martes, 17 de diciembre de 2013

Historia del 69

El 69… ¿quién no conoce esta postura erótica? Pues parece que los jóvenes no. Sobre todo en EE UU, preguntan en consultorios qué rayos significa tan enigmática cifra. ¡No saben matemáticas!

Litografía de la novela 'Gamiani', de Alfred du Musset

A ver, Jaimito, cuánto es uno y uno? “Sesenta y nueve, señora maestra...”. Tan brillante ecuación pertenece al escritor surrealista francés Raymond Queneau. El grafismo no puede estar más claro: dos personas enlazadas la una sobre el sexo de la otra... Resulta tan palmario, que el 69 se ha convertido en el número erótico por excelencia.

¿Gozaron nuestros abuelos del 69? Sin duda, porque no hay nada nuevo bajo el sol. Aunque, desde luego, no disfrutaron de él con la intensidad con que lo hicieron nuestros padres que, en este terreno, se llevaron la palma, pues los hijos han reculado al toparse con la amenaza del SIDA.

Todas las expresiones que hacen fortuna han dormido previamente en la antesala de la lengua, es decir, en la jerga de las clases marginales. Fue en Francia donde se acuñó tan ilustrativa metáfora, que debió de vivir previamente muchos años en el argot de los garitos, prostíbulos y ‘peep-shows’ de Pigalle. Un buen día, la revolución sexual que se inició en los años sesenta se adueñó de la palabra y la extendió a todas las capas de la sociedad francesa. El entusiasmo iconoclasta de mayo del 68 hace de ella su bandera: ‘¡La imaginación al poder! ¡El 69 al poder!’. Tanto monta, monta tanto.

¡El año erótico!
Al año siguiente, el dúo formado por Serge Gainsborough y Jane Birkin –famosos ya por su ‘Je t’aime moi non plus’– proclaman al tiempo que cantan: ‘¡69: año erótico!’. Es entonces cuando la expresión se extiende como la pólvora por todo el mundo y entra, como si hubiera existido siempre –es lo que ocurre con los términos que definen una época– en todos los idiomas. ‘Le soixante-neuf’. ‘The sixty-nine’. ‘El sesenta y nueve’. ‘Il sessanta nove’...
Tanto el nombre como su práctica van ligados a la revolución sexual de los sesenta y, dentro de ella, a la liberación de la mujer y a su equiparación con el hombre. No hay una postura que suponga mayor igualdad. Lo que está arriba, está abajo; lo que está abajo, está arriba.

Parece que el verdadero erotismo comienza con el proclamado año erótico. Es, pues, normal que el 69, como expresión y como práctica, haya estado borrado de la historia de Occidente hasta tiempos relativamente modernos. ¿De qué nos extrañamos si en pleno siglo XIX pedir en un lupanar que una prostituta se desnudara por completo era visto como una aberración?

Habrá que esperar hasta mediados del siglo XIX, cuando surgen las primeras teorías sobre la igualdad de los géneros, para encontrar testimonios del ejercicio de tan placentera postura. De 1848 es una deliciosa litografía atribuida a Achille Debería que representa a los protagonistas de ‘Gamiani’ en pleno 69. Pero entonces la postura aún no tenía nombre.

Tampoco aparece el término en ninguno de los dieciocho números de la revista ‘La Perla’, que comenzó a editarse en Londres en 1879, lo que significa que, si existía, a finales del siglo XIX la metáfora dormía aún el más recóndito de los sueños. Simultáneamente, Doré dibuja la postura en 1869 –otro año erótico, aunque éste no lo proclamase nadie–. En 1880, el 69 reaparece con un aura libidinosa y romántica en un relieve de bronce alemán, pero... ¡entre dos chicas! Se ve que el hombre aún lo consideraba un rebajamiento.

A partir del siglo XX, los testimonios comienzan a multiplicarse y en la década de los sesenta el término entra con todos sus honores en la literatura. Otra cosa es que comience a practicarse con frecuencia, que no lo parece, al menos en el mundo occidental. Es significativo que, en todo el revolucionario informe de Shere Hite (1976), donde se reivindica la sexualidad femenina, se le conceda un papel modestísimo –media página entre quinientas– y casi denigratorio. Esto es lo mejor que dice una de las mujeres que lo practican: “Me gusta estar encima en el sesenta y nueve, porque así puedo controlar todo lo que se mete en mi boca. Debajo, siempre me atraganto o estoy al borde de la sofocación”. ¡Vaya, hombre!

Es el momento de aproximarnos a Oriente, donde hacía ya dos mil años que la postura se practicaba y, además, ¡tenía un nombre! En el templo Laksmana de Khajurabo (India), construido en el siglo X a. de C., contemplamos apasionadas esculturas en lo que Vatsyayana denominaría en los ‘Kama Sutra’ ‘kalila’ o ‘postura del cuervo’, tal vez por la costumbre de estos pájaros de entrelazar las cabezas, que no es otra que el 69.

Debía de ser tan practicada que el mismo Vatsyayana afirma que “algunas cortesanas están tan obsesionadas por esta forma de placer físico que abandonan a amantes ricos, honestos e inteligentes por hombres pobres y vulgares, tales como esclavos o conductores de elefantes, que se avienen a esta práctica”. En este momento en Europa se desarrollaba la Edad Media, donde esta postura resultaba simplemente inconcebible. Sin embargo, constituyó y sigue constituyendo una de las prácticas fundamentales del taoísmo.

Bien visto, el 69 es un ‘taichí’ –símbolo taoísta– donde fluyen armónicamente el yin y el yang. Para los tantrikas –monjes que siguen el camino religioso taoísta a través del sexo–, la práctica oral recíproca crea una progresiva corriente de energía que nivela, integra y regenera tanto el cuerpo como la mente. La pareja se convierte en el dios Ganesh holgando con su ‘partenaire’ en un estado de paradisíaco nirvana. Quizá por ello, representan continuamente la postura en libros y templos. En Bundi (India) se conserva una bellísima ilustración del siglo XVIII donde una pareja real goza del ‘kalila’ o 69. Pero podemos ir más lejos y así, vemos una detallada representación en uno de los paneles que tapizan una mansión persa del siglo XIX: entre arabescos y decorativos tallos florales, dos estilizados amantes se lamen regocijadamente los sexos.

La flauta de Jade
La cifra del 69 es idéntica a los caracteres que los astrólogos utilizan para el signo de cáncer, un signo de agua, como de agua es todo en una postura donde las bocas se derraman como ríos sobre los sexos. El 69 se convierte en la postura de los poetas del sexo, de quienes aman el cuerpo que es diferente y desean abismarse en los secretos del otro. Nadie que no esté dispuesto a dar algo de sí practicará esta postura. Así, la ‘fellatio’ se convierte en tocar la flauta de jade. Y el ‘cunnilinguus’, en beber en la fuente de jade. Y todo, en el juego del viento y la luna. Y los amantes son dos dioses dando nuevo origen a la creación. ¡No es posible un erotismo mayor! 

Las tres posturas del 69
Para el refinamiento oriental no hay una sola forma de 69 sino, al menos, tres. La primera, la clásica: la mujer tendida de espaldas sobre el lecho y el hombre, encima. En la segunda posición, el hombre está de pie mientras la mujer, con los muslos anudados a su cuello, posa la cabeza en su sexo. En la tercera, ambos amantes reposan de costado en sentido inverso; esta es la posición descrita por Xaviera Hollander, la alegre ‘madame’ que dirigió durante años el consultorio sexológico de la revista ‘Penthouse’, como su favorita: “Me gusta la posición del 69 estilo francés, en la que los amantes se complacen el uno al otro oralmente. El hombre se tiende sobre el lado izquierdo con la cabeza frente a la vagina y la mujer se tiende del lado derecho con la boca frente al miembro del hombre. Se trata de un juego preliminar antes del acto, pero durante estos juegos se puede alcanzar el orgasmo, y con mucha intensidad, por cierto. El acto sexual en la posición 69 me proporciona satisfacción absoluta tanto psicológica como física”. Esta posición resulta, sin duda, la más igualitaria de todas, ya que ningún miembro de la pareja se sostiene sobre el otro.


Fuente:
http://www.quo.es


lunes, 9 de diciembre de 2013

Julio Cortázar escribió...


Volver a Verte, Luis Eduardo Aute


Me muero de ganas de decirte te quiero
y sé que es imposible; no puedo, no debo
Maldigo el paraíso que cuando se presenta
no dura lo que una estrella fugaz.
Al fin lo tuve entre mis brazos,
aquí esta y se va...

Y sé que no podré volver a verte jamás.
Lavaste mi pie contra tu pecho de luna
Con puntas de tu mojado pelo de espuma.
Revivo aquel milagro de la marea blanca
que era tu cuerpo derramando luz.
Aun palpita en el recuerdo,
eras tú, eres tú...

Y sé que no podré volver a verte jamás.
No hacías preguntas, no querías respuestas,
tu cuerpo y el mío dialogaban a tientas
Buscando el ritmo exacto que marcan los latidos
cuando conversan con la misma voz.
Al fin tocaba la belleza,
era amor, es amor...

Y sé que no podré volver a verte jamás.



Distancia mínima, Carlos Skliar




La distancia mínima
 entre dos cuerpos
no es la palabra obvia
sino el más tímido
de los silencios.
Por eso algunas veces
 es mejor callar
no para decir amor
 sino para escucharlo.




Say Something, A Great Big World & Christina Aguilera

Música para esta tarde tranquila y luminosa...




Diario de invierno (fragmento), Paul Auster




También nieva hoy, y cuando te levantas de la cama y vas a la ventana, en el jardín las ramas de los árboles se están poniendo blancas. Tienes sesenta y tres años. Se te ocurre que durante el largo viaje de la niñez hasta aquí rara vez ha habido un momento en que no hayas estado enamorado. Treinta años de matrimonio, sí, pero en los treinta anteriores, ¿cuántos caprichos y enamoramientos, cuántas pasiones, cuántos delirios y afanes, cuántas oleadas de loco deseo? Desde el comienzo mismo de tu vida consciente, has sido un solícito esclavo de Eros. Las chicas que amaste de niño, las mujeres que quisiste ya hombre, cada una diferente de las demás, delgadas unas y otras rellenas, bajas y altas, intelectuales y atléticas, sociables y temperamentales, blancas y negras y algunas asiáticas, nada en su apariencia te importaba realmente, todo estaba en la luz interior que percibieras en ella, la chispa del carácter, la llama de la identidad revelada, y esa luz la hacía bella para ti, aunque otros estuvieran ciegos ante la belleza que tú veías, y entonces te morías por estar con ella, cerca de ella, porque la belleza femenina es algo que nunca has podido resistir. Ya desde tus primeros días de colegio, en la clase del jardín de infancia, donde te enamoraste de la niña rubia de larga cola de cabello, la señorita Sandquist te castigaba a menudo por esconderte con la niña de la que te habías prendado, los dos juntos haciendo travesuras en algún rincón, pero tales castigos no significaban nada para ti, porque estabas enamorado y entonces el amor era tu debilidad, como lo sigue siendo ahora.

El inventario de tus cicatrices, en particular las de la cara, que ves cada mañana al mirarte en el espejo del baño cuando te peinas o vas a afeitarte. Rara vez piensas en ellas, pero cuando lo haces, entiendes que son marcas que deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de tu rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién eres, porque cada cicatriz es la huella de una herida curada, y cada herida era resultado de una inesperada colisión con el mundo; es decir, de un accidente, de algo que no debía ocurrir a la fuerza, porque por definición un accidente es algo que no sucede necesariamente. Acontecimientos contingentes en contraposición a hechos necesarios, y mientras te miras al espejo esta mañana comprendes que toda vida es contingente, salvo por el único hecho necesario de que antes o después tocará a su fin.


Misterio: el zumbido de Taos



¿Alguna vez has escuchado un zumbido que parece provenir del exterior y no sabes el origen?, quizás has oído el extraño sonido bautizado como “el Ronquido de Taos”

Este extraño sonido se originó en la pequeña aldea de Taos (Nuevo México), de ahí su nombre, pero se ha oído en muchos sitios del mundo. Este sonido es un extraño ruido de baja frecuencia parecido al sonido de un motor de diesel sonando a través de cristales. El zumbido está en el umbral de la audición humana, entre 20 y 20.000 hertzios o ciclos por segundo. Las investigaciones se han concentrado en los sonidos de baja frecuencia, entre 33 y 80 hertzios, pero no han podido precisar la causa. Mucha gente escucha el zumbido sólo o más intensamente, en el interior de edificios; otros pueden percibir también las vibraciones del sonido en su cuerpo y se percibe más por la noche.


El ronquido de Taos es un sonido persistente de baja frecuencia e invasor que no toda la gente es capaz de escuchar. Se describe lo más a menudo posible como un distante motor, y es difícil de detectar con los micrófonos, y su fuente y naturaleza son un misterio hoy en día.

Algunas personas perciben el sonido continuamente, pero otras lo perciben solamente durante ciertos períodos. Para alguna gente, el ronquido percibido puede representar un sonido débil y una molestia suave, mientras que otros lo perciben de modo más intenso y puede interferir seriamente con actividades diarias. Las consecuencias comunes incluyen una carencia del sueño, pues el ronquido puede mantener a alguna gente despierta o despertarla en el medio de la noche. Tales casos han dado lugar a la expresión “víctimas del ronquido de Taos.”
La Ciencia no ha logrado aún dar una explicación satisfactoria a estos sonidos misteriosos. En 2005, y después de años de frustradas investigaciones, se determinó que en Taos se había producido una extraña patología colectiva que afecta a un músculo que endurece el tímpano.

Otras investigaciones parten de la base de que se trata de sonidos de tipo geológico, provocados por los movimientos tectónicos o por los desplazamientos del magma que hay bajo la fina corteza terrestre. Sin embargo, no existe aún nada concluyente al respecto, y la hipótesis no ha podido ser probada.

En 1998, sin embargo, la Ciencia demostró que, aunque no podamos oírlo, la Tierra emite constantemente un ligero zumbido de baja frecuencia. Y es posible, aunque sólo posible, que ese zumbido constante aumente a veces su intensidad hasta hacerse audible por el ser humano. Durante años, se pensó que ese zumbido estaba causado, como se ha dicho, por movimientos geológicos. O incluso por turbulencias atmosféricas.
Choques de olas

Pero en 2009 se averiguó que ese zumbido de fondo terrestre se debe a la colisión de grandes olas oceánicas contra los fondos marinos. Y no en todas partes, sino principlamente en las costas de Norteamérica que se asoman al Océano Pacífico. El estudio se publicó entonces En Geophysical Research Letters.

Cuando dos olas con direcciones opuestas y frecuencias parecidas colisionan, crean una onda de presión muy especial, capaz de transportar su energía hasta el fondo marino. Cuando esto sucede, se genera una vibración constante, con una frecuencia próxima a los 10 milihercios, demasiado grave para ser escuchada por un humano pero fácilmente detectable por un sismómetro.

Otras hipótesis a la hora de identificar la fuente del ruido molesto sugieren sistemas de transmisión de sonido de baja frecuencia usados con fines experimentales a nivel planetario, que son percibidos “cerebralmente” por unos pocos desdichados, sin intervención alguna del sistema de transporte auditivo. Esta rama de hipótesis lograría explicar de momento, la razón por la cual el aislamiento de oídos con tapones de materiales diversos o los lugares especialmente silenciosos, no harían más resaltar el fenómeno provocado dentro del mismo cráneo por la interferencia de ondas provenientes del exterior.

Uno de los orígenes candidatos de la producción del zumbido lo representan los sistemas de comunicación de submarinos militares, tales como el ELF (sistema de Frecuencias Extremadamente Bajas) que son capaces de atravesar tierra y mar en cualquier dirección. Otra opción la representan los sistemas de calentamiento ionosférico de muy alta frecuencia, llevados a cabo por Estados Unidos, Rusia o Noruega, tales como el HAARP, desarrollado en Alaska desde 1993. No obstante, está última hipótesis, no explicaría el origen de otros zumbidos como el “Bristol Hum”, registrado mucho antes de la puesta a punto del proyecto HAARP.

Hacia otro plano de hipótesis, el “zumbido” podría ser inducido por factores naturales, como por ejemplo el movimiento de las placas terrestres, ondas electromagnéticas causadas por meteoritos, u ondas producidas por la interacción del campo magnético terrestre con el viento solar.

Otras de las posibles causas investigadas, se limitaría a ondas producidas por la ionización del aire en torno a fuentes eléctricas de alta tensión cercanas a los poblados afectados.

Las patologías neurológicas relacionadas con la percepción de sonidos inexistentes, englobadas científicamente con el nombre de “acúfenos”, se encuentran exceptuadas de ser las culpables del “zumbido”, ya que en muchos casos las personas que lo escuchan dentro de un mismo recinto suelen ser dos o más.

Sin embargo, parece ser que el zumbido de Taos, Bristol, en Reino Unido; Kokomo en EEUU; la Isla Grande de Hawai y Nueva Zelanda (son solo algunos de los lugares de la Tierra, donde “el zumbido” se dispone a perturbar la paz de determinados individuos, a determinadas horas del día), no pueden achacarse a esta clase de vibraciones producidas por olas oceánicas. Y su origen sigue siendo aún un misterio.





domingo, 8 de diciembre de 2013

Diario de invierno (fragmento), Paul Auster






Piensas que nunca te va a pasar, imposible que te suceda a ti, que eres la única persona del mundo a quien jamás ocurrirán esas cosas, y entonces, una por una, empiezan a pasarte todas, igual que le suceden a cualquier otro.

Tus pies descalzos en el suelo frío cuando te levantas de la cama y vas a la ventana. Tienes seis años. Afuera cae la nieve, y en el jardín las ramas de los árboles se están poniendo blancas.

Habla ya antes de que sea demasiado tarde, y confía luego en seguir hablando hasta que no haya más que decir. Después de todo, se acaba el tiempo. Quizá sea mejor que de momento dejes tus historias a un lado y trates de indagar lo que ha sido vivir en el interior de este cuerpo desde el primer día que recuerdas estar vivo hasta hoy. Un catálogo de datos sensoriales. Lo que cabría denominar fenomenología de la respiración.

Tienes diez años, es pleno verano y hace un calor sofocante, tan húmedo y molesto que, incluso sentado a la sombra de los árboles del jardín, se te llena de sudor la frente.

Que ya no eres joven es un hecho indiscutible. Dentro de un mes cumplirás sesenta y cuatro años, y aunque eso no es ser demasiado viejo, no lo que todo el mundo consideraría una edad provecta, no puedes dejar de pensar en todos los que no han logrado llegar tan lejos como tú. Ese es un ejemplo de las diversas cosas que podrían no pasar nunca pero que, en realidad, han ocurrido.

El viento en tu rostro durante la tormenta de nieve de la semana pasada. El espantoso aguijón del frío, y tú ahí fuera, en las calles desiertas, preguntándote qué te habría llevado a salir de casa con aquella rugiente tempestad, y sin embargo, aun cuando luchabas por mantener el equilibrio, estaba el júbilo de aquel viento, la euforia de ver las familiares calles empañadas de blanco, convertidas en un remolino de nieve.

Placeres físicos y dolores físicos. Placeres sexuales antes que nada, pero también el placer de la comida y la bebida, el de reposar desnudo en un baño caliente, de rascarse un picor, de estornudar y peerse, de quedarse una hora más en la cama, de volver la cara hacia el sol en una templada tarde a finales de primavera o principios de verano y sentir el calor que se difunde por la piel. Innumerables ocasiones, no pasa un día sin algún instante o instantes de placer físico, y sin embargo los dolores son sin duda más persistentes y obstinados, y en uno u otro momento han asaltado casi todas las partes de tu cuerpo. Ojos y oídos, cabeza y cuello, hombros y espalda, brazos y piernas, garganta y estómago, tobillos y pies, por no mencionar el enorme forúnculo que una vez te brotó en el carrillo izquierdo del culo, llamado lobanillo por el médico, lo que a tus oídos sonaba a dolencia medieval, y que durante una semana te impidió sentarte en una silla.


De haberlo sabido, Quique González & Rebeca Jiménez


De haberlo sabido
no hubiera dado todo en un principio
no hubiera sido la noche en tu espalda
ni congelándote de frío.

De haberlo sabido
me hubiera ido sin decirte nada
no hubiera sido tan duro contigo
no habria corazón en la garganta

Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido
fue volverte a ver

Me sobran motivos
pero me faltas tú sobre la cama
y ahora las calles están llenas de bandidos
cuando necesito de tu madrugada

cuando ya te has ido
cuando me parte en dos el alma
no hubiera dudado en quedarme contigo
de haber sabido como yo te amaba

Peor que el olvido
fue frenar las ganas de verte otra vez
peor que el olvido fue volverte a ver.





El origen de Pi (π )


π (Pi) es la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro, en geometría euclidiana. Es un número irracional y una de las constantes matemáticas más importantes. Se emplea frecuentemente en matemáticas, física e ingeniería. El valor numérico de π, truncado a sus primeras cifras, es el siguiente: π ≈ 3,14159265358979323846...


Para calcular el área de un círculo, los egipcios utilizaban un cuadrado de lado 8/9 del diámetro del círculo, valor muy cercano al que se obtiene utilizando la constante pi (3,14). 

Uno de los documentos mas importantes de origen egipcio es el "Papiro Rhind" que data del siglo XVII a.C. En dicho papiro aparece un método para calcular el área de un círculo. Este conocimiento es anterior al siglo XIX a.C. La regla para calcular el área dice: tomar el diámetro. Restar la novena parte. De esta diferencia tomar nuevamente la novena parte y restar de la anterior. Multiplicar el resultado por el diámetro. Tal es el área del círculo.

Pi, letra griega (π) usada en matemáticas como el símbolo del cociente entre la longitud de la circunferencia y su diámetro. El matemático griego Arquímedes afirmó correctamente que el valor de Pi se encuentra entre 3 +1/7 y 3 + 10/71 . 

El valor asignado a pi surgía de un círculo cuyo diámetro era un número entero y su longitud un número muy próximo a otro entero. 

En 1652, William Oughtred utilizó π /δ para referirse al cociente entre la circunferencia y el diámetro, usando sin duda la letra griega π (pi) para indicar la circunferencia o periferia y la letra δ(delta) para indicar el diámetro.

El símbolo π fue usado por primera vez para representar esta razón en 1706 por el matemático inglés William Jones, pero su uso no se generalizó hasta su adopción por el matemático suizo Leonhard Euler en 1737.

En 1882 el matemático alemán Ferdinand Lindemann demostró que pi es un número trascendente, esto es, no puede ser la raíz de una ecuación polinómica con coeficientes racionales. De esta manera, Lindemann fue capaz de demostrar la imposibilidad de la cuadratura del círculo algebraicamente o usando la regla y el compás.

Aunque pi es un número irracional, es decir, tiene un número infinito de cifras decimales, se puede calcular con la exactitud deseada utilizando series. Pi ha sido calculada con cien millones de cifras decimales utilizando ordenadores, aunque esta precisión carece de utilidad práctica.

Como dato curioso podemos decir que en Matemáticas, el valor de pi con 10 decimales, podrá memorizarse más rápido a través de una frase: “Eva y Pepe y Pablo averiguan el camino corto del valle” (el número de letras de cada palabra indica la cifra: 3,1415926535).


Fuente:
http://www.culturizando.com


martes, 3 de diciembre de 2013

Estamos hechos de pedazos, (extraído de un texto de C. Espino Angulo)



-Estamos hechos de pedazos.

Se hizo el silencio mientras daba un trago largo al vaso de vodka. Lo apoyó de nuevo en la barra, acunándolo con sus manos, como si quisiera calentarlas.

-Estamos hechos de pedazos, pero no, no me malinterpretes. No es que nos construyamos a nosotros mismos a base de pedazos, incorporando experiencias, acumulando ideas. No. Esos pedazos son los menos importantes.

El camarero seguía secando vasos, a punto de cerrar, y su mirada vagaba entre la tele sin sonido y el reloj de la entrada.

-Los pedazos importantes, los que nos hacen ser como somos, son los que la vida nos va arrancando. Como si nos tallara.

Acabó su bebida y con un gesto pidió la cuenta, provocando en el camarero un audible suspiro de alivio.

-Los cambios de casa, de barrio y de trabajo. Los amigos que perdemos. La gente que queremos y que un día ya no está. Los amores que rompemos o se rompen. Los sueños que se cumplen y dejan de ser sueños. Los sueños que un día descubrimos que nunca van a ser.

Rebuscaba en la ajada cartera de manera torpe y obsesiva, mientras seguía musitando.

-Son pedazos que van quedando atrás, dejando huecos. Huecos que casi siempre es estúpido tratar de llenar, porque esos huecos nos dibujan.

Dejó caer las monedas sobre la barra. En el silencio del bar vacío, el golpe del metal sobre la barra parecía prolongarse en un extraño eco.

-Son esos huecos, además, el lugar en que sentimos las ausencias que nos definen, el lugar en el que se asientan las memorias, los recuerdos que nos dicen quienes fuimos y, por tanto, quienes somos.

Enfundó sus brazos desgarbados en la chaqueta arrugada y se bajó del taburete, cuidadoso, con movimientos lentos y de una extraña precisión, con el equilibrio ostentoso del alcohol.

-Estamos hechos de pedazos perdidos.

Salió tras dar las buenas noches al camarero. Caminaba bajo la lluvia suave nimbado por el humo del cigarrillo.





Soluciones...

...a los ejercicios mentales de ayer


Marchando una paella. 

El lunes se sirvieron 120 raciones de paella. Restamos al total de los cinco días las servidas entre martes y miércoles y entre jueves y viernes (851-528-203= 120).


Un cristal bien limpio. 

Los dos jóvenes utilizan el mismo truco. Al darles la moneda de cien pesetas, lanzan un duro al suelo del coche haciendo ver que se les ha caído. En realidad, en el suelo del coche hay dos monedas de cinco pesetas.


Cumpleaños en el zoo. 

Maxi tiene 54 y Mini 27. 27= 41-14 es la diferencia de edad entre los dos.


Una de romanos. 

49 años. No existe el año cero.


Sumando sumandos.

Hay que sumarle diez a cada cantidad.


Difícil apuesta. 

Es mejor no aceptar la apuesta: resulta totalmente imposible obtener un resultado total de 1 ya que hay dos dados y el resultado mínimo es dos.


Hotel ‘El buen despertar’.

En total hay 290 huéspedes. 290-20=270. Dos tercios son 180 personas. Si 90 toman 2 huevos fritos (180 huevos) y 90 toman un huevo (90). Total 270 huevos.


El autobús.

La tuya. Tú conduces el autobús.


Ha sido ése.

Se ha chivado el de la mesa 1. En la calculadora, se puede leer del revés: "ÉL BEBE"


lunes, 2 de diciembre de 2013

El libro de los abrazos, Eduardo Galeano




Antaño, don Verídico sembró casas y gentes en tormo al boliche El Resorte para que el boliche no se quedara solo. Este sucedido sucedió, dicen que dicen en el pueblo por él nacido.

Y dicen que dicen que había allí un tesoro, escondido en la casa de un viejito calandraca.

Una vez por mes, el viejito, que estaba en las últimas, se levantaba de la cama y se iba a cobrar la jubilación.

Aprovechando la ausencia, unos ladrones, venidos de Montevideo, le invadieron la casa.

Los ladrones buscaron y rebuscaron el tesoro en cada recoveco. Lo único que encontraron fue un baúl de madera, tapado de cobijas, en un rincón del sótano. El tremendo candado que lo defendía resistió, invicto el ataque de las ganzúas.

Así que se llevaron el baúl. Y cuando por fin consiguieron abrirlo, ya lejos de allí, descubrieron que el baúl estaba lleno de cartas. Eran las cartas de amor que el viejito había recibido todo a lo largo de su larga vida.

Los ladrones iban a quemar las cartas. Se discutió. Finalmente decidieron devolverlas. Y de a una. Una porsemana.

Desde entonces, al mediodía de cada lunes, el viejito se sentaba en la loma. Allá esperaba que apareciera el cartero en el camino. No bien veía asomar el caballo, gordo de alforjas, por entre los árboles, el viejito se echaba a correr. El cartero, que ya sabía, le traía su carta en la mano. Y hasta san Pedro escuchaba los latidos de ese corazón loco de la alegría de recibir palabras de mujer.


Ejercicios para mantener la mente en forma

¿Quieres mantener tu mente en forma?
Hoy te propongo estos "acertijos"...¿te animas a resolverlos?

















Marchando una paella

El cangrejo feliz, famoso restaurante costero, ha vendido un total de 851 raciones de paella en cinco días. Entre el lunes y el martes sirvió 442. Entre el martes y el miércoles, 528. Entre el miércoles y el jueves, 284 raciones y entre el jueves y el viernes, 203. El jefe de cocina está algo desconcertado y le gustaría saber exactamente cuántas raciones de paella se sirvieron el lunes. Promete ofrecer un suculento plato a quien se lo diga. ¿Eres capaz de averiguarlo?


Un cristal bien limpio (basado en un hecho real)

Paro mi coche en un semáforo y un joven se acerca a limpiarme el cristal. Al terminar le doy veinte duros, pero se le caen dentro del coche. Amable y solícito, vuelvo a meter la mano en el bolsillo y le entrego otras cien pesetas. Para mi sorpresa, otro joven se acerca y seca el cristal. A él también le doy veinte duros, pero con las prisas –el semáforo se pone en verde– la moneda cae de su mano al interior de mi vehículo. Saco otra del bolsillo, se la entrego y me voy corriendo. ¿Cómo es posible que al final, entre los dos jóvenes, hayan ganado 390 pesetas?


Cumpleaños en el zoo

Las tortugas Maxi y mini son madre e hijo respectivamente y cumplen años a la vez. Ahora Maxi tiene el doble de la edad de Mini, pero cuando Mini tenía catorce años Maxi contaba con 41. ¿Cuántos años cumple cada una de las tortugas en el día de hoy?


Una de romanos

Cayo Claudio es un romano nacido en el año 25 a. de c. Si celebramos su cumpleaños en el 25 d. de c, ¿puedes averiguar cuántos años cumple?


Sumando sumandos

Por mucho que las sumemos, estas cantidades no terminan de coincidir con la solución. El matemático nos dice que añadiendo un mismo número a las cuatro cifras el resultado cuadrará con la adición. ¿Que número tenemos que sumar a los diferentes sumandos para que el resultado sea correcto?


Hermosito en la báscula

Hermosito es el nombre de un toro bravo, bragado y corniveleto criado en tierras de Salamanca. Dentro de tres días pesará 210 kilos más de la mitad de su peso de dentro de tres días. ¿Cuál será su peso?


Difícil apuesta

Lanzo los dados y obtengo un resultado de 12. Vuelvo a lanzar y obtengo un 10, un 7, un 8… Un amigo me propone una apuesta: si consigo obtener en menos de 500 tiradas un resultado de 4, en menos de 600 un resultado de 1 y en menos de mil otro de 7, me deja su coche tres meses. Si no lo consigo le regalo mi colección de libros. ¿Debería realizar la apuesta?


Hotel ‘El buen despertar’

El hotel El Buen Despertar está completo. Todos los huéspedes han decidido desayunar en él menos veinte que han salido muy temprano. De los que se han quedado, dos terceras partes han tomado huevo frito para desayunar. La mitad ha optado por dos huevos fritos con tocino y la otra mitad ha tomado sólo un huevo con patatas y zumo. Al final se han servido 270 huevos. ¿Cuántos huéspedes hay alojados?


El autobús

Conduces un autobús que va de Huelva a Almería con 30 pasajeros, cuya media de edad es de 47 años. En la primera parada bajan 20 y suben 3; la media de edad baja a 41 años. En la segunda parada bajan 5 personas y suben 8; la media de edad es ahora de 39 años. Suponiendo una velocidad constante de 70 km/hora y que no viajan más de 5 niños, ¿qué edad tiene el conductor?


Ha sido ése

A Álvaro le han echado una reprimenda en la empresa de contabilidad donde trabaja. Sospecha que ha sido porque alguno de sus compañeros se ha chivado, pero no tiene pruebas, ya que ninguno de ellos ha hablado y la bronca ha sido justo después de que su jefe pasara por las mesas mirando las calculadoras. ¿De qué y cómo se han chivado? ¿Quién ha sido?


domingo, 1 de diciembre de 2013

Acuérdate de mi, José Ángel Buesa



Cuando vengan las sombras del olvido
a borrar de mi alma el sentimiento,
no dejes, por Dios, borrar el nido
donde siempre durmió mi pensamiento.

Si sabes que mi amor jamás olvida
que no puedo vivir lejos de ti
dime que en el sendero de la vida
alguna vez te acordarás de mí.

Cuando al pasar inclines la cabeza
y yo no pueda recoger tu llanto,
en esa soledad de la tristeza
te acordarás de aquel que te amó tanto.

No podrás olvidar que te he adorado
con ciego y delirante frenesí
y en las confusas sombras del pasado,
luz de mis ojos, te acordarás de mí.

El tiempo corre con denso vuelo
ya se va adelantando entre los dos
no me olvides jamás. ¡Dame un recuerdo!
y no me digas para siempre adiós.







Poema sobrecogido, Extremoduro

Quise mirar,

y entré dentro de mi interior

y entonces me di cuenta

de que hay alguien más

metido en esta habitación,

y escucho lo que piensa.


Hay, en el vacío,

un reflejo mío,

que me habla de otras cosas

de un ambiguo rosa y de sentir

que me habla desde dentro

y me dice que voy lento y corrí


Y de este desvarío

sé que ha anochecido


Si se va

mi cuerpo se evapora y pierde solidez

y flota en el vacío de la soledad

y mi mente no sabe adonde se va a agarrar,

si estoy loco perdío


Al respirar

el aire entra y luego se va

y ya no es nada mío

pero algo cambió en mi manera de pensar

y ya no soy el mismo


Sueño con que me dé

salgo y no hay nada


Y veo que algo me crece y ya no me apetece mirar

a tiempo pasado pues no tengo pensado regresar ...



La elegancia del erizo, Muriel Barbery



Por lo general, por las mañanas siempre saco un ratito para escuchar música en mi cuarto. la música desempeña una función muy importante en mi vida. Es lo que me permite soportar… pues… todo lo que hay que soportar: mi hermana, mi madre, el colegio, Achille Grand-Fernet, etc. La música no es sólo un placer para el oído como la gastronomía lo es para el paladar, o la pintura, para los ojos. SI pongo música por la mañana tampoco es que la razón sea muy original: lo hago porque determina el tono del día. Es muy sencillo y, a la vez, muy complicado de explicar: creo que podemos elegir nuestros estados de ánimo porque poseemos una conciencia con varios estratos y tenemos la manera de acceder a ellos. Por ejemplo, para escribir una idea profunda, tengo que ponerme a mí misma en un estrato muy especial, si no, no me vienen las ideas y las palabras a la cabeza. Tengo que olvidarme de mí misma y a la vez estar superconcentrada. Pero no es una cuestión de «voluntad», es un mecanismo que se puede accionar o no, como rascarse la nariz o hacer una voltereta para atrás. Y para accionar el mecanismo, no hay nada mejor que un poquito de música. Por ejemplo, para relajarme, pongo algo que me haga alcanzar como un estado de ánimo distanciado en el que las cosas no me llegan de verdad, las miro como quien ve una película: un estado de conciencia «desapegado». En general, para ese estrato escucho jazz o, más eficaz a largo plazo aunque tarden más en notarse los efectos, Dire Straits (viva el mp3). Esta mañana pues he escuchado a Glenn Miller antes de salir para el colegio. Se diría que no lo he escuchado durante el tiempo suficiente. Cuando se ha producido el incidente, he perdido todo mi desapego. Ha sido en clase de lengua, con la señora Magra (que es un antónimo con patas de tantos michelines como tiene). Además, se viste de rosa. Me encanta el rosa, pienso que es un color injustamente tratado, se suele atribuir a los bebés o a las mujeres que se maquillan como puertas, cuando el rosa es un color muy sutil y delicado, que tiene mucha presencia en la poesía japonesa. Pero el rosa y la señora Magra es un poco como el tocino y la velocidad. Bueno, total, que esta mañana tenía clase de lengua con ella. Ya de por sí es un rollazo. La lengua con la señora Magra se resume a una larga serie de ejercicios técnicos, poco importa si hacemos gramática o comentario de texto. Con ella, parece que un texto se ha escrito para que se puedan identificar los personajes, el narrador, los lugares, las peripecias, los tiempos de la narración, etc. Creo que no se le ha pasado jamás por la cabeza que, ante todo, un texto se escribe para ser leído y para provocar emociones en el lector. Para que os hagáis una idea, nunca nos ha preguntado: «¿Os ha gustado este texto/este libro?». Sin embargo es ésta la única pregunta que podría dar sentido al estudio de los puntos de vista narrativos o de la construcción de la trama… Por no hablar del hecho de que, en mi opinión, los alumnos de nuestra edad tenemos un espíritu más abierto a la literatura que los de bachillerato o los estudiantes universitarios. Me explico: a nuestra edad, por poco que se nos hable de algo con pasión tocando las cuerdas adecuadas (las del amor, la rebelión, la sed de novedades, etc.), es muy fácil captar nuestro interés. Nuestro profesor de historia, el señor Lermit, supo apasionarnos en sólo dos clases enseñándonos fotos de gente a la que se había cortado una mano o los labios, en aplicación de la ley coránica, porque habían robado o fumado. Sin embargo, no lo hizo en plan peli gore. Era sobrecogedor, y todos escuchamos con atención la clase siguiente, que ponía en guardia contra la locura de los hombres, y no específicamente contra el islam. Entonces, si la señora Magra se hubiera tomado la molestia de leernos con la entonación adecuada algunos versos de Racine («Y que el día amanezca y que el día agonice/sin que que ya nunca pueda ver Tito a Berenice»), habría visto que el adolescente típico está maduro para abordar la tragedia amorosa. Una vez en el instituto, las cosas se ponen más difíciles: la edad adulta asoma ya la cabeza, empiezan a intuirse las costumbres de los mayores, uno se pregunta qué papel y qué lugar heredará en la obra y, además, se ha estropeado ya algo, la pecera está a la vuelta de la esquina. Entonces, cuando esta mañana, añadiéndose al rollazo habitual de una clase de literatura sin literatura y de una clase de lengua sin inteligencia de la lengua, he experimentado un sentimiento extraño, inclasificable, no he podido contenerme. La profesora estaba tratando el epíteto, con el pretexto de que en nuestras redacciones brillaba por su ausencia «cuando deberíais ser capaces de emplearlo desde tercero de primaria». «Alumnos tan incompetentes en gramática como vosotros, desde luego, es como pa’ pegarse un tiro», ha añadido luego, mirando especialmente a Achille Grand-Fernet. No me cae bien Achille pero tengo que decir que estaba de acuerdo con la pregunta que le ha hecho a la profesora. Creo que se imponía algo así. Además, que una profesora de letras diga pa’ en lugar de «para», a mí me choca, qué queréis que os diga.



Es como si un barrendero se dejara sin recoger del suelo las bolas de pelusa de polen. «Pero la gramática, ¿para qué sirve?», le ha preguntado Achille. «Deberías saberlo», le ha contestado doña Me-pagan-para-que-os-lo-enseñe. «Pues no», ha replicado Achille con sinceridad, por una vez, «nadie se ha tomado nunca la molestia de explicárnoslo». La profesora ha dejado escapar un largo suspiro, en plan «encima tengo que tragarme estas preguntas estúpidas», y ha respondido: «Sirve para hablar bien y escribir bien».Entonces, he creído que me iba a dar un infarto. Nunca había oído tamaña ineptitud. Y con esto no quiero decir que no sea verdad, digo que es una ineptitud como una casa. Decir a unos adolescentes que ya saben leer y escribir que la gramática sirve para eso, es como decirle a alguien que se tiene que leer una historia de los cuartos de baño a través de los siglos para saber bien hacer pis y caca. ¡No tiene sentido! Si todavía nos hubiera demostrado, con ejemplos, que hay que saber ciertas cosas sobre la lengua para utilizarla bien, entonces bueno, por qué no, puede ser una base para empezar. Por ejemplo, que saber conjugar un verbo en todos los tiempos te evita cometer errores gordos que te avergüenzan delante de todo el mundo en una cena mundana («Hubiera veído esa película que comentáis, si no me habrían aconsejado antes que no lo haciese»). O que, para escribir como es debido una invitación para unirse a una pequeña orgía en el castillo de Versalles, conocer las reglas de concordancia entre sujeto y verbo puede resultar muy útil. De esta manera uno se ahorra torpezas como ésta: «Querido amigo, si esa gente que usted y yo conocemos quisieran venir a Versalles esta noche, me complacería mucho recibirlas. La marquesa de Grand-Fernet». Pero si la señora Magra se cree que la gramática sólo sirve para eso… De niños hemos sabido conjugar un verbo antes de saber siquiera que se trataba de un verbo. Y, si bien el saber puede ayudar, no creo sin embargo que sea algo decisivo. Yo en cambio creo que la gramática es una vía de acceso a la belleza. Cuando hablas, lees o escribes, sabes muy bien si has hecho una frase bonita, o si estás leyendo una. Eres capaz de reconocer una expresión elegante o un buen estilo. Pero cuando se estudia gramática, se accede a otra dimensión de la belleza de la lengua. Hacer gramática es observar las entrañas de la lengua, ver cómo está hecha por dentro, verla desnuda, por así decirlo. Y eso es lo maravilloso, porque te dices: «Pero ¡qué bonita es por dentro, qué bien formada!», «!Qué sólida, qué ingeniosa, qué rica, qué sutil!». Para mí, sólo saber que hay varias naturalezas de palabras y que hay que conocerlas para poder utilizarlas y para estar al tanto de sus posibles compatibilidades, hace que me sienta como en éxtasis. Me parece, por ejemplo, que no hay nada más bello que la idea básica de la lengua, a saber: que hay nombres y verbos. Sabiendo esto, es como si ya te hubieran enunciado la esencia de todo. Es maravilloso, ¿no? Hay nombres, verbos… Para acceder a toda esta belleza de la lengua que la gramática desvela, ¿quizá también haya que ponerse en un estado de conciencia especial? A mí me da la sensación de que puedo hacerlo sin esfuerzo. Creo que fue cuando tenía dos años, al oír hablar a los adultos, cuando comprendí, esa vez y ya para siempre, cómo está hecha la lengua. Las lecciones de gramática para mí siempre han sido meras síntesis a posteriori o, como mucho, precisiones terminológicas. ¿Se puede enseñar a los niños a hablar bien y a escribir bien estudiando gramática si no han tenido esa iluminación que tuve yo? Misterio. Mientras tanto, todas las señoras Magra de la Tierra harían mejor en preguntarse qué música tienen que poner a los alumnos para que puedan entrar en trance gramatical. Así que le he dicho a la profesora: «Pero ¡qué va, eso es totalmente reductor!». Se ha hecho un gran silencio en la clase porque normalmente yo no suelo abrir la boca y porque le había llevado la contraria a la profesora. Me ha mirado sorprendida y luego ha puesto mala cara, como todos los profes cuando notan que las cosas se complican y que su clasecita facilita sobre el epíteto bien podría convertirse en tribunal de sus métodos pedagógicos. «¿Y qué sabrás tú de esto, señorita Josse?», me ha preguntado con todo acerbo. Todo el mundo contenía la respiración. Cuando la primera de la clase no está contenta, es malo para el cuerpo docente, sobre todo cuando se trata de un cuerpo tan gordo, así que esta mañana teníamos película de suspense y número de circo, programa doble por el mismo precio: todo el mundo aguardaba para ver el resultado del combate, con la esperanza de que sería sangriento. «Pues bien, habiendo leído a Jakobson, se antoja evidente que la gramática es un fin y no sólo un objetivo: es un acceso a la estructura y al a belleza de la lengua, y no sólo un chisme que sirve para manejarse en sociedad». «¡Un chisme!», ha repetido la profesora con los ojos exorbitados. «¡Para la señorita Josse, la gramática es un chisme!» Si hubiera escuchado bien mi frase, habría comprendido que, justamente, para mí la gramática no es un chisme. Pero creo que la referencia a Jakobson le ha hecho perder los papeles por completo, sin contar que todo el mundo se reía, incluso Cannelle Martin, sin comprender nada de lo que yo había dicho pero sintiendo que una nubecita negra planeaba sobre la foca de la profesora de lengua. Por supuesto, como os podréis imaginar, nunca he leído nada de Jakobson. Por muy superdotada que sea, prefiero los cómics o la literatura. Pero una amiga de mamá (que es profesora de universidad) hablaba ayer de Jakobson (mientras charlaban, a las cinco de la tarde, ventilándose una botella de vino tinto y un buen pedazo de queso camembert). Y de repente esta mañana se me ha venido a la cabeza. En ese momento, al ver que la jauría de perros enseñaba ya los colmillos, he sentido compasión. Compasión por la señora Magra. Además no me gustan los linchamientos. Nunca honran a nadie. Por no hablar ya del hecho de que no me apetece en absoluto que alguien venga a hurgar en mi conocimiento de Jakobson y empiece a sospechar sobre la realidad de mi cociente intelectual. Por eso he dado marcha atrás y me he callado. Me he tenido que quedar dos horas más en el colegio castigada, y la señora Magra ha salvado su pellejo de profesora. Pero al marcharme de clase, he sentido que sus ojillos inquietos me seguían hasta la puerta. Y, camino de mi casa, me he dicho: desdichados los pobres de espíritu que no conocen ni el trance ni la belleza de la lengua.




Qué es el Kokigami



El kokigami es un juego erótico de origen japonés, que consiste en envolver el pene con un disfraz de papel para sorprender a la pareja. Proviene de las palabras koki: pañuelo que llevan los actores nipones alrededor de la cintura cubriendo la zona genital; y gamia: que significa papel.

Este curioso divertimento de alcoba era practicado por la aristocracia japonesa en el siglo VII. Durante las noches de pasión, el esposo se envolvía el miembro con pañuelos de seda y cinta formando curiosos diseños. Luego este “paquete” erótico era ofrecido a la amante que lo desenvolvía sensualmente.

Con el paso de los siglos, las telas fueron sustituidas por figuras confeccionadas con papel de seda, y en vez de formas creadas por el hombre se hacen figuras específicas, similares a un origami, pero con una finalidad bastante distinta. Una divertida experiencia con un toque de erotismo y bastante historia.


Cómo un maestro de escuela descifró la escritura cuneiforme gracias a una apuesta



Si observamos la fotografía podemos comprobar que no resulta fácil de entender. Como descubriréis en la historia que os narro en el texto ubicado bajo esta galería, a nuestro maestro alemán le costó bastante poco aplicar la Navaja de Ockham y desencriptar el código de los antiguos reyes persas.

Se llama escritura cuneiforme porque, como podéis ver, los caracteres tienen forma de cuña.





Esta es la historia de cómo un hombre tranquilo, moderado y libre de extravagancias se marcó el órdago de su vida en un bar tras tomarse un par de copas de más. Friedrich Grotefend nació en la ruta de los cuentos de hadas, Münden (Alemania), en el verano de 1775. Se preparó para la enseñanza y después, siguiendo la estela del 'polvo de hadas', estudió Filología en la ciudad donde trabajaron los Hermanos Grimm, Gotinga. En 1797, ya era un joven maestro auxiliar en una escuela comunal. Cuatro años después, uno antes de convertirse en rector de un instituto, tuvo lugar un momento tan absolutamente banal y poco científico como es una noche de juerga, que llevaría a Grotefend, nada menos, que a descubrir la escritura cuneiforme: una de las formas más antiguas de expresión escrita.

Fue en una tasca alemana, entre olor de salchichas recién hechas y tragos de cerveza, donde tuvo lugar el comienzo de "una de las obras maestras del cerebro humano" (C.W. Ceram). Con un par de jarras de más y la consecuente exaltación de la amistad entre hombres que acaban la noche pronunciando la manida frase: "¿A qué no hay hue... de descifrar las tablillas persepolitanas que llevan un tiempo rodando por ahí?". Vale, nuestras apuestas del sábado noche no llegan a tanto, pero ahora no es el momento de avergonzarnos por ello.

A Grotefend se le fue un poco de las manos y de la forma más absurda y con una resaca memorable, se encontró a la mañana siguiente comprometido a encontrar la clave para descifrar la escritura de los grandes reyes persas. Si lo definimos como absurdo, es porque con lo único que contaba el pobre maestro eran algunas malas y manoseadas copias de inscripciones persepolitanas. A pesar de ello, enfrentó el reto con la osadía y la inocencia necesarias para hacer el gran hallazgo.

"Es imposible" dijeron los sabios. "No lo es" dijo Grotefend

Los mejores expertos de la época habían tirado la toalla, considerando imposible descifrar aquellos extraños y misteriosos símbolos. Eso no frenó a nuestro valiente alemán, que a estilo de nuestro moderno Don Quijote, fulminó a los sabios pesimistas como si fuesen molinos de viento. Hasta entonces (s. XVIII), algunos como el famoso orientalista Tomas Hyde describían las tablillas, encontradas en su mayoría en la vieja Persépolis, como "adornos en piedra" y ni mucho menos como escritura. Sería el primero en llevarse un 'guantazo sin manos' por parte de nuestro amigo alemán.

La gran mayoría de tablillas aparecidas en el s. XVIII, antes de las excavaciones de Botta, pertenecían a los restos de la residencia de Darío y Jerjes, dueños del gran palacio que, según Clitarco, salió ardiendo gracias a la imprudencia de Alejandro Magno y una bailarina durante una bacanal. Sería Karsten Niebuhr, un hombre intrépido al servicio de Federico V de Dinamarca, quien hallaría aquellas extrañas placas hurgando en las ruinas y le daría un punto de partida al maestro de escuela. 

Estudiando las inscripciones de Persépolis, Grotefend se percató que éstas revelaban características de lo más diversas. Por suerte, el alemán se había estudiado bien a los autores griegos y conocía la historia de los antiguos persas y los reyes de la Persépolis. Según lo que él sabía, Ciro II el Grande venció a los babilonios y fundó el primer gran Imperio persa sobre el año 540 a.C. De este hecho, dedujo que lo más probable es que una de las tres lenguas estuviese escrita en la lengua de los conquistadores. Aunque fue otra cuestión, que a todos los que habían visto los símbolos intrigaba, la que acabaría por ser una de las piezas para resolver el puzzle:¿Por qué se repetían con tanta frecuencia en la mayoría de tablillas un grupo de signos?

La escritura cuneiforme, descifrada por la Navaja de Ockham

Imaginaos que mañana nos quedamos sin ordenadores, máquinas de escribir, impresoras de ninguna clase, rotativas, smartphones o tabletas. Con los momentos que vivimos, estaréis conmigo que no os pido mucha imaginación. Nuestros gobernantes se ven en la obligación de esculpir las cuentas y los asuntos de estado en tablillas de arcilla con un punzón de caña que tiene punta con forma de cuña. Tablillas que año tras año se vuelven a fundir para empezar un año fiscal nuevo (paro aquí que no quiero dar ideas a nuestros pícaros políticos). Evidentemente, por cuestión de espacio, las palabras se acabarían sustituyendo por símbolos que ayudasen a comprender el contenido. 

Tratándose de un contenido institucional, lo más probable es que el nombre del presidente del Gobierno apareciese con frecuencia con este símbolo (sah) que nuestras generaciones venideras acabarían identificando con el gobernante del país en nuestra época histórica.

Así fue como, mediante una sencillez aplastante, nuestro amigo alemán comenzó a descifrar el misterioso texto. Sospechó que, al igual que el 'descanse el paz' es un clásico en las tumbas occidentales que ha trascendido hasta nuestros días, las inscripciones encontradas en los monumentos persas más antiguos también podían seguir esa constante que ya tenía anotada en su cuaderno: "X, gran rey, rey de reyes, reyes de A y B, hijo de Y, gran rey, rey de reyes...". Ahora sólo quedaba empaparse de la historia y despejar la X y el resto de incógnitas jugando al 'quién es quién'. De esta forma, X era Darío I (padre), Z era Histaspes (abuelo, que no fue rey) e Y era Jerjes (el nieto).

Según palabras del propio Grotefend, "Si en la serie de los más famosos reyes persas logro hallar un grupo de generaciones que coincida con este esquema tendré la prueba evidente de que mi teoría es acertada, y habré descifrado las primeras palabras de la escritura cuneiforme".

Y lo hizo. Partiendo de los textos de Heródoto, identificó a uno de los abuelos de Darío y a varios famosillos más de la época, lo que le permitió 'comprar' doce letras de una de las formas más antiguas de escritura de la historia para dar sentido a aquellas misteriosas inscripciones. 

A pesar de haber resuelto uno de los enigmas más apasionantes de la escritura, no solo pasó desapercibido en vida, sino que la historia le ha tratado bastante mal. Mientras Champollion, que veinte años después descifró los jeroglíficos con la facilidad y la ventaja de partir de una lápida en tres idiomas (Piedra de Rosetta), se cubrió de gloria, nuestro maestro alemán apenas es mencionado como autor indiscutible de este mérito. No solo eso: sus hallazgos no fueron reconocidos por el mundo científico mientras estuvo vivo. Lo que vinieron tras él 'solo' serían correcciones a lo ya descubierto por Grotefend, como es el caso de las de Burnouf y Lassen.

Según narra C.W. Ceram en Dioses, Tumbas y Sabios, "no se le cita, e incluso algunos diccionarios de nuestra época no lo mencionan, o hacen sólo una breve alusión en algunas bibliografías. Y sin embargo, únicamente a él le corresponde prioridad en este descubrimiento decisivo. cuya importancia histórica sólo se reveló con las magníficas excavaciones del país de los dos ríos".
¿Por qué tanto interés en unas tablillas de arcilla?

Como suele pasar muchas veces en la ciencia, desde que se descubre algo hasta que se le encuentra una aplicación útil puede pasar bastante tiempo. Algo parecido ocurrió con la escritura cuneiforme. Si bien se poseían algunas tablillas, un par de copias mal hechas de éstas y algunos textos de Heródoto y de algún otro entusiasta como el viajero italiano Pietro della Valle,no sería hasta que Botta y Layard clavaron su pico y hallaran el palacio de Sargón o la importante ciudad de Nínive (la Roma asiria), cuando se le encontró su verdadera y fascinante utilidad.

Grotefend ayudó no solo a desencriptar una de las formas más antiguas de expresión escrita, sino que el día que se encontró la biblioteca de Asurbanipal con más de 20.000 volúmenes de placas de arcilla, el trabajo estaba 'casi hecho', permitiendo conocer de forma más profunda cómo vivía y se relacionaba esta misteriosa civilización que, aún hoy, no deja de sorprendernos.


Fuente:
http://www.quo.es




¿Por qué las lunas no tiene lunas?




Los astrónomos afirman casi con certeza que no hay lunas en las lunas de nuestro sistema solar. Pero ello no significa que sea físicamente imposible. Después de todo, la NASA ha lanzado con éxito naves espaciales en la órbita de nuestra luna, que arrojan luz sobre el funcionamiento de las leyes físicas.

Pero sigue pareciéndonos improbable. Aunque los astrónomos han localizado algunos asteroides con lunas, la presencia de un planeta padre dotado de una fuerte carga gravitatoria haría muy difícil que la luna pudiera controlar un satélite propio, asegura el astrónomo Seth Shostak. "Debería existir un amplio espacio entre la luna y su planeta", continúa. Orbitando lejos de este, la luna quizá podría soportar un satélite propio.

Fuera del alcance de la vista

Unas condiciones parecidas podrían darse en sistemas solares alejados del nuestro, pero mientras que se han detectado cientos de exoplanetas (es decir, alejados de nuestro sistema solar), van a transcurrir décadas hasta que puedan detectarse exolunas, y mucho menos lunas de exolunas. Nuestros actuales métodos de detección de planetas, como el de aprovechar el paso de uno de ellos por la trayectoria de una estrella, nos permiten divisar enormes planetas del tamaño de Júpiter, o planetas rocosos del tamaño de la Tierra, pero no sus lunas.

Incluso aunque los astrónomos consiguieren detectar una luna con su correspondiente satélite, probablemente no duraría mucho. "La fuerza de las mareas del planeta tenderían a desestabilizar la órbita de la segunda luna, lanzándola fuera de ella", afirma Webster Cash, profesor de la Universidad de Colorado. Una segunda luna es un fenómeno efímero.


Fuente:
http://www.quo.es



jueves, 28 de noviembre de 2013

Canción III, José Ángel Buesa



Solo bajo los astros, te digo que estoy triste,

en la profunda noche de raíces de fuego.

Aquí, en un agua turbia que me agranda los ojos,
con el dolor creciente de la sed de tu beso.

Isla de locos pájaros más allá de la sombra,
y nieblas de remotas latitudes de hielo;
y el corazón que asciende golpeándome las venas,
en el horror sin nombre de saber que te quiero.

Sí. En la noche inclemente, solo bajo los astros,
oigo oscuras campanas en el fondo del viento,
y el rumor de los árboles recorre los caminos,
y me quema los labios la sed de tu recuerdo.

Te digo que estoy triste porque no estás conmigo,
pero la noche sabe, cuántas veces ya he muerto.





Loco, Romeo Santos & Enrique Iglesias

Te pido de rodillas
Luna no te vayas
Alúmbrale la noche
A ese corazón
Desilusionado, a veces maltratado

No te perdonaré
Si me dejas solo
Con los sentimientos
Que pasan como el aliento
Lo revuelven todo
Y me vuelven loco

Un loco
Por besar tus labios
Sin que quede nada por dentro de mí
Pidiéndotelo todo

Y yo
No te perdonaré
Si me dejas por dentro con ese dolor
No te perdonaré
Si me vuelves loco (si me vuelves loco)

Ay, ay, ay, ay, ay, ay
Ay, ay, ay, ay, ay, ay

Te pido de rodillas (uno y mil perdones)
Que al llegar la aurora (no me digas adiós)
No dejes ir el llanto (de tantas canciones)
De una luna rota (hubo una guitarra)
Por tantas promesas (que se van volando)
Que me vuelven loco

El calor del mundo, Claudia Masin





En esa vida tranquila y suspendida donde solo había dos destinos posibles, la lectura o el sueño, yo elegí la lectura. Y conocí el amor al riesgo, un amor que me desprendería para siempre de mi tierra natal. Es que son peligrosos los libros que se leen bajo la sombra hechizada de la siesta, multiplican su encanto, su capacidad de arrastrarte a otra vida. A una vida donde las cosas que se han deseado mucho, fatalmente suceden.