Libro "Preguntas al azar"
¿Dónde empieza la niebla que te esconde?
ignoro dónde
¿cómo puedes andar con pies de plomo?
ignoro cómo
¿cuánto cuesta vecer a tu quebranto?
ignoro cuánto
iba a cambiar seña por santo
mas después de vivir lo que se sueña
prefiero permutar santo por seña
aunque no sepa dónde cómo o cuanto
"La vida es una fuente interminable de reflexiones, desmedida como la eternidad, inagotables como la maldad e inmensas como el amor".
domingo, 11 de noviembre de 2012
Opio en las Nubes, Rafael Chaparro
Me gusta sentir ese mareo del brandy, ese mareo que quema por dentro a esta hora cuando todo parece normal, cuando todo el mundo se dirige al trabajo, cuando todo el mundo piensa cosas correctas. Me gusta ese mareo a esta hora cuando no es normal que uno esté un poco ebrio, un poco triste, un poco como vuelto mierda.
Estoy mareado por el brandy. Ebrio. Estoy envenenado por la mañana, por el cielo. Mentira. Estoy envenenado por Amarilla en la mañana, por Amarilla en el cielo, por ese olor de Amarilla que se halla diseminado por todas partes. El día huele a Amarilla. Miro hacia el cielo y veo en las nubes la forma de sus nalgas, la palma de sus manos. Veo los árboles y el ruido de las hojas me dice oye gato marica pon atención te habla Amarilla. Mierda, qué cosa tan seria trip trip trip.
La noche está demente. Las luces de la ciudad son pequeños ojos rotos, locos, alucinados que nos vigilan. Me dan ganas de estar en la mitad de una autopista.
Y me dieron ganas de ser nube, ganas de estar allá arriba en ese cielo azul con los ojos cerrados pensando en ti, en tu forma de decir mi nombre.
Tenias la misma lógica de la heroína, me produjiste el mismo efecto porque te vi y me dieron ganas de inyectar tu nombre en mis venas me dieron ganas de ir al baño del Opium y mirarme frente al espejo y decir mierda You make my heart sing wild thing, me dieron ganas de escribir tu nombre con sangre en el fondo de mi vaso de cerveza, ganas de que me cortaras la venas con tus labios rojos mientras te tocaba las tetas. Ganas de desangrarme entre tus piernas mientras me hablabas de ir a la playa.
Déjame ver tus ojos déjame ver si también tienen los sueños vueltos mierda como los míos.
Amarilla se dirige a la cocina y se prepara un café, mira por la ventana, se acaricia el pelo y dice que la vaina está jodida y yo pienso que en verdad todo está jodido. Los árboles están jodidos, las calles están jodidas, el cielo está jodido. Las palomas están jodidas. Mierda. Yo también estoy como jodido. Me dan ganas de ahogarme en salsa de tomate.
Parece que hoy nada camina. Tengo ganas de saltar al vacío, ganas de cortarme las venas con el filo de tu aliento,con el filo de tus silencios, para que la mañana y el cielo y las nubes se llenen con tu sangre. Hoy soy aspirina, tal vez una anfetamina. Me falta un tornillo y seguramente se me ha perdido en tu caja de herramientas.
Mierda, qué cosa tan seria. La ciudad entera está muerta trip trip trip.
Después llegó un médico y dijo que el asunto era grave, que no me moviera, que de qué grupo sanguíneo era y le dije que de grupos sanguíneos poco, que si quería le hablaba un poco de grupos de rock, un poco de Jimi Hendrix Experiencie, de Cream, qué va dijo el médico, el asunto es grave.
..me inyectas toda tu oscuridad en mi oscuridad.
El olor de la tristeza se localiza en la boca del estómago es como si siempre tuvieras hambre de algo hambre de luz hambre de calle hambre de noche hambre de todo hambre de nada hambre de mierda no te deja tranquilo te quema te da vueltas en el estómago te atrapa todas tus palabras y no las deja salir.
..unos cucos que olieran a sudor a sueños dulces y
eternos...
soy Pink Tomate, el gato de Amarilla. A veces no sé si soy tomate o gato. En todo caso a veces me parece que soy un gato que le gustan los tomates o más bienun tomate con cara de gato. O algo así.
... es una especie de pecueca del alma.
Voy a hablar en presente porque para nosotros los gatos no
existe el pasado. O bueno sí existe, lo que pasa es que lo ignoramos. En cuanto
al futuro nos parece que es pura y física mierda. Sólo existe el presente y
punto. El presente es ya, es un techo, una calle, una lata de cerveza vacía.
Tal vez el que construyó este barrio pensó que las esquinas eran parte de la circunferencia de la vida donde el amor es
un punto central equidistante de la curva infinita del dolor.
Rafael Chaparro -Opio en las Nubes.
sábado, 10 de noviembre de 2012
Don't you Remember, Adele
Una gran cantante, una gran voz, una gran canción para comenzar este sábado...
Dame tu libertad, Pedro Salinas
Dame tu libertad.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.
No quiero tu fatiga,
no, ni tus hojas secas,
tu sueño, ojos cerrados.
Ven a mí desde ti,
no desde tu cansancio
de ti. Quiero sentirla.
Tu libertad me trae,
igual que un viento universal,
un olor de maderas
remotas de tus muebles,
una bandada de visiones
que tú veías
cuando en el colmo de tu libertad
cerrabas ya los ojos.
¡Qué hermosa tú libre y en pie!
Si tú me das tu libertad me das tus años
blancos, limpios y agudos como dientes,
me das el tiempo en que tú la gozabas.
Quiero sentirla como siente el agua
del puerto, pensativa,
en las quillas inmóviles
el alta mar. La turbulencia sacra.
Sentirla,
vuelo parado,
igual que en sosegado soto
siente la rama
donde el ave se posa,
el ardor de volar, la lucha terca
contra las dimensiones en azul.
Descánsala hoy en mí: la gozaré
con un temblor de hoja en que se paran
gotas del cielo al suelo.
La quiero
para soltarla, solamente.
No tengo cárcel para ti en mi ser.
Tu libertad te guarda para mí.
La soltaré otra vez, y por el cielo,
por el mar, por el tiempo,
veré cómo se marcha hacia su sino.
Si su sino soy yo, te está esperando.
Misión olvido, María Dueñas
La mejor historia está siempre por vivir... un giro del destino, un viaje, una segunda oportunidad.
Una novela luminosa, un tributo a las segundas oportunidades, la reconciliación y la reconstrucción.
El reencuentro con la autora que nos cautivó entre costuras y nos volverá a seducir con una misión inolvidable...
Una novela luminosa, un tributo a las segundas oportunidades, la reconciliación y la reconstrucción.
El reencuentro con la autora que nos cautivó entre costuras y nos volverá a seducir con una misión inolvidable...
CAPÍTULO 1
A veces la vida se nos cae a los pies con el peso y el frío de una bola de plomo.
Así lo sentí al abrir la puerta del despacho. Tan próximo, tan cálido, tan mío. Antes.
Y, sin embargo, a simple vista, no había motivo para la desazón. Todo permanecía tal como yo misma lo había dejado. Las estanterías cargadas de libros, el panel de corcho repleto dehorarios y avisos. Carpetas, archivadores, carteles de viejas exposiciones, sobres a mi nombre. El calendario congelado dos meses atrás, julio de 1999. Todo se mantenía intacto en aquel espacio que durante catorce años había sido mi refugio, el reducto que curso a curso acogía a manadas de estudiantes perdidos en dudas, reclamos y anhelos. Todo seguía, en definitiva, igual que siempre. Lo único que había cambiado eran los puntales que me sostenían. De arriba abajo, en canal.
Pasaron dos o tres minutos desde mi llegada. Quizá fueron diez, quizá no llegó a uno siquiera. Pasó el tiempo necesario , en cualquier caso, para tomar una decisión. El primer
movimiento consistió en marcar un número de teléfono. Por respuesta obtuve tan sólo la cortesía congelada de un buzón de voz. Dudé entre colgar o no, ganó lo segundo.
—Rosalía, soy Blanca Perea. Tengo que marcharme de aquí, necesito que me ayudes. No sé a dónde, igual me da. A un sitio en donde no conozca a nadie y en donde nadie me conozca a mí. Sé que es un momento pésimo, con el curso a punto de empezar, pero llámame cuando puedas, por favor.
Me sentí mejor tras dejar aquel mensaje, como si me hubiera desprendido del mordisco de un perro en mitad de una pesadilla espesa. Sabía que podía confiar en Rosalía Martín. En su comprensión, en su voluntad. Nos conocíamos desde que ambas comenzamos a dar nuestros primeros pasos en la universidad, cuando yo era aún una joven profesora con un escuálido contrato temporal y ella la responsable de nutrir un recién gestado servicio de relaciones internacionales. Tal vez la palabra amigas nos viniera demasiado grande, puede que su consistencia se hubiera diluido con el paso de los años, pero conocía el temple de Rosalía y estaba por eso segura de que mi grito no iba a caer en el fondo de un saco cargado de olvidos.
Sólo después de la llamada conseguí reunir las fuerzas necesarias para hacer frente a las obligaciones de aquel septiembre que acababa de arrancar. El correo electrónico se abrió como una presa desbordada ante mis ojos y en su caudal me sumergí un buen rato a medida que respondía a algunos mensajes y desechaba otros por trasnochados o carentes de interés. Hasta que el teléfono me interrumpió y contesté con un escueto soy yo.
—Pero ¿qué es lo que te pasa a ti, loca? ¿A dónde quieres ir tú a estas alturas? ¿Y a cuento de qué vienen estas prisas?
Su voz arrebatada me devolvió al vuelo la memoria de tantos momentos vividos años atrás. Horas eternas frente al blanco y negro de la pantalla de un ordenador prehistórico. Visitas compartidas a universidades extranjeras en busca de intercambios y convenios, habitaciones dobles en hoteles sin memoria, madrugadas de espera en aeropuertos vacíos. El tiempo había separado nuestros caminos y quizá el músculo de la cercanía había perdido vigor. Pero quedaba la huella, los posos de una vieja complicidad. Por eso le narMisión olvido, María dueñasré todo sin reservas. Con una sinceridad rasposa, omitiendo valoraciones. Sin lamentos ni adjetivos. Sin red.
En un par de minutos supo lo que tenía que saber. Que Alberto se había ido de casa. Que la supuesta solidez de mi matrimonio había saltado por los aires en los primeros días del verano, que mis hijos ya volaban por su cuenta, que había pasado los dos últimos meses intentando ajustarme torpemente a mi nueva realidad y que, al enfrentarme al nuevo curso, me faltaba la energía para mantenerme a flote en el mismo escenario de todos los años: para agarrarme una vez más a las rutinas y responsabilidades como si en mi vida no hubiera habido un corte tan limpio y certero como el de la carne atravesada por el filo de un cristal.
Con los noventa kilos de pragmatismo que conformaban el volumen de su cuerpo, Rosalía absorbió de inmediato la situación y entendió que lo último que yo necesitaba eran
remedios compasivos o consejos con azúcar. No hurgó por ello en los detalles ni me ofreció su hombro mullido como consuelo. Tan sólo me planteó una previsión que, tal como yo anticipaba, bordeó en principio la crudeza...
viernes, 9 de noviembre de 2012
Apenas y a penas, Mario Benedetti
ojalá que no
pero esta vez acaso sea la última.
Con el deseo más tierno que otras noches
tentó las piernas de la mujer nueva
que afortunadamente no eran de carrara
posó toda su palma sobre la hierbabuena
y sintió que su mano agradecía
viajó moroso y sabio por el vientre
se conmovió con valles y colinas
se demoró en el flanco y su hondonada
que siempre era su premio bienvenido
anduvo por los pechos eligiendo al azar
y allí se quedó un rato descifrando
con el pulgar y el índice reconoció los labios
que afortunadamente no eran de coral
y deslizó una mano por debajo del cuello
que afortunadamente no era de alabastro.
Pensó
ojalá que no
pero puede ser la última.
Y si después de todo
es la última vez.
Entonces cómo cómo haré mañana
de donde sacaré la fuerza y el olvido
para tomar distancia de esta orografía
de esta comarca en paz
de esta patria ganada
apenas y a penas
a tiempo y a dulzura
a ráfagas de amor.
Aprenderás, Shakespeare
Después
de algún tiempo aprenderás la diferencia entre dar la mano y socorrer a
un alma, y aprenderás que amar no significa apoyarse, y que compañía no
siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos, ni regalos, ni promesas.
Comenzarás
a aceptar tus derrotas con la cabeza erguida y la mirada al frente, con
la gracia de un niño y no con la tristeza de un adulto y aprenderás a
construir hoy todos tus caminos, porque el terreno de mañana es incierto
para los proyectos y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado.
Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás
que hablar puede aliviar los dolores del alma.... descubrirás que lleva
años construir confianza y apenas unos segundos destruirla y que tu
también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la
vida.
Aprenderás
que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias,
y que no importa que es lo que tienes, sino a quien tienes en la vida, y
que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos, si estamos dispuestos a aceptar que los amigos cambian.
Te
darás cuenta que puedes pasar buenos momentos con tu mejor amigo
haciendo cualquier cosa o simplemente nada, solo por el placer de
disfrutar su compañía.
Descubrirás
que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y
por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos, porque
nunca estaremos seguros de cuando será la última vez que las veamos.
Aprenderás
que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia
sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de lo que
hacemos.
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar.
Descubrirás que se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a donde llegaste, sino a donde te diriges y sino lo sabes cualquier lugar sirve...
Aprenderás
que si no controlas tus actos ellos te controlarán y que ser flexible
no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan
delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario, enfrentando las consecuencias...
Aprenderás que la paciencia requiere mucha práctica.
Descubrirás
que algunas veces, la persona que esperas que te patee cuando te caes,
tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene
más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los
años vividos.
Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás
que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque
pocas cosas son tan humillantes y sería una tragedia si lo creyese
porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel.
Descubrirás
que solo porque alguien no te ama de la forma que quieres, no significa
que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman,
pero que no saben como demostrarlo... No siempre es suficiente ser
perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a
ti mismo.
Aprenderás que con la misma severidad conque juzgas, también serás juzgado y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos tu corazón se partió, el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás
que el tiempo no es algo que pueda volver hacia atrás, por lo tanto,
debes cultivar tu propio jardín y decorar tu alma, en vez de esperar que
alguien te traiga flores. Entonces y solo entonces sabrás realmente lo
que puedes soportar; que eres fuerte y que podrás ir mucho mas lejos de
lo que pensabas cuando creías que no se podía mas.
¡¡¡Es que realmente la vida vale cuando tienes el valor de enfrentarla!!!
La nada no está vacía
Dentro de la jaula de Faraday
Es una caja metálica que, al ser sometida a un campo eléctrico o electromagnético, aísla totalmente su interior.
La naturaleza aborrece el
vacío”. Esta máxima, que surgió por primera vez en la filosofía griega
hace unos 2.500 años, sigue planteando un debate entre científicos y
filósofos. El concepto de un vacío real, aparte de inducir una sensación
inquietante, a mucha gente le parece ridículo, e incluso estúpido. Si
dos cuerpos están separados por la nada, ¿no estarían en contacto? ¿Cómo
puede el “vacío” mantener las cosas apartadas, o tener propiedades como
tamaño y límites?
Los postuladores de la teoría atómica rival, entre ellos Leucipo y Demócrito, discrepaban. Según su punto de vista, el cosmos consistía en un vacío ilimitado poblado por pequeñas e indestructibles partículas, o átomos, que se agrupaban en diferentes combinaciones para formar objetos materiales. Tales debates metafísicos se convirtieron en la discusión estándar entre los filósofos hasta la llegada de la Edad Media, e incluso después. El auge de la ciencia moderna en el siglo XVII no hizo mucho por resolverlos. El inglés Isaac Newton, como Aristóteles, creía que el espacio entre los cuerpos tenía que estar relleno de un medio, si bien uno de una clase inusual. Debía ser invisible, pero tampoco producía fricción, ya que la Tierra lo atraviesa en su camino alrededor del Sol sin encontrar resistencia alguna.
Sustancia incorpórea
Newton apelaba a este medio como marco para sus leyes del movimiento. Estas predecían, por ejemplo, que un planeta rotatorio como la Tierra experimentaría una fuerza centrífuga que lo haría hincharse en el Ecuador. Este efecto proporcionaba una prueba física de la rotación, aunque dicha rotación, y con ella la existencia de una fuerza, solo tenía sentido si había algún marco absoluto de inmovilidad, un punto estacionario de vista contra el cual comparar el movimiento. Esto, según Newton, era el medio invisible que llenaba el espacio.Su rival alemán, Gottfried Leibniz, no estaba de acuerdo. Mantenía que todo movimiento, incluida la rotación, solo podía juzgarse con relación a otros cuerpos del Universo; por ejemplo, a las distantes estrellas. Un observador en un tiovivo del espacio profundo vería girar las estrellas y sentiría al mismo tiempo la fuerza centrífuga. Según Leibniz, si las estrellas se desvanecieran, también lo haría la fuerza; no era necesario un medio entre objeto y estrellas.
La postura de Leibniz fue muy discutida en el siglo XIX por el ingeniero y filósofo Ernst Mach, el de los números Mach que se utilizan para cuantificar la velocidad de los aviones. Propuso que las fuerzas centrífugas y sus relativos efectos mecánicos estaban causados por la acción gravitatoria de la materia distante del Universo. Albert Einstein se vio fuertemente influido por las ideas de Mach al formular su teoría de la relatividad, y le contrarió comprobar que, de hecho, el principio de Mach no se infería de ella. Por ejemplo, de la teoría de Einstein se deduce que un agujero negro rotatorio tendría el Ecuador hinchado aunque no existiera ningún otro objeto.
El misterio del imán
Durante el siglo XIX, la naturaleza del espacio vacío empezó a estudiarse en un nuevo contexto: el misterio de cómo un cuerpo cargado siente atracción hacia otro; o cómo dos imanes “sienten” la presencia el uno del otro. La explicación del químico y físico Michael Faraday era que los cuerpos con carga o magnéticos creaban regiones de influencia –campos– alrededor de sí mismos, algo que otros cuerpos experimentaban como una fuerza.¿Pero qué eran exactamente esos campos? Una de las maneras en que a los físicos de la época les gustaba explicarlos era invocando un medio invisible que rellenaba el espacio, justo lo mismo que decía Newton. Los campos eléctricos y magnéticos pueden ser explicados como torsiones de ese medio, como las que provocas en una goma elástica si la retuerces. El medio se empezó a conocer como éter luminífero, o simplemente éter, y tuvo una enorme influencia en la ciencia del siglo XIX.
También fue muy popular entre los espiritistas, a quienes encantaba su fantasmagoría, e inventaron ideas oscuras sobre “cuerpos etéreos” que, decían, sobrevivían a la muerte. Cuando James Clerk Maxwell unificó la electricidad y el magnetismo en la década de 1860, proporcionó un hábitat natural para las fantasmagóricas ondas electromagnéticas que su teoría predecía, cosas como las ondas de radio y la luz.
Pero poco después de que Maxwell publicara su teoría, el viejo problema del movimiento relativo volvió a salir a la palestra. Aun cuando nuestro planeta no siente fricción mientras se desliza a través del éter, cualquier movimiento en relación a él debería producir efectos mesurables. El más notable, la velocidad de la luz, debería depender de la velocidad y dirección del movimiento de la Tierra. Pero los intentos de detectar este efecto no dieron ningún resultado.
Einstein vino al rescate. Su teoría de la relatividad especial, publicada en 1905, sugiere que el movimiento de un cuerpo debe ser siempre juzgado en relación con otro cuerpo, y nunca con el espacio mismo o con algún material invisible que lo rellene. Los campos eléctrico y magnético existen, pero ya no como torsiones de un medio que rellena el espacio. Su fuerza y dirección, y las fuerzas que ejercen, cambian con el movimiento del observador de tal forma que la velocidad de la luz al medirla siempre es la misma, independientemente de cómo se mueva el observador.
De modo que el éter es una complicación innecesaria. Si bien es correcto decir que una región del espacio que posee un campo eléctrico o magnético no está vacía, el meollo del asunto de la “materia” que contiene está muy lejos de parecerse a lo que normalmente consideramos materia. Los campos poseen energía y ejercen presión, pero no están compuestos de nada más sustancial.
El descubrimiento cuántico
Hace más o menos una década, sin embargo, un nuevo giro puso el problema del espacio vacío bajo una luz diferente. Surgió de la teoría de la mecánica cuántica. A nivel atómico, la impecable previsibilidad del universo clásico newtoniano se rompió para ser reemplazada por un conjunto de reglas alternativas extrañas. Una partícula como, por ejemplo, un electrón, no se mueve de A a B siguiendo una trayectoria precisa y definida. En un momento, su posición y movimiento serán, hasta cierto punto, inciertos.Y lo que es cierto para un electrón lo es también para todas las entidades físicas, incluidos los campos. Un campo eléctrico, por ejemplo, fluctúa en intensidad y dirección como resultado de la incertidumbre cuántica, incluso aunque el campo sea neutro en su conjunto. Imagina una caja que no contiene cargas eléctricas –de hecho, que no contenga más que vacío– hecha de metal de forma que ningún campo eléctrico pueda penetrar desde el exterior. Según la mecánica cuántica, aun así existirá un irreductible campo eléctrico en su interior, que a veces se manifestará de una forma y otras veces de otra. En conjunto, estas fluctuaciones sumarán cero, de modo que una medida en crudo no detectará actividad eléctrica. Pero una cuidadosa medición a nivel atómico sí lo hará.
Nos hallamos ante un punto importante. Aunque el campo de fuerza de las fluctuaciones será cero de media, la energía no lo es, porque la energía de un campo eléctrico es independiente de su dirección.
Por tanto, ¿cuánta energía reside en una caja vacía de un tamaño determinado? Los rápidos cálculos que se hacen en base a la teoría cuántica llevan a una conclusión aparentemente sin sentido: no hay límite. El vacío no está vacío. De hecho, contiene una cantidad infinita de energía. Los físicos han hallado un modo de sortear este desbarajuste, pero solo si se hace una pregunta diferente. Si tienes dos cajas de metal de diferente forma o tamaño, ¿cuál es la diferencia en las respectivas energías cuánticas de su vacío? La diferencia es minúscula, pero se puede medir en el laboratorio, lo que prueba que las fluctuaciones cuánticas son reales, y no simplemente una predicción teórica demente.
Así que el concepto moderno del vacío es el fermento de la actividad de un campo cuántico, con ondas que surgen al azar aquí y allá. En mecánica cuántica, las ondas también tienen características de partículas, de modo que el vacío cuántico se describe a menudo como un mar de partículas de vida breve; fotones para el campo electromagnético, gravitones para el campo gravitatorio, y así sucesivamente, que surgen de ninguna parte y que desaparecen de nuevo.
Un vacío lleno de energía y presión
Onda o partícula, obtenemos una representación del vacío que nos recuerda, en algunos aspectos, al éter. No nos da un marco de quietud con respecto al cual se pueda decir que se mueven los cuerpos, pero sí que rellena todo el espacio y tiene propiedades físicas mesurables, como la densidad de energía y la presión.Uno de los aspectos más estudiados del vacío cuántico es su acción gravitatoria. Ahí fuera, en el cosmos, hay muchísimo espacio, todo él probablemente atiborrado de fluctuaciones del vacío cuántico. Todas esas partículas que surgen y desaparecen deben pesar algo. Quizá esa masa es suficiente para componer el conjunto de la fuerza gravitatoria del universo; quizá, de hecho, es suficiente para superar la gravedad de la materia ordinaria. Hallar la respuesta es una tarea ciclópea.
No solo hemos de tener en cuenta los campos electromagnéticos, sino todos los campos que existen en la naturaleza. Pero se puede deducir un resultado rápido general. En el caso de que la presión del vacío cuántico sea negativa (una presión negativa es una tensión), el efecto gravitatorio también es negativo. Es decir, que las fluctuaciones del vacío cuántico de presión negativa sirven para crear una fuerza repelente, o antigravitatoria.
Einstein había predicho que el espacio vacío tendría un efecto antigravitatorio semejante ya en 1917, antes de la mecánica cuántica. No podía poner un número a la intensidad de esa fuerza, y más tarde abandonó la idea. Pero no se fue del todo. Cálculos realizados a vuelapluma hoy día sugieren que la presión del vacío cuántico debería ser, de hecho, negativa en un espacio con la geometría de nuestro universo.
Y para asegurarlo, hace 15 años se empezaron a acumular pruebas procedentes de las observaciones de supernovas lejanas: una inmensa fuerza antigravitatoria causa que el universo se expanda cada vez más deprisa. El invisible vacío cuántico, “éter”, supuesto responsable de ello al menos parcialmente, se ha redenominado recientemente “energía oscura”.
La noción de que el espacio es un mero vacío sin propiedades físicas ya no se sostiene. Puede que la naturaleza aborrezca el vacío absoluto, pero le gusta el vacío cuántico con sus peculiaridades. Y no es un juego de palabras. Según funcione la energía oscura, el Universo seguirá expandiéndose en una huida frenética que culmine en un vacío oscuro en el que la materia y la radiación se diluyan a niveles infinitesimales, o quizá colapse sobre sí mismo en un “big crunch”. El destino del Universo parece que depende de las propiedades del vacío.
Fuente: www.quo.es
jueves, 8 de noviembre de 2012
Recuérdame, La Quinta Estación
Al despertar, después de una noche llena de sueños,
suena en el corazón una música, una canción del ayer ,
del hoy y del mañana...
Recuérdame cuando duermes y adivino lo que sueñas
cuando lejos de nuestra cama es a mí en quien piensas.
Recuérdame.
Recuérdame cuando parta y no regrese a nuestra casa
cuando el frío y la tristeza se funden y te abrazan.
Recuérdame.
Recuérdame cuando mires a los ojos del pasado
cuando ya no amanezca en tus brazos
Y que seas invisible para mí, para mí.
Recuérdame amándote
mirándote a los ojos
atándome a tu vida
recuérdame amándote
esperándote tranquila
sin rencores sin medida
recuérdame, recuérdame
que mi alma fue tatuada en tu piel.
Recuérdame cuando sientas que tu alma está inquieta.
Si el deseo y tu amor no me calientan.
Recuérdame
Recuérdame
cuando mires a los ojos del pasado
cuando ya no amanezca en tus brazos
y que seas invisible para mi, para mi.
Recuérdame amándote
mirándote a los ojos
atándome a tu vida
recuérdame amándote
esperándome tranquila
sin rencores sin medidas
recuérdame, recuérdame
que mi alma está tatuada en tu piel.
suena en el corazón una música, una canción del ayer ,
del hoy y del mañana...
cuando lejos de nuestra cama es a mí en quien piensas.
Recuérdame.
Recuérdame cuando parta y no regrese a nuestra casa
cuando el frío y la tristeza se funden y te abrazan.
Recuérdame.
Recuérdame cuando mires a los ojos del pasado
cuando ya no amanezca en tus brazos
Y que seas invisible para mí, para mí.
Recuérdame amándote
mirándote a los ojos
atándome a tu vida
recuérdame amándote
esperándote tranquila
sin rencores sin medida
recuérdame, recuérdame
que mi alma fue tatuada en tu piel.
Recuérdame cuando sientas que tu alma está inquieta.
Si el deseo y tu amor no me calientan.
Recuérdame
Recuérdame
cuando mires a los ojos del pasado
cuando ya no amanezca en tus brazos
y que seas invisible para mi, para mi.
Recuérdame amándote
mirándote a los ojos
atándome a tu vida
recuérdame amándote
esperándome tranquila
sin rencores sin medidas
recuérdame, recuérdame
que mi alma está tatuada en tu piel.
Soledades, Mario Benedetti
al menos con mayúscula no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve presoledad.
Después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad.
Ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable
minuto uno se siente solo en el mundo.
Sin asideros, sin pretextos
sin abrazos, sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo.
Los datos objetivos son como sigue.
Hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos una
frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos claro
que la soledad no viene sola.
Si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades se vera un
largo y compacto imposible un sencillo
respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente.
Después de la alegría
Después de la plenitud
Después del amor
Viene la soledad.
Conforme pero
que vendrá después
de la soledad.
A veces no me siento tan solo
si imagino mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad y de
la tuya otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después de la soledad.
El álbum, Medardo Fraile
Entraron aprisa en el café y se
sentaron. La impaciencia les encendía los ojos al dejar el paquete sobre
la mesa. Ella, apenas sentada, comenzó a abrirlo, mirando con amor,
alternativamente, la cinta roja sobre el papel y el rostro de él con
ligero orgullo protector y expectante.
-¿Qué van a tomar?
-Café con leche. ¿Y tú?
-Lo mismo.
En la mesa apareció con pastas de color azul marino, como el traje de los días señalados, el álbum de las chocolatinas. Era un gran día. Habían hablado de él como se ha
bla
de cuando llegará un niño. Aquel álbum representaba el tesón del novio
en su niñez, que había reunido una estampita tras otra hasta cubrir
todas las ventanillas sin paisaje de aquel libro difícil.
Sus compañeros de colegio -él lo recordaba- habían dejado en el álbum huecos de desamor y desidia. Y el álbum, ahora flamante sobre la mesa, mostraba la solicitud en el tiempo de un hombre cuidadoso, fiel toda su vida a sus más inocentes alegrías, al objeto de su ilusión más nimia. Para la novia, aquel álbum implicaba tesón y constancia. Tenían sobre la mesa el café con leche del amor humilde, pero tenían también dentro del libro las maravillas todas del Universo, y se pusieron a deshojarlas con lentitud amorosa, como si en ello les fuera su felicidad, el sí o el no.
-No: hoy "Las Mariposas", no -decía ella con tremendo gozo-. Hemos visto ya "Los Grandes Inventos".
Cada hoja les aproximaba, día tras día, un poco más. El día de "Las Mariposas", ella balanceó sus pestañas en el aire hacia un hombre joven que estaba enfrente sentado, y él -el novio- tuvo celos. Pero ella ni había mirado siquiera a aquel hombre: quería simplemente mariposear con sus finas pestañas. El día de "Las Aves Domésticas" proyectaron un canario naranja transparentándose en el hogar que tendrían, en la ventana con sol: "Mejor, blanco", insinuaba él. "No, tiene que ser naranja", decía resuelta ella, entornando los ojos como si le dañara el agridulce color del pájaro.
En "Las Aves Exóticas" pusieron sobre el pelo de ella, suave, un sombrerito atrevido de vistosas plumas en una tarde con risa en el mundo, y champaña y "confetti". En "Flores para Regalo" él la obsequió con doce tulipanes para que no olvidara alguna cosa. Al llegar a "Animales Prehistóricos", tuvo ella miedo y se acercaron más. Él quiso continuar más días viendo "Los
Animales
Prehistóricos", pero ella se negó y entró en la hoja rutilante de "Las
Piedras Preciosas". Ante "Las Piedras Preciosas" él anduvo receloso por
sentimiento atávico. Veía en los ojos de ella cierta cortesana
desfachatez, ciertas desmesuradas pretensiones, que le tuvieron en
desazón toda la tarde y que interpuso entre ellos una pastosa frialdad
anfibia. En "Las Algas" enredaron sus dedos, manos, brazos, miradas y
palabras. Con "La Evolución del Automóvil" lo pasaron bien, dieron
saltos y frenazos bamboleantes sobre sus sillas. Con "Las Fieras" se
identificó ella de tal forma, que los ojos se le llenaron de instinto y
él se encontró como un domador trágico que de un instante a otro podía
perecer. Con "La Fauna del Mar" cruzaron una y otra vez por los ojos de
él y de ella los peces cariñosos, perezosos, suaves, del amor, y
estuvieron pasando toda la tarde mansa, humildemente. Al llegar a "Las
Frutas", ella, con un rubor, posó su mano sobre las manzanas para que él
no tuviera ningún pensamiento avanzado, para que no pensara como Adán.
Terminaron el álbum, y estaban tostados y palpitantes como después de un largo viaje. Era como si volvieran con los mismos recuerdos de una luna de miel respetuosa. Ella esperó todos los días -sobre todo el último- a que él dijera: "El álbum para ti, te lo regalo." Pero no lo hizo. Llenar aquel libro de cromos había sido la gracia de su niñez, le había proporcionado entrada de honor en todas las visitas. Y cogió su álbum y se lo guardó. Ella, de haberlo tenido, le habría devuelto su regalo en palabras llenas de entendimiento y colores, en experiencia del mundo, en primores de planta y honduras de mar. Pero así las tardes fueron enfriándose, se aburrían y hacían tos de las palabras rotas. Y un día ella -que se había enamorado de aquel álbum- le dijo adiós a él. Y él tendrá que sacarlo de nuevo en su vida, cuando llegue la hora, sin atreverse a regalarlo nunca.
-¿Qué van a tomar?
-Café con leche. ¿Y tú?
-Lo mismo.
En la mesa apareció con pastas de color azul marino, como el traje de los días señalados, el álbum de las chocolatinas. Era un gran día. Habían hablado de él como se ha
bla
de cuando llegará un niño. Aquel álbum representaba el tesón del novio
en su niñez, que había reunido una estampita tras otra hasta cubrir
todas las ventanillas sin paisaje de aquel libro difícil.Sus compañeros de colegio -él lo recordaba- habían dejado en el álbum huecos de desamor y desidia. Y el álbum, ahora flamante sobre la mesa, mostraba la solicitud en el tiempo de un hombre cuidadoso, fiel toda su vida a sus más inocentes alegrías, al objeto de su ilusión más nimia. Para la novia, aquel álbum implicaba tesón y constancia. Tenían sobre la mesa el café con leche del amor humilde, pero tenían también dentro del libro las maravillas todas del Universo, y se pusieron a deshojarlas con lentitud amorosa, como si en ello les fuera su felicidad, el sí o el no.
-No: hoy "Las Mariposas", no -decía ella con tremendo gozo-. Hemos visto ya "Los Grandes Inventos".
Cada hoja les aproximaba, día tras día, un poco más. El día de "Las Mariposas", ella balanceó sus pestañas en el aire hacia un hombre joven que estaba enfrente sentado, y él -el novio- tuvo celos. Pero ella ni había mirado siquiera a aquel hombre: quería simplemente mariposear con sus finas pestañas. El día de "Las Aves Domésticas" proyectaron un canario naranja transparentándose en el hogar que tendrían, en la ventana con sol: "Mejor, blanco", insinuaba él. "No, tiene que ser naranja", decía resuelta ella, entornando los ojos como si le dañara el agridulce color del pájaro.
En "Las Aves Exóticas" pusieron sobre el pelo de ella, suave, un sombrerito atrevido de vistosas plumas en una tarde con risa en el mundo, y champaña y "confetti". En "Flores para Regalo" él la obsequió con doce tulipanes para que no olvidara alguna cosa. Al llegar a "Animales Prehistóricos", tuvo ella miedo y se acercaron más. Él quiso continuar más días viendo "Los
Terminaron el álbum, y estaban tostados y palpitantes como después de un largo viaje. Era como si volvieran con los mismos recuerdos de una luna de miel respetuosa. Ella esperó todos los días -sobre todo el último- a que él dijera: "El álbum para ti, te lo regalo." Pero no lo hizo. Llenar aquel libro de cromos había sido la gracia de su niñez, le había proporcionado entrada de honor en todas las visitas. Y cogió su álbum y se lo guardó. Ella, de haberlo tenido, le habría devuelto su regalo en palabras llenas de entendimiento y colores, en experiencia del mundo, en primores de planta y honduras de mar. Pero así las tardes fueron enfriándose, se aburrían y hacían tos de las palabras rotas. Y un día ella -que se había enamorado de aquel álbum- le dijo adiós a él. Y él tendrá que sacarlo de nuevo en su vida, cuando llegue la hora, sin atreverse a regalarlo nunca.
Dos enigmas resueltos por la ciencia
Los hombres de ciencia, en su incesante búsqueda de respuestas que expliquen los fenómenos naturales que observan, estudian de forma pormenorizada los pequeños o grandes misterios con los que se van topando, formulando hipótesis que den sentido a lo que a simple vista parecen hechos inconcebible.
La rueda dentada de Antikitera
Hace casi 100 años, unos buzos encontraron frente a la isla griega de Antikitera
los restos de una antigua caja rota de madera y bronce que albergaba
más de 30 engranajes en su interior. Dataciones posteriores mostraron
que este complejo objeto tecnológico, similar a un reloj, databa del
siglo I a. C. Desde entonces, los científicos se han visto fascinados
por este oopart (artefacto fuera de lugar), tratando de imaginar cuál
podría ser su función. Solo recientemente, un equipo dirigido por Mike
Edmunds y Toni Freeth, de la Universidad de Cardiff, pudo resolver el
misterio. El mecanismo de Antikitera
era una calculadora astronómica. Si están en lo cierto, el artilugio
podía reproducir los movimientos de la Luna y el Sol a lo largo del
Zodíaco con notable precisión. Su mecánica es algo que todos creían
impensable hace dos milenios, y mucho más compleja de lo esperado.
Ninguna otra civilización creó algo tan sofisticado durante los
siguientes mil años. Pero el misterio no ha concluido del todo; falta
que los científicos logren crear una réplica viable. Están en ello.
Las montañas ocultas de la Antártida
En 1958, científicos soviéticos descubrieron una larga
cordillera de 1.200 kilómetros de longitud, con picos de hasta 3.400
metros de altura, enterrada bajo la placa de hielo de la Antártida, de
tres kilómetros de espesor. Lo que les desconcertó es que la ubicación
de estos “Alpes Antárticos” no coincidía con el límite de ninguna placa
tectónica, y además se descartó su origen volcánico. ¿Cómo se formaron,
entonces, las montañas Gamburtsev? Recientemente, con la ayuda de
radares aéreos, un equipo multinacional de científicos publicó en Nature
la respuesta a tan complejo rompecabezas. El proceso geológico que las
formó comenzó hace muchísimo tiempo, 1.000 millones de años. Por aquel
tiempo, varios microcontinentes colisionaron entre sí, aplastaron las
rocas más viejas de la cordillera y formaron una gruesa corteza que se
extiende muy por debajo de esta. Además, se formó la fisura de la
Antártida Oriental, un rift de 3.000 kilómetros de largo que se extiende
a través del océano en dirección a la India. Hace entre 250 y 100
millones de años, esa fractura allanó el camino para que el
supercontinente Gondwana se rompiera, lo cual calentó la raíz de corteza
terrestre bajo las montañas Gamburtsev y provocó su alzamiento. La
placa de hielo antártica oriental, formada hace 34 millones de años, la
protege contra la erosión.
Momentos de lectura con Isabel Allende...
La tragedia de Saint Domingue
Cuando
Haití aún se llamaba Saint Domingue acogió una sangrienta rebelión que
acabo con la esclavitud. Ese es el telón de fondo de la novela de
Isabel Allende: “La Isla Bajo el Mar” (Plaza&Janes). Una tierra que
fue la más rica de las colonias francesas, pero que se convirtió en el
país más pobre de América.
“En mis cuarenta años, yo, Zarité Sedella, he tenido mejor suerte que otras esclavas”. Así arranca la última novela de Isabel Allende, “La Isla Bajo el Mar”, ambientada a finales del siglo XVIII en Haití, por entonces llamada Saint Domingue. La acción transcurre entre 1780 y 1793 en esta colonia francesa del Caribe, para más tarde trasladarse a la Luisiana, por entonces colonia española, adonde arribaron muchos colonos y sus esclavos huyendo de una salvaje revuelta en las Antillas que tiñó de sangre el halo de romanticismo
Y es que ser mujer, mulata y esclava no facilitaba en nada la existencia en el Caribe del siglo XVIII. De la mano Zarité, una esclava de origen guineano vendida de niña a uno de los principales hacendados de Saint Domingue, la escritora chilena recrea un agitado momento histórico, no sólo en ultramar sino también en Francia, inmersa en su propia revolución.
He iniciado la venganza de mi raza
Desde que Colón diese con ella, los
reyes de España controlaron toda la isla de La Española (también
conocida como Santo Domingo) hasta el siglo XVII, cuando piratas
franceses empezaron a ubicar allí algunas de sus bases en la parte
occidental.
No fue hasta 1697 que la isla quedaría fragmentada en dos: la parte
occidenta (Saint Domingue, futura Haití) en manos francesas, y la
oriental, para España.
Francia recogió muy pronto los suculentos frutos de la colonización con una agricultura en expansión. Aquel pequeño territorio anclado en el Caribe era tan fértil que producía más azúcar y café que todas las colonias de Gran Bretaña y las Indias Occidentales juntas.
En 1780, el 40 por ciento del azucar y el 60 del café que consumía Europa procedían de Saint Domingue, la próspera "Perla de las Antillas". Eso sí, para mantener tan beneficiosas cifras, los esclavos resultaban imprescindibles. Llegó haber 34.000 personas libres, frente a medio millón de esclavos que sólo tenian una cosa en mente, alcanzar su libertad. Para asegurar su sumisión, los capataces no dudaben an aplicar la violencia ante el más leve conato de insurrección.
occidental.
No fue hasta 1697 que la isla quedaría fragmentada en dos: la parte
occidenta (Saint Domingue, futura Haití) en manos francesas, y la
oriental, para España.Francia recogió muy pronto los suculentos frutos de la colonización con una agricultura en expansión. Aquel pequeño territorio anclado en el Caribe era tan fértil que producía más azúcar y café que todas las colonias de Gran Bretaña y las Indias Occidentales juntas.
En 1780, el 40 por ciento del azucar y el 60 del café que consumía Europa procedían de Saint Domingue, la próspera "Perla de las Antillas". Eso sí, para mantener tan beneficiosas cifras, los esclavos resultaban imprescindibles. Llegó haber 34.000 personas libres, frente a medio millón de esclavos que sólo tenian una cosa en mente, alcanzar su libertad. Para asegurar su sumisión, los capataces no dudaben an aplicar la violencia ante el más leve conato de insurrección.
El
pistoletazo de salida de la revuelta en la que participaron casi todos
los esclavos de la isla tuvo lugar la noche del 22 de Agosto de 1791.
Su lider, un liberto llamado Toussaint-Louverture (imagen izquierda), proclamaría: "He iniciado la venganza de mi raza".
Su lider, un liberto llamado Toussaint-Louverture (imagen izquierda), proclamaría: "He iniciado la venganza de mi raza".
Aunque
el Caribe había vivido diversas insurrecciones de esclavos, ésta era la
única que cuajó. No obstante, París no estaba dispuesto a renunciar a
los pingües ingresos que proporcionaba el territorio y en diciembre de
1801 envió a la isla un ejército de 25.00 soldados para recordarle a
Louverture su promesa de resarcir a los colonos y restablecer una
esclavitud que la metrópoli ya había abolido formalmente. Louverture no
se dejó engañar fácilmente y se volvió contra los franceses. Napoleón
hubo de tirar la toalla.
Toussaint-Louverture
murio prisionero de los franceses y su testigo lo recogió otro antiguo
esclavo, Jean-Jaques Dessalines, que logró expulsar a los franceses y
proclamar la independencia en 1804. Cuatro décadas después se proclamó
la República de Haití (la primera en el Caribe), que pasaría a compartir
la isla con la colonia española, hoy transformada en la República
Dominicana. Al mirar la bandera haitiana resulta inevitable pensar en la
francesa, aunque de la primera se eliminó la franja blanca, simbolo de
la monarquía gala, como claro repudio a la dominación de la que tanto
costó librarse.
Malos tiempos en las Antillas
A pesar de la libertad política, Haití siguió
dependiendo económicamente de Francia durante largo tiempo. Las otras
potencias coloniales decidieron no comprar su azúcar y su café, y la
estabilidad brilló por su ausencia. A inicios del siglo XX fue ocupada
militarmente por EE.UU. (1915-1934) y más tarde sufrió una dura
dictadura. Recientemente, el ex presidente Bill Clinton, enviado
especial de Naciones Unidas para Haití, hizo un llamamiento a los
exiliados haitianos en EE.UU. para que invirtiesen en su país de origen,
fuertemente endeudado. Hoy, muchos descendientes de esos antiguos
esclavos haitianos viven en Nueva Orleans, huyendo de la sangre y
violencia). En la ciudad que fue cuna del Jazz, Zarité sigue bailando,
ya libre de ataduras, como ha bailado siempre, porque "esclavo que baile
es libre....... mientras baila".
LAURA MANZANERA. Periodista. Articulo transcrito de la Revista Clio, nº 96.
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