este baile el equilibrio no está en cada uno, sino en el centro de los dos, y si no se entienden pueden desestabilizarse. Tienen que aprender a comunicarse para poder disfrutarlo juntos.

Paso básico alrededor de la pareja.... El hombre puede optar por solo darle el espacio a su compañera, o acompañar su movimiento...

El tango es una danza de pareja abrazada en un abrazo que es contención, no estrujamiento. Abrazar es dar con los brazos abiertos y el que da con los brazos abiertos recibe con todo el cuerpo. Así unidos los dos integrantes se desplazan por el espacio, pero no es un espacio cualquiera. Al contrario, es un espacio creado por los dos.

No lo olviden, al bailar están dialogando, nunca imponiendo. Uno habla y después de escuchar el otro contesta. Atención solo después de escuchar. Porque en el tango, como en la vida, si no me tomo el trabajo de escuchar, voy a presuponer que se lo que me van a decir y nunca contestaré al otro. Así el dialogo real deja de existir y se convierte en monólogo. Esto es lo que están haciendo, y esto no es bailar tango, que es una danza de pareja en la que cada uno improvisa de acuerdo al movimiento del otro.

Es un verdadero diálogo corporal y amoroso donde los dos manejan la autodeterminación y donde también hay momentos de silencio, un silencio que necesariamente forma parte del diálogo, que lo enriquece si quieren, pero que nunca lo anula. En este diálogo, los dos pueden proponer, porque aunque uno tome la iniciativa del primer movimiento, de acuerdo como sea la respuesta, ya sea por velocidad, amplitud o dirección, es el siguiente movimiento. Por eso hay que aprender a vivir el error como posibilidad de enriquecimiento. Si esto no hubiese sido así, el tango no existiría. No deben enojarse ante un fallo, busquen el contacto con el otro e intenten crear juntos. 

Finalmente el tango también es una forma de autoconocimiento, porque así como en nuestra vida de relación, ya sea como amigo, amante o padre, conozco mi calidad de tal a partir del otro, en el tango puedo ser un protector o un protegido, un dominado o un dominador, puedo ser infinitamente tierno, violento o tal vez la mezcla de todo eso y mi pareja está allí para mostrármelo. Esto que planteo no es fácil, pero sólo cuando lo entiendan podrán bailar, y además de una manera distinta cada día: a veces con violencia, otras con ternura, otras en verdadero éxtasis, pero seguro, no interrumpirán la danza.



Maldita Suerte, Víctor Manuelle Feat, Sin Bandera


Creo que no podré sobrevivirte
se me acabó la ilusión
de esa noche en que te fuiste
tú me deshiciste

Ya no consigo dejar de pensarte
entre duelo y dolor
imagino tu carita triste
cuando me dijiste

Lo siento tanto
ya no puedo
me he quedado sin amor
para qué continuar
si falta corazón

Maldito el momento en que te hice mía
si dices adiós y te amo todavía
malditas las ganas de volver a verte
si ya te he perdido
maldita suerte
de quererte aunque se caiga el mundo
vivir para ti
morir cada segundo
maldita la hora en que nos prometimos
alcanzar el cielo
el cielo se desplomó

Son muchas las vueltas que no [no entendí]
desesperado me ves
como me golpeó el destino
inmenso vació

Solo que queda de nuestra alegría
una botella en el mar
un rió de melancolía
yo que no sabia

Que tú eras tanto
y eras todo
en mi infinito para mi
me vuelvo loco amor
hay qué será de mi

Maldito el momento en que te hice mía
si dices adiós y te amo todavía
malditas las ganas de volver a verte
si ya te he perdido
maldita suerte
de quererte aunque se caiga el mundo
vivir para ti
morir cada segundo
maldita la hora en que nos prometimos
alcanzar el cielo
el cielo se desplomó

Dios sabe que te adoro y te adoré
tal vez no fue bastante
tal vez me equivoqué
hoy el dolor está agotándome...