lunes, 12 de enero de 2015

El reloj parado a las siete, extraído del libro Déjame que te cuente, Jorge Bucay




En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas desde casi siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto. 

Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.

Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del mundo.

Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección… Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes callan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que una vez detuvo su andar. Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él. También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía. Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora. Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo.

Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable. La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como mi amigo el reloj, también se me escapa el tiempo de los demás. Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida. Pero sé que la vida es otra cosa. Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía del universo. Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. Solo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.

Por eso te amo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo.


domingo, 11 de enero de 2015

Alguien dijo....



El tiempo es muy lento para los que esperan, 
muy rápido para los que temen, 
muy largo para los que sufren, 
muy corto para los que gozan; 
pero para quienes aman, el tiempo es eternidad.



Nota: Esta cita es atribuida tanto a Henry van Dyke como a William Shakespeare, desconozco realmente quién es su autor.



¿Burbujas de champán para producir electricidad?



¿Podría el champán ayudar a que las centrales eléctricas sean más eficientes? Según una investigación realizada por un equipo de la Universidad de Tokio, y cuyos resultados se han publicado en la revista Journal of Physics, es una posibilidad nada descabellada.

Al descorchar una botella de champán, de inmediato se forman burbujas, en un proceso donde las más pequeñas contribuyen a crear otras mayores. Este fenómeno se conoce como "maduración de Ostwald". Ahora, con la ayuda del supercomputador K de la Universidad de Kobe, los investigadores nipones han sido capaces de observar por primera vez como se produce este proceso.

"Comprender el funcionamiento de las burbujas puede ser muy importante para la ingeniería", explicó Hiroshi Watanabe, director del estudio. Y esto se debe a que las centrales eléctricas se basan en calderas que convierten el agua líquida en gaseosa. Pero, hasta la fecha, se desconocían cuales eran los mecanismos que contribuían a que ese agua, una vez transformada en vapor, generara burbujas. Los investigadorescreen que es eproceso tiene que ser muy similar al que opera en el caso del champán lo que les hace pensar que concoer mejor esta bebida podría conribuir a aumentar el rendimiento de las centrales eléctricas. "De momento, nuestra investigación no tiene aplicaciones inmediatas, pero comprender el comportamiento de las burbujas en profundidad nos puede ayudar a fabricar centrales eléctricas más eficientes", añadió el profesor Watanabe.


Fuente:
http://www.quo.es



Un hombre, Charles Bukowski



George estaba recostado en su remolque, sobre su espalda, viendo el pequeño televisor portátil. Sus platos de la cena estaban sucios, los del desayuno estaban sucios, necesitaba afeitarse, y la ceniza de su cigarrillo caía sobre su camiseta. Algo de la ceniza todavía estaba encendida. En ocasiones, la ceniza encendida fallaba al caer en su camiseta y caía en su piel, entonces él maldecía, apartándola de un manotazo.

Llamaron a la puerta del remolque. Lentamente se puso de pie y atendió al llamado. Era Constance: tenía un quinto de whiskey sin abrir en una bolsa.

-George, dejé a ese hijo de puta, no podía soportar más a ese hijo de puta.

-Siéntate.

George abrió la botella, tomó dos vasos, los llenó a la tercera parte con whiskey, y dos tercios con agua. Se sentó en la cama junto a Constance. Ella tomó un cigarrillo de su bolso y lo encendió. Estaba ebria y sus manos temblaban.

-También me llevé su maldito dinero. Tomé su maldito dinero y me fui mientras él estaba en el trabajo. No sabes lo que he sufrido con ese hijo de puta.

-Dame un cigarrillo -dijo George. Ella se lo pasó y al acercarse a él, George puso su brazo alrededor de ella, la atrajo hacia él y la besó.

-Hijo de puta, te eché de menos.

-Yo he echado de menos esas lindas piernas tuyas, Connie. En verdad eché de menos tus lindas piernas.

-¿Todavía te gustan?

-Me excito sólo de verlas.

-Nunca podré hacerlo con un chico universitario -dijo Connie-. Son tan blandos, tan sosos. Y él mantenía su casa limpia. George, era como tener una sirvienta. Lo hacía todo. El lugar estaba inmaculado. Uno podía comer estofado directamente del basurero. Él era antiséptico, eso es lo que era.

-Bebe, te sentirás mejor.

-Y no podía hacer el amor.

-¿Quieres decir que no se le paraba?

-Oh, sí se le paraba, la tenía parada todo el tiempo. Pero no sabía cómo hacer feliz a una mujer, tú sabes. No sabía qué hacer. Todo ese dinero, toda esa educación, era un inútil.

-Yo desearía haber tenido educación universitaria.

-No la necesitas. Tú tienes todo lo que necesitas, George.

-Sólo soy un lacayo. Todos los trabajos de mierda.

-Dije que tienes todo lo que necesitas, George. Tú sabes cómo hacer feliz a una mujer.

-¿Sí?

-Sí. ¿y sabes qué más? ¡Su madre venía de visita! Dos o tres veces a la semana. Y se sentaba ahí mirándome, pretendiendo que yo le agradaba, pero todo el tiempo me trataba como si fuera una puta. ¡Como si fuera una puta mala que quería robarle a su hijo! ¡Su precioso Wallace! ¡Cristo! ¡Qué desastre! Él decía que me quería. Y yo decía, "¡Mírame el coño, Walter!" Y él no lo miraba. Él decía, "No quiero ver esa cosa." ¡Esa 
cosa! ¡Así lo llamó! ¿Tú no le tienes miedo a mi coño, verdad George?

-Aún no me ha mordido.

-Pero tú lo has mordido, lo has mordisqueado, ¿no es así, George?

-Supongo que sí.

-Y lo has lamido. ¿Chupado?

-Supongo que sí.

-Lo sabes malditamente bien, George, sabes lo que has hecho.

-¿Cuánto dinero sacaste?

-Seiscientos dólares.

-No me gusta la gente que le roba a otra gente, Connie.

-Por eso es que eres un jodido lavaplatos. Eres honesto. Pero él es tan imbécil, George. Y puede darse ese lujo, y yo me lo he ganado... él y su madre y su amor, su madre-amor, sus limpios tazones y baños y bolsas dispensadoras y sus refrescantes de aliento y lociones para después de afeitarse y sus rarezas y su preciosa forma de amar. Todo para él, ya entiendes, ¡todo para él! Tú sabes lo que una mujer quiere, George.

-Gracias por el whiskey, Connie. Dame otro cigarrillo.

George llenó nuevamente los vasos.

-Eché de menos tus piernas, Connie. En verdad eché de menos esas piernas. Me gusta la forma en que usas esas zapatillas de tacón alto. Me vuelven loco. Estas mujeres modernas no saben lo que se pierden. El tacón alto acentúa la pantorrilla, la cadera, el culo; le pone ritmo al caminar. ¡Eso realmente me enciende!

-Hablas como un poeta, George. En ocasiones hablas justo así. Eres todo un señor lavaplatos.

-¿Sabes lo que me gustaría hacer?

-¿Qué?

-Me gustaría azotarte con mi cinturón las piernas, el culo, las caderas. Me gustaría hacerte temblar y llorar y cuando estés temblando y llorando te abofetearía con él por puro amor.

-No quiero eso, George. Nunca antes me habías hablado así. Siempre has sido bueno conmigo.

-Súbete el vestido.

-¿Qué?

-Súbete el vestido, quiero verte más las piernas.

-Te gustan mis piernas, ¿verdad, George?

-¡Deja que la luz brille en ellas!

Constance se subió el vestido.

-Dios santo, mierda -dijo George.

-¿Te gustan mis piernas?

-¡Me encantan tus piernas!

Entonces George se inclinó en la cama y abofeteó duramente el rostro de Constance. El cigarrillo se le escapó de los labios.

-¿Por qué hiciste eso?

-¡Te tiraste a Walter! ¡Te tiraste a Walter!

-¿Y qué demonios?

-¡Así que súbete más el vestido!

-¡No!

-¡Haz lo que digo!

Geroge la abofeteó otra vez, más fuerte. Constance se subió la falda.

-¡Súbelo hasta bajo las bragas! -gritó George-. ¡En realidad no quiero ver las bragas!

-Cristo, George, ¿qué es lo que te ocurre?

-¡Te tiraste a Walter!

-George, por Dios, te has vuelto loco. Quiero irme. ¡Déjame salir de aquí, George!

-¡No te muevas o te mato!

-¿Me matarías?

-¡Lo juro!

George se puso de pie y se sirvió un trago de whiskey puro, lo bebió, y se sentó junto a Constance. Él tomó el cigarrillo encendido y lo sostuvo contra la muñeca de ella.

Ella gritó. Él lo sostuvo ahí, firmemente, y luego lo retiró.

-Soy un hombre, nena. ¿Lo entiendes?

-Ya sé que eres un hombre, George.

-Mira, ¡echa un ojo a mis músculos! -George se puso de pie y flexionó ambos brazos-. Hermosos, ¿eh, nena? ¡Mira ese músculo! ¡Siéntelo! ¡Siéntelo!

Constance tocó uno de los brazos, luego el otro.

-Sí, tienes un cuerpo hermoso, George.

-Soy un hombre. Seré un lavaplatos pero soy un hombre, un hombre de verdad.

-Lo sé, George.

-No soy el blanducho que tú dejaste.

-Lo sé.

-Y también sé cantar. Tienes que oír mi voz.

Constance estaba sentada ahí. George comenzó a cantar "El Río del Viejo". Luego cantó "Nadie sabe los problemas que he visto". Cantó "Dios Bendiga a América" deteniéndose varias veces y riendo. Después se sentó junto a Constance. Dijo:

-Connie, tienes unas piernas hermosas.

Pidió otro cigarrillo. Lo fumó, tomó otros dos tragos, luego puso su cabeza sobre las piernas de Connie, sobre las medias, en su vientre, y dijo:

-Connie, supongo que no soy bueno, supongo que estoy loco, lamento haberte golpeado, lamento haberte quemado con el cigarrillo.

Constance estaba sentada ahí. Pasó sus dedos por el cabello de George, acariciándolo, calmándolo. Muy pronto se durmió. Ella esperó un poco más. Luego levantó su cabeza de sus piernas y la colocó sobre la almohada, levantó sus piernas y las colocó sobre la cama. Ella se puso de pie, caminó hacia la botella, se sirvió un buen trago de whiskey en su vaso, añadió un toque de agua y lo bebió hasta el fondo. Caminó hacia la puerta del remolque, la abrió, salió, cerró. Caminó por el patio trasero, abrió la puerta de la cerca, caminó por la callejuela bajo la luna de la una de la mañana. El cielo estaba libre de nubes. El cielo nublado también estaba ahí arriba. Salió hacia el boulevard y caminó hacia el este y llegó hasta la entrada del Blue Mirror. 
Entró y ahí estaba Walter sentado solo y borracho al final de la barra. Caminó hasta ahí y se sentó junto a él.

-¿Me echaste de menos, nene? -preguntó ella.

Walter levantó la vista. La reconoció. No respondió. Miró al cantinero y el cantinero caminó hacia ellos. Los tres se conocían bien.



Dos historias, Gian Marco


Las luces se apagaron y dos historias se juntaron en la cama,
para mezclarse entre ellas, aquí no hay protagonistas,
no hay mas que dos novelistas, retratando en sus espaldas
tiernas y dulces caricias así fue, que la historia comenzó, así fue,
que en sus brazos se entregó, que su cuerpo estremeció
convirtiéndose ella en rosa y él la riega con amor.


Son dos mundos que se encuentran, una noche y nada más
cuando llega la mañana la sonrisa se les va.
Son dos historias distintas, que se mezclan sin pensar
que juntando dos novelas, se hace más largo el final.


Un hasta luego, un beso en la mejilla
aquí no pasa nada, todo esto se te olvida
unas semanas y tu mentira, se hace fuerte y cotidiana
y presientes que la extrañas, así fue,
que la historia terminó, así fue
sin pensarlo se marchó con la fuerza del amor
y en su vientre se ha quedado, lo que para tí es pasado.


Son dos mundos que se encuentran, una noche y nada más
cuando llega la mañana la sonrisa se les va.
Son dos historias distintas, que se mezclan sin pensar
que juntando dos novelas, se hace más largo el final.



Amor feliz, Wislawa Szymborska




Un amor feliz. ¿Es normal,
serio, útil?
¿Qué saca el mundo de dos personas
que no ven el mundo?

Encumbrados hacia sí mismos sin mérito alguno,
dos al azar entre un millón, pero seguros
de que así tenía que ocurrir. ¿Como premio de qué?, de nada;
la luz llega desde ninguna parte.
¿Por qué cae precisamente sobre ellos y no cae sobre otros?
¿Ofende eso a la justicia? Así es.
¿Viola principios cuidadosamente almacenados, derriba
de su cima a la moral? Viola y derriba.

Mirad qué felices:
¡si disimularan aunque fuera un poco,
si fingieran aflicción para animar a los amigos!
Escuchad cómo ríen. Es insultante.
Qué lenguaje utilizan, aparentemente comprensible.
Y esas ceremonias suyas, esas celebraciones,
sus rebuscadas obligaciones de unos para con otros,
¡parece una conspiración a espaldas de la humanidad!

Resulta incluso difícil prever qué sucedería
si pudiera cundir su ejemplo.
Qué podrían hacer religiones, poesías;
qué se recordaría, qué se abandonaría,
quién querría permanecer en el círculo.

Un amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el sentido común nos obligan a callar al respecto
como si de un escándalo en las altas esferas de la Vida se tratara.
Espléndidos bebés nacen sin su ayuda.
Nunca podría poblar la tierra,
no es, que digamos, muy frecuente.

Que la gente que no conoce un amor feliz
afirme que no existe un amor feliz en ningún sitio.

Con esa creencia les será más llevadero vivir, y también morir.


sábado, 10 de enero de 2015

Amor a primera vista, Wislawa Szymborska




Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
—quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún «lo siento»
o el sonido de «se ha equivocado» en el teléfono—,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.


Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.




Guitarra suena más bajo, Nicola di Bari



Guitarra suena mas bajo
que alguien puede oírte
quiero me lleves muy suave
todo el amor que yo siento
y nadie debe saberlo
cantan los grillos del campo
y un pájaro en el ramo
ninguno duerme esta noche
tampoco ella que a esta hora
suspira aprieta la almohada
tal vez firme en el cielo
melosa con sus rayos
guitarra mía suena más bajo
aunque sea cierta la mano
suena guitarra ya es hora

La hora
de darle todo el bien
que hay mi alma
ceñirla con mi brazo y protegerla
y así amarla como nadie puede

La hora
de respirar el sol con aire puro
un prado es verde cuando es primavera
la noche baja y el sol
me deja junto
a mi amor ...


Todos los veranos (fragmento), Haroldo Conti



Dos o tres veces salí con él. No habló ni una palabra. Ya no decía "Hijo, esto", "Hijo, aquello", como tenía por costumbre y como a mí, después de todo, me gustaba oírselo decir. Ya no decía nada. Se sentaba en medio del bote y empezaba a remar con esa pachorra propia de los viejos, sin proponerse llegar a ninguna parte. Por la noche nos acurrucábamos en el fondo del bote y dormíamos cubiertos por una lona, el perro entre los dos. Muchas veces llegué a olvidarlo, pero otras me volvía hacia él impresionado de pronto por esa gran soledad que despedía mi padre, y contemplaba su rostro.


Fue una ilusión eso de olvidarlo. Ya para entonces el viejo había penetrado en mi vida de una manera lenta y obstinada. Ahora, en el recuerdo, revivo aquel aire taciturno, ese estar y no estar en medio de las cosas, esa turbadora presencia de su cuerpo abandonado al tiempo, esa leve y remotísima ironía.

Pero, después de todo, no sé si eso sale de él o de mí.

Entonces no advertí nada expresamente, o casi nada, porque la vida pugnaba dentro de mí y estaba impaciente por mi estrella. Fue mucho más tarde, el día que me senté en la costa y me comenzaron a rondar los recuerdos. Una tarde cualquiera de verano.

El último tiempo fue un largo y casi ininterrumpido vagabundeo sobre el río.

En realidad parecía buscar algo. Su corazón nunca estaba allí donde estaba el resto de su cuerpo. Siempre más adelante, o en cualquier otro lugar, pero no allí.

Una confusa ansiedad, apenas una llamita vacilante, lo apremiaba cada mañana con mansa, pero terca insistencia. Conozco ahora esa misma ansiedad. Esa congoja y esa alegría a un mismo tiempo, ese anhelo desasosegado por algo impreciso que le hace a uno erguir la cabeza y aspirar profundamente como si le faltase el aire.




¿Sabías que este año será un segundo más largo?




Este año será un segundo más largo, debido a que los relojes se ajustarán para adaptarse a una disminución en la rotación de la Tierra. Así lo ha aconsejado el Servicio Internacional de Rotación de la Tierra y Sistemas de Referencia (IERS), del Observatorio de París, a las autoridades responsables de la medición y la distribución del tiempo.

De acuerdo con ABC.es el segundo intercalar o adicional se agrega al Tiempo Universal Coordinado (UTC) para mantener la escala de tiempo de los relojes atómicos, los más precisos del mundo, acorde a la rotación de la Tierra. La escala de tiempo producida por estos relojes es mucho más estable y fiable que la basada en la rotación de nuestro planeta y, sin el segundo adicional, ambas escalas se separarían cada vez más.

El segundo extra no se añadirá el último día del año con el final de las campanadas, sino que se hará justo antes de la medianoche del 30 de junio, cuando los relojes estén a punto de cambiar al 1 de julio. Científicos del Servicio Internacional de Sistemas de Rotación y Referencia de la Tierra dijeron que el 30 de junio al llegar las 11:59:59, el reloj marcará 11:59:60 antes de pasar a las 12:00:00.

Los relojes atómicos, basados en las vibraciones dentro de los átomos, son los más exactos que existen. En 2013, un par de relojes atómicos experimentales basados en átomos de iterbio establecieron un nuevo récord por su precisión.

Diseñados en el estadounidense National Institute of Standards and Technology (NIST), funcionan como péndulos o metrónomos que podrían dar la hora de forma adecuada desde los últimos 21 siglos. Los físicos del NIST han explicado que es "más estable que cualquier otro reloj atómico".

De hecho, su actividad es unas 10 veces mejor que cualquiera de los resultados presentados para otros relojes de estas características.

Existe un continuo debate sobre si se debe abolir o no el segundo intercalar y permitir que la hora atómica se separe poco a poco de la hora solar. Algunos países han propuesto eliminar esta medida por las dificultades que suponen para los sistemas que dependen de la sincronización exacta, como los sistemas informáticos e Internet, y el tiempo y el esfuerzo necesarios para programar los equipos de forma manual, con el consiguiente riesgo del error humano.
Pero Gran Bretaña defiende la medida, ya que el no añadir los segundos rompería el vínculo que la humanidad tiene entre el concepto del tiempo y la posición del Sol en el cielo. Este vínculo se encuentra en el uso del Tiempo del Meridiano de Greenwich, el momento en que el Sol se posa sobre el meridiano y que marca el mediodía.

Durante el último salto de un segundo en 2012, algunos sitios web, como Reddit, LinkedIn o Yelp experimentaron problemas.

En aquella ocasión estos sitios se cayeron debido a que los servidores entraron en pánico al registrar el mismo segundo dos veces, explica el sitio Techie News.

“Si a una computadora se le pide llevar a cabo una operación al momento en que el segundo se repite, nos sabe qué hacer, lo que ocasiona una caída”, dice el sitio.


Para que este año no ocurra ningún incidente, Google ha estado preparándose, según explican en The Verge. La solución del famoso buscador es cortar el segundo extra en milisegundos y luego repartir estas pequeñas porciones de tiempo en el sistema de manera imperceptible a lo largo del día.

Para crear el UTC se genera primero una escala de tiempo secundaria, conocida como "tiempo atómico internacional2 (TAI): el UTC sin segundos añadidos o quitados. Cuando se instituyó el sistema en 1972 se determinó que la diferencia entre el TAI y el tiempo real de rotación de la Tierra era de 10 segundos. Desde entonces se han añadido segundos en intervalos que van de seis meses a siete años, y el más reciente se agregó el 30 de junio de 2012.


Fuente:
http://www.culturizando.com
http://www.tecnoblog.mx




miércoles, 31 de diciembre de 2014

Brindis a lo humano y lo divino, Nicanor Parra.




"Y por fin, yo me permito reunir simbólicamente la copa con que brinda cada uno de ustedes con mi propia copa, que contiene la misma sidra humilde, con la misma sencillez de nuestro corazón. Levanto al cielo con ella los deseos, los sueños y las esperanzas de todos, para que en esta noche prodigiosa el amor infinito los toque con la vara de sus milagros y los convierta en realidad." 


Con estas palabras de Eva Perón en Argentina,en el año 1951, quiero desearos a todas y todos, un maravilloso año nuevo.

Y como no es momento de ponerse serios, dejo también un brindis menos formal. El poeta chileno Nicanor Parra escribió estos versos que quiero hoy compartir con vosotros.



Brindo, dijo un lenguaraz,
Por moros y por cristianos
Yo brindo por lo que venga
La cosa es brindar por algo.
Yo soy así, soy chileno,
Me gusta pelar el ajo,
Soy barretero en el norte,
En el sur me llaman huaso,
Firme le doy la semana,
No como si no trabajo;
De Lunes A Viernes sudo
pero cuando llega el Sábado
No negaré que con gana
Me planto mis buenos tragos,
Con el favor de mi Dios
¡Por algo me llamo Pancho!
En la variedá está el gusto,
Donde me canso me paro,
Todo me podrán quitar,
Pero la chupeta ¡cuándo!
Cuando a la perdiz le salga
Cola, cuando vuele el chancho.
Qué bueno es, pienso yo,
Brindar entre plato y plato
Y ver que esta vida ingrata
Se nos va entre trago y trago
A ver, señora, destape
Un chuico del reservado
Que todavía nos queda
Voz para seguir brindando.
Yo quiero brindar por todo
–Ya me arranqué con los tarros–
Brindo por lo celestial
Y brindo por lo profano,
Brindo por las siete heridas
De Cristo crucificado,
Brindo por los dos maderos
Y brindo por los tres clavos.
¡Cómo no voy a brindar
Por griegos y por romanos,
Por turcos y por judíos,
Por indios y castellanos,
Si antes de que salga el sol
Tenimos que darle el bajo
A toda la longaniza!
¡Le dijo el pequén al sapo!
Aquí no se enoja naiden
¡Vamos empinando el cacho!
Mañana será otro día
¿Nocierto compaire Juancho?
¡Ya pus compaire Manuel!
¡Al seco! ¡Qué está esperando!
¿Ha visto una mala cara
O se le espantó el caballo?
A mí no me viene usté
Con pingos alborotaos
¿No ve que soy de Chillán?
–Trompiezo…, pero no caigo–


Hay que aprovechar las últimas
Botellas que van quedando
Dijo y se río el bribón
Que el día menos pensado
A una vuelta del cerro
La flaca nos echa el lazo. 



Nos vemos en el próximo año.





Niños, libros y lecturas, Alejandro Dolina




Las novelas decimonónicas sobre el Imperio Romano se esfuerzan en reconstruir la época de los Césares y apenas consiguen revelar las preferencias y gustos del siglo XIX. Sucede que los cónsules, los senadores y los emperadores no pueden disimular el acento de las tertulias parisinas, por mucho que se esfuerce el escritor. Esto no debe apuntarse como un reproche sino más bien como una fatalidad que conviene saber antes de la lectura.

Algo parecido sucede con los libros para chicos. Escritos desde un mundo diferente, suelen referir historias que suenan falsas, protagonizadas por seres lejanos e incomprensibles. Ante su propia creación, los autores suelen afectar una especie de perpleja benevolencia, la misma que se usa en la descripción de las costumbres de los salvajes.

Alguien podrá decir que lo más conveniente es que los romanos escriban sobre el Imperio, y los niños sobre la infancia. Objeción: los romanos no escriben ya y los niños no lo hacen todavía. De unos y otros nos separa el tiempo.

Puede aducirse que mientras ningún escritor actual ha sido ciudadano del Imperio, casi todos han sido niños. Sin embargo, un complicado abismo de olvidos y falsos recuerdos parece alejarnos de nuestras emociones infantiles. Los literatos que se fingen chicos no consiguen engañar a nadie.

A decir verdad, no es posible ni siquiera saber con certeza si los niños disfrutan de los libros que se les preparan.

Con mucha cautela, me atrevería a apostar que no. Evocaciones que acaso invento ahora me remiten a las historias de terror, las investigaciones de Mister Reeder, el Padre Brown y el poema A Margarita Debayle , creaciones todas que poco tienen de infantiles.

Me parece también recordar que a mis cuatro o cinco años escuchaba con más placer La Copa del Olvido o Mi Noche Triste , que las cargosas pamplinas sobre faroleras tropezadas.

Así, menos en forma de teoría que de sospecha, postulo que un libro que entretiene a un chico debe ser capaz de hacerlo con un adulto. Desde luego, la admiración no sirve en el orden inverso: toda obra necesita una información previa por parte del lector para ser comprendida. El cuento El inmortal, de Jorge Luis Borges, resultaría incomprensible -o insulso- para quien desconociera la existencia de Homero.

La medición de un hexámetro exige saber latín. Presiento, sin embargo, que miles de cuentos y novelas pueden ser leídos sin penuria por los chicos y sin aburrimiento por los mayores. Los ejemplos son tan contundentes que me avergüenzan: La Isla del Tesoro , los cuentos de Oscar Wilde, Las Mil y una Noches, las maravillas y horrores de la mitología clásica.

Frente a estas obras, los coloridos volúmenes de las colecciones infantiles resultan bastante insípidos.

A veces me palpito que muchos de estos textos son estropeados por la intención edificante. Alguien me dijo una vez que en verdad ocurre lo contrario: la torpeza literaria desacredita la moraleja.

Manuel Mandeb, el polígrafo de Flores, sentía horror por las novelas protagonizadas por niños. Sostenía que sus comportamientos eran poco racionales, o lo que es peor, poco artísticos. Recomendaba insuflar a los pequeños personajes la mayor gravedad, pues entendía que los chicos son generalmente serios y aborrecían la socarronería.

Mandeb creía que el amor a los niños era una virtud literaria capaz de redimir cualquier defecto. 
- El cariñoso esfuerzo conmueve a los pibes aunque no lo confiesen -decía.

Me parece que el hombre de Flores adivinó una gran verdad.

Cuando era chico yo sentía una emoción deliciosamente triste ante las calesitas, los circos y los caleidoscopios. No me gustaban, no me divertían. Pero me hacían sentir una inmensa piedad por aquellas gentes, más inocentes que yo, que trataban de agradarme con ingenio modesto. De entre mis juguetes infantiles recuerdo una cimitarra de madera que me trajo mi padre. Mis juegos no incluían las gestas sarracenas, de modo que no pude sacarle mayor provecho. Pero allí estaba el amor del hombre aquel que tal vez no me comprendía.

Por eso creo en el criterio de Mandeb. El amor de un poeta puede ser más eficaz que un buen argumento.

Más tarde he reconocido aquellos sentimientos de la niñez al recibir algún regalo demasiado humilde.

En los años dorados, un grupo de maestros melancólicos del barrio del Ángel Gris preparó un libro de lectura escolar diferente de todos.

Su título fue Tempranos Desengaños.

Contaba con textos de Manuel Mandeb y Jorge Allen, la docente Etelia C. de Doth y otros oscuros literatos del barrio. También se procuró hacer creer que escribían algunos niños, cosa que nadie llegó a admitir jamás.

Muchos educadores han dicho que Tempranos Desengaños carecía de propósitos aleccionadores. Nada más falso. En muchas de sus páginas se promueve la admiración de ciertas conductas. Sucede -eso sí- que tales conductas son precisamente aquellas que repudian los libros infantiles convencionales. Se enaltece la inasistencia a clase, se desprecia la aplicación, se duda de la higiene y se festejan los desórdenes.

Hay cuentos, poesías, notas y canciones, entre las que sorprende encontrar la milonga Cobráte y dame el vuelto.

Vamos a transcribir algunos textos. 


LOS DEBERES DE PEDRO


Pedro se sienta en los últimos bancos del aula, como corresponde a un chico que desdeña la educación y la vecindad de los poderosos. Las conspiraciones y los batifondos nunca lo hallan ajeno. Busca el riesgo de las transgresiones y la compañía de los más beligerantes. A veces lo tientan el estudio y la inteligencia.

Entonces, como quien acepta un desafío, como una compadrada, resuelve arduos problemas de regla de tres y cumple los dictados sin tropiezos.

Un día, la maestra le acaricia el pelo tiernamente. El piensa: 
- Ay señorita... Si supiera como me gustaría regalarle una flor y darle un beso.

Pero Pedro sabe quién es y conoce su deber y su destino. Con una gambeta se aleja del afecto inoportuno y va a buscar la gloria allá en el fondo, donde los malandras se empeñan revoleando los tinteros para que se cumpla mejor el divino propósito del Universo. 


EJEMPLO (Poesía)


Los sabios nos han dicho 
que sigamos la sombra de tu paso. 
Y ha sido tu destreza 
la vergüenza de nuestras lentitudes.

Los signos que guardaba 
la efímera pizarra en su negrura 
a tí no te negaron 
revelaciones y sabidurías.

Los Seres que Vigilan 
han sabido por tí nuestras infamias 
y hallaste recompensa 
en la noticia del castigo ajeno.

Ah, blanco paradigma, 
luminoso, implacable compañero: 
hoy nuevamente ha sido 
postulada tu suerte como ejemplo.

El numeroso patio 
tu sangre dibujada vio en el suelo 
y el rumbo de mis golpes 
siguió la blanca popa de tu miedo.

Así supieron todos 
después de tu derrumbe en el recreo 
las biabas que promete 
mi zurda a los traidores del colegio. 


LOS NIÑOS PRECOCES (por Manuel Mandeb)


Algunos chicos dan frutos tempranos, no lo niego.

Sus padres se enorgullecen y los exhiben entre sus familiares y conocidos, cuando no en el cine o la televisión.

Me atrevo a pensar -sin embargo- que no toda precocidad es auspiciosa.

Empecemos por decir que existen adultos bondadosos, agudos, valerosos o geniales. Y que también los hay mediocres, hipócritas, pomposos y canallas.

El niño precoz recibe la visita anticipada de ciertos rasgos de la adultez. Algunos tocan el piano como expertos profesionales, otros aprenden lenguas, dibujan o poseen la ciencia.

Pero hay chicos cuya precocidad consiste en adquirir antes de tiempo el tono vacío y protocolar de las conversaciones de sala de espera, y aprenden a los seis años la filosofía de los tontos satisfechos.

"Así anda el mundo, Doña Juana..." "Qué se gana discutiendo, Don José..." 
"Hablando se entiende la gente, Carlitos..."

También repiten el lenguaje de las revistas y hacen suyas las respuestas de los reportajes más vulgares.

Por cierto, mucha gente cree que ésa es la sabiduría, y yo digo que más sabios son los pibes indoctos que observan con repugnancia los diálogos de los parientes bien educados.

Ojalá surjan muchos niños prodigio que se apropien del genio con impaciencia.

Pero para ser un papanatas, me parece que no hay apuro. 


EL NIÑO QUE FUE A MENOS


La señorita Claudia le pregunta a Ferro: 
- ¿Quién fundó la ciudad de Asunción? 
Ferro lo ignora y lo confiesa. La maestra intenta por otros rumbos. 
- Tissot. 
- No sé, señorita. 
- Rossi.

Silencio. El ambiente se pone pesado porque quizá la señorita Claudia enseñó aquello el día anterior. 
- Maldonado. 
Nada. Claudia frunce el ceño y ensaya unos reproches generales. 
Frezza, el tano Frezza, lo sabe de algún modo misterioso. Es extraño el camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se lo piensa. 
- Núñez. López. Dall'Asta.

Tampoco. Frezza espera, sobrador, sin levantar la mano. Cosa de manyaorejas, piensa.

La señorita Claudia se dirige a las niñas y pronuncia el nombre amado. Frezza está muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar.

De pronto, la maestra lo mira. 
- Frezza. Y el niño taura, que tal vez necesita anotarse un poroto, se levanta, mira hacia el banco de la morocha y dice casi triunfal: 
- No lo sé.

Si es que nadie lo sabe estará bien no saberlo. Frezza se sienta y se oye entonces, como en una horrible blasfemia, la voz de Campos, injuriosa: 
- ¡Juan de Salazar!

Pasaron los años. La morocha no conoció el amor de Frezza ni tampoco su gesto elegante y generoso.

Si alguien califica estas lecciones en alguna Libreta Celeste, Frezza tendrá un nueve. Y si ni siquiera existe esa Libreta, entonces tendrá un diez. 


UNA PELEA


Me empujaron a la salida. Hubo un tumulto blanco y después de una rápida investigación quedé frente a frente con Carlos. 
- ¿Qué empujás?

Se formó una rueda. Alguien gritó: 
- Fajálo...

Niñas aterrorizadas se sumaron al grupo. 
Carlos se puso muy colorado. Manos crueles lo empujaron hacia mí. Tito, falso caudillo y sujeto temido, me dijo: 
- Dale... ¿O le tenés miedo?

Entonces le acomodé una piña y ahora ya sé que soy cobarde.

Tempranos Desengaños no fue aprobado por las autoridades escolares.

Puede afirmarse que pocos chicos lo leyeron.

Sin embargo, como si alguien les impartiera preceptos secretos, aún hoy, en el tiempo de Los Refutadores de Leyendas, hay niños que se siguen sentando en los últimos bancos y también hay hombres que lejos ya de la escuela se apartan de las ventajas y de las oportunidades fáciles.

A esos, a los del Fondo, a los que pudiendo sentarse en el primer banco lo rechazan, a los que no figuran como ejemplos en los libros de lectura, a los espíritus lunares, a los alumnos de coraje y honor que -según presiento- no leen obras como esta, a todos ellos -tardíamente- los abrazo ahora, cuando ya no me lo impiden las mezquindades que cargué en mi niñez.




domingo, 28 de diciembre de 2014

De la mujer al hombre, Gioconda Belli




Dios te hizo hombre para mí. 

Te admiro desde lo más profundo 
de mi subconsciente 
con una admiración extraña y desbordada 
que tiene un dobladillo de ternura. 
Tus problemas, tus cosas 
me intrigan, me interesan 
y te observo 
mientras discurres y discutes 
hablando del mundo 
y dándole una nueva geografía de palabras 
Mi mente esta covada para recibirte, 
para pensar tus ideas 
y darte a pensar las mías; 
te siento, mi compañero, hermoso 
juntos somos completos 
y nos miramos con orgullo 
conociendo nuestras diferencias 
sabiéndonos mujer y hombre 
y apreciando la disimilitud 
de nuestros cuerpos.



Enredame, Fonseca

Me desenredas el alma y toda mi vida
Me desenredas el tiempo todos los días
Pero me encanta enredarme todas las noches contigo
Y si estoy loco vas a vivir en un manicomio conmigo

Por andarte adorando siempre me enredo
Me la paso encontrándote entre mis sueños
Y voy buscando el momento para quererte con tiempo
Corazón mío como te quiero y como te llevo por dentro

Y enrédame de amor mi vida
Y hazme un nudo ciego
Y entrégame tus pesadillas
Que yo te doy mis sueños
Y enrédame de amor mi vida
Dejemos tanto enredo
Y enrédame en tus besos
Que yo a tu lado en todo me enredo

Con mis ojos cerrados te doy un beso
Ay a veces no se si yo te merezco
Pero me encanta enredarme
Todas las noches contigo
Y si estoy loco vas a vivir en un manicomio conmigo

Y enrédame de amor mi vida
Y hazme un nudo ciego
Y entrégame tus pesadillas
Que yo te doy mis sueños
Y enrédame de amor mi vida
Dejemos tanto enredo
Y enrédame en tus besos
Que yo a tu lado en todo me enredo

Y enrédame algo entre los huesos
Pa' no olvidarte ni un segundo si estoy lejos
La telaraña de tu recuerdo
Se fue tejiendo poco a poco con tus besos

Y enrédame algo entre los huesos...

La telaraña de tu recuerdo....

La muerte, el amor, la vida, Paul Eluard




Creí que me rompería lo inmenso lo profundo.
Con mi pena desnuda, sin contacto, sin eco,
me tendí en mi prisión de puertas vírgenes
como un muerto sensato que había sabido morir.
Un muerto coronado sólo de su nada ...
Me tendí sobre las olas absurdas del verano
absorbido por amor a la ceniza.
La soledad me pareció más viva que la sangre.

Quería desunir la vida,
quería compartir la muerte con la muerte,
entregar mi corazón vacío a la vida
borrarlo todo, que no hubiera ni vidrio ni vaho...
Nada delante, nada detrás, nada entero.
Había eliminado el hielo de las manos juntas,
había eliminado la osamenta invernal
del voto de vivir que se anula.
Tú viniste y se reanimó el fuego,
cedió la sombra el frío,
aquí abajo se llenó de estrellas
y se cubrió la tierra.
De tu carne clara me sentí ligero...
Viniste, la soledad fue vencida,
tuve una guía sobre la tierra y supe
dirigirme, me sabía sin medida,
adelantaba ganaba tierra y espacio

Iba sin fin hacia la luz ...
La vida tenía un cuerpo, la esperanza tendía sus velas
promisoria de miradas confiadas para el alba.
De la noche surgía una cascada se sueños.

Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla.
El primer rocío humedecía tu boca
deslumbrando reposo remplazaba el cansancio.
Yo amaba el amor como en mis primeros días.

Los campos están labrados las fábricas resplandecen
y el trigo hace su nido en una enorme marea,
las mieses, la vendimia, tienen muchos testigos,
nada es singular ni simple,
el mar está en los ojos del cielo o de la noche,
el bosque da a los árboles seguridad
y los muros de las casas tienen una piel común,
los caminos siempre se encuentran.

Los hombres están hechos para entenderse
para comprenderse, para amarse,
tienen hijos que serán padres de los hombres,
tienen hijos sin fuego ni lugar
que inventarán de nuevo a los hombres,
y la naturaleza y su patria
la de todos los hombres la de todos los tiempos.



viernes, 26 de diciembre de 2014

Ella camina en la belleza, Lord Byron





Ella camina en la belleza, como la noche 
De cimas despejadas y noches estrelladas 
Y lo mejor de lo oscuro y lo brillante 
Se encuentran en sus rasgos y en sus ojos 
Así, suavizados bajo la tierna luz 
Que el cielo al llamativo día niega

Una sombra más, un rayo de luz menos 
Tenían la mitad de la mermada e innombrable elegancia 
que las olas con las que todos los cuervos 
trenzan de suaves haces de luz, oh, su rostro 
Donde los pensamientos suave y dulcemente se expresan. 
Qué pura, qué querida para ellos su morada

Y en su mejilla y en su ceja, 
Tan suave, tan calma y aún elocuente 
La sonrisa que gana, los tonos que resplandecen, 
Pero dile de los días de bondad pasados 
Una mente en paz con todo por debajo,

¡Un corazón cuyo amor es inocente!


Amor del bueno, Reyli Barba

Como un cuchillo en la mantequilla
entraste a mi vida cuando me moría
como la luna por la rendija
así te metiste entre mis pupilas.

Y así te fui queriendo a diario
sin una ley sin un horario
y así me fuiste despertando
de cada sueño donde estabas tu


Y nadie lo buscaba y nadie lo planeo así
en el destino estaba que fueras para mi
y nadie lo apostaba aquello fuera tan feliz
pero cupido se apiado de mi.

Como la lluvia en pleno desierto
mojaste de fe mi corazón
ahogaste mis miedos
como una dulce voz en el silencio
así nos llego el amor amor del bueno

Y así te fui queriendo a diario
sin una ley sin un horario
y así me fuiste despertando
de cada sueño donde estabas tu


Y nadie lo buscaba y nadie lo planeo así
en el destino estaba que fueras para mi
y nadie lo apostaba aquello fuera tan feliz
pero cupido se apiado de mi
y nadie lo apostaba aquello fuera tan feliz
pero cupido se apiado de mi.




Tu más profunda piel, Julio Cortázar



Cada memoria enamorada guarda sus magdalenas y la mía -sábelo, allí donde estés- es el perfume del tabaco rubio que me devuelve a tu espigada noche, a la ráfaga de tu más profunda piel. No el tabaco que se aspira, el humo que tapiza las gargantas, sino esa vaga equívoca fragancia que deja la pipa, en los dedos y que en algún momento, en algún gesto inadvertido, asciende con su látigo de delicia para encabritar tu recuerdo, la sombra de tu espalda contra el blanco velamen de las sábanas.

No me mires desde la ausencia con esa gravedad un poco infantil que hacia de tu rostro una máscara de joven faraón nubio. Creo que siempre estuvo entendido que sólo nos daríamos el placer y las fiestas livianas del alcohol y las calles vacías de la medianoche. De ti tengo más que eso, pero en el recuerdo me vuelves desnuda y volcada, nuestro planeta más preciso fue esa cama donde lentas, imperiosas geografías iban naciendo de nuestros viajes, de tanto desembarco amable o resistido de embajadas con cestos de frutas o agazapados flecheros, y cada pozo, cada río, cada colina y cada llano los hallamos en noches extenuantes, entre oscuros parlamentos de aliados o enemigos. ¡Oh viajera de ti misma, máquina de olvido! Y entonces me paso la mano por la cara con un gesto distraído y el perfume del tabaco en mis dedos te trae otra vez para arrancarme a este presente acostumbrado, te proyecta antílope en la pantalla de ese lecho donde vivimos las interminables rutas de un efímero encuentro.


Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos, el de tu hablar diferente, tu lengua insular que tantas veces me confundía. Con el perfume del tabaco vuelve ahora un recuerdo preciso que lo abarca todo en un instante que es como un vórtice, sé que dijiste " Me da pena, y yo no comprendí porque nada creía que pudiera apenarte en esa maraña de caricias que nos volvía ovillo blanco y negro, lenta danza en que el uno pesaba sobre el otro para luego dejarse invadir por la presión liviana de unos muslos, de unos brazos, rotando blandamente y desligándose hasta otra vez ovillarse y repetir las caída desde lo alto o lo hondo, jinete o potro arquero o gacela, hipogrifos afrontados, delfines en mitad del salto. Entonces aprendí que la pena en tu boca era otro nombre del pudor y la vergüenza, y que no te decidías a mi nueva sed que ya tanto habías saciado, que me rechazabas suplicando con esa manera de esconder los ojos, de apoyar el mentón en la garganta para no dejarme en la boca más que el negro nido de tu pelo.

Dijiste "Me da pena, sabes", y volcada de espaldas me miraste con ojos y senos, con labios que trazaban una flor de lentos pétalos. Tuve que doblarte los brazos, murmurar un último deseo con el correr de las manos por las más dulces colinas, sintiendo como poco a poco cedías y te echabas de lado hasta rendir el sedoso muro de tu espalda donde un menudo omóplato tenía algo de ala de ángel mancillado. Te daba pena, y de esa pena iba a nacer el perfume que ahora me devuelve a tu vergüenza antes de que otro acorde, el último, nos alzara en una misma estremecida réplica. Sé que cerré los ojos, que lamí la sal de tu piel, que descendí volcándote hasta sentir tus riñones como el estrechamiento de la jarra donde se apoyan las manos con el ritmo de la ofrenda; en algún momento llegué a perderme en el pasaje hurtado y prieto que se llegaba al goce de mis labios mientras desde tan allá, desde tu país de arriba y lejos, murmuraba tu pena una última defensa abandonada.

Con el perfume del tabaco rubio en los dedos asciende otra vez el balbuceo, el temblor de ese oscuro encuentro, sé que una boca buscó la oculta boca estremecida, el labio único ciñéndose a su miedo, el ardiente contorno rosa y bronce que te libraba a mi más extremo viaje. Y como ocurre siempre, no sentí en ese delirio lo que ahora me trae el recuerdo desde un vago aroma de tabaco, pero esa musgosa fragancia, esa canela de sombra hizo su camino secreto a partir del olvido necesario e instantáneo, indecible juego de la carne oculta a la conciencia lo que mueve las más densas, implacables máquinas del fuego. No eras sabor ni olor, tu más escondido país se daba como imagen y contacto, y sólo hoy unos dedos casualmente manchados de tabaco me devuelven el instante en que me enderecé sobre ti para lentamente reclamar las llaves de pasaje, forzar el dulce trecho donde tu pena tejía las últimas defensas ahora que con la boca hundida en la almohada sollozabas una súplica de oscura aquiescencia, de derramado pelo. Más tarde comprendiste y no hubo pena, me cediste la ciudad de tu más profunda piel desde tanto horizonte diferente, después de fabulosas máquinas de sitio y parlamentos y batallas. En esta vaga vainilla de tabaco que hoy me mancha los dedos se despierta la noche en que tuviste tu primera, tu última pena. Cierro los ojos y aspiro en el pasado ese perfume de tu carne más secreta, quisiera no abrirlos a este ahora donde leo y fumo y todavía creo estar viviendo.




miércoles, 24 de diciembre de 2014

Navidad 2014


A tod@s l@s que habéis pasado por este rincón os deseo...







A ti, cariño.
No pedire mucho esta Navidad.
Ni siquiera desearé nieve.
Solo voy a quedarme esperando .
Debajo del muerdago.
No haré una lista para enviar.
Al Polo Norte para Santa Claus.
Ni siquiera me quedaré despierta para
Escuchar el chasquido de esos renos mágicos
Porque sólo te quiero aquí´esta noche,
Abrazándome bien fuerte.
Que más puedo hacer?
Cariño, todo lo que quiero esta Navidad es a ti.