viernes, 26 de octubre de 2012

Algunas curiosidades sobre el esqueleto humano


El cuerpo humano es una maravillosa y compleja estructura formada por varios sistemas funcionales, sostenidos o protegidos por un armazón duro compuesto de más de doscientos huesos, un centenar de articulaciones y más de 650 músculos, todo actuando coordinadamente. Gracias a la colaboración entre huesos y músculos, el cuerpo humano mantiene su postura, puede desplazarse y realizar múltiples acciones.

El conjunto de huesos y cartílagos forma el Esqueleto. 

Al nacer, el cuerpo de un recién nacido posee 350 huesos blandos. Muchos de ellos se funden entre sí a medida que el niño crece, por eso el esqueleto adulto típico cuenta solo con 206 huesos, la mayoría de ellos pares, con un miembro de cada par en cada lado del cuerpo. Entre los huesos impares están: el esfenoides, el etmoides, el vomer y el hioides. Si incluimos también los pequeñísimos huesos del oído, tenemos 212.

El hueso es un órgano firme, duro y resistente que forma parte del endoesqueleto de los vertebrados. Está compuesto principalmente por tejido óseo, un tipo especializado de tejido conectivo constituido por células, y componentes extracelulares calcificados. Los huesos también poseen cubiertas de tejido conectivo (periostio) y cartílago (carilla articular), vasos, nervios, y algunos contienen tejido hematopoyético y adiposo (médula ósea).

Los huesos poseen formas muy variadas y cumplen varias funciones. Con una estructura interna compleja pero muy funcional que determina su morfología, los huesos son plásticos y livianos aunque muy resistentes y duros.

Cada pieza o hueso del esqueleto cumple una función en particular y de conjunto en relación con las piezas próximas a las que está articulada.

 Los huesos en el ser humano, son órganos tan vitales como los músculos o el cerebro, y con una amplia capacidad de regeneración y reconstitución. Sin embargo, vulgarmente se tiene una visión del hueso como una estructura inerte, puesto que lo que generalmente queda a la vista son las piezas óseas —secas y libres de materia orgánica— de los esqueletos luego de la descomposición de los cadáveres.

Los huesos están integrados por tres capas, cada una de ellas contiene o protege algún elemento importante para el cuerpo.
- Periostio: es una delgada membrana que cubre al hueso y contiene varios nervios y vasos sanguíneos.
- Corteza ósea: posee millones de pequeños orificios por donde pasan los nervios y los vasos sanguíneos que llegan al tejido esponjoso.
- Parte interna: su principal componente es el tejido esponjoso. Esta se encuentra llena de médula ósea, sustancia blanda en la que se fabrica la mayoría de las células sanguíneas que fluyen a través de nuestro cuerpo, es decir, los glóbulos blancos, rojos o las plaquetas. Tiene aspecto de gelatina roja en los niños y amarillenta en los adultos.
La composición interna del hueso está formada de células óseas rodeadas por una sustancia inerte y dura. Se distinguen tres tipos: los osteoblastos, que forman nuevos huesos endureciendo el colágeno de la proteína celular con los minerales y ayudan a reparar los huesos dañados; los osteocitos, que transportan nutrientes y desechos entre la sangre y los tejidos finos del hueso, y los osteoclastos, que recambian el hueso y ayudan a darle forma mandando los minerales nuevamente dentro de la sangre. Además, tienen un papel importante en la reparación de fracturas.
Químicamente los huesos se componen de 25% de agua, 45% de minerales como sales de calcio y 30% de materia orgánica (proteína y colágeno). El calcio, su principal componente, es un mineral que no solo es necesario para darle fortaleza y dureza al hueso, sino que también es primordial para proteger otros procesos como el producir nuevas células sanguíneas. El colágeno, otro de sus componentes, le proporciona la flexibilidad.

Estructura de un hueso largo

El llamado hueso largo se suele describir como prototipo de hueso porque en él se aprecian claramente todos los segmentos óseos. Esos huesos largos son el húmero, el fémur, la tibia, entre otros, y los segmentos que lo componen son tres:
- Epífisis: constituyen los extremos o terminaciones del hueso.
- Diáfisis: porción principal del hueso, la parte alargada, la cual es semicilíndrica y compuesta de tejido compacto.
- Metáfisis: es la zona de ensanchamiento.
También encontramos la fisis o cartílago de crecimiento, que es una lámina de cartílago que se localiza entre la epífisis y la metáfisis y se le conoce como línea o placa fisiaria o de crecimiento. Cuando el crecimiento se frena, los cartílagos gradualmente se osifican, lo que se llama cierre del cartílago de crecimiento.
El interior de los huesos largos aloja la medula ósea, un tejido noble que fabrica glóbulos rojos y blancos.
Sostienen las partes blandas del cuerpo y le dan consistencia a éste.
Son el apoyo de los músculos y permiten producir los movimientos.


El esqueleto humano es, por lo tanto, la estructura o el armazón que sostiene y protege el edificio de nuestro cuerpo.
Pero no olvidar que hay una diferencia entre las piezas del armazón humano y las estructuras de un edificio: las primeras son partes vivas del cuerpo.

Las articulaciones 

Los huesos se mantienen unidos por medio de las articulaciones o coyunturas.  Hay articulaciones fijas, como las de los huesos del cráneo y de la cara, exceptuando la mandíbula inferior, que necesita moverse para masticar los alimentos.
Las vértebras, los huesos de las piernas y brazos están unidos mediante articulaciones movibles.
Los huesos se mantienen unidos por ligamentos.  Además, hay unas glándulas que segregan un líquido parecido a la clara de huevo, que evita el roce de un hueso con otro. Ese líquido se llama sinovial, y las glándulas, bolsas sinoviales.

Huesos de la cabeza

La cabeza se une a la parte superior de la columna vertebral. Los huesos del cráneo son anchos curvos. Forman una fuerte bóveda que protege al cerebro.
La cabeza esta constituida por el cráneo y la cara. Es una sucesión compleja de huesos que protegen el encéfalo y a otros órganos del sistema nervioso central. También da protección a los órganos de los sentidos, a excepción del tacto que se encuentra repartido por toda la superficie de la piel.
Los huesos del cráneo son 8 y forman una caja resistente para proteger el cerebro.
Los huesos de la cara son 14. Entre ellos los más importantes son los maxilares (superior e inferior) que se utilizan en la masticación.
Huesos de la cabeza (de frente)

Huesos de la cabeza (de lado)

Huesos del Tronco
A la cabeza le sigue el tórax. Éste está formado por veinticuatro costillas.
Las costillas se unen todas por detrás a la columna vertebral. Por delante, se unen al esternón solamente veinte de ellas, mediante un tejido especial que es más blando que los huesos y que recibe el nombre de cartílago. Unidas de esta manera, las costillas forman una jaula protectora para el corazón y los pulmones.
En la parte superior del tórax, a ambos lados, se encuentran las clavículas por delante y los omóplatos por detrás.
Las clavículas se unen a la parte de arriba del esternón por uno de sus extremos.  Sus otros extremos se unen a los omóplatos, formando los hombros, donde nacen los brazos.
La clavícula y el omóplato, que sirven para el apoyo de las extremidades superiores.
Las costillas protegen a los pulmones, formando la caja torácica.
Caja torácica


Columna vertebral


La columna vertebral es el eje del esqueleto, es un pilar recio, pero flexible.  Todos los huesos están unidos a ella directa o indirectamente.  La columna vertebral está formada por huesos pequeños, que reciben el nombre de vértebras.
En el ser humano la columna vertebral está constituida por 33 vértebras, que son, según su número y localización:
7 cervicales (la 1ª llamada Atlas y la 2ª Axis)
12 dorsales o torácicas
5 lumbares
5 sacras (sin articulación entre ellas pues están fundidas y componen el hueso llamado Sacro)
4 coccígeas (sin articulación entre ellas pues están fundidas y componen el hueso llamado cóccix. Tampoco existe articulación entre el sacro y el cóccix; según teorías evolutivas sería la reminiscencia del rabo o cola correspondiente a otras especies animales).
Esta distribución siempre es así, salvo en las anomalías denominadas lumbarización y sacralización.
Las vértebras están perforadas en el centro, y todas juntas forman un canal protector, donde se aloja la médula espinal, que forma parte del sistema nervioso.
Los huesos de las extremidades son largos.  Son órganos de sostén.


Huesos de las extremidades superiores

 
Clavícula, omóplato y húmero formando la articulación del hombro.

El húmero, en el brazo.


El cúbito y el radio en el antebrazo.





Huesos de la mano








El carpo, formado por 8 huesecillos de la muñeca.
Los metacarpianos en la mano.

Las falanges en los dedos.








Huesos de las extremedidades inferiores


El hueso de cada muslo es el fémur.  Esos dos huesos son los más largos del cuerpo.
La pelvis y el fémur, formando la articulación de la cadera.

La rótula en la rodilla.

La tibia y el peroné, en la pierna.

El tarso, formado por 7 huesecillos del talón.

El metatarso en el pie.

Las falanges en los dedos.



Huesos de la cadera



Un conjunto de huesos que forma la pelvis (ilion, isquión y pubis), se une a la parte inferior de la columna vertebral.  La pelvis sostiene los intestinos y otros órganos internos del abdomen.  La parte superior de la pelvis es lo que comúnmente llamamos caderas.  A ambos lados de la parte inferior de aquella nacen las piernas.






 Curiosidades:

Algunas personas tienen huesos extra en sus pulgares o en el primer hueso del pie; son los huesos sesamoides, que suelen extirparse quirúrgicamente para evitar molestias. Otras poseen un par extra de costillas (decimoterceras).

Se estima que el peso del esqueleto de un adulto es aproximadamente de 17 kg.

El esqueleto de un ser humano contiene un kilo de calcio.
 
El hueso más pequeño es el estribo del oído medio, que mide de 2,6 a 3,5 mm.
 
El hueso más grande es el fémur; mide unos 50 cm en un hombre de una estatura de 1,83 m. Representa casi el 25 % de la altura del individuo.

·  El único hueso sin articulación es el hioides. Está situado en la base de la lengua y a él se unen los músculos que cierran el suelo de la boca.

·  Los dientes no son huesos, a pesar de estar mineralizados y encajados en la mandíbula. En realidad, su origen es epidérmico, forman parte de la piel.

·  Durante el desarrollo del ser humano el último hueso que se endurece es el esternón.

·  Un trocito de hueso puede soportar un peso de 9 toneladas. El mismo peso destrozaría un trozo de cemento del mismo tamaño.

·  El hombre más alto de la historia médica fue Robert Pershing Wadlow, nacido en 1918 en Alton (Illinois, EE UU), quien medía 2,72 metros de estatura y 2,88 metros de envergadura de brazos.

·  La mujer más grande de la historia fue la china Zeng Jinlian, que medía 2,42 metros de altura cuando murió en 1982.

·  Los hombres más bajos del mundo se encuentran entre los pigmeos de la etnia mbuti, en República Democrática del Congo, con una talla media de 1,37 m.

·   Los hombres más altos del mundo son los watusi, de Ruanda y Burundi, y los danka, de Sudán. Los primeros tienen una estatura media de 1,95 m.

·   El ser humano más bajo del mundo fue Paulina Musters, que nació en Ossendrecht (Holanda) en 1876. A la edad de 9 años tenía una estatura de 55 cm y pesaba 15 kg. Murió en Nueva York a los 19 años de edad.

·  La altura media de los varones españoles es de 1,74 m, y la de las mujeres, 1,62 m.

·  La primera vértebra cervical se llama atlas en recuerdo del titán mitológico que fue castigado por los dioses a sostener la bóveda celeste sobre la parte posterior del cuello.

· El cóccix está formado por cinco pequeñas vértebras soldadas que en tiempos pasados correspondían a la cola. En 1889, la revista Scientific American publicó un reportaje de un niño tailandés, de 12 años de edad, que tenía una cola de 13 cm.

· En el siglo XVI, el anatomista Vesalio descubrió que el hombre y la mujer tenían el mismo número de costillas, lo que contradecía la creencia de que Dios había tomado una costilla de Adán para crear a Eva.

· Durante la autopsia del rey Carlos I de Inglaterra (1600-1649), algún desaprensivo robó su cuarta vértebra y la convirtió en un salero. El novelista Walter Scott lo usó con este fin durante 30 años, hasta que la reina Victoria ordenó su devolución a la capilla de San Jorge en Windsor (Gran Bretaña).

Hay operaciones de cirugía estética que se basan en extirpar huesos, como los nasales de la nariz. En algún caso se extirpan las costillas flotantes para conseguir una «cintura de avispa».


El buscador, Jorge Bucay



Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador.

Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.
Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. 
¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

Jorge Bucay

jueves, 25 de octubre de 2012

Aquí estoy yo, Luis Fonsi

Aquí estoy yo
para hacerte reír cada vez mas
confía en mi, deja tus miedos atrás y ya te das
aquí estoy yo con un beso quemándome los labios
es para ti, puede tu vida cambiar déjame entrar

Le pido al sol que una estrella azul

viaje hasta a ti y te enamore su luz

Aquí estoy yo

abriéndote mi corazón
llenando tu falta de amor
cerrándole el paso al dolor
no temas yo te cuidaré
solo acéptame

Aquí estoy para darte mi fuerza y mi aliento…

y ayudarte a pintar mariposas en la oscuridad
serán de verdad

Quiero ser yo quien despierte en ti nuevos sentimientos

y te enseñe a querer y entregarte otra vez sin medir
los abrasos que des........

No sabes cuánto te quiero, Camilo Sesto (poema)

(...)

Hoy desperté abrazado a ti,
me gusto tanto mirarte
tenías los ojos cerrados a la luz
y la mente abierta a los sueño
tu cuerpo... completamente desnudo
mis manos parecían tener alas
se me escapaban
volaban hacia ti
te deseaban
y te acaricie de los pies a la cabeza...
una o otra vez

No sabes cuánto te quiero...


Hay veces que

no nos hacen falta ni las palabras
para entendernos,
nos basta con mirarnos,
y si por alguna tontería discutimos,
acabamos encontrándonos
donde más cerca nos sentimos,
más unidos, nuestra cama

Si nos va bien o mal

yo a tu lado y tu al mío
juntos, fundidos como arena y cal
como agua del mismo río.

Hay quien no entiende este amor

que quien nos da la espalda
qué más nos da!
si tú y yo sabemos
que cuando nos conocimos
decidimos echar el ancla...

 

Experimento: volcán submarino

Para realizar nuestro experimento necesitamos agua, colorante, un frasco de cristal pequeño con tapadera y un frasco de cristal grande.

En primer lugar hacemos un agujero en el centro de la tapadera del frasco pequeño. Luego llenamos el frasco con agua caliente y añadimos el colorante (por ejemplo un poco de tinta roja). Por último, llenamos el frasco de cristal grande con agua y metemos el frasco pequeño.
En unos segundos vemos que el agua coloreada sale del frasco pequeño y sube a la superficie.

Explicación
La convección es una forma de transferencia de calor propia de los fluidos. En nuestro caso, el agua caliente del frasco pequeño es menos densa que el agua del frasco grande que se encuentra a menor temperatura. Por este motivo, el agua coloreada menos densa sube a la superficie desplazando el agua que se encuentra en la superficie








Fuente:fq-experimentos.blogspot.com.es

Leonor de Aquitania

Una bella dama yace, leyendo un libro, sobre una sepultura en la abadía de Fontevraud. Es Leonor, duquesa de Aquitania, dos veces reina. Junto a ella, compartiendo el sueño eterno, otra estatua yacente se abraza a su espada, la del rey más famoso de la Edad Media, Ricardo Corazón de León. 

 Su padre la instruye como a un niño, no como a una niña, enseñándole a leer y escribir, a dominar el latín, la práctica militar e incluso la caza. De este modo, Leonor crece como una niña singular, para convertirse en una mujer que quedará en la historia para siempre.
No hay que olvidar que en el siglo XII las mujeres estaban confinadas al hogar, a cuidar de los hijos y del marido, sin tener voz ni voto en esa sociedad de la Edad Media. Leonor rompe con todo eso, demostrando su fuerte personalidad y su valentía en todo momento, que queda reflejada en distintos libros que se siguen escribiendo todavía en la actualidad sobre su persona.


Entorno a Leonor de Aquitania existe una leyenda negra alimentada por el paso de los siglos y la multitud de elucubraciones que se han hecho en relación a su comportamiento, su aspecto físico, su espléndida preparación cultural, su amor por el mundo trovadoresco y su increíble fortaleza, pues vivió ochenta años en un mundo en el que la esperanza de vida era mucho menor. Una trascendencia nada habitual para una mujer de la época.
Esta visión tan negativa de la duquesa de Aquitania comienza con los testimonios que recogen los monjes y los clérigos de la época, quienes se encargaron, tal vez bajo una mirada de desconfianza hacia la mujer, de mostrar a una Leonor que, lejos de llevar una vida tranquila, transgrede las normas habituales. Además, y como muestra inequívoca de maldad, la describen como una mujer muy bella y por ello sospechosa de cualquier acción contra los hombres.

Leonor de Aquitania y Luis VII
En épocas posteriores, los documentos que éstos últimos dejaron fueron interpretados por historiadores, quienes adoptan diferentes posturas entorno a la figura de Leonor. Los franceses reprocharán a Leonor haber roto, con su conducta y su divorcio, la unidad francesa . Otros, por el contrario, describen a Leonor como una reina avariciosa, egoísta, elucubradora y sedienta de poder. Un tercer grupo de historiadores considera a Leonor de Aquitania como una de las primeras feministas de la Historia. Hay por tanto, interpretaciones para todos los gustos.
Independientemente de estas ideas, y como dijo Jean Flori, el mejor biógrafo de Leonor de Aquitania, no es posible separar a Leonor de su leyenda porque tan sólo la conocemos a través de ésta .
Por último, cabe recordar que Leonor fue dos veces reina y madre de tres reyes. Intentó vivir la vida que ella quería. Así nace la historia sobre Leonor de Aquitania, una mujer entre el mito y el símbolo.

Biografía de Leonor de Aquitania
Leonor de Aquitania (Poitiers 1122- Abadía de Fontevraud 1204), fue consorte de Francia e Inglaterra tras su matrimonio con Luis VII de Francia primero y Enrique II de Inglaterra después. No obstante, ella aportó numerosas posesiones a sus matrimonios, como el ducado de Aquitania, terreno que le dio el nombre y el prestigio internacional.

Fue la primogénita de Aenor de Chatellerault y Guillermo X, duque de Aquitania, quien se encargó de educarla en el arte de leer y escribir, la cetrería, la caza y la estrategia militar, tal y como se educaría a un varón y no a una mujer.

A la muerte de éste, cuando Leonor solo contaba con 13 años -o 15, puesto que no se ha podido corroborar su fecha de nacimiento, que se fija en 1122 o 1124-, se convierte en la heredera del condado de Poitiers y del Ducado de Gascuña y Aquitania, una extensísima porción de terreno que llegaba hasta los Pirineos y de la que su padre se encargó que sólo pudiese ser heredada por sus descendientes directos y nunca pasase a manos de sus maridos.
Blasón de Poitiers
Ese mismo verano de 1137, Leonor se casa con Luis VII de Francia, de tan sólo dieciséis años. La joven duquesa abandonaba el esplendor y la alegría de la corte de sus padres para vivir en un mundo totalmente distinto al suyo. En París no había trovadores, ni fiestas, ni poesía. Reinaba la austeridad y la piedad. Sorprendida primero y dispuesta después a cambiar la situación intentando introducir las costumbres de su propio ducado en la corte capeta, Leonor fue foco de críticas y desaires por parte de muchos.

Intenta llenar ese vacío con juglares que recoge y que son considerados por muchos, tal vez por desconocimiento sobre quienes eran y qué hacían, como una ofensa, aunque esto no es más que el intento de copiar el ambiente que ella había vivido desde pequeña en su casa. Leonor continúa de esta forma la tradición familiar (a su abuelo Guillermo IX se le atribuyen los versos más antiguos encontrados en el reino de Francia, escritos en lengua de oc) de proteger y ayudar a la poesía trovadoresca tanto en Francia como en Inglaterra. 

El matrimonio entre ambos empieza a desmoronarse tras unos enfrentamientos directos con el Papa a causa de la boda de la hermana de Leonor, Petronila, con Raúl de Vermandois, el primo del Rey, casado con Eleonora, sobrina de un conde poderoso que no permite el desaire que se hace a su familia. Tras poner en jaque a la diplomacia francesa y vaticana, Leonor, que encabeza la petición, y su marido Luis consiguen que el matrimonio se acepte.

Tras este tiempo de conflictos del que se derivó una matanza, Luis VII decide emprender camino, tal vez para redimirse de sus pecados, hacia la cruzada que tuvo lugar en 1144. Leonor decide acompañar a su marido. Dice un cronista de la época, Nicetas Conictes, que ella participó en la contienda, que se la podría situar entre las lanzas y los escudos, montando su caballo como cualquier varón.

En 1147, tras la convocatoria de cruzada que hizo Bernardo de Claraval en Vézelay, el piadoso rey francés decidió unirse al ejército cruzado. Sorprendentemente, Leonor decidió acompañarle, hecho que animó a muchas damas de la corte a unirse a sus maridos. Esta fue la excusa perfecta para culpar a las mujeres del desastre de la segunda cruzada. Un ejército acompañado de mujeres, fuente de pecado, como hijas de Eva que eran, no podía tener el beneplácito divino y así se demostró con su derrota.
 
Tumba de Leonor de Aquitania

Sea como fuere, Leonor participó activamente en las decisiones de los cruzados. Pero al llegar a Antioquía, donde gobernaba su tío Raimundo, la relación con Luis estalló. Leonor, deseosa de volver a ver a su tío, pasó con él largas veladas, muchas de ellas privadas, que empezaron a hacer levantar sospechas en un celoso Luis. No se sabe si las sospechas del rey francés fueron infundadas o no; lo que sí es cierto, es que el episodio de Antioquía, fue un argumento perfecto para quienes quisieron fomentar la leyenda negra de una Leonor amante y disoluta que había incluso accedido a la seducción del mismísimo Saladino.



Leonor de Aquitania y Juan sin TierraEn marzo de 1152 obtiene la anulación de su matrimonio bajo la excusa de consanguinidad en cuatro grado. 
Unos meses después contrae matrimonio con Enrique de Anjou- posteriormente conocido como Enrique de Plantagenet- dando lugar al Imperio Angevino, un territorio que se extendía desde Escocia a los Pirineos.

Con esta unión, Luis VI de Francia veía como se creaba un poderoso imperio que atravesaba el Canal de la Mancha y amenazaba su crecimiento en el continente.

A la amenaza territorial, Luis tuvo que sumar otro duro golpe. Enrique y Leonor tuvieron ocho hijos, la mayoría barones, afianzando la dinastía de los Plantagenet.
 Del matrimonio nacieron ocho hijos, entre los que se encuentran los famosísimos Ricardo Corazón de León y Juan sin Tierra.

El matrimonio de Leonor con Enrique no fue sin embargo feliz. A los primeros años de entendimiento, siguieron momentos de desencuentros que culminaron en la aventura amorosa de su marido con Rosamunda Clifford, amante que mantendría hasta su muerte. 

Éste fue el detonante que llevó a Leonor de Aquitania a Poitiers junto a sus hijos. En 1170, Leonor indujo a su marido a entregar a su hijo Ricardo Corazón de León los dominios de Gascuña, Aquitania y Poitou, que eran de su propiedad. Mientras tanto, y para salvaguardar el futuro de sus hijos, se pone con contacto con Luis VII, quien fuera su marido, para que apoye a sus hijos contra su padre, Enrique de Inglaterra. Luis saldría beneficiado si triunfaba la revuelta e incluso podría recuperar la primacía en el continente europeo.

Una vez fracasada la rebelión de tres de sus hijos contra el padre, Leonor es acusada de traición y encarcelada durante más de quince años. 
Leonor tuvo que esperar a la muerte de su marido y a la coronación de su más querido hijo Ricardo como rey de Inglaterra para salir de su larga reclusión.
Es además la época en la que mayor libertad conocerá, y será realmente cuando reine.
Cuando Leonor volvió a ser libre contaba con más de 60 años. Entonces pensaba en terminar sus días en paz pero aun le quedaban muchas responsabilidades por asumir. La partida de su hijo Ricardo a la cruzada la volvieron a poner en el escalón más alto del poder. Como reina madre tuvo que regir el destino de sus territorios manteniendo a raya a posibles rebeliones de nobles rebeldes y al levantamiento de su otro hijo, Juan, llamado Sin Tierra.

A la vuelta de Tierra Santa, Ricardo fue encarcelado por el emperador y Leonor tuvo que ganar defensores de la causa de su hijo y juntar el rescate que se pedía para su liberación.

Aun no terminaría su periplo como reina pues una vez restituido Ricardo en el trono inglés se volvió a plantear el tema de la sucesión, pues Ricardo aun no tenía descendencia. Una vez más empezó un conflicto entre Arturo, sobrino de Ricardo y nombrado en un principio su heredero y el hermano pequeño de Ricardo, Juan.

Al final, Leonor medió por su hijo Juan quien sería confirmado como heredero de Ricardo.

Leonor de Aquitania muere en la abadía de Fuentevraud, no sabemos en qué condiciones, ya que su muerte no está mucho mejor relatada que su nacimiento. Lo que sí podemos asegurar es que la abadía era el panteón familiar de los Plantagenet y Leonor, desde hacía mucho tiempo, había mostrado su interés por el santo lugar donde reposaban su esposo Enrique II, su hijo Ricardo y su hija Juana . Se mantuvo activa hasta el último día de su muerte, luchando por asegurar el dominio de sus hijos.


Entre muchas otras cosas, a Leonor se la conoce como la mecenas y protectora de trovadores y juglares a los que acogía en sus cortes de amor. Seguiría así la tradición de su abuelo, Guillermo IX, a quien se le considera como el creador del amor cortés.

Hoy día, muchos historiadores afirman que esas cortes de amor nunca existieron como tal y que Leonor no fue una de sus protagonistas aunque sí que ejerció un importante patronazgo literario.

La figura de Leonor envuelve muchos aspectos oscuros y controvertidos que han hecho de ella una mujer malvada y manipuladora para unos y una dama inteligente y gran estratega para otros.

El niño al que se le murió el amigo, Ana María Matute

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:

-El amigo se murió.
-Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.

El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.

-Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre.

Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

Ana María Matute

miércoles, 24 de octubre de 2012

Mi sol, Jesse y Joy

eres el regalo que nunca pedi
la porciòn de cielo que no merecì
todos mis anhelos se han cumplido en ti
y no quiero perderte, no lo quiero asi

te dejè y tan sola, me sentì sin ti
y no quiero de nuevo estar asi, asi
tomame en tus brazos, soy parte de ti
soy parte de ti.

eres mi sol, luz calor y vida para mi
eres tu mi sol, estrella que a mi vida sustento
eres tu mi sol.

lo que quiero ahora es perderme en ti
y ser envuelta en todo lo que eres tu
ser envuelta en todo lo que eres tu

Los amorosos callan, Jaime Sabines

Los amorosos callan. 

El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.


Jaime Sabines