viernes, 9 de noviembre de 2012

Aprenderás, Shakespeare


Después de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no siempre significa seguridad.

Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas.

Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.

Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado.

Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.

Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma.... descubrirás que lleva años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.

Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias, y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.

Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.

Te darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de disfrutar su compañía.

Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque nunca estaremos seguros de cuando será la última vez que las veamos.

Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que hacemos.

Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.

Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.

Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y sino lo sabes cualquier lugar sirve...

Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.

Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias...

Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.

Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los años vividos.

Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.

Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese porque le estarás quitando la esperanza.

Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.

Descubrirás que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo... No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo.

Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.

Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.

Aprenderás que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto, debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho mas lejos de lo que pensabas cuando creías que no se podía mas.



¡¡¡Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla!!!


William Shakespeare


La nada no está vacía

 

Dentro de la jaula de Faraday

Es una caja metálica que, al ser sometida a un campo eléctrico o electromagnético, aísla totalmente su interior.



La naturaleza aborrece el vacío”. Esta máxima, que surgió por primera vez en la filosofía griega hace unos 2.500 años, sigue planteando un debate entre científicos y filósofos. El concepto de un vacío real, aparte de inducir una sensación inquietante, a mucha gente le parece ridículo, e incluso estúpido. Si dos cuerpos están separados por la nada, ¿no estarían en contacto? ¿Cómo puede el “vacío” mantener las cosas apartadas, o tener propiedades como tamaño y límites? 

Mientras seguimos peleando con estas ideas, nuestro concepto del vacío ha evolucionado. El espacio vacío es más rico que la mera ausencia de cosas, y desempeña un papel indispensable en gran parte de la física moderna. Incluso entre los antiguos griegos, el vacío dividía lealtades. Un línea influyente de pensamiento, que aparece por primera vez en el trabajo del filósofo Parménides en el siglo V a. C. y hoy más comúnmente asociada con Aristóteles, mantenía que el espacio vacío está en realidad relleno de un medio invisible.
Los postuladores de la teoría atómica rival, entre ellos Leucipo y Demócrito, discrepaban. Según su punto de vista, el cosmos consistía en un vacío ilimitado poblado por pequeñas e indestructibles partículas, o átomos, que se agrupaban en diferentes combinaciones para formar objetos materiales. Tales debates metafísicos se convirtieron en la discusión estándar entre los filósofos hasta la llegada de la Edad Media, e incluso después. El auge de la ciencia moderna en el siglo XVII no hizo mucho por resolverlos. El inglés Isaac Newton, como Aristóteles, creía que el espacio entre los cuerpos tenía que estar relleno de un medio, si bien uno de una clase inusual. Debía ser invisible, pero tampoco producía fricción, ya que la Tierra lo atraviesa en su camino alrededor del Sol sin encontrar resistencia alguna.

Sustancia incorpórea

Newton apelaba a este medio como marco para sus leyes del movimiento. Estas predecían, por ejemplo, que un planeta rotatorio como la Tierra experimentaría una fuerza centrífuga que lo haría hincharse en el Ecuador. Este efecto proporcionaba una prueba física de la rotación, aunque dicha rotación, y con ella la existencia de una fuerza, solo tenía sentido si había algún marco absoluto de inmovilidad, un punto estacionario de vista contra el cual comparar el movimiento. Esto, según Newton, era el medio invisible que llenaba el espacio.
Su rival alemán, Gottfried Leibniz, no estaba de acuerdo. Mantenía que todo movimiento, incluida la rotación, solo podía juzgarse con relación a otros cuerpos del Universo; por ejemplo, a las distantes estrellas. Un observador en un tiovivo del espacio profundo vería girar las estrellas y sentiría al mismo tiempo la fuerza centrífuga. Según Leibniz, si las estrellas se desvanecieran, también lo haría la fuerza; no era necesario un medio entre objeto y estrellas.
La postura de Leibniz fue muy discutida en el siglo XIX por el ingeniero y filósofo Ernst Mach, el de los números Mach que se utilizan para cuantificar la velocidad de los aviones. Propuso que las fuerzas centrífugas y sus relativos efectos mecánicos estaban causados por la acción gravitatoria de la materia distante del Universo. Albert Einstein se vio fuertemente influido por las ideas de Mach al formular su teoría de la relatividad, y le contrarió comprobar que, de hecho, el principio de Mach no se infería de ella. Por ejemplo, de la teoría de Einstein se deduce que un agujero negro rotatorio tendría el Ecuador hinchado aunque no existiera ningún otro objeto.

El misterio del imán

Durante el siglo XIX, la naturaleza del espacio vacío empezó a estudiarse en un nuevo contexto: el misterio de cómo un cuerpo cargado siente atracción hacia otro; o cómo dos imanes “sienten” la presencia el uno del otro. La explicación del químico y físico Michael Faraday era que los cuerpos con carga o magnéticos creaban regiones de influencia –campos– alrededor de sí mismos, algo que otros cuerpos experimentaban como una fuerza.
¿Pero qué eran exactamente esos campos? Una de las maneras en que a los físicos de la época les gustaba explicarlos era invocando un medio invisible que rellenaba el espacio, justo lo mismo que decía Newton. Los campos eléctricos y magnéticos pueden ser explicados como torsiones de ese medio, como las que provocas en una goma elástica si la retuerces. El medio se empezó a conocer como éter luminífero, o simplemente éter, y tuvo una enorme influencia en la ciencia del siglo XIX. 



También fue muy popular entre los espiritistas, a quienes encantaba su fantasmagoría, e inventaron ideas oscuras sobre “cuerpos etéreos” que, decían, sobrevivían a la muerte. Cuando James Clerk Maxwell unificó la electricidad y el magnetismo en la década de 1860, proporcionó un hábitat natural para las fantasmagóricas ondas electromagnéticas que su teoría predecía, cosas como las ondas de radio y la luz.
Pero poco después de que Maxwell publicara su teoría, el viejo problema del movimiento relativo volvió a salir a la palestra. Aun cuando nuestro planeta no siente fricción mientras se desliza a través del éter, cualquier movimiento en relación a él debería producir efectos mesurables. El más notable, la velocidad de la luz, debería depender de la velocidad y dirección del movimiento de la Tierra. Pero los intentos de detectar este efecto no dieron ningún resultado.
Einstein vino al rescate. Su teoría de la relatividad especial, publicada en 1905, sugiere que el movimiento de un cuerpo debe ser siempre juzgado en relación con otro cuerpo, y nunca con el espacio mismo o con algún material invisible que lo rellene. Los campos eléctrico y magnético existen, pero ya no como torsiones de un medio que rellena el espacio. Su fuerza y dirección, y las fuerzas que ejercen, cambian con el movimiento del observador de tal forma que la velocidad de la luz al medirla siempre es la misma, independientemente de cómo se mueva el observador.
De modo que el éter es una complicación innecesaria. Si bien es correcto decir que una región del espacio que posee un campo eléctrico o magnético no está vacía, el meollo del asunto de la “materia” que contiene está muy lejos de parecerse a lo que normalmente consideramos materia. Los campos poseen energía y ejercen presión, pero no están compuestos de nada más sustancial.

El descubrimiento cuántico

Hace más o menos una década, sin embargo, un nuevo giro puso el problema del espacio vacío bajo una luz diferente. Surgió de la teoría de la mecánica cuántica. A nivel atómico, la impecable previsibilidad del universo clásico newtoniano se rompió para ser reemplazada por un conjunto de reglas alternativas extrañas. Una partícula como, por ejemplo, un electrón, no se mueve de A a B siguiendo una trayectoria precisa y definida. En un momento, su posición y movimiento serán, hasta cierto punto, inciertos.
Y lo que es cierto para un electrón lo es también para todas las entidades físicas, incluidos los campos. Un campo eléctrico, por ejemplo, fluctúa en intensidad y dirección como resultado de la incertidumbre cuántica, incluso aunque el campo sea neutro en su conjunto. Imagina una caja que no contiene cargas eléctricas –de hecho, que no contenga más que vacío– hecha de metal de forma que ningún campo eléctrico pueda penetrar desde el exterior. Según la mecánica cuántica, aun así existirá un irreductible campo eléctrico en su interior, que a veces se manifestará de una forma y otras veces de otra. En conjunto, estas fluctuaciones sumarán cero, de modo que una medida en crudo no detectará actividad eléctrica. Pero una cuidadosa medición a nivel atómico sí lo hará.
Nos hallamos ante un punto importante. Aunque el campo de fuerza de las fluctuaciones será cero de media, la energía no lo es, porque la energía de un campo eléctrico es independiente de su dirección.
Por tanto, ¿cuánta energía reside en una caja vacía de un tamaño determinado? Los rápidos cálculos que se hacen en base a la teoría cuántica llevan a una conclusión aparentemente sin sentido: no hay límite. El vacío no está vacío. De hecho, contiene una cantidad infinita de energía. Los físicos han hallado un modo de sortear este desbarajuste, pero solo si se hace una pregunta diferente. Si tienes dos cajas de metal de diferente forma o tamaño, ¿cuál es la diferencia en las respectivas energías cuánticas de su vacío? La diferencia es minúscula, pero se puede medir en el laboratorio, lo que prueba  que las fluctuaciones cuánticas son reales, y no simplemente una predicción teórica demente.
Así que el concepto moderno del vacío es el fermento de la actividad de un campo cuántico, con ondas que surgen al azar aquí y allá. En mecánica cuántica, las ondas también tienen características de partículas, de modo que el vacío cuántico se describe a menudo como un mar de partículas de vida breve; fotones para el campo electromagnético, gravitones para el campo gravitatorio, y así sucesivamente, que surgen de ninguna parte y que desaparecen de nuevo.

Un vacío lleno de energía y presión

Onda o partícula, obtenemos una representación del vacío que nos recuerda, en algunos aspectos, al éter. No nos da un marco de quietud con respecto al cual se pueda decir que se mueven los cuerpos, pero sí que rellena todo el espacio y tiene propiedades físicas mesurables, como la densidad de energía y la presión.
Uno de los aspectos más estudiados del vacío cuántico es su acción gravitatoria. Ahí fuera, en el cosmos, hay muchísimo espacio, todo él probablemente atiborrado de fluctuaciones del vacío cuántico. Todas esas partículas que surgen y desaparecen deben pesar algo. Quizá esa masa es suficiente para componer el conjunto de la fuerza gravitatoria del universo; quizá, de hecho, es suficiente para superar la gravedad de la materia ordinaria. Hallar la respuesta es una tarea ciclópea.
No solo hemos de tener en cuenta los campos electromagnéticos, sino todos los campos que existen en la naturaleza. Pero se puede deducir un resultado rápido general. En el caso de que la presión del vacío cuántico sea negativa (una presión negativa es una tensión), el efecto gravitatorio también es negativo. Es decir, que las fluctuaciones del vacío cuántico de presión negativa sirven para crear una fuerza repelente, o antigravitatoria.
Einstein había predicho que el espacio vacío tendría un efecto antigravitatorio semejante ya en 1917, antes de la mecánica cuántica. No podía poner un número a la intensidad de esa fuerza, y más tarde abandonó la idea. Pero no se fue del todo. Cálculos realizados a vuelapluma hoy día sugieren que la presión del vacío cuántico debería ser, de hecho, negativa en un espacio con la geometría de nuestro universo.
Y para asegurarlo, hace 15 años se empezaron a acumular pruebas procedentes de las observaciones de supernovas lejanas: una inmensa fuerza antigravitatoria causa que el universo se expanda cada vez más deprisa. El invisible vacío cuántico, “éter”, supuesto responsable de ello al menos parcialmente, se ha redenominado recientemente “energía oscura”.
La noción de que el espacio es un mero vacío sin propiedades físicas ya no se sostiene. Puede que la naturaleza aborrezca el vacío absoluto, pero le gusta el vacío cuántico con sus peculiaridades. Y no es un juego de palabras. Según funcione la energía oscura, el Universo seguirá expandiéndose en una huida frenética que culmine en un vacío oscuro en el que la materia y la radiación se diluyan a niveles infinitesimales, o quizá colapse sobre sí mismo en un “big crunch”. El destino del Universo parece que depende de las propiedades del vacío.

Fuente:  www.quo.es

jueves, 8 de noviembre de 2012

Recuérdame, La Quinta Estación

Al despertar, después de una noche llena de sueños,
suena en el corazón una música, una canción del ayer ,
del hoy y del mañana...


Recuérdame cuando duermes y adivino lo que sueñas
cuando lejos de nuestra cama es a mí en quien piensas.
Recuérdame.

Recuérdame cuando parta y no regrese a nuestra casa

cuando el frío y la tristeza se funden y te abrazan.
Recuérdame.

Recuérdame cuando mires a los ojos del pasado

cuando ya no amanezca en tus brazos
Y que seas invisible para mí, para mí.

Recuérdame amándote

mirándote a los ojos
atándome a tu vida
recuérdame amándote
esperándote tranquila
sin rencores sin medida
recuérdame, recuérdame
que mi alma fue tatuada en tu piel.

Recuérdame cuando sientas que tu alma está inquieta.

Si el deseo y tu amor no me calientan.
Recuérdame

Recuérdame

cuando mires a los ojos del pasado
cuando ya no amanezca en tus brazos
y que seas invisible para mi, para mi.

Recuérdame amándote

mirándote a los ojos
atándome a tu vida
recuérdame amándote
esperándome tranquila
sin rencores sin medidas
recuérdame, recuérdame
que mi alma está tatuada en tu piel.

Soledades, Mario Benedetti

Ellos tienen razón esa felicidad
al menos con mayúscula no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve presoledad.

Después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad.

Ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable
minuto uno se siente solo en el mundo.



Sin asideros, sin pretextos
sin abrazos, sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo.



Los datos objetivos son como sigue.


Hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos una
frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos claro
que la soledad no viene sola.



Si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades se vera un
largo y compacto imposible un sencillo
respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente.



Después de la alegría
Después de la plenitud
Después del amor
Viene la soledad.

Conforme pero
que vendrá después
de la soledad.



A veces no me siento tan solo
si imagino mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad y de
la tuya otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después de la soledad.


El álbum, Medardo Fraile

Entraron aprisa en el café y se sentaron. La impaciencia les encendía los ojos al dejar el paquete sobre la mesa. Ella, apenas sentada, comenzó a abrirlo, mirando con amor, alternativamente, la cinta roja sobre el papel y el rostro de él con ligero orgullo protector y expectante.
-¿Qué van a tomar?
-Café con leche. ¿Y tú?
-Lo mismo.
En la mesa apareció con pastas de color azul marino, como el traje de los días señalados, el álbum de las chocolatinas. Era un gran día. Habían hablado de él como se habla de cuando llegará un niño. Aquel álbum representaba el tesón del novio en su niñez, que había reunido una estampita tras otra hasta cubrir todas las ventanillas sin paisaje de aquel libro difícil.
Sus compañeros de colegio -él lo recordaba- habían dejado en el álbum huecos de desamor y desidia. Y el álbum, ahora flamante sobre la mesa, mostraba la solicitud en el tiempo de un hombre cuidadoso, fiel toda su vida a sus más inocentes alegrías, al objeto de su ilusión más nimia. Para la novia, aquel álbum implicaba tesón y constancia. Tenían sobre la mesa el café con leche del amor humilde, pero tenían también dentro del libro las maravillas todas del Universo, y se pusieron a deshojarlas con lentitud amorosa, como si en ello les fuera su felicidad, el sí o el no.
-No: hoy "Las Mariposas", no -decía ella con tremendo gozo-. Hemos visto ya "Los Grandes Inventos".
Cada hoja les aproximaba, día tras día, un poco más. El día de "Las Mariposas", ella balanceó sus pestañas en el aire hacia un hombre joven que estaba enfrente sentado, y él -el novio- tuvo celos. Pero ella ni había mirado siquiera a aquel hombre: quería simplemente mariposear con sus finas pestañas. El día de "Las Aves Domésticas" proyectaron un canario naranja transparentándose en el hogar que tendrían, en la ventana con sol: "Mejor, blanco", insinuaba él. "No, tiene que ser naranja", decía resuelta ella, entornando los ojos como si le dañara el agridulce color del pájaro.
En "Las Aves Exóticas" pusieron sobre el pelo de ella, suave, un sombrerito atrevido de vistosas plumas en una tarde con risa en el mundo, y champaña y "confetti". En "Flores para Regalo" él la obsequió con doce tulipanes para que no olvidara alguna cosa. Al llegar a "Animales Prehistóricos", tuvo ella miedo y se acercaron más. Él quiso continuar más días viendo "Los Animales Prehistóricos", pero ella se negó y entró en la hoja rutilante de "Las Piedras Preciosas". Ante "Las Piedras Preciosas" él anduvo receloso por sentimiento atávico. Veía en los ojos de ella cierta cortesana desfachatez, ciertas desmesuradas pretensiones, que le tuvieron en desazón toda la tarde y que interpuso entre ellos una pastosa frialdad anfibia. En "Las Algas" enredaron sus dedos, manos, brazos, miradas y palabras. Con "La Evolución del Automóvil" lo pasaron bien, dieron saltos y frenazos bamboleantes sobre sus sillas. Con "Las Fieras" se identificó ella de tal forma, que los ojos se le llenaron de instinto y él se encontró como un domador trágico que de un instante a otro podía perecer. Con "La Fauna del Mar" cruzaron una y otra vez por los ojos de él y de ella los peces cariñosos, perezosos, suaves, del amor, y estuvieron pasando toda la tarde mansa, humildemente. Al llegar a "Las Frutas", ella, con un rubor, posó su mano sobre las manzanas para que él no tuviera ningún pensamiento avanzado, para que no pensara como Adán.
Terminaron el álbum, y estaban tostados y palpitantes como después de un largo viaje. Era como si volvieran con los mismos recuerdos de una luna de miel respetuosa. Ella esperó todos los días -sobre todo el último- a que él dijera: "El álbum para ti, te lo regalo." Pero no lo hizo. Llenar aquel libro de cromos había sido la gracia de su niñez, le había proporcionado entrada de honor en todas las visitas. Y cogió su álbum y se lo guardó. Ella, de haberlo tenido, le habría devuelto su regalo en palabras llenas de entendimiento y colores, en experiencia del mundo, en primores de planta y honduras de mar. Pero así las tardes fueron enfriándose, se aburrían y hacían tos de las palabras rotas. Y un día ella -que se había enamorado de aquel álbum- le dijo adiós a él. Y él tendrá que sacarlo de nuevo en su vida, cuando llegue la hora, sin atreverse a regalarlo nunca.

Dos enigmas resueltos por la ciencia


Los hombres de ciencia, en su incesante búsqueda de respuestas que expliquen los fenómenos naturales que observan, estudian de forma pormenorizada los pequeños o grandes misterios con los que se van topando, formulando hipótesis que den sentido a lo que a simple vista parecen hechos inconcebible. 



La rueda dentada de Antikitera

 

Hace casi 100 años, unos buzos encontraron frente a la isla griega de Antikitera los restos de una antigua caja rota de madera y bronce que albergaba más de 30 engranajes en su interior. Dataciones posteriores mostraron que este complejo objeto tecnológico, similar a un reloj, databa del siglo I a. C. Desde entonces, los científicos se han visto fascinados por este oopart (artefacto fuera de lugar), tratando de imaginar cuál podría ser su función. Solo recientemente, un equipo dirigido por Mike Edmunds y Toni Freeth, de la Universidad de Cardiff, pudo resolver el misterio. El mecanismo de Antikitera era una calculadora astronómica. Si están en lo cierto, el artilugio podía reproducir los movimientos de la Luna y el Sol a lo largo del Zodíaco con notable precisión. Su mecánica es algo que todos creían impensable hace dos milenios, y mucho más compleja de lo esperado. Ninguna otra civilización creó algo tan sofisticado durante los siguientes mil años. Pero el misterio no ha concluido del todo; falta que los científicos logren crear una réplica viable. Están en ello.

Las montañas ocultas de la Antártida

 

En 1958, científicos soviéticos descubrieron una larga cordillera de 1.200 kilómetros de longitud, con picos de hasta 3.400 metros de altura, enterrada bajo la placa de hielo de la Antártida, de tres kilómetros de espesor. Lo que les desconcertó es que la ubicación de estos “Alpes Antárticos” no coincidía con el límite de ninguna placa tectónica, y además se descartó su origen volcánico. ¿Cómo se formaron, entonces, las montañas Gamburtsev? Recientemente, con la ayuda de radares aéreos, un equipo multinacional de científicos publicó en Nature la respuesta a tan complejo rompecabezas. El proceso geológico que las formó comenzó hace muchísimo tiempo, 1.000 millones de años. Por aquel tiempo, varios microcontinentes colisionaron entre sí, aplastaron las rocas más viejas de la cordillera y formaron una gruesa corteza que se extiende muy por debajo de esta. Además, se formó la fisura de la Antártida Oriental, un rift de 3.000 kilómetros de largo que se extiende a través del océano en dirección a la India. Hace entre 250 y 100 millones de años, esa fractura allanó el camino para que el supercontinente Gondwana se rompiera, lo cual calentó la raíz de corteza terrestre bajo las montañas Gamburtsev y provocó su alzamiento. La placa de hielo antártica oriental, formada hace 34 millones de años, la protege contra la erosión.

Momentos de lectura con Isabel Allende...

La tragedia de Saint Domingue


Cuando Haití aún se llamaba Saint Domingue acogió una sangrienta rebelión que acabo con la esclavitud. Ese es el telón de fondo de la novela de Isabel Allende: “La Isla Bajo el Mar” (Plaza&Janes). Una tierra que fue la más rica de las colonias francesas, pero que se convirtió en el país más pobre de América.



“En mis cuarenta años, yo, Zarité Sedella, he tenido mejor suerte que otras esclavas”. Así arranca la última novela de Isabel Allende, “La Isla Bajo el Mar”, ambientada a finales del siglo XVIII en Haití, por entonces llamada Saint Domingue. La acción transcurre entre 1780 y 1793 en esta colonia francesa del Caribe, para más tarde trasladarse a la Luisiana, por entonces colonia española, adonde arribaron muchos colonos y sus esclavos huyendo de una salvaje revuelta en las Antillas que tiñó de sangre el halo de romanticismo de la única rebelión de esclavos que ha triunfado.
Y es que ser mujer, mulata y esclava no facilitaba en nada la existencia en el Caribe del siglo XVIII. De la mano Zarité, una esclava de origen guineano vendida de niña a uno de los principales hacendados de Saint Domingue, la escritora chilena recrea un agitado momento histórico, no sólo en ultramar sino también en Francia, inmersa en su propia revolución.


He iniciado la venganza de mi raza
Desde que Colón diese con ella, los reyes de España controlaron toda la isla de La Española (también conocida como Santo Domingo) hasta el siglo XVII, cuando piratas franceses empezaron a ubicar allí algunas de sus bases en la parte occidental. No fue hasta 1697 que la isla quedaría fragmentada en dos: la parte occidenta (Saint Domingue, futura Haití) en manos francesas, y la oriental, para España.
Francia recogió muy pronto los suculentos frutos de la colonización con una agricultura en expansión. Aquel pequeño territorio anclado en el Caribe era tan fértil que producía más azúcar y café que todas las colonias de Gran Bretaña y las Indias Occidentales juntas.
En 1780, el 40 por ciento del azucar y el 60 del café que consumía Europa procedían de Saint Domingue, la próspera "Perla de las Antillas". Eso sí, para mantener tan beneficiosas cifras, los esclavos resultaban imprescindibles. Llegó haber 34.000 personas libres, frente a medio millón de esclavos que sólo tenian una cosa en mente, alcanzar su libertad. Para asegurar su sumisión, los capataces no dudaben an aplicar la violencia ante el más leve conato de insurrección.
El pistoletazo de salida de la revuelta en la que participaron casi todos los esclavos de la isla tuvo lugar la noche del 22 de Agosto de 1791. Su lider, un liberto llamado Toussaint-Louverture (imagen izquierda), proclamaría: "He iniciado la venganza de mi raza".
Aunque el Caribe había vivido diversas insurrecciones de esclavos, ésta era la única que cuajó. No obstante, París no estaba dispuesto a renunciar a los pingües ingresos que proporcionaba el territorio y en diciembre de 1801 envió a la isla un ejército de 25.00 soldados para recordarle a Louverture su promesa de resarcir a los colonos y restablecer una esclavitud que la metrópoli ya había abolido formalmente. Louverture no se dejó engañar fácilmente y se volvió contra los franceses. Napoleón hubo de tirar la toalla.
Toussaint-Louverture murio prisionero de los franceses y su testigo lo recogió otro antiguo esclavo, Jean-Jaques Dessalines, que logró expulsar a los franceses y proclamar la independencia en 1804. Cuatro décadas después se proclamó la República de Haití (la primera en el Caribe), que pasaría a compartir la isla con la colonia española, hoy transformada en la República Dominicana. Al mirar la bandera haitiana resulta inevitable pensar en la francesa, aunque de la primera se eliminó la franja blanca, simbolo de la monarquía gala, como claro repudio a la dominación de la que tanto costó librarse.
Malos tiempos en las Antillas
A pesar de la libertad política, Haití siguió dependiendo económicamente de Francia durante largo tiempo. Las otras potencias coloniales decidieron no comprar su azúcar y su café, y la estabilidad brilló por su ausencia. A inicios del siglo XX fue ocupada militarmente por EE.UU. (1915-1934) y más tarde sufrió una dura dictadura. Recientemente, el ex presidente Bill Clinton, enviado especial de Naciones Unidas para Haití, hizo un llamamiento a los exiliados haitianos en EE.UU. para que invirtiesen en su país de origen, fuertemente endeudado. Hoy, muchos descendientes de esos antiguos esclavos haitianos viven en Nueva Orleans, huyendo de la sangre y violencia). En la ciudad que fue cuna del Jazz, Zarité sigue bailando, ya libre de ataduras, como ha bailado siempre, porque "esclavo que baile es libre....... mientras baila".
LAURA MANZANERA. Periodista. Articulo transcrito de la Revista Clio, nº 96.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Música para hoy...

de nuevo con Pablo Alborán...
Como dije ayer, este joven cantante ha publicado su nuevo álbum y...
no he querido resistirme a la tentación de escuchar una de sus nuevas canciones.
Os la dejo esperando que os guste tanto como a mi... 


Déjame que vuelva a acariciar tu pelo,
déjame que encienda tu pecho en mi pecho,
volveré a pintar de colores el cielo, para que olvides de una vez el mundo entero...
Déjame tan solo que hoy roce tu boca,
déjame que voy a detener las horas
volveré a pintar de azul el universo
para que todo esto solo sea un sueño

Quiero que te quedes, Adriana Lucía



Mira que te miro y que me muero
Y aunque te hayas ido lejos sueño y te puedo alcanzar
Dime si el amor no es algo serio
Que he llorado y que te espero y todo se podra arreglar

Volverte a ver, pudiera ser
Que todo fuera como la primera vez
Tenerte asi, cerca de mi
Y volver a empezar y volver a sentir

Porque tu has sido lo mejor de mi camino
Tu amor sencillo que me llena de felicidad

Has sido lo mas grande de mi vida
Mi patria viva, la esperanza de mi soledad

Quiero que te quedes tan solo un momento
Mirame a los ojos no tienes que hablar
Deja que mis besos curen otros tiempos
Quiero que te quedes un poquito mas

Mira que te estoy queriendo tanto
Que fui presa de tu encanto y ya no me pude escapar

Dime que me llevas muy adentro
Que tan solo hay sentimiento de saber que ya no estas

Volverte a ver, pudiera ser
Que todo fuera como la primera vez
Tenerte asi, cerca de mi
Y volver a empezar y volver a sentir...

Almohadas, Mario Benedetti


Nunca me ha sido fácil
encontrar la almohada
adecuada a mis sueños
a su medida exacta

en la cabeza noche
se cruzan las fatigas
se ahondan las arrugas
de la pobre vigilia

en la cabeza noche
huyen despavoridos
los árboles los muros
los cuerpos de aluminio

yo no elijo mis sueños
es la almohada / es ella
la que los incorpora
en desorden de feria

mucho menos elijo
las pesadillas locas
esos libros del viento
sin letras y sin hojas

pero al cabo de tantas
almohadas sin cuento
sin historia y sin alas
como siempre prefiero

la de tu vientre tibio
cerca cerca cerquita
del refugio imantado
de tus pechos de vida.


Sabes cómo nos afecta la gravedad?

¿Sabes que lo que nos muestra la báscula depende no sólo de nuestra masa, sino también de la potencia del campo gravitatorio en el que nos encontremos? 
Esto significa que, con el mismo cuerpo, podemos pesar más o menos en función de si nos encontramos en la Tierra, en la Luna o en un asteroide. En los cuerpos más importantes del Sistema Solar una persona de 70 kg pesaría: 

26,4 kg    en Mercurio
63,4 kg    en Venus
11,6 kg    en la Luna  
26,3 kg    en Marte
165,4 kg  en Júpiter
64,1 kg    en Saturno
62,2 kg    en Urano
78,7 kg    en Neptuno
4,6 kg      en Plutón
1.895 kg  en el Sol
9.800.000.000.000 kg  en una estrella de neutrones



Sobremesa de verano. Un sol implacable lo impregna todo. La única actividad posible parece ser extender una toalla sobre la hierba y tumbarse bajo la sombra de los álamos, a la orilla del río. La espalda se va pegando lentamente al suelo, igual que el agua se adhiere al cauce del río, y el tronco del álamo desciende hasta hundirse en la tierra. El libro, abierto para ser leído, descansa sobre la toalla, y una diminuta hormiga abandona la tierra bajo sus patas para avanzar por una de sus páginas.
La pesadez reinante podría atribuirse al sopor de la siesta, que indudablemente la potencia, pero su razón más poderosa es una realidad que estamos acostumbrados a obviar: la Tierra tira de nosotros. Constante, intensa e irremisiblemente. Basta con echar una ojeada a nuestro alrededor, independientemente del lugar donde nos encontremos, para encontrar ejemplos de su presencia y de los esfuerzos, generalmente inconscientes, que realizamos para contrarrestarla: pinzas para la ropa, clavos para fijar cuadros, estanterías para depositar libros, vasos para atrapar líquidos e incluso narices y orejas convertidas en soportes para gafas.

La ciencia, el martillo y la pluma
Estamos definitivamente atrapados en su campo de acción, vivimos entregados por completo a sus efectos y, sin embargo, aún no hemos conseguido descifrar completamente qué es la gravedad. En el siglo XVI, Galileo Galilei descubrió que los objetos se mueven de forma horizontal gracias a la inercia, de tal modo que, si no hay otras fuerzas que los afecten, como el rozamiento, podrían continuar avanzando infinitamente. Bajo esta óptica, quiso averiguar qué ocurría con los objetos en caída libre e intuyó que tenían implicada una aceleración constante.

Para analizar si la intensidad de la  aceleración dependía de la masa del objeto, hizo rodar bolas de cañón de aleaciones distintas por un plano inclinado y comprobó que la aceleración era la misma en todos los casos. El problema de Galileo para obtener un resultado completamente fiable era el rozamiento que ofrecía la rampa que utilizaba como plano inclinado. En 1581 intentó solventarlo lanzando dos bolas de distinta densidad desde lo alto de la torre de su ciudad natal, Pisa, pero en este caso, el rozamiento vendría proporcionado por la atmósfera terrestre.
Lamentablemente, Galileo no pudo ser uno de los miles de espectadores que contemplaron la demostración de su teoría, televisada en julio de 1971 desde un ámbito óptimo: la superficie sin atmósfera de la Luna. El astronauta David R. Scott se situó ante la cámara del módulo lunar con una pluma de halcón en una mano y un martillo de geólogo en la otra. Soltó ambos objetos al mismo tiempo y demostró al mundo que ambos llegaban al suelo lunar a la vez.

Leyes de peso
El primer científico que, en el siglo XVII, dio solidez matemática al concepto de la gravedad fue Isaac Newton. De su famosa Ley de la Gravitación Universal y de sus leyes del movimiento se desprende que dos objetos se atraen entre sí con la misma fuerza, pero en direcciones opuestas y con una aceleración inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa, lo cual quiere decir que, aunque parezca increíble, nosotros atraemos a la Tierra exactamente igual que ella nos atrae a nosotros. El secreto de que siempre seamos nosotros los que caigamos, y no al revés, está en la masa: cuanta más cantidad de materia tenga un objeto, mayor fuerza gravitatoria ejerce sobre otro. La teoría de Newton permitió explicar gran cantidad de fenómenos naturales que hasta entonces habían sido un misterio, como los movimientos de los planetas, las mareas, producidas por la acción gravitatoria de la Luna, o las leyes que rigen la caída de los cuerpos, y siguió vigente hasta que un nuevo genio de la ciencia vino a ocuparse de este fenómeno omnipresente.


Einstein y el espacio-tiempo
A principios del siglo XX, Albert Einstein interpretó la gravedad dentro de los parámetros de su teoría de la relatividad y la definió como una distorsión del espacio-tiempo provocada por los objetos existentes en él. El científico alemán consideraba la existencia de una especie de tejido espacio-temporal que los cuerpos masivos podrían deformar, como lo haría una bola maciza rodando sobre una sábana extendida. La curvatura que se produce en el espacio-tiempo es la que determina la trayectoria de los cuerpos en esa región. O, para utilizar la interpretación de los científicos C. Misner, K. Thorne y J. Wheeler, la materia le dice al espacio cómo curvarse y el espacio le dice a la materia cómo moverse. Einstein predijo fenómenos como que un campo gravitatorio muy potente puede llegar a desviar un rayo de luz, hecho que acaba de comprobarse una vez más durante el eclipse de sol que ha podido verse el mes pasado desde África.

En época más reciente, la física de partículas ha lanzado la hipótesis de la existencia de los gravitones, unas partículas que rodearían a los cuerpos y determinarían su gravedad, pero que, de momento, quedan confinadas al campo teórico, porque nadie ha conseguido verificar su existencia.

El día a día
En cualquier caso, si la gravedad no determinase nuestra existencia en su doble papel de carcelero-fuente de vida, el mundo sería un terreno yermo, similar a un asteroide rocoso, e incapaz de mantener sobre sí una atmósfera habitable, porque ésta huiría hacia el espacio. En lugar de eso, tenemos un planeta en el que el agua puede mantenerse en estado líquido, caer en forma de lluvia y alcanzar los más recónditos lugares donde la vida la necesita para avanzar.

Todos los seres vivos se han configurado obedeciendo a sus leyes: las plantas lanzan sus raíces hacia el subsuelo para buscar nutrientes y los animales y seres humanos han configurado sus sistemas sanguíneos, digestivos, musculares y óseos en función de las limitaciones o ventajas aportadas por esta fuerza. Los planetas se agrupan unos en torno a otros en sistemas de órbitas elípticas debido al entramado de fuerzas que conforman sus campos gravitatorios.
La materia que hay en el universo se atrae, se acumula y desencadena procesos como la formación de las estrellas, la aparición de planetas o el colapso de agujeros negros. 
De esta forma, la fuerza de la gravedad nos aferra sin remedio al mundo, pero, afortunadamente, en él han surgido seres como los pájaros, que nos  han enseñado a diseñar alas delta, parapentes o paracaídas para disfrutar del inmenso placer de burlarla.


Fuente:  www.quo.es

Los lamentos del urutaú

                                      - Leyenda de Argentina -

Después de castigar a los tupíes, un poderoso cacique guaraní se había establecido tranquilamente con sus parciales no lejos del Iguazú. Pero, como no hay en este mundo felicidad completa, la que le había producido su victoria, se veía turbada por las inclinaciones amorosas de su hija.
Ñeambiú, que así se llamaba ésta, se había enamorado de un prisionero de su padre: un gallardo mocetón tupí, de nombre Cuimbaé, que correspondía apasionadamente al amor de la joven.
Y estas relaciones, que a los dos enamorados les parecían la cosa más natural y agradable del mundo, al cacique y a su mujer les producían la mayor contrariedad. El cacique y su esposa no querían ni siquiera pensar en que Ñeambiú pudiese separarse de ellos, y mucho menos para casarse con un hombre que pertenecía a la raza de los tupíes, sus enemigos de ayer. Hasta tal punto llevaban su oposición, que varias veces dijeron a su hija que antes querían verla muerta que casada con Cuimbaé.
La bella Ñeambiú vivía, por todas estas cosas, cada día más sola y afligida. A sus padres no les podía contar sus penas, porque precisamente eran ellos quienes las causaban con su incomprensión. Y a Cuimbaé, su amado prisionero, no lo podía ya ni ver, por la estrecha vigilancia que le habían puesto.
Cansada así de vivir sola en la triste compañía de los hombres, se decidió un día a completar su soledad con la de los montes. Y se escapó de su casa.
Alarmado el cacique al echar de menos a su hija, acudió inmediatamente a ver a Cuimbaé, sospechando que la joven se hubiera fugado de acuerdo con él. Pero se equivocó. El infortunado prisionero recibió con mucha pena la noticia y expresó sinceramente su extrañeza. Luego dijo:
- Yo soñé que una mujer muy fiera, que representaba la desgracia, se había llevado a Ñeambiú a los montes del Iguazú, donde mora entre los animales, que ni la atacan ni huyen de su presencia.
- ¡Al Iguazú! ¡Al Iguazú! - ordenó entonces el desconsolado cacique - ¡Al Iguazú, a buscar a mi hija, que se la ha llevado caaporá!
Y los vasallos salieron hacia el Iguazú, a librar a Ñeambiú de las garras de caaporá, un ser fantástico que, con monstruosa figura humana, unas veces de hombre y otras de mujer, habita en los montes y hace desgraciados para toda su vida a los que tienen la desdicha de mirarlo.
La chillería de los ipecúes, unos pájaros que alborotan mucho cuando ven gente, movió la curiosidad de la fugitiva que, para ver qué sucedía, salió del monte donde se había metido. Y como los hombres que venían en su busca ya estaban cerca de aquel lugar, no tardaron en descubrirla.
Con las razones más persuasivas y el tono más cariñoso, trataron todos de convencerla de que debía regresar al seno de su familia. Pero por más que se esforzaron, no consiguieron hacerla salir del estado de indiferencia en que había caído.
El dolor había quemado sus sentimientos, y la pérdida de la esperanza había dejado sin sentido su vida. Sorda a los requerimientos de los enviados de su padre, les volvió la espalda e internóse de nuevo en el monte.
Ante el fracaso de los emisarios, las amigas de Ñeambiú determinaron, a una sola voz, ir en busca de la fugitiva. Quizás ellas, con solicitud más cariñosa, lograran lo que no habían conseguido los que sólo habían ido a cumplir un mandato.
Pero como éstos, las amigas de la infeliz y trastornada joven volvieron desconsoladas. Sus súplicas resultaron también completamente ineficaces.
Ñeambiú había permanecido ante ellas como una estatua: ni respondía palabra, ni daba muestras del menor sentimiento.
La desdicha de Ñeambiú parecía irremediable.
Consultóse entonces, como se hacía siempre en casos tales, al adivino de la parcialidad. Era Aguará-Payé, un indio tan sagaz como su nombre, Aguará, que quiere decir zorro. Aguará-Payé cogió dos enormes mates o calabacines llenos el uno de infusión de yerba del Paraguay y el otro de chicha y se los tomó. Al punto hizo unos visajes horribles y cayó como muerto.
Vuelto en sí al cabo de un largo rato, dijo:
- Ñeambiú ha perdido para siempre la sensibilidad y el habla. Abandonad la empresa.
- ¡No! - contestaron los padres de Ñeambiú -. No; antes morir que abandonarla.
Y se marcharon todos hacia el Iguazú.
Comprendiendo que Ñeambiú necesitaba una profunda sacudida que reavivase su sensibilidad, simularon la muerte de varios amigos, pero no obtuvieron el resultado esperado. Después le anunciaron la muerte de sus propios padres y tampoco lograron conmoverla. Entonces, como último recurso, le dijeron a Aguará-Payé, que contemplaba la triste escena:
- Haz que sienta.
Obedeciendo Aguará-Payé, se adelantó pausadamente y le dijo a Ñeambiú:
- Cuimbaé ha muerto...
Una descarga eléctrica no hubiera sacudido con más intensidad a Ñeambiú.
La desgraciada joven lanzó un lamento que estremeció todo el bosque y desapareció.
Fue un lamento tan triste y amargo que traspasando de profundo dolor a los que habían acudido a aquel lugar, los dejó convertidos en sauces.
Al poco rato, volvió Ñeambiú transformada en el ave que llaman urutaú y se posó en la rama más deshojada de aquellos sauces, para llorar eternamente su desventura. Éste es el origen del urutaú, cuyo canto parece un dolorido lamento de mujer.

Juegos: Alicia en el país de las maravillas



  Paradojas y juegos ocultos en el libro
El sombrerero loco atrapado en el tiempo

Dos paradojas con trampa

(Las soluciones al final)

1. El reloj del sombrerero loco
Pregunta: ¿Es mejor un reloj parado o uno que atrasa un minuto al día?


2. La liebre de marzo
Pregunta: La Liebre de Marzo lle pregunta a Alicia: “¿Cuántas tartas puedo comerme con la barriga vacía?”
“Las que quieras”, responde Alicia. Pero se equivoca.



 Suma y sigue

Suma 2 + 1 con el método de adición propuesto por Lewis Carroll:
Tomamos 3 como base del razonamiento... Le sumamos Siete, y Diez, y lo multiplicamos todo por Mil menos Ocho. El resultado lo dividimos por Novecientos Noventa y Dos; le restamos Diecisiete, y la repuesta debe ser exacta.


 Verdadero o falso

¿Crees que las conclusiones propuestas por Carroll a estos silogismos son verdaderas?

1.-Ningún fósil puede estar traspasado de amor.
-Una ostra puede estar traspasada de amor.


Conclusión: Las ostras no son fósiles. 

2.-Todos los leones son fieros.
-Algunos leones no beben café.


Conclusión: Algunas criaturas que beben café no son fieras. 

3.-Toda águila puede volar.
-Algunos cerdos no pueden volar. 


Conclusión: Algunos cerdos no son águilas.


¿Qué frase ilógica es la más lógica?

Encuentra la conclusión que resulta de cada par de frases.
1. Ningún país que haya sido explorado está infestado de dragones.
Los países inexplorados son fascinantes.

2 Algunas ostras son silenciosas.
Las criaturas no silenciosas son divertidas.

3. Algunos sueños son terribles
Ningún borrego es terrible.

4. Ningún bogavante es irrazonable.
–Ninguna criatura razonable espera imposibles.

5. A todos los abstemios les gusta el azúcar.
–Ningún ruiseñor bebe vino.



 Palabras maleta

“Jabberwocky” es el título de un poema incluido en Alicia a través del espejo. Está formado por “palabras maleta”, que contienen dos significados, termino que acuñó Carroll y que da nombre a una técnica de inventar palabras en literatura para enriquecer el lenguaje. Aquí, los dos primeros versos, y su significado en la obra:

Borgotaba. Los viscoleantes toves,
rijando en la solea, tradalaban...

Borgotaba:
 a la hora del atardecer, cuando los pucheros borgotan (mezcla de borbotar y gorgoteo) en la lumbre.
Viscoleantes:
 vivos y coleando.
Toves:
 una especie de tejones.
Rijar:
 es lo mismo que girar al revés.
Tradalar:
 es un anagrama de taladrar.
Solea: terreno bajo un reloj solar. Cuando quieren que el sol trabaje y marque las horas, los que están abajo lo llaman diciendo ¡Sol-ea!


El juego:
Busca las palabras compuestas reales con las que hemos formado estas palabras maleta inventadas:
El Bocamontes pasosalta
cancostas sindoble.

Y cuentalatas fuegososo,

con abrefin, cortagotas

y guardacalle


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Fuente: www.quo.es